La realidad ha destruido las previsiones del reportero Manuel Chaves Nogales sobre Cataluña. El periodista sevillano viajó a la región durante los años 30 y expresó sus temores respecto a una sociedad convulsa que describió con maestría y exactitud.

Chaves Nogales (1897-1944) era subdirector del diario Ahora y se definía como un “pequeño burgués liberal que se gana el pan y la libertad confeccionando periódicos”. Durante sus días en Barcelona se preguntó: ¿Qué pasará en Cataluña? A lo que respondió: “Nada”. Hoy sus palabras se han visto refutadas por la fractura social de la región.

Atraído por la pujanza del catalanismo, Chaves Nogales llegó a Cataluña para contar historias a los lectores del diario Ahora en diciembre de 1931. “Un sentimiento tan metido en la entraña de este pueblo como el del afianzamiento de su personalidad tiene fuerza bastante para subsistir soterrado y brotar pujante cuando llega su hora”, escribió el 25 de febrero de 1936.

El periodista se reunió con el presidente de la Generalitat, Francesc Macià, meses después de que éste hubiera proclamado una república catalana que apenas duró tres días. Volvió después a Barcelona en febrero y marzo del 36, cuando Lluís Companys abandonaba la cárcel y se convertía de nuevo en presidente después de haber proclamado en 1934 un estado catalán que sólo duró 10 horas.

La efervescencia y la movilización del catalanismo impactaron a Chaves Nogales: “Entusiasmo, entusiasmo, entusiasmo. En ningún lugar de España se sabe lo que es el entusiasmo popular si no es en Cataluña. Son gente fervorosa y propicia a la exteriorización de sus sentimientos”, escribió en febrero de 1936.
pagina_reportajeReproducción de uno de los artículos de Chaves Nogales en el diario ‘Ahora’.

Ocultando problemas

Las manifestaciones de aquellos días corrían frecuentes y vertiginosas por las ramblas de Barcelona como lo hacen ahora. Chaves Nogales temía que las grandes convocatorias sirvieran a los gobernantes para jugar al escondite, refugiarse en la muchedumbre y ocultar problemas como el deterioro de los servicios públicos, el paro o la corrupción.

“A nuestro pueblo le entusiasman estas grandes paradas de la ciudadanía”, relató el periodista en marzo de 1936. “No sabe pasar meses sin provocar alguna. Pero acaso entre una y otra (…) tendría alguien que preocuparse de llenar el tiempo con una tarea: la de gobernar, la de administrar, la de hacer por el pueblo algo más que ofrecerle ocasión y pretexto para estos deslumbrantes espectáculos. Si entre una manifestación y otra no hay siquiera unos meses de silencioso y honesto trabajo, llegará el día en que este pueblo catalán, tan fervoroso, tan bueno, cambiará. Y entonces será peor”.

El periodista sevillano alertó del engaño al que podían someter los políticos a una masa fervorosa y en plena movilización: “Sospecho que en aquellos momentos [en referencia a la manifestación que celebraba la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936] hubiera sido facilísimo para unos agentes provocadores convertir en separatistas a los millares de catalanes que celebraban el triunfo obtenido por el catalanismo en las elecciones”.

El empeño del nacionalismo catalán por construir un estado ha confirmado aquella predicción.

Los líderes catalanes

Los nombres propios han cambiado. Pero las afiladas palabras de este periodista vuelven a rasgar el tapiz de los años para colarse en el presente. Después de entrevistar a Macià y Companys, escribió en marzo de 1936: “Los políticos catalanes son inferiores al pueblo. Es lógico que así sea. Los mejores hombres de Cataluña se consagran, por temperamento y tradición, al servicio de la industria, las artes, el comercio y la pura especulación; saben que con estas actividades pueden conquistar su bienestar material y espiritual; saben también que el servicio público no paga a sus hombres con la misma largueza que la industria privada ni con la misma consideración moral que el ejercicio de las artes o las ciencias. Esto basta para explicar por qué Cataluña no tiene el equipo de hombres públicos que el ejercicio de su autonomía requiere”.

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El retrato que hace el periodista de la clase política catalana es muy duro: “Si a esto se une el egoísmo de las clientelas políticas y el anhelo de conservar el poder en las mismas manos, el pueblo catalán no logrará el alto exponente al que tiene derecho. Ochenta y tantos hombres que quieren seguir cobrando unas dietas no tienen derecho a restar calidad a un pueblo”.

“Hoy paciencia, mañana independencia”, se decía en CiU en época de Pujol. Este aforismo revelaba la existencia de un plan a largo plazo que ha provocado la unión por los extremos de la derecha conservadora y la izquierda republicana en la lista de Junts pel Sí. Chaves Nogales percibía las aspiraciones soberanistas de parte del pueblo catalán como un asunto grave, prolongable en el tiempo y sin solución, pero también sin consecuencias fatales.

El reportero del diario Ahora veía el problema nacionalista como una falta de entendimiento entre una derecha y una izquierda que tenían un objetivo común: mantener el Estatuto, meta que hoy no convence a ninguna de estas facciones. “Si las derechas no pretendían acabar con el régimen autonómico, ¿por qué fueron contra él? Si las izquierdas no querían una nueva aventura revolucionaria, ¿por qué la intentaron? A fin de cuentas, derechas e izquierdas están de acuerdo en mantener el Estatuto. Ni la izquierda quiere más ni la derecha menos. Es, sencillamente, una cuestión de mutua desconfianza”, escribía el sevillano unos meses antes de la Guerra Civil.

¿Qué pasará en Cataluña?, se preguntó Manuel Chaves Nogales en febrero de 1936. “Nada”, se respondió. “Hay, por encima de todo, un hondo sentido conservador que se impondrá fatalmente. Yo no sé si los hombres de la Esquerra, profesionales casi de la revolución, se resignarán a aceptarlo. Si no lo hacen, peor para ellos”.