Así ha evolucionado el voto catalán: el porqué del avance de Junts pel Sí

Hay muchos elementos que hacen de estas elecciones una cita especial: los temas de debate, el carácter aparentemente histórico de la decisión, la gran fragmentación que se avecina. Sin embargo, hay uno que me parece especialmente relevante por los efectos imprevisibles que puede tener sobre el resultado electoral: los cambios en la oferta electoral de los partidos respecto a 2012.

Son pocos los comicios en los que encontramos tal número de nuevas candidaturas y nuevos candidatos. En estas elecciones los ciudadanos podrán escoger, por primera vez desde 1978, entre los dos socios de la histórica coalición Convergència i Unió. Además, se encontraran con dos nuevas coaliciones entre partidos que hasta ahora nunca se habían presentado juntos: Junts pel sí (la lista creada por Convergencia, ERC y otras entidades independentistas) y Catalunya Sí que es Pot (surgida de la unión de Podemos e Iniciativa per Catalunya y sus socios). A estos cambios de alianzas hay que sumarle los cambios en los liderazgos de las distintas candidaturas: sin tener en cuenta la particular situación de Mas, ninguno de los candidatos que se presentan en estas elecciones repite respeto a los últimos comicios.

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Estos cambios se han dado en muy poco tiempo. En los tres últimos barómetros realizados por GESOP para El Periódico (febrero, junio y septiembre), podemos captar casi todos los movimientos. En febrero Convergència i Unió aún parecía un actor estable que se presentaría a las elecciones en coalición y separado de otros partidos independentistas, y Podemos e Iniciativa aún mantenían sus proyectos separados. En el barómetro de junio, en cambio, ya parecía muy evidente que Unió se presentaría por separado y que Podemos e Iniciativa repetirían la opción que tanto éxito les acababa de dar en las municipales de Barcelona.

Sin embargo, aún no estaba claro si Esquerra acabaría uniendo fuerzas con Convergència y las entidades independentistas en una candidatura común ni quedaba claro quién encabezaría la mayoría de las listas. En este sentido, es probable que algunos nombres también hayan podido cambiar las percepciones e intenciones de voto de los ciudadanos. En especial, los nombres de Raül Romeva y el potencial impacto de su pasado en Iniciativa, el perfil independentista de Lluís Rabell para la candidatura de Catalunya Sí que es Pot y el relevo en el Partido Popular con la elección de Xavier García Albiol, personaje conocido por su duro discurso contra la inmigración.

Los efectos del cambio

Todos estos cambios son importantes porque pueden haber cambiado la forma en la que los ciudadanos perciben el escenario y las distintas opciones entre las que escoger. Es decir, tienen el potencial de cambiar las percepciones que los votantes tienen de las opciones entre las que deben elegir y por lo tanto pueden afectar la forma en que deciden su voto.

En este sentido, es interesante ver si los movimientos en la oferta electoral se han trasladado o no al comportamiento de los ciudadanos y han alterado algunas de las alianzas creadas entre partidos y los distintos grupos sociales. Con la precaución que pide el tamaño reducido de las muestras, y sin olvidarnos de agradecer a GESOP la apertura de los datos, podemos observar cómo han cambiado los apoyos de los distintos sociales en los tres últimos barómetros.

La evolución de los apoyos a las distintas opciones electorales evoluciona de forma muy similar entre hombres y mujeres. La confluencia entre Podemos e Iniciativa consigue mejorar mucho sus apoyos entre los grupos en junio, cuando la suma de los apoyos supera a los que tenían en febrero los dos partidos por separado. Pero cae fuertemente en septiembre, llegando incluso a niveles inferiores a los que tenían los partidos por separado en febrero. La lista Junts pel sí consigue en cambio aumentar sus apoyos de forma clara en septiembre mejorando la intención de voto que tenían Esquerra y el president Mas en junio, cuando se presentaban en listas separadas.

Existen algunas diferencias moderadas entre hombres y mujeres, como por ejemplo la caída de Ciutadans entre las mujeres en junio, mucho más débil entre los hombres. O los mayores niveles de indecisión entre ellas que entre ellos, sobre todo en septiembre. Pero en general los dos grupos siguen una lógica muy similar.

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Gráficos: Patricia López

También entre los distintos grupos de edad la evolución de los apoyos sigue lógicas bastante parecidas. Más allá de las diferencias iniciales, los distintos grupos de edad muestran dinámicas muy paralelas. Destaca, la mejora de la intención de voto hacia las listas independentistas en septiembre sobre todo entre los catalanes de entre 45-59 años. Es en este grupo donde la confluencia entre Podemos e Iniciativa había conseguido sumar más apoyos en junio y donde ahora sufre su mayor caída.

La relativa fuerza del PP y PSC entre los mayores de 60 años es muy notoria, pero son dinámicas que no parecen haber cambiado en los últimos meses. Unió tenía cierta fuerza en junio entre los mayores de 60 años aunque en el barómetro de septiembre parece haber perdido gran parte de esta fuerza.

