Diccionario satírico burlesco (IV)

La letra C ocupa la cuarta entrega del glosario de Anna Grau. Términos como Calçotada, Cambó o Charnego desfilan por el escenario satírico burlesco creado por la periodista catalana. Su crítica punzante nos acompañará día a día hasta la jornada de reflexión.

E

Calçotada

Festín campero a base de muchas cosas, mayormente carne, pero que para hacer honor a su nombre tiene que incluir a modo de plato estrella los calçots. No son calzoncillos comestibles sino cebollinos asados que se pelan más o menos con la boca, que se embadurnan de salsa romesco y que, no me pregunten por qué, no saben igual en medio del campo que a mesa puesta, generalmente por un partido político esencialista, tipo Unió Democràtica de Catalunya (antiguo socio minoritario de CiU, antes de que CiU dejara de cotizar en Bolsa).

Camarga

Con un artículo determinado delante -en realidad es La Camarga-, y ubicado en la calle Aribau, 117, es la respuesta catalana al Embassy, restaurante-salón de té madrileño cerca de Recoletos, mítico por haber sido en su día un nido de espías. Claro que eso era más o menos coincidiendo con la Segunda Guerra Mundial. Barcelona, siempre en vanguardia de todo, se incorpora a la entrañable tradición de la Pantera Rosa con alguna década de retraso pero lo compensa con gracejo y con dedicación. En La Camarga se han producido escenas dignas de mención y de dimisión, destapando apasionantes entresijos entre los Mossos d’Esquadra, agencias de detectives privados y no tan privados, novias despechadas del primogénito de Jordi Pujol y lideresas del PP catalán que veían, oían y callaban como los monos de Gibraltar. El Aromas de Montserrat, agitado y no batido.

Cambó

Fue catalán, catalanista y ministro español. De Maura. Predicaba la Cataluña “rica y plena” dentro de una España “grande” (el pobre). La Guerra Civil, cargándose todas las sutilezas y matices, se cargó también su carrera política. Apoyó financieramente desde Suiza (¿ya entonces?…) a Franco no tanto por amor al Alzamiento, y a todo lo que de él colgaba, como por sincero horror a lo otro. Acabó amargado y exiliado en Argentina. En este país todo lo grande nos viene ídem.

Caverna

Manera informal de referirse, desde Barcelona, a la prensa madrileña, entendida como una escuadra de desinformación armada toda ella para hundir a Cataluña. La denominación de “caverna” no pretende ser tanto un guiño a Platón como a Atapuerca. Una variante etimológica es “Brunete mediática”, pero eso es más de vascos, de hecho parece que se lo inventó el mismísimo Iñaki Anasagasti, así fuese en una entrevista a La Vanguardia, donde se quejaba amargamente de que le habían llamado “racista, fanático e imbécil” en las tertulias de Madrid. Tiene mérito el haberse enterado habida cuenta de que por lo menos en Barcelona los diarios de mayor tirada y las emisoras de mayor audiencia en el resto de España no se los lee ni se las oye nadie. En Cataluña la actualidad es que se vive de otra manera. Ojo que eso tiene, para algunos, la ventaja inestimable de que la mano derecha no lee lo que escribe la mano izquierda. En Barcelona o en Madrid se acuñan inmensísimas burradas mediáticas que al otro extremo del hilo ni se llega a sospechar que han existido. Y así todo el mundo tan desconectado y tan contento, excepto los cuatro masocas de rigor que en todas partes sintonizan o leen al enemigo para “ponerse chotos“.

Charnego

Tiene en común con “gilipollas” que ofende más por cómo suena que por lo que a la hora de la verdad quiere decir. Técnicamente ser charnego no es otra cosa que haber nacido de un progenitor catalán y el otro, pues no tanto. Por extensión puede aplicarse a cualquier hijo de la inmigración nacido en Cataluña. ¿Dónde está la vergüenza? ¿Por qué retorcido, vicioso conducto puede llegar a constituir eso un insulto? El caso es que lo constituye. Jordi Pujol escribió en su juventud un revelador opúsculo donde llegaba a calificar al inmigrante de ocupante que llegaba en masa, y en trenes puestos por Franco, para diluir y arrinconar étnicamente a los catalanes de tota la vida. Este opúsculo no sólo no ha sido retirado de la circulación, como en otras partes el Mein Kampf, sino que salta a la vista que sigue circulando e inspirando a la intelectualidad y a la farandulilla del momento… Todos aplaudiendo con las orejas cuando el exmolt honorable se pasaba siete pueblos. También se pasó todo su mandato embistiendo a toda hembra catalana en edad fértil que se cruzaba en su camino a) preguntándole si estaba apareada con un macho tan catalán como ella, b) en caso afirmativo, conminándola a tener 3 hijos 3 como mínimo, para combatir la palestinización de Cataluña a manos de la exuberancia reproductiva andaluza, murciana, extremeña… De poco le valió, la verdad. Las catalanas modernas tienden más al modelo Bridget Jones que al de Marta Ferrusola, que dio al president siete vástagos (a cual más satisfactorio, pero de eso ya hablamos otro día). En esencia la demografía catalana pura es cada vez más pírrica y más anémica. Ante eso, ¿qué remedio queda, si no lanzar una valerosa ofensiva para adherir a los charnegos a la causa de la independencia, así sea tapándose en secreto la nariz? Súmate, van y les dicen. Y alguno va y se lo cree.