Pere Guilera regenta una de las bodegas con más solera de la comarca del Penedès. El sector ha sobrevivido sin despidos a la crisis y al boicot al cava catalán. Aquí cuenta su historia y se resiste a pronunciarse sobre el proceso soberanista: “Venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”.

El ingeniero agrícola Pere Guilera (Subirat, 1949) es el propietario de Cava Guilera, una empresa familiar que cuenta con nueve hectáreas de viña y en la que sólo trabajan tres personas: él, su hija y su yerno. Guilera vende unas 25.000 botellas anuales. La quinta parte las exporta a países como Bélgica o Finlandia.

Guilera es uno de los productores de cava en activo más veteranos de la comarca del Penedès. Es hijo, nieto y padre de productores. Nació y creció en la misma finca en la que hoy vive y trabaja. Desde que era pequeño cuida de las viñas, pisa las uvas y acarrea las herramientas. “Eso no ha cambiado”, explica. “A los tres nos toca hacer de todo. Lo único que yo no hago es ponerme a hablar inglés con las visitas. Eso se lo dejo a mi hija”.

Guilera no ha conocido otro entorno ni tiene intención de hacerlo. “Mi hija me dice que ahora que me voy a jubilar debería ir pensando en otras distracciones. Yo le pregunto que si es que me quiere matar. No sabría estar fuera de este lugar”. Así cuenta él mismo la historia de la empresa:

Mi familia empezó a producir cava en 1927. Mi abuelo, Pere Guilera, trabajaba para un viticultor que se llamaba Calixto. Cuando hubo aprendido todos los secretos del oficio, decidió montar su propio negocio. Corría el año 1933 cuando compró esta finca y levantó su propia bodega. Lo hizo justo antes de la guerra. Al dejar de trabajar para un gran productor corría el riesgo de enemistarse con los de un bando. Al convertirse en nuevo propietario, podía ser considerado un traidor por los otros. Además se hipotecó para varios años en una época de incertidumbre económica. Tomó decisiones muy valientes. Por eso lo llamamos “agosarat” (atrevido en catalán). Hoy, 82 años después, su finca sigue funcionando a pleno rendimiento y nuestro mejor cava se llama así: “Agosarat”, en honor al atrevimiento del pionero y fundador de la empresa.

IMG_9828

Guilera no tiene visos de salir de las viñas. En los últimos quince años ha invertido mucho dinero en su empresa para fortalecerla. Pero no persigue producir más cava ni vender más botellas. Su estrategia ha sido la diversificación del negocio. “Hemos apostado por el enoturismo, que es lo que ha salvado la economía de este pueblo”, explica. “Todos los habitantes de Subirats se benefician de este tipo de turismo. Las bodegas porque los visitantes compran nuestros productos y realizan actividades. Los comercios de la zona porque aumenta el gasto en las tiendas. Los hosteleros porque la gente se queda a comer…”.  

Este nuevo tipo de turismo está atrayendo sobre todo a americanos, escandinavos y alemanes. “Son personas de un alto nivel cultural y entendidos en vino”, explica Guilera. “No es gente que viene a emborracharse. No queremos que vengan a beber sino a aprender y a divertirse”. 

“Lo llevamos haciendo desde principios del siglo XXI”, dice el dueño de la empresa. “Nos dimos cuenta de que este negocio no consiste sólo en beber y en vender. Decidimos montar un pequeño museo y explicar el proceso de fabricación del vino, la historia de la comarca, la presencia de los romanos. Proponemos paseos, acampadas entre los viñedos con autocaravana, aperitivos y comidas con maridajes. También ponemos a los turistas a pisar uva. Es una de las experiencias más divertidas. Vienen familias enteras”.

IMG_9886

Contra el vertedero

¿Es difícil cambiar las inercias de un negocio familiar? Guilera reconoce que hubo varios factores para dar el paso. Uno de ellos fue la lucha contra un gigante: “A finales de los 90 quisieron instalar en nuestro pueblo el gran vertedero de basuras del área metropolitana de Barcelona. Lo iban a poner aquí, delante de nuestras narices”, recuerda el propietario de la empresa, que cuenta que el proyecto ya estaba validado y a punto de ser aprobado por el pleno.

“El ayuntamiento había recibido incluso un cheque de cinco millones de pesetas como adelanto”, dice Guilera. Con muy poco margen de maniobra, en un tiempo récord y con la suerte casi echada, Pere lideró un movimiento ciudadano contra el proyecto. “Recogimos firmas, recurrimos a los medios, movilizamos a los vecinos, hablamos con el alcalde y protestamos delante del ayuntamiento. Todos trabajamos codo con codo”. Al final el alcalde se echó atrás. “Fuimos conscientes de que esa vez habíamos salvado nuestro entorno natural, pero podría haber un segundo intento. Por eso decidimos que teníamos que empezar a montar negocios que tuvieran al paisaje como  protagonista. El enoturismo es uno de ellos”.