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Si observamos los apoyos a las distintas opciones por nivel de estudios podemos observar cómo la caída de Catalunya Sí que es Pot en septiembre es especialmente pronunciada entre los ciudadanos con estudios post-obligatorios no universitarios. Precisamente el grupo en el que destaca el aumento de los apoyos de la lista por la independencia encabezada por Romeva. Este crecimiento del apoyo a los independentistas es, en cambio, muy moderado entre los ciudadanos sin estudios o con estudios universitarios.

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Si consideramos las diferencias entre grupos según el lugar de nacimiento de sus padres o su lengua habitual, las variables sociodemográficas generalmente más relacionadas con el apoyo al proyecto independentista, también nos encontramos muchas diferencias.

Por ejemplo, el grafico muestra cómo Podemos (ya sea solo o en coalición) nunca ha conseguido entrar con mucha fuerza entre los ciudadanos con dos padres nacidos en Cataluña. Incluso en junio, cuando la confluencia de izquierdas tenía más de un 30% de los votos, conseguía menos de un 10% de los votos de los catalanes con padres nacidos en Cataluña. De hecho, el apoyo a estos ciudadanos apenas se ha movido desde septiembre más allá de los cambios debidos a la distribución de estos votantes entre CiU y ERC antes de que formaran coalición y se presentaran juntos. En este sentido es interesante señalar que en junio, sin Unió en su candidatura, una lista encabezada por Mas conseguía superar a ERC a diferencia de lo que ocurría en febrero.

La confluencia entre Podemos e Iniciativa ha perdido la fuerza que tenía entre los catalanes con los dos padres nacidos fuera de Cataluña o entre aquellos con uno fuera y otro dentro. Esta pérdida de influencia parece haberse diluido en la abstención y en la indecisión. Aunque no hay que ignorar el crecimiento de los apoyos a Junts pel Sí durante el verano entre este grupo.

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La dinámica de los grupos según su lengua habitual se parece bastante a la observada en el anterior gráfico. Entre aquéllos que hablan catalán de forma habitual el apoyo a las candidaturas independentistas se ha mantenido muy estable a lo largo del año. El voto a otras candidaturas siempre ha sido muy marginal, incluso en junio después de las municipales.

Entre los que hablan castellano de forma habitual encontramos bastantes más cambios. Sobre todo debido al auge y posterior caída de la confluencia de Iniciativa y Podemos, que en septiembre consigue menos apoyos entre este grupo de los que tenían en febrero los dos partidos por separado. Este auge y caída se da, por lo general, sin afectar a los apoyos que reciben los otros partidos no independentistas: PSC, PP y Ciutadans crecen muy ligeramente en septiembre con respecto a junio.

El cambio de mayor calado se da en el aumento de los indecisos y de los abstencionistas. Además es interesante notar que la candidatura independentista no consigue mejorar de forma notable sus apoyos entre los castellanohablantes. Los apoyos a Junts pel Sí se sitúan incluso por debajo de los que tenían CiU y ERC por separado en febrero, aunque sí mejoran los resultados de junio.

Por último, entre los que utilizan las dos lenguas por igual nos encontramos unas dinámicas muy similares a los de los castellanohablantes, con Catalunya Sí que es Pot cayendo fuertemente de junio a setiembre en favor de la abstención y la indecisión, y con cierto crecimiento de los otros partidos no independentistas. La lista por la independencia Junts pel Sí consigue mejorar ligeramente sus resultados entre este grupo con respecto a junio, pero sin superar los resultados que tenían ERC y CiU por separado en febrero.

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Los datos reflejan importantes diferencias en el comportamiento electoral de los distintos grupos de la sociedad catalana. Los distintos grupos también parecen haber reaccionado de un modo diferente a los cambios del tablero político catalán. En especial al auge y posterior caída de la confluencia entre Podemos e Iniciativa. Tanto el auge de junio como la caída de septiembre han sido transversales en todos los grupos pero ha sido más pronunciado en ciertos sectores: castellanohablantes, catalanes con al menos un padre nacido fuera de Cataluña, gente con estudios post-obligatorios y ciudadanos de entre 45 y 59 años.

Estos grupos respondieron con gran entusiasmo a la confluencia después de las municipales y se desmovilizaron durante el verano. Diferentes elementos pueden explicar esta caída: la elección de un líder poco conocido y con un perfil muy determinado, la caída de apoyos que parece estar sufriendo Podemos o la reaparición del debate nacional con la lista conjunta.

Por último, la creación de Junts pel Sí parece haber ayudado a las dos grandes candidaturas independentistas (ERC y CDC) a recuperar parte del espacio perdido en junio. Sobre todo entre los ciudadanos de entre 45 y 59 años y entre los catalanes con un padre nacido fuera de Cataluña aunque en pocos sectores consigue mejorar los resultados que tenía en febrero.

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