El otro factor que llevó a Guilera a reinventar y diversificar su negocio pudo ser el intento de boicot a los productos catalanes durante los años de la batalla en torno al Estatuto catalán. Guilera reconoce que las ventas bajaron “de forma sensible”.

“Al fin y al cabo trabajamos con muchos clientes del resto de España”, explica.

Y sin embargo Guilera vio en el boicot una oportunidad: “Pensamos que podíamos establecer nuevas relaciones comerciales con otros territorios. Me di cuenta de que debía dejar de depender de la venta pura y dura de vino”.

Su carácter didáctico y el empuje de su hija, licenciada en Publicidad, hicieron el resto. Ahora es una de las bodegas del Penedès con más actividades para turistas. A pesar de aquel intento de boicot, Guilera sigue “confiando en los lazos comerciales y de amistad con el resto de España. Nuestras ventas allí suponen el 10% de nuestra facturación. Hemos empezado a trabajar con una tienda de Madrid que vende sólo cava”.

El propietario de la empresa intenta ser diplomático en todas sus respuestas y recuerda que el lema de la empresa es “Prohibido hablar mal de nadie” cuando el reportero le pregunta por su opinión sobre el proceso de independencia catalán. Enseguida muestra una escultura que le hizo un artista granadino después de una visita: “Tenemos amigos en todas partes”.

¿Le gustan a Guilera los espumosos que se producen en otros lugares de España? “No está mal pero en ningún otro sitio tienen la uva Xarel·lo, que es la que de verdad le da carácter a nuestro cava”.

IMG_9864

Mudo sobre el proceso

A las puertas de las elecciones, Guilera no se pronuncia de forma pública sobre sus preferencias políticas ni sobre la situación que está viviendo Cataluña: “Lo que yo opino del proceso es que, venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”, bromea. No se moja en cuestiones políticas ni desvela si va a votar a favor de la independencia. Sí lo harán la mayor parte de sus vecinos: Subirats es uno de los ayuntamientos que se han adherido a la red de ayuntamientos por la independencia. El municipio tiene 3.000 habitantes y es el más extenso y disperso de la comarca.

“Yo no te diré si soy independentista o no”, dice el dueño de la empresa. “Yo soy Pere Guilera, un empresario. La figura del empresario no vota. Sólo trabaja e intenta crear puestos de trabajo”. Sus antecedentes tampoco dan muchas pistas. Fue concejal durante dos años en una plataforma local independiente llamada Subirats Un Nou Futur. “A los dos años me fui porque me aburría”, admite. “La política no es para mí. Me gusta hacer cosas por los demás pero no así”.

Pere Guilera está obsesionado por el bien común. Entiende que esa es la clave del éxito: “olvidarnos de individualidades y optar por la unidad”. El ejemplo que pone es el de la plaga de la filoxera en 1860: “Fue un desastre mundial. En la comarca del Vallès había 20.000 hectáreas de viña y no quedó ni una viva. En el Baix Llobregat 20.000 más a las que les pasó lo mismo. En el Penedès, en cambio, nos recuperamos enseguida. Mientras en el resto de comarcas tuvieron que optar por cambiar de cultivos, aquí estuvimos produciendo vino de nuevo a los 10 años. Esto se consiguió gracias a la solidaridad y el trabajo en equipo de Los 7 sabios de Grecia. 

Ése era el nombre con el que pasaron a la posteridad los siete principales viticultores de la comarca: Marc Mir, Rafael Mir, Manuel Raventós (de Codorniu), Francesc Romeu, Pere Rovira de la Foradada, Modest Casanovas y Antoni Escayola. Ante el desastre provocado por aquel insecto llegado de América que se comió todas las cosechas, los siete se reunieron para decidir si cambiaban de cultivo o intentaban recuperar la viña.

“Era gente ilustrada que había viajado a Francia para conocer la solución contra la filoxera”, recuerda Guilera. “Entonces la mayoría de los payeses y de los pequeños productores eran analfabetos. Los siete sabios tenían dos opciones: quedarse la solución para ellos solos y lograr el monopolio de la uva o compartir el remedio con el resto de los productores. Optaron por la segunda. Trabajaron para los demás. Convocaron un congreso con todos los viticultores y les dieron la clave: había que arrancar las vides e implantar nuevas variedades. Eso salvó la uva de la comarca”.

Pere Guilera cree que “el cava está viviendo su segunda edad de oro” después del boom de los 80 y 90. “Hemos pasado la crisis sin despidos, sin recortes de sueldos y sin ERE”, explica. “No hablo de mi empresa sino de las más de 200 que operan en la comarca. Somos un ejemplo”. Afirma no tener miedo a que la independencia catalana imponga aranceles, impuestos y fronteras: “Todos los cambios han de afrontarse con normalidad y con mucho trabajo. Mi abuelo montó esta empresa casi en mitad de la guerra. Pasó muchas tribulaciones y salió airoso. Tendríamos que quejarnos menos porque de todo se sale trabajando”.

Más en la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla