Atrapados en el puerto de Lesbos

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Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Reportaje gráfico: Mariangela Paone

MITILENE (LESBOS).– Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Mientras el mundo entero llora la muerte del pequeño Aylan en la playa turca de Bodrum, en la otra orilla, cientos de niños como Aylan sufren en sus carnes las condiciones de una travesía inhumana que no ha hecho más que empezar. Están atrapados desde hace días, junto a sus padres, en el embudo que es esta isla griega para los miles de refugiados que siguen llegando a sus costas, sin parar, en lanchas cargadas más allá del límite.

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No hay sombra bajo la que resguardarse ni tiendas ni baños ni aseos en el inmenso campo de refugiados que es el muelle de esta ciudad. En los arcenes de la entrada, donde se encuentran los únicos árboles del recinto, las madres acunan a los más pequeños cuyos llantos se pierden en el griterío general. Algunas han caminado durante días para llegar desde la otra punta de la isla con los bebés a cuestas y los niños mayores de la mano. El trayecto se extiende durante 70 kilómetros.

Las marcas del camino están impresas en la piel: muchos niños tienen eritemas y fragmentos de piel enrojecida por todo el cuerpo. Los padres deben sacar una fuerza titánica para tranquilizarles mientras tratan a duras penas de disimular el cansancio y sobre todo el miedo. Como todos los que están aquí, no saben cuándo podrán dejar Lesbos y subirse a uno de los ferries que dos o tres veces a la semana trasladan a los refugiados hasta el puerto ateniense del Pireo sin que baje el número de los que se quedan aquí.

El alcalde de Mitilene, Spyros Galinos, pidió el miércoles la declaración del estado de emergencia porque en la isla puede haber más de 20.000 refugiados y la mitad se encuentra en los alrededores del puerto. Una ciudad dentro de la ciudad. “En los últimos dos meses, el número de migrantes que han pasado por la isla es mucho mayor que el de su población: 85.000 habitantes”, declaró. Los que salen son remplazados por los que llegan, que suelen ser entre 500 y 900 cada día aunque el sábado pasado desembarcaron unas cien lanchas: más de 4.000 personas.

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La única oficina de la policía portuaria que registra a los refugiados sirios y les entrega el salvoconducto que les permite salir de Lesbos está desbordada. El caos reina sobre el procedimiento, el lugar y los tiempos de entrega de los papeles. Hasta ahora los datos se tomaban en dos precarios campos a las afueras de Mitilene: el del pueblo cercano de Moria y el de Kara Tepe, a un par de kilómetros de la ciudad.  Allí mismo volvían los agentes para completar la gestión y entregar el documento. Pero ayer por la mañana Kara Tepe estaba casi vacío porque a los sirios se les había dicho que fueran al puerto para el registro. Una vez aquí se encontraron otra vez en el limbo, en una espera de horas sin respuestas ni certezas.

Muchos se agolpan frente a la oficina donde se hacen los registros, mantenidos a distancia por los militares que llevan las caras cubiertas por mascarillas sanitarias. Otros, sin perder de vista la oficina para captar cualquier cambio o anuncio, miran desde lejos por temor a que estallen desórdenes como sucedió hace unos días cuando la tensión acabó en enfrentamientos entre grupos de refugiados. A los sirios se le da prioridad frente a los afganos y a los iraquíes que forman parte de este inmenso éxodo. Los refugiados tienen miedo también a los militares. Un joven levanta la camiseta y enseña un gran moratón en el brazo.

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Poco después un agente sale de la zona acordonada blandiendo la porra y golpea a uno de los hombres. Los que están alrededor se dispersan. Entre ellos hay mujeres y niños. Pasan unos minutos y vuelven a concentrarse frente a la oficina, la primera y la última estación de un vía crucis que puede durar más de una semana. Muchos deciden no esperar en los campos de las afueras y se quedan en los alrededores, comprando tiendas de campaña de su propio bolsillo por 25 euros en los establecimientos de la ciudad.

Decenas y decenas de carpas azules ocupan el parque aledaño al puerto, al lado de un balneario destinado a las familias de los militares. Es un lugar de vacaciones protegido en medio del descontrol y rodeado de gente que vive en condiciones de insalubridad. “Nadie nos atiende, nadie nos ayuda. Se nos trata peor que a los animales”, dice un hombre sirio que lleva cinco días aquí. Es algo que repiten todos. Muchos se acercan espontáneamente para enseñar a sus hijos enfermos, para pedir si se puede hacer algo con los papeles, para pedir información, para enseñar las marcas de los porrazos recibidos por los militares. “Nos gritan: ¡Marchaos! ¡Marchaos! ¡Quietos! ¡Sentaos!”.

A media tarde en el puerto, se anuncia que las familias serán trasladadas otra vez a Kera Tepe para esperar allí la recogida del salvoconducto que les llevará en un ferry gratuito a Grecia. En Kera Tepe las condiciones son aún peores y la labor de las ONG internacionales es una gota de agua en un mar inmenso.

Al llegar el primer autobús, estalla el caos. Todos se apiñan frente a la puerta delantera intentando entrar sin dejar atrás a la familia y a los amigos. Las puertas se cierran entre los gritos de dos mujeres que se han quedado fuera con sus hijos subidos al autocar. El conductor ya ha arrancado cuando los agentes empiezan a golpear el vehículo para que pare y deje subir a las madres. Decenas de niños asisten mudos a la escena.

Barack Obama, un ‘hijo pródigo’ contra la yihad

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El presidente de Estados Unidos regresa a Kenia, la tierra de sus ancestros, en un viaje en el que, más allá de la carga simbólica, se abordará el futuro inmediato en la lucha contra el terror impuesto por Al Shabab. Impera el orden militar en Nairobi en previsión de posibles atentados. Los ciudadanos, divididos sobre la visita del líder estadounidense.

Reportaje fotográfico: Gonzalo Araluce

El presidente de Estados Unidos regresa a Kenia, la tierra de sus ancestros, en un viaje en el que, más allá de la carga simbólica, se abordará el futuro inmediato en la lucha contra el terror impuesto por Al Shabab. Impera el orden militar en Nairobi en previsión de posibles atentados. Los ciudadanos están divididos sobre la visita del líder estadounidense.


Tyler Hicks, fotógrafo de The New York Times, recibió el aviso de que algo extraño estaba ocurriendo en el centro comercial Westgate, refugio de turistas y de la clase alta de Nairobi, capital de Kenia. Eran las 13.00 horas del 21 de septiembre de 2013. El periodista, en un primer momento, pensó que se trataba de un robo. Su intuición, no obstante, le empujó hasta el escenario de la noticia. “Cuando llegué allí me encontré a cientos de personas corriendo horrorizadas”, contaría Hicks en una entrevista divulgada por NPR, productora radiofónica de EEUU. “Enseguida comprendí que se trataba de algo importante y me lancé al interior del centro comercial”.

Sin saberlo, Hicks se adentraba en el infierno que el grupo yihadista Al Shabab había planeado para aquel día. Cámara en mano, el periodista reflejó el dolor y la angustia de las víctimas en un atentado que se llevó la vida de 72 personas, incluyendo las de los cinco terroristas. Entre aquellas imágenes, hubo una que dio la vuelta al mundo: la lucha silenciosa de una madre y de sus dos hijos, tumbados en el suelo durante cinco horas tratando de confundir a los asaltantes. Los tres sobrevivieron al ataque y aquella escena fue galardonada, meses después, con el Premio Pulitzer.

El atentado que Al Shabab perpetró contra el centro comercial Westgate alteró el transcurso de la historia reciente de Kenia; un país que, en el contexto africano, se había erigido como ejemplo de seguridad y estabilidad política. Desde entonces, el grupo yihadista ha extendido su campaña de hostigamiento a otras regiones del país. El ataque contra la Universidad de Garissa, en el que murieron 148 personas, es un ejemplo de ello.

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Según Obama, su padre se crió ‘escuchando a las cabras pastar’, en una pequeña aldea al oeste de Kenia. Imagen de un paraje de Mara.

“Muchos creen que con la llegada de Obama todo eso va a cambiar, que vamos a lavarnos la cara y que volverán los turistas y los inversores”, comenta Joseph Mbue, quien, con ojo clínico, trata de esquivar con su taxi los atascos que estos días registra la capital de Kenia. Las obras para adecentar Nairobi se han precipitado ante la inminente visita del presidente estadounidense, que llega el viernes en el país africano; en la tierra en la que nació su padre y en la que todavía vive parte de su familia.

“Mi padre se crió en una aldea pequeña al oeste de Kenia. Fue a una escuela humilde y creció escuchando a las cabras pastar”, recuerda el presidente de Estados Unidos cada vez que le preguntan sobre su sangre africana. Un relato con el que buena parte de los ciudadanos de Kenia se siente identificado.

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Joseph Mbue, taxista de 27 años, se muestra escéptico sobre la visita de Obama.

“Saludamos al líder de Estados Unidos”, prosigue Joseph, a los mandos de su taxi, “pero hay que ser realistas: este viaje no va a solucionar todos nuestros problemas”. A lo largo de la jornada, este joven de 27 años se topa una y otra vez con Obama. Su cara adorna los carteles de las principales avenidas y de camisetas diseñadas para la ocasión, de anuncios publicitarios y de pinturas garabateadas por artistas callejeros. “Es el hijo del estudiante keniano que cambió el mundo”, anuncia en su portada el Daily Nation, principal cabecera del país.

La proliferación de los mensajes de bienvenida a Barack Obama tan solo es comparable con el aumento de la presencia policial y militar. El Gobierno de Uhuru Kenyatta confía en que esta visita sirva para relanzar la imagen del país. Por otro lado, la alerta por posible atentado terrorista ha alcanzado su máximo nivel. Nairobi se ha convertido en una ciudad fortificada, con controles de seguridad en los principales accesos y cortes en las comunicaciones, incluidas las telefónicas. La prensa local denuncia, además, la expulsión forzosa de 3.000 vagabundos de la ciudad; la mitad de ellos, niños.

El futuro del cuerno de África, en juego

Barack Obama visita la tierra de sus ancestros en un viaje en el que, más allá del trasfondo simbólico, se abordará la hoja de ruta que la región seguirá durante los próximos años, especialmente en materia de seguridad. El terrorismo yihadista amenaza con desestabilizar el escenario geopolítico de la región y los asesores de Obama temen un efecto dominó sobre otros países vecinos.

Aunque Al Shabab nació en Somalia y éste es su principal escenario de actuación, en los últimos años ha extendido sus tentáculos más allá de sus fronteras, perpetrando sus ataques en Kenia o Uganda. “Atacaremos a todo aquel país que mate a nuestros familiares”, apunta la organización terrorista en referencia a las fuerzas que componen la misión de paz con la que la Unión Africana opera en Somalia.

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Un vendedor de periódicos ambulante muestra la portada del Daily Nation.

Durante los próximos días, Obama y Kenyatta pretenden estrechar lazos en la lucha contra el terrorismo yihadista. La frontera entre ambos países, trazada con escuadra y cartabón, es irreconocible salvo sobre un mapa. El terror infundido por Al Shabab y otras milicias ha empujado a cientos de miles de somalíes fuera de su país. Hasta el momento, 400.000 de ellos han ido a parar a Dadaab, al este de Kenia, donde se levanta el campo de refugiados más grande del mundo.

“Estados Unidos es un gran aliado. Nos apoya y forma a nuestros hombres para combatir a los terroristas”, apunta Joseph Ole Lenku, ministro del Interior, en una entrevista emitida recientemente en la CNN.  Además, el Pentágono ha proyectado algunas de las operaciones que han causado mayores estragos entre las filas de Al Shabab: entre ellos, un ataque con dron que acabó con la vida de Adan Garar, líder destacado de la milicia que planeó el atentado contra la Universidad de Garissa.

Bajo este escenario de terror, Barack Obama pisa Kenia por tercera vez, la primera desde que es presidente de Estados Unidos. Un país en el que todavía escuecen las heridas de los atentados, que late bajo la amenaza yihadista y que tratará de empapelar sus miedos en carteles callejeros para ofrecer, estos días, su mejor cara.

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Comercios en uno de los arrabales de las afueras de Nairobi.

Chikunguña: una historia de mosquitos

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Más de un millón de personas se han contagiado en los últimos meses con el virus chikunguña, que causa una enfermedad muy dolorosa aunque raramente letal, y para la que no existe vacuna ni cura. Para frenar al virus se intenta atacar su principal vector de transmisión: ciertos tipos de mosquito.

“Si aún no ha oído hablar del chikunguña, no se preocupe, lo hará”. 
Maryn McKenna en National Geographic

Hace ahora casi un año, el doctor Fernando de la Calle, de la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Universitario La Paz, trataba junto a sus compañeros de sacar el ébola del cuerpo de Teresa Romero, subidos todos en un escenario hasta entonces inimaginable. Alrededor de ellos, docenas de micrófonos y cámaras; más allá, controles térmicos en los aeropuertos, alarmas en hospitales de toda España y bastante inquietud, tanto en la población como en el gobierno, pese a que la posibilidad de una epidemia de ébola era -y sigue siendo- muy baja.

La principal lección que nos dejó aquella pequeña, pero trágica, infiltración del virus en nuestras vidas es que ahora las enfermedades infecciosas ya no están confinadas en lejanos reservorios selváticos. Como cuenta ahora el doctor De la Calle, “es el problema de la globalización, que la enfermedad también viaja”.

Aunque las brasas del ébola en África Occidental siguen incandescentes, actualmente hay otros brotes que preocupan especialmente a los epidemiólogos. Uno, el síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio o MERS, detectado hace tres años en Arabia Saudí, es hoy, con una mortalidad del 36%, una amenaza en Corea del Sur.

El otro, el virus chikunguña, se identificó hace más de 50 años en Tanzania -de hecho el nombre del virus procede del dialecto makonde, hablado al sur del país, y significa, literalmente, “retorcerse” de dolor- y salvo algunos saltos a Asia, permaneció más o menos estable geográficamente hasta hace una década. Ahora, una epidemia que comenzó en el Caribe a finales de 2013, sigue su curso hacia el sur, donde ha llegado a Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador, y hacia el norte con casos autóctonos en México y Estados Unidos.

En total, más de un millón de personas se han contagiado en los últimos meses de esta “enfermedad del dolor”, raramente letal pero siempre incapacitante y para la que no existe vacuna ni cura. Es además, una muy probable candidata a dar el salto a los países mediterráneos.

Chikunguña en España

De hecho, mientras los focos apuntaban al Instituto Carlos III y a los tres pacientes con ébola que hubo en España el año pasado, 266 personas trajeron el chikunguña a lo largo de 2014 según el Centro Nacional de Epidemiología, una cifra bastante notable comparada con los 475 casos notificados en toda Europa entre 2008 y 2012 (PDF).

La primera víctima fue en marzo, una mujer de la República Dominicana, a donde el virus había llegado en febrero. Un 96% de los 266 procedía de América Latina, principalmente de la citada isla caribeña. Y lo más importante, casi 4 de cada 10 casos se produjeron en Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares, zonas de especial riesgo ya que aquí se encuentra el vector de la enfermedad y principal protagonista de esta historia: el Aedes albopictus, también conocido como mosquito tigre.

“No hay que ser alarmista, pero no es descabellado que el chikunguña se instale en Europa, ya que uno de los vectores que transmiten la enfermedad está en toda la cuenca mediterránea”, confirma De la Calle. Además, este mosquito se está extendiendo territorialmente, por todo el levante español pero también hacia el interior, Ebro adentro hasta Aragón. “Además, el virus tiene unas pequeñas mutaciones que lo han hecho más fácil de acceder a ese vector”, dice este epidemiólogo, que estima que “este año estamos otra vez viendo más, bastantes más”.

De un mosquito a otro

El factor fundamental por el que el chikunguña, una enfermedad con un circuito de transmisión parecido al dengue, no ha llamado a nuestra puerta hasta ahora es precisamente el medio de transporte. Durante las últimas décadas, el virus viajaba exclusivamente en el Aedes aegypti, también conocido como el mosquito de la fiebre amarilla. Este vector limitaba la presencia del chikunguña a África y Asia, pero alrededor de 2005 algo cambió.

Una cepa del virus comenzó a detectarse en el Océano Indico, y esta vez la amenaza iba a lomos de un mosquito tigre. La explicación científica más consolidada habla de una mutación, llamada E1 A226V, en una proteína del virus. Esta mutación le permitía adaptarse al mosquito tigre y replicarse más rápido. Este arma permitió al chikunguña extenderse y perpetuarse en climas menos tropicales, donde el ciclo de vida del mosquito es menor.

En 2007, un turista llegado de India provocó un brote de 205 casos autóctonos en Rimini, al norte de Italia y entonces los expertos se preguntaron “¿qué está ocurriendo?”. Luego volvió a ocurrir en Croacia, y más tarde, en Francia, dos veces, en 2010 y 2014.

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Precisamente, un grupo de investigadores franceses dirigidos por Remi Charrel, de la Universidad de Aix-Marsella, publicaron el año pasado un estudio titulado: Globalización del chikunguña: Diez años para invadir el mundo.

Tradicionalmente, la enfermedad ha sido vista como de un riesgo moderado. Tras un periodo de incubación de entre 3 y 7 días, comienza con fiebres muy altas, una súbita erupción cutánea y de repente, un dolor por todo el cuerpo que dura unos 10 días pero puede llegar a cronificarse. “El problema que tiene el chikunguña”, dice el médico del Instituto Carlos III, “es que en un porcentaje no despreciable da muchos problemas articulares a medio plazo, gente joven que se infecta y se pegan dos meses con rodillas o manos muy inflamadas, no pueden trabajar. No es un virus que lo pasas y ya, hay que vigilar esas artralgias”.

Mutación

Lo que descubrieron Charrel y su equipo es que, en el brote caribeño de 2013, comenzaron a verse en la isla de Reunión consecuencias clínicas sin precedentes: fallos respiratorios y hepáticos, meningoencefalitis, descompensación cardiovascular e incluso hepatitis aguda. El chikunguña está mutando hacia formas que lo hacen llegar más lejos y hacer más daño.

“Es como la pólvora, allá donde cae se extiende”, dice De la Calle. En algunas zonas de África, hasta el 80% de la población ha desarrollado anticuerpos, es decir, ha estado expuesto al virus. “No hay que alarmarse, pero es un problema de salud pública que en España hay que tener mucho en cuenta porque, más allá de la inmigración, que ahora es menor, muchísimos españoles van a Latinoamérica de turismo”.

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Afectados en Rep. Dominicana. Foto: WHO

Y además, abre una puerta igualmente inquietante. Si una enfermedad que se transmite como el dengue, y para la que, como el dengue, no existe vacuna ni cura, puede acabar llegando a Europa, ¿por qué no otras como el virus Zika o el propio dengue?

Europa necesita un plan, pero afortunadamente, alguien tiene una buena idea.

Mosquito contra mosquito

Ese alguien es escocés, se llama Luke Alphey y trabaja en el Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford. Le encontramos en París, en un lujoso hotel del Boulevard Haussmann, donde ha sido nominado a un premio a Inventor Europeo del Año por crear mosquitos genéticamente modificados para, literalmente, acabar con su especie y frenar la transmisión de enfermedades como el dengue o el chikunguña.

Los mosquitos que transmiten enfermedades son siempre hembra, que buscan la sangre para alimentar a sus crías. Los mosquitos transgénicos de Alphey son machos, y tienen la particularidad de que, al aparearse con esas hembras, generan una descendencia que muere antes de alcanzar la edad adulta. Así, liberados en plena naturaleza, son capaces de arrasar una colonia mientras intentan justo lo contrario. Su Técnica del Insecto Estéril, que vio la luz hace 15 años en un artículo de Science, se encuentra ya en vías de comercialización tras exitosos ensayos en las Islas Caimán, Malasia, Panamá y Brasil.

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Luke Alphey. Foto: EPO

Aunque el concepto mosquito transgénico pueda levantar ciertas suspicacias, para Alphey no hay debate en este punto. “La comida tiene un sitio especial, queremos comida limpia, segura y natural. Pero si pensamos en medicina es al revés, quieres que un hospital reluzca y esté lleno de alta tecnología, lo opuesto a natural”, dice el zoólogo. “Y cuando piensas en ingeniería genética, bueno, millones de personas se inyectan insulina genéticamente modificada cada día. E incluso las vacunas que se ensayan para el dengue consisten en virus genéticamente modificados, y es algo aceptable”.

Pregunta: Señor Alphey, en el arte del apareamiento, ¿se comporta igual un mosquito genéticamente estéril que uno normal? ¿No hay “algo” que le falta y que puede hacerle mostrar menos interés en la hembra que un macho salvaje?

Respuesta: Nos gustaría que fueran lo mismo, pero realísticamente, no van a ser tan buenos. Un mosquito irradiado, al soltarlo en las pruebas de campo, cambia. No son tan buenos, pero son bastante buenos. Y son baratos de producir. Hay espacio de mejora, pero funciona. En los ensayos logramos reducir las poblaciones de mosquito en un 90%.

P: Usted se ha centrado en el dengue, pero en teoría debería servir para todas las enfermedades que el mosquito puede transportar.

R: Así es. Controlar ese mosquito, el Aedes aegypti, permite controlar la fiebre amarilla, el dengue, y la otra enfermedad que transporta, el chikunguña.

P: Pero el chikunguña saltó además al mosquito tigre hace diez años. ¿Su técnica sería válida también en ese otro vector?

R: Sí. En efecto, en Europa continental no tenemos Aedes aegypti por el clima, pero sí Aedes albopictus, mucho más tolerante al frío. Normalmente no es tan buen vector para enfermedades, salvo para esta versión del chikunguña, en la que el mosquito tigre es tan bueno, o incluso mejor, que el mosquito de la fiebre amarilla. Pero de hecho, no sólo podemos poner nuestra tecnología en el albopictus, sino que lo hemos hecho.

Conste que Alphey no ganó finalmente el premio. Pero quizá pueda contentarse con haber hallado la solución para, al menos, un par de enfermedades cuyo número de epidemias mundiales no deja de aumentar, cuyas mutaciones las hacen cada vez más virulentas y que, para más inri, pronto podríamos sufrir en nuestras propias y caucásicas carnes.

No es un mal premio de consolación.

Estambul, un refugio sirio

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La urbe más grande y rica de Turquía se ha convertido en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. Yassin Swehat es uno de esos 500.000. Hace 20 meses dejó Santiago de Compostela, donde nació, y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah –La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Bachar Al Asad 

La urbe más grande y rica de Turquía se ha convertido en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. Yassin Swehat es uno de esos 500.000. Hace 20 meses dejó Santiago de Compostela -donde nació- y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah –La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Al Asad.

Algunos sirios llegados a Estambul por la guerra civil en su país han empezado a renombrar ciertos lugares del centro de la ciudad. Así, la pequeña calle Nevizade, repleta de bares y terrazas, es ahora shara al-bira o “la calle de la cerveza”. Al lado está “la pescadería”, la calle Sahne con sus puestos de pescado fresco. La plaza de Galatasaray, en mitad de la bulliciosa y comercial avenida Istiklal, es conocida como sahet al-khawaziq o “la plaza del empalamiento” debido a un monumento de barras metálicas que miran al cielo, dedicado al ejército turco.

Este mecanismo, bien por el desinterés o la dificultad de aprender el idioma local, funciona también en otras zonas de Estambul y explica las necesidades de la diáspora siria. Las callejuelas entre Taksim y Besiktas son “el consulado alemán”; el populoso barrio de Nisantasi es “el consulado sirio”; al norte de Istiklal, “el consulado inglés”.

Yassin Swehat quiere rescatar este mapa desconocido de la urbe más grande y rica de Turquía, convertida en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. “Varios amigos artistas nos están ayudando a dibujarlo, quizás luego hagamos pósters o camisetas para darlo a conocer. Al final, un lugar no es sólo piedras y calles, sino también las experiencias de las personas que pasan por él”.

Yassin nació en Santiago de Compostela hace 30 años. Su padre, Mohammad, había dejado Raqqa en 1969 para estudiar medicina en España. Se casó, tuvo cuatro hijos y obtuvo el título de cardiólogo antes de volver a Raqqa. Yassin se trasladó a Siria con su familia y vivió en Raqqa hasta los 18 años. Los veranos los pasaba en Santiago. En 2002 volvió definitivamente a la ciudad española para hacer la selectividad y estudiar medicina. “Tengo un recuerdo bastante gris de la Siria de antes de la guerra. En el instituto teníamos que recitar un juramento cada mañana antes de entrar a clase: ‘Resistiré al imperialismo, al sionismo y a los reaccionarios y aplastaré a su diabólica división, la banda criminal de los Hermanos Musulmanes”.

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Yassin Swehat vive en Estambul desde hace 20 meses.

De médico a periodista

Ahora vive en Estambul desde hace un año y ocho meses. Dejó Santiago y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah -La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Bachar Al Asad. “Nunca me lo planteé como una forma de activismo, ni de que manera puedo ser más útil, porque si entras en esa dinámica igual acabas con un arma en la mano en Aleppo, y no”, dice Yassin. “Simplemente, quise hacer lo que me gusta y la medicina no es lo que me llamaba”.

El padre de Yassin sigue viviendo en Raqqa. Tiene una clínica privada y acciones en un hospital. “Él, como toda la gente allí, intenta hacer la menor vida posible fuera de casa, pasar desapercibido y no tener ningún roce con ellos, no saber nada de ellos”. Ellos son el Estado Islámico, el grupo terrorista que tomó el control de Raqqa a finales de 2013 y la convirtió en el centro de operaciones de su “califato”. Yassin relata con incredulidad que la ciudad de su infancia, por entonces muy pequeña y dedicada a la agricultura, tiene ahora un restaurante chino para los muchos integrantes del Estado Islámico llegados desde Asia y sitios donde se puedan comprar los mejores chocolates belgas y suizos. Los puestos de zumos de frutas han prosperado en una Raqqa muy dañada en la que escasea el combustible, el gas y el agua. La electricidad se va durante días.

“Hay ciertos negocios que florecieron mucho con la llegada del Estado Islámico y los combatientes extranjeros, que son el músculo principal y tienen mucho dinero. Han abierto restaurantes de comida rápida muy al estilo occidental. No hay un McDonald’s, pero sí una especie de hermano pequeño, con su crispy chicken“. Yassin y su padre hablan por teléfono con frecuencia. A veces, cae una bomba durante la conversación y como la conexión a internet en Raqqa es pésima, su padre le pide: “Mírame dónde cayó”.

Anochece en Estambul y Yassin ha quedado para cenar con algunos compañeros de Al Jumuriyah y con otros sirios residentes de la ciudad. El local, en la primera planta de una calle del centro, es un clásico restaurante turco o meyhane donde se sirve hummus, carne y raki, un licor típico muy parecido al anís. Los relatos en la mesa dan una idea del desastre sirio. Karam Nachar, doctorado en Historia del Oriente Medio Contemporáneo por la universidad de Princeton, dejó la vida del campus para estar “más cerca” de Siria. Es otro de los fundadores de Al Jumuriyah. Su padre fue preso político, y tras ser liberado la familia vino a Estambul. Sherry Al Hayek, una joven de 26 años, es cámara y ha hecho algunos trabajos sobre los refugiados sirios para televisiones alemanas. Dejó a sus padres, partidarios del régimen, en Chicago.

Yassin Haj Saleh llega tarde a la cita. Es uno de los escritores y disidentes más conocidos de Siria. Pasó 16 años en las cárceles de Asadantes de la guerra. Recuerda que en 2013 publicó un artículo de opinión en El Mundo, ‘Carta sobre Siria a los intelectuales y líderes de opinión en Occidente’. Tiene 64 años, es colaborador habitual de Al Jumuriyah y sorprende la precisión temporal con la que narra su peripecia. “Pasé dos años en Damasco, en la clandestinidad. Luego, tres meses en Douma, liberada del régimen poco antes. El viaje a Raqqa, mi ciudad natal, duró 19 días. Fue una travesía dura, de caminos secundarios, escondido de la aviación y los combates. Sólo pude estar 10 semanas, también en la clandestinidad. Daesh [acrónimo árabe para el Estado Islámico] comenzaba a apoderarse de la ciudad y había secuestrado a dos de mis hermanos”.

1,7 millones de sirios en Turquía

Su mujer, Samira Khalil, es una de los cuatro activistas de Douma que desaparecieron de la oficina del Centro de Documentación de Derechos Humanos en diciembre de 2013, presumiblemente a manos de una milicia conocida como Ejército del Islam. “Me tuve que ir porque ya no tenía sentido. No podía salir de casa para observar lo que ocurría y escribir de ello”, afirma Saleh. En Estambul tenía amigos que le ayudaron a establecerse. En su opinión, los sirios sólo aparecen en los medios de comunicación como refugiados que necesitan asistencia para seguir vivos y nada más. “La inmensa mayoría de los sirios en Turquía pensaban que el exilio sería algo temporal y esa percepción ha cambiado ahora radicalmente”. En un momento de la cena, los asistentes levantan los alargados vasos de raki y bridan por el retorno.

De los cerca de cuatro millones de sirios que han abandonado su país, 1,7 millones están en Turquía, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La sociedad paralela que han construido en regiones del sur como Gaziantep -donde, aproximadamente, un tercio de la población ya es siria-, cuenta en Estambul con el peso de la política y el dinero. Aquí están las sedes del Consejo Nacional Sirio y de la Coalición opositora, los dos grandes grupos contrarios a Asad. Hay grandes empresarios que pudieron sacar su patrimonio del país y abrir nuevos negocios inmobiliarios, textiles o de restauración. Sin embargo también hay escritores, periodistas, músicos y hasta familias enteras que mendigan en la calle.

“Hay gente que abrió un negocio, una tienda, un ultramarinos sirio. Esa capacidad de cambio, de reinventarse, es algo increíble”. Los camareros del restaurante que frecuenta Yassin son desertores del ejército de Asad. “No querían luchar con el régimen ni contra él. No querían morir y ahora son camareros en Estambul”.

En el barrio de Aksaray, en el distrito estambulí de Fatih donde viven más de 50.000 sirios, algunos negocios con rótulos en árabe delatan la procedencia de los dueños. Un puesto de pollo frito exhibe junto al nombre que “fue fundado en Siria en 1991”. A pocos metros está el Beyrut, otro de los restaurantes sirios de esta calle. Hay también inmobiliarias para los recién llegados, centros de idiomas para aprender turco y anuncios pegados a las farolas. En la entrada a la estación de metro de Aksaray es frecuente ver a hombres solos, con una maleta o mochila, que esperan a la persona que les ha prometido llevar a Europa, por tierra o por mar.

Yassin dice haberse hecho una Estambul del tamaño de Santiago de Compostela. Todas las mañanas, camina de su buhardilla en “el consulado alemán” a la redacción en “el inglés”. La última vez que estuvo en Siria fue en 2009, antes de la guerra. “Cuando miro hacia atrás, es lógico que aquello acabara así. Siento el sufrimiento de la gente, saber cómo vivían y ver que tienen que empezar de cero. Quienes peor lo pasan son los que se quedaron parados en cierto punto, pensando que esto iba a terminar”.

 

 

La bomba Levy

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La sede de Génova es gris con tonos azules. La quinta planta está vacía el miércoles por la tarde. En un despacho Andrea Levy, de 31 años, lee un dosier. Llevaba un vestido corto fucsia, una cazadora tejana y un collar de cuentas de colorines. Levy es una de las caras nuevas del Partido Popular. Desde hace unas horas es además la número dos de la lista a la Generalitat.

Reportaje gráfico: Dani Pozo

De ascendencia judía, explosiva, novia de un independentista, Andrea Levy acaba de llegar a la vicesecretaría de Programas y Estudios del Partido Popular para aportar frescura y revolucionar la campaña electoral. Está por ver qué le dejan hacer. Así es la bomba Levy.

La sede del Partido Popular es gris con tonos azules. La quinta planta estaba vacía el miércoles por la tarde. En un despacho Andrea Levy, de 31 años, leía un dosier. Llevaba un vestido corto fucsia, una cazadora tejana y un collar de cuentas de colorines. El aspecto de Levy no encajaba en el ambiente.

Andrea Levy es desde el 18 de junio vicesecretaria de Programas y Estudios del Partido Popular. Antes tenía el mismo cargo en el PP de Cataluña, donde nació y creció. Es un cargo importante: sustituye a Esteban González Pons y debería encargarse del programa electoral. La secretaria general, María Dolores de Cospedal, la llamó una hora y media antes del nombramiento. Cuando vio la llamada, Levy pensó que querría algún artículo sobre Cataluña. “¿Qué tal, cómo estás?”, le dijo Cospedal. Era un saludo raro: “Aquí, preparando la comida”, respondió Levy, siempre según su versión.

“¿Te vendrías a Madrid?”, le dijo la secretaria general. Levy tampoco imaginó una oferta seria. Cospedal le anunció el cargo. Levy entonces pensó, según dice: “Cómo debe estar el PP para que me pongan de vicesecretaria”. No era tan raro: el Partido Popular busca renovar su imagen y acercarse a los jóvenes. El objetivo del ascenso de Levy -junto a Pablo Casado y Javier Maroto- es cambiar el tono del partido y ampliar los flancos débiles. Los tres se parecen más a candidatos de Ciudadanos que Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre. De momento es maquillaje. Si hay cambios más profundos, está por ver.

Andrea Levy es nueva. El director de una de sus primeras tertulias fija en Barcelona, Daniel Domenjó de La Rambla en Barcelona TV, vio un artículo suyo con foto en un periódico y la fichó. El director de la tertulia de radio más escuchada en Cataluña, Jordi Basté de RAC1, la contrató porque “siempre busca gente nueva”. El Partido Popular buscaba caras nuevas. Ahí está Andrea Levy. La novedad ha sido su trampolín.

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Reportaje gráfico: Dani Pozo

Pero detrás había más. Hay un consenso entre la gente con quien he hablado y que conoce a Andrea Levy sobre cuál es su mejor cualidad pública: su autonomía dentro del partido. Levy lo sabe y presume de criterio propio. Su mayor excentricidad en una tertulia ha sido abandonar el estudio de la emisora catalana RAC1 porque un participante -Xavier Sala i Martín, catedrático de Economía en la Universidad de Columbia- pusiera en duda su independencia.

Sala le preguntaba una y otra vez si es militante del PP. El profesor quería demostrar que Levy es sólo portavoz de unas siglas. La sentencia final de Sala que hizo que Levy estallara y abandonara el estudio es: “Hace un par de semanas me dijiste que recibías broncas y que decías cosas aunque luego te riñeran”. Sala no ha respondido a repetidos correos electrónicos donde le pedía confirmación de la frase. La discusión en catalán puede oírse en este vídeo, sobre todo los últimos tres minutos. Puede percibirse también la facilidad con que Levy sube de tono.

En su siguiente aparición, Levy explicó por qué se había molestado tanto: “Yo no soy militante del PP, soy la número tres del PP en Cataluña”. El partido no hace su opinión, sino que su opinión conforma el partido. Toni Comín, profesor de Esade, ex diputado socialista en Cataluña y contertulio habitual de Levy, tiene esta teoría: “Andrea no se mueve a golpe de argumentario. Pero no lo hace por ser díscola o la minoría crítica, sino porque aprovecha su posición de peso e influencia política para tener discurso propio, como persona intelectualmente libre, al margen a veces de la posición oficial”.

Paraguas en lugar de jaulas

Levy entiende el papel de los políticos con un margen de maniobra mayor: las opiniones pueden diferir porque la lealtad a las líneas generales está descontada. Los partidos son así más paraguas que jaulas. “Estoy súperorgullosa de las responsabilidades que me han dado en el Partido, pero quiero que mi perfil sea destacado. En las tertulias si me siento y la gente dice ‘PP’, ya saben qué diré. En cambio, conmigo la gente se sigue quedando a oírme”, dice Levy.

Los partidos en España están hoy bien acostumbrados. Sus soldados suelen seguir las órdenes. Levy en cambio chapotea más allá de la línea roja y a veces todo tiembla debido a la persistencia de la ridícula unidad irreal de partido. He preguntado a Levy y a otras personas que valoran su criterio cuándo ha traspasado el límite. Me han señalado cinco casos: 1. Levy dijo sentir “vergüenza ajena” cuando sorprendieron jugando a ‘Candy Crush’ en el Congreso a Celia Villalobos. 2. El PP fue el único partido junto a Unió en votar en contra de una ley contra la homofobia en Cataluña y Levy lo criticó. 3. Le pareció mal que el delegado del Gobierno en Andalucía, del Partido Popular, dijera: “No quiero que en Andalucía mande un partido llamado Ciutadans y su presidente, Albert”. 4. Criticó los evidentes malos resultados de su partido en las últimas elecciones municipales; veía una oportunidad evidente de renovación, como así ha sido al menos para ella. 5. Al contrario de lo que cree Jose Ramón Bauzà, ex presidente de las Baleares, que cambió la ley de la función pública para que el catalán no fuera un requisito, Levy ha dicho que un ciudadano balear o valenciano debe poder dirigirse en cualquiera de sus lenguas a un funcionario.

Levy puede ser una bomba, pero no siempre se lanza. A pesar de que Levy sea del PP por cómo es -y no al revés: piensa así por ser del PP-, sabe bien quién está en su equipo. Un ejemplo destacado es su reyerta con el ex diputado y ex militante del PP, Joan López Alegre. En una tertulia en 2013, López criticó a su antiguo partido. Levy le recordó con vehemencia que había sido militante y diputado del PP: “Ahora no hagas el numerito”, le dijo, o “va, cuenta milongas”. López le respondió que era “una maleducada”. López nunca había visto a Levy y nunca la ha vuelto a ver, “aunque no guardo ningún rencor por aquello”, dice. Levy no ha querido ahondar en el origen de la rabieta.

La independencia de Levy no es por tanto barra libre. “Es muy leal al partido”, dice Juan Milián, su sustituto en el PP catalán. Jordi Basté recibe en su tertulia a Levy una vez por semana desde 2013. “Es de las personas con más capacidad de autocrítica de su partido que he conocido”, dice Basté, que se refiere no sólo a personas del PP sino de todos los partidos. Pero es fiel. Basté ofrece un ejemplo del tercer programa que tuvo a Levy en antena: “Hice un comentario a micro cerrado sobre [la presidenta del PP catalán] Alicia Sánchez Camacho. Al día siguiente me llamaron para reprochármelo. Cuando volví a ver a Andrea, le recordé que aquello era privado. ‘Ya, contestó, pero es que soy muy amiga de Alicia’. Me sorprendió su fidelidad”, cuenta Basté.

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Una pareja independentista

La prueba más personal de su criterio propio es quizá su pareja: Enric Vila, un célebre escritor independentista catalán que publica cada semana en El Punt Avui y El Singular. En una de sus últimas tertulias en RAC1, Levy llamó con sorna “prohombres de la independencia” a Vila y dos de sus amigos, el periodista y profesor en la New York University Jordi Graupera y el escritor y filósofo Bernat Dedéu, con quienes Levy comparte tertulias y amistad. Levy y Vila, 12 años mayor, no esconden su relación. Ninguno de los dos ha querido hablar sobre ella para este reportaje. En un artículo de inicios de julio en El Punt Avui, Vila critica a Enric Millo, portavoz parlamentario del PP catalán. En una entrevista en mayo en Crónica Global, Levy decía: “Nos ‘independizaremos’ de los independentistas”. La pareja parece capaz de separar la vida privada de la vida pública.

Desde el Partido Popular catalán destacan la valentía de Levy, pero imaginan una situación cotidiana difícil: “Por suerte a mí no me pasa, pero creo que me sería más fácil estar con una comunista”, dice riendo Juan Millán, sucesor de Levy. José Antonio Coto, que coincidió con Levy en Nuevas Generaciones en Barcelona, imagina que “deben hablar poco de política”.

La modelo más difícil

El estilo de Levy es hiperactivo, estridente, a veces histriónico. Habla con una voz aguda inolvidable y ríe casi a la vez, como si estuviera nerviosa sin estarlo. Gesticula sin parar y mira a los lados. El fotógrafo de este reportaje, Dani Pozo, no recordaba a alguien tan difícil de captar: “Apenas mantiene el gesto, tienes segundos para disparar”, dice. Sus asesores en el partido le piden respuestas más cortas y menos rapidez al hablar. Han intentado también que lleve otro tipo de ropa: “Pero no lo han conseguido”, dice Levy. Cuando el fotógrafo la hace posar con miradas a lo lejos se queja de su cursilería.

Esa hiperactividad y su juventud ayudan en la apariencia de mantener un supuesto apego menor al partido: “Dice que ocupa la vicesecretaría, no que es vicesecretaria”, dice su jefe de gabinete, David Álvaro. En el Partido Popular Levy ha tenido dos cargos orgánicos, no electos, aunque ha ido dos veces en las listas a elecciones.

La labor que parecen haber encargado a Levy –renovar la imagen del partido- no es sencilla, más si su margen de maniobra es escaso. Isabel Benjumea, cofundadora de red Floridablanca, una plataforma para el debate de ideas de centroderecha, cree que “la voluntad de Andrea es sincera, tiene ganas de hacer cosas, viene de una larga batalla en Cataluña”. Hay sin embargo una objeción, según Benjumea: “No sé si es sincero su nombramiento. El PP ha puesto a dos personas jóvenes y creen que ya han cubierto, pero ahora hay que hablar de ideas, no de quién”. El programa de la Conferencia Política del PP da poco margen para la novedad: ministros, cargos orgánicos. No hay ningún riesgo, ni aventura, más allá de las caras nuevas, que solas solo pueden figurar.

Cinco personas que conocen bien a Levy me han dicho que tiene un carácter variable: es encantadora, seductora, pero en un mal día puede pasar de todo. Ella dice que “debe ser porque soy un poco acelerada y me coges con treinta cosas a la vez; pero cuando me paso, intento reconciliarme”. Twitter ha visto trifulcas célebres de Levy. Luego borra los tuits. Cuando le pregunté, dijo que cerró una vez la cuenta y “se borraron tuits”, que es algo que no ocurre. Quizá su polémica más sonada ha sido por este tuit: “A los que les gusta hablar de la DUI [Declaración Unilateral de Independencia] de Kosovo quizás deberían recordar también sus 12.000 muertos #noeslomismo”.

Bernat Dedéu se lo recriminó en público y se enzarzaron. Levy dijo que Dedéu “voluntariamente buscaba bronca”. Pero no fue a más. “Luego lo arreglamos con unos gintónics”, me dijo Dedéu. “Todo lo arreglamos con gintónics”, me confirmó Levy. Dedéu dijo tras el lance: “No sé cómo sería una Cataluña independiente, pero sí sé que un mundo con gente tan inteligente como Andrea sería mucho mejor”. Levy me lo recordó: “¿No te ha dicho Dedéu que el mundo conmigo es mucho mejor?”

Levy ha tenido otras apariciones tuiteras subidas de tono. He encontrado estas capturas. A la periodista de La Sexta Pilar Carracelas le dice en los tres tuits centrales: “Qué va. Estoy estupenda, pero tengo un límite en tonterías. Pero tu tranki, que seguro que si sigues así todo irá bien”. “Es que a veces te haces un poco pesada. En especial cuando quieres saber de cosas que no sabes. De buen rollo”. “Cuánto sabes tronka, ¡no sé cómo no te han hecho aún un monumento!”.

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Esta ristra da también idea del lenguaje de Levy en un momento encendido. Es explosiva en distancias cortas:

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La tradición judía

Andrea Levy creció en la plaza Bonanova, una de las zonas más selectas de Barcelona. Es hija única. Su apellido es -junto a Cohen- uno de los que tienen mayor tradición en el judaísmo. La mención “los hijos de Levi” aparece ya en el Éxodo. Pero su padre no la educó en la cultura judía. Dos amigas de grandes familias judías catalanas la han animado varias veces a acercarse a la comunidad. “Me he mantenido al margen”, dice Levy.

Como buena política, presume de libros sesudos desde la niñez: “El primer libro que me regalaron fue El principito. También recuerdo una versión de La Odisea. Tenía más libros que juguetes”. Estudió en el Liceo Francés -“lo que más recuerdo son las huelgas de profesores”- y antes de empezar la universidad estuvo una temporada en Londres: quería ser artista e hizo un curso de tres meses de dibujo en Central Saint Martins, uno de los centros más prestigiosos del mundo del arte. Hoy un curso allí de una semana de inicio al dibujo cuesta 728 euros. Saint Martins es también la escuela donde estudia la niña pija de la canción Common People de Pulp. “En aquella época escuchaba mucho Common People, de Pulp. También New Order, Blur, Suede, Radiohead”, dice Levy.

Después de estudiar, siguió en Londres: “Era entonces muy poco seria. No hice de camarera, era un poco mimada”. Regresó a Barcelona para estudiar Relaciones Internacionales y Protocolo: “Me cogió un poco de conciencia, debía centrarme en la vida”. En esos años decidió afiliarse al Partido Popular y entrar en Nuevas Generaciones. A pesar de que hacía una beca con el entonces conseller socialista de Agricultura Antoni Siurana -que no ha querido hablar para este reportaje-, optó por afiliarse al PP: “Para que las cosas sean fáciles en Cataluña hay que afiliarse al PP”, dice sonriendo.Captura de pantalla 2015-07-10 a la(s) 23.52.46Cuando acabó Relaciones Internacionales, empezó Derecho. Estuvo una temporada también de “mindundi” en el despacho de Roca Junyent y luego le salió un trabajo en una agencia de comunicación, Tinkle, que combinaba con Nuevas Generaciones y la carrera. Levy ha tendido a hiperactividad laboral desde la universidad. Como otros políticos, Ada Colau o Albert Rivera, Levy fue delegada de clase en primero de carrera. Creó también el grupo de Nuevas Generaciones en Derecho de la Universidad de Barcelona.

Vida de abogada

Tras licenciarse, en septiembre de 2011, entró al despacho Uría Menéndez, uno de los tres con más prestigio en España entre juristas -junto a Garrigues y Cuatrecasas- y el que tiene las pruebas de acceso más duras. La entrada en Uría requiere un expediente académico extraordinario. Levy no ha querido compartir el suyo: “Sería pedante”, dice. En uno de los exámenes de acceso a Uría, Levy tuvo que abandonar por una infección en el riñón. A pesar de eso, y para su sorpresa, logró entrar.

Uría no ha permitido que ninguno de sus abogados hable para este reportaje -“es un asunto personal y no profesional”, me dijo por correo el director de comunicación, Dionisio Uría Ronsmans. Pero he podido averiguar que la carrera de Levy en Uría no fue fulgurante. Uría tiene un sistema establecido de promoción. Los abogados de primer año están dos ciclos de seis meses -llamados rotaciones- en dos departamentos distintos: uno al azar y uno escogido. Cuando acaban, promocionan a junior 1. Una gran mayoría lo hace. A los que no, Uría les invita a salir o les ofrece una tercera rotación. En el ambiente competitivo de estos despachos es una mala señal. Levy hizo una tercera rotación. Durante su tiempo en Uría, ya dejó claro que su vida estaba en la política y no iba a proseguir la carrera jurídica. Salió por voluntad propia para aceptar la propuesta de la presidenta del PP catalán Alicia Sánchez Camacho y convertirse en vicesecretaria.

Durante el año y medio en Uría y hasta ahora, ha sido también concejal de distrito en el barrio de Gracia de Barcelona, que es donde vive ahora. Conserva un recuerdo ambiguo de la política municipal: “Mi primera intervención fue para un vecino que me escribió que en su calle había muchas cagadas de paloma y que pasara más el camión de basura”, dice.

He hablado con media docena de abogados jóvenes de grandes bufetes y trabajan fácilmente 12 horas diarias. La compaginación de la labor allí con la política municipal primero y con la Ejecutiva del PP a partir de mayo 2012 era inasumible. Así terminó la carrera jurídica por ahora de Andrea Levy.

Quiere ser Richelieu

La vocación política de Levy era preponderante. “Ha llegado a la política para quedarse y tiene una ambición indisimulable”, dice su amigo independentista Bernat Dedéu. Levy cree que la política es muy necesaria, pero que eso no significa que trabaje siempre desde un partido. Dedéu también cree que “bajo su dulzura, hay una Maquiavelo en potencia”. Le pregunto a Levy por la definición. Ríe, se mueve y no da con nada: “Nunca me hago reflexiones sobre mí misma”. Pero se queda con Maquaivelo, que saca otras veces durante nuestra charla y no le gusta. Un buen rato después, con la entrevista ya terminada, en plena sesión de fotos, me grita: “¡Richelieu!”, y no Maquiavelo. Ése es el personaje que quiere tener debajo de su dulzura. Levy me recomienda el libro Richelieu y Olivares, de John H. Elliott.

En 2013, después de Uría, Levy se paseaba por las principales tertulias de Cataluña. Empezó por pequeñas y fue a más. Pertenece a la generación de políticos que se ha hecho mayor en los platós. Los tres grandes representantes son Pablo Iglesias, Ada Colau y Albert Rivera, pero no los únicos. A Levy le han dado tablas, fama y capacidad de argumentar: “Las tertulias han tenido en un ambiente convulso como el catalán la capacidad de permitirme una argumentación que no te expulse directamente del sistema”, dice Levy Europa Press describe así su ascenso: “La plataforma de Levy han sido principalmente las tertulias en los medios de comunicación”. Sin tertulias en las principales radios y teles catalanas, Levy hoy no sería quien es. En Madrid ya ha recibido ofertas para ir a alguna de las grandes tertulias. No me dejan revelar el nombre de una porque el acuerdo no está cerrado y el responsable de prensa prefiere la cautela para decidir qué hacen con calma.

El cargo nuevo de vicesecretaria nacional da otro perfil a Levy. “Ahora seré algo más formal”, dice. Madrid impone. La bomba procurará controlar su capacidad explosiva. Desde Barcelona, algunos amigos temen por Andrea. Tendrá más presencia, más audiencia. La Conferencia Política del PP es su bautizo oficial. Pero está por ver si esa exposición y ese riesgo mayores se traducen en poder dentro de un partido que todavía controla Mariano Rajoy.

El ISIS siempre gana… en Twitter

FLAMESOFWAR

Un año después de la eclosión del Estado Islámico, los gobiernos occidentales aun no saben cómo combatir la propaganda de los yihadistas. Hasta ahora solo han podido jugar una ineficaz y desnivelada partida de ping-pong en las redes sociales. En Twitter, todavía ganan los malos.

“No camines hacia la tierra del ISIS. Corre. Allí podrás aprender nuevas habilidades: volar mezquitas, crucificar y ejecutar a musulmanes… Bienvenido a la tierra del ISIS”.

https://www.youtube.com/watch?v=-wmdEFvsY0E&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D-wmdEFvsY0E&has_verified=1

Este vídeo, inspirado en los Monty Python y sus Caballeros de la mesa cuadrada, fue colgado en Youtube a finales de agosto del año pasado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y ya ha superado las 850.000 reproducciones.

 “Bienvenido a la tierra de ISIS” es, probablemente, el mejor ejemplo de la contra-propaganda que los gobiernos occidentales intentan llevar a cabo contra el Estado Islámico. Este vídeo forma parte de una campaña más amplia del Gobierno norteamericano que bajo el lema “Think again, turn away” (Piénsalo de nuevo, date la vuelta”) trata de contrarrestar el efecto llamada que la organización yihadista ha logrado a través de las redes sociales. Pero, ¿funciona?

tweet-DoS

“Así perdemos los corazones y las mentes [de los musulmanes]”, le advertía en 2005 Aymán al-Zawahiri en una carta a Abu Musab Al Zarqaui, líder de Al Qaeda en Irak, la división que una década más tarde se independizaría y proclamaría el califato del Estado Islámico hace ahora un año. El número dos de Bin Laden ordenaba así al líder de la organización en Irak que no difundiera más vídeos de decapitaciones, ya que consideraba que en la batalla en los medios aquellas campañas les perjudicaban.

Hoy, el Estado Islámico no solo ha continuado con aquella tradición iniciada por su líder primigenio Al Zarqaui, muerto en un bombardeo en 2006, sino que la lleva a su máximo exponente. El centro Al Hayat es el responsable de los mensajes de la organización. Esta división crea periódicos en PDF (ISN, Islamic State News), docenas de páginas fácilmente accesibles a través de Internet, cuentas de Twitter y sobre todo producciones audiovisuales traducidas a varios idiomas. Las producciones más inofensivas muestran escenas de vida cotidiana en los territorios conquistados, mercados abiertos y musulmanes que acuden a rezar a las mezquitas. Las más polémicas y las que más han trascendido exhiben ejecuciones y decapitaciones en vídeos en alta definición, con producción y postproducción.

Estos videos, alojados en servidores gratuitos de Internet, son distribuidos en las redes sociales por miles de simpatizantes que los difunden, los comparten y los cuelgan de nuevo en Youtube o Facebook cuando las cuentas originales son censuradas y retiradas.

 “Nuestra narrativa es derrotada por el Estado Islámico. Somos reactivos. Pensamos en cómo responder, en lugar de en [cómo articular] nuestra propia narrativa”. Así analizaba la situación hace pocas semanas uno de los responsables del Departamento de Estado en un informe enviado a John Kerry, el secretario de Estado, filtrado a The New York Times. También se lamentaba por la falta de recursos del Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo (CSCC) del Gobierno norteamericano, un departamento que se creó en 2010 para combatir la propaganda terrorista.

 

FLAMESOFWAR

“No vale decir el terrorismo es malo…”

Richard LeBaron, miembro del think tank Atlantic Council, y experto en la región del Golfo, afirma que “los gobiernos se sienten comprometidos a responder a los terroristas en los medios y a usar las mismas herramientas que ellos. Pero convertirlo en un partido de ping pong es inútil”. Para LeBaron, no existe hoy una contra-narrativa útil contra el ISIS porque “las que se hacen desde Occidente no funcionan”. Aunque tampoco cree que sean eficaces las del propio Estado Islámico: “Los gobiernos han sobreestimado sus campañas. El apoyo al ISIS es muy individual, y la prueba es que no se ven grandes grupos de simpatizantes en países como Estados Unidos o España. Tendemos a creer que las suyas son campañas muy sofisticadas y nos sorprendemos de que unos terroristas árabes puedan ser tan inteligentes. Pero este tipo de razonamiento roza el racismo y nos limita”.

Richard Barrett, antiguo responsable de la lucha contra el terrorismo del MI6 (el servicio de inteligencia británico) y hoy directivo de la consultora en seguridad internacional Soufan Group, afirma que “los gobiernos no son los mejores agentes para llevar a cabo esa contra-comunicación. Es más efectiva si la hacen las comunidades de do donde han salido los extremistas. Además la clave es el mensaje. No vale con decir que el terrorismo es malo, sobre todo porque no sabes qué es lo que la otra persona está buscando”.

El nuevo responsable del CSCC en Estados Unidos, Rashad Jussain, reconocía pocas semanas antes de su nombramiento en una conferencia en Abu Dhabi  que “el Estado Islámico tiene un mensaje mucho más emocional que el nuestro”. En aquella charla apuntó sin saberlo las claves de la que hoy es la hoja de ruta de su división para combatir la propaganda del ISIS: “Restarle glamour, mostrar las miserables condiciones de vida de los combatientes, ensalzar las narrativas positivas, demostrar cómo los jóvenes musulmanes pueden triunfar en el mundo moderno, contar historias inspiradoras y de figuras influyentes de países musulmanes y movilizar y amplificar a los líderes religiosos”.

“Las contra-narrativas que se emplean no satisfacen las necesidades de la gente ni se dirigen a sus vulnerabilidades de la misma forma que lo hace el ISIS o Al Qaeda” explica Anne Speckhard, profesora del departamento de Estudios Psiquiátricos y de Seguridad de la Universidad de Georgetown. “Son racionales y les falta ese componente emocional, ese gancho”.

ISN-PORTADA

La profesora de Estudios Psiquiátricos ha entrevistado a decenas de terroristas para analizar su conducta. “Debemos usar la emoción frente a la lógica”, insiste.

“Jugar al ping-pong”

Un problema grave en la lucha contra la propaganda de ISIS  es que se ha reaccionado tarde y se quiere (como dice LeBaron) “jugar al ping-pong”. Estados Unidos creó su oficina oficial de contra-propaganda casi una década después del 11-S. El Reino Unido también dispone de una, pero hay países que no tienen ningún tipo de estrategia contra el yihadismo. Tras el asesinato de los dibujantes de Charlie Hebdo, el gobierno francés lanzó una campaña bajo el hashtag #stopjihadisme en la que, siguiendo el ejemplo del vídeo Bienvenido a la tierra del Estado Islámico, difundían vídeos con imágenes de ejecuciones y del sufrimiento de los civiles en los territorios invadidos por el ISIS. Este mes de enero, se ha instaurado el Equipo Asesor de Comunicaciones Estratégicas en Siria (SSCAT), el primer proyecto europeo de contra-narrativa con un presupuesto de un millón de dólares y coordinado desde el Ministerio de Interior de Bélgica. 

SSCAT, según explican fuentes del Consejo Europeo, cuenta con un equipo de una decena de personas que presta asesoramiento técnico sobre cómo hacer campañas de comunicación. La idea es que pueda ser el “proyecto embrionario” de una organización mayor. De momento, el trabajo realizado en estos primeros meses se mantiene en secreto “para darle al equipo las máximas posibilidades de éxito”, explica un portavoz del ministerio belga.

La Unión Europea intenta además involucrar en la lucha a las grandes compañías de Internet. El pasado octubre hubo un encuentro informal entre altos funcionarios de la UE y representantes de empresas como Twitter y Facebook, y en otoño (un año después de ese primer contacto) está previsto que se celebre una nueva reunión, esta vez de carácter oficial.

Esta alianza es importante, ya que Twitter y Facebook han sido el mayor campo de batalla de la contienda frente al ISIS en esta partida de ping-pong. “Sin embargo las redes sociales por sí solas no son la solución”, advierte LeBaron. “No debemos caer en la trampa de pensar que los terroristas solo influencian a la gente a través de Internet. Nuestro reto es averiguar cómo llegar a los diferentes tipos de audiencias a los que ISIS intenta atraer, algunas de las cuales son pequeñas y están muy aisladas socialmente y culturalmente”.

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Una batalla perdida

Barrett coincide con este razonamiento, e invita a comparar los seguidores que el Departamento de Estado tiene en su Twitter con los que poseen algunas cuentas del Estado Islámico. “Los mensajes del Gobierno no llegan a mucha gente, aunque tampoco podemos decir que eso sea una pérdida de tiempo ya que hay muchas audiencias diferentes para ese tipo de mensajes. Quizá no se llegue a los extremistas que están muy involucrados y a los que es casi imposible persuadir, pero sí a otras personas que puede ser simpatizante de ISIS”.

El problema de la contraprogramación en Twitter es que cuantitativamente es una batalla perdida. Un informe reciente de la Institución Brookings estimaba que existen más de 70.000 cuentas abiertas en Twitter de miembros o simpatizantes del ISIS, con una media cada una de 1.000 seguidores, el 75 por ciento en árabe y con una activad por encima de la media de 14 tweets diarios. Cuando una cuenta es suspendida por Twitter enseguida vuelven a brotar otras nuevas que rápidamente enlazan con los seguidores de las anteriores. Y la mayoría de ellas no son cuentas oficiales sino de simpatizantes.

Otro estudio sobre el uso de Twitter enfocado en los “Foreign Fightes”, es decir los extranjeros que abandonan sus propios países para combatir con ISIS y realizado por el prestigioso Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización británico, revelaba que las cuentas más populares eran las consideradas “diseminadoras”. Estas cuentas se encuentran fuera de Siria e Irak, comparten los mensajes de la organización y dan apoyo moral a los yihadistas. El estudio mostraba además que, al revés de lo que ocurre en la comunidad internacional (donde se publican muchos tweets sobre ISIS con poca interacción), en el caso de las cuentas yihadistas un número mucho más reducido de mensajes eran muy compartidos y difundidos.

 “Lo fundamental es saber por qué en un grupo de individuos muy similares, con el mismo bagaje y las mismas influencias, uno de cada cien decide convertirse en terrorista. Ese es el problema de la contra narrativa contra el Estado Islámico: cómo identificar a ese uno de cada cien”, explica LeBaron. La cuenta de Twitter de la campaña del Departamento de Estado que intenta disuadir a aquellos que piensan unirse a ISIS (@ThinkAgain_DOS) tiene menos de 22.000 seguidores. En un día normal, uno de sus tweets puede conseguir que cinco personas lo retuiteen. Con esos datos de interacción, comparándolos con los miles de usuarios simpatizantes de ISIS activos 24 horas al día y en ebullición continua, los intentos de occidente son vistos como un chiste malo de Monty Python buscando desesperadamente a un terrorista oculto entre un centenar de personas asistentes a una boda o entre los caballeros de la mesa cuadrada.

Los bebés del referéndum

El hospital Elena Venizelou es la mayor maternidad de Atenas. En los años buenos nacían hasta 15.000 niños al año. Ahora, apenas unos 5.000 que vienen al mundo en uno de los momentos más dramáticos de la historia del país. En ellos pensarán sus padres este domingo a la hora de votar.

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El hospital Elena Venizelou es la mayor maternidad de Atenas. En los años buenos nacían hasta 15.000 niños al año. Ahora, apenas unos 5.000 que vienen al mundo en uno de los momentos más dramáticos de la historia del país. En ellos pensarán sus padres este domingo a la hora de votar.

Andonis tiene 24 años y su mujer, Kadrina, 21. La pequeña Seraina, con el pelo negrísimo y rizadito, está tomando un pequeño biberón de leche artificial. Es su tercera hija. Los otros tienen dos y tres años. “Los niños llegan y no los vamos a abandonar. Pero está ya es la última”.

Andonis solía trabajar en los barcos de pasajeros que llegan desde Igumenitza a las ciudades italianas de Brindisi o Ancona. Ya entonces ganaba una miseria: 400 euros al mes. Hace dos meses perdió su empleo.

En uno de sus últimos discursos televisados después de la convocatoria del referéndum en el que Grecia decide su futuro, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, dijo que la vida sigue. A pesar de los bancos cerrados, a pesar del riesgo de salir del euro, a pesar de las dificultades, cada vez mayores, en el día a día.

Si hay un lugar donde esta afirmación tiene sentido en estos días convulsos es aquí, en el hospital Elena Venizelou, la mayor maternidad de Atenas. Aquí no hay baby boom ni las perspectivas boyantes que tuvieron los baby boomers, que hoy disfrutan de su jubilación. Aquí hay una generación de niños que nace en unos de los momentos más dramáticos de la historia reciente del país. En ellos pensarán sus padres a la hora de tachar este domingo la papeleta.

Andonis no votará

“Mis padres y mis hermanos apenas tienen dinero para ellos. Quizá mi padre nos dé algo. De alguna forma saldremos adelante”, dice Andonis mientras se seca con la mano el sudor que le brilla en la frente. No podrá votar porque tendría que hacerlo en su pueblo de origen, Xanthi, en el norte de Grecia. Pero si pudiera votaría por el no.

En la habitación no hay aire acondicionado. Dentro hay ocho literas aunque sólo tres están ocupadas en este momento. El baño lo comparten con otros pacientes. Unas cortinas blancas ondean desde la gran ventana abierta que deja entrar algo de aire. Fuera la temperatura roza los 30 grados.

Una mujer negra, con cuidadas trenzas recogidas en una malla, amamanta a su recién nacido. Su figura tierna mientras acaricia suavemente el pelele azul de su niño destaca sobre las paredes desgastadas. En este pabellón del hospital está ingresada la gente que sólo tiene el seguro mínimo o ni siquiera eso. Es como si en el mismo edificio hubiera plantas de diferentes estrellas.

Muchos menos partos

El neonatólogo Iraklis Salvanos tiene 58 años y lleva 30 trabajando en este hospital. Asegura que la diferencia entre quienes pagan más y quienes pagan menos es el nivel de comodidad y “nunca en la atención que reciben”. Dos de sus tres hijos nacieron hace años en este mismo pabellón, construido en 1933.

Salvanos ha sido testigo del declive de los nacimientos después del inicio de la crisis. “Llegamos a tener 15.000 partos al año. Luego empezaron a bajar y hace 10 años estaban en torno a los 7.000. Ahora andamos por unos 4.000 o 5.000 al año. La proporción de inmigrantes ha ido aumentando en estos años. Los griegos hacen cada vez menos hijos”.

Si uno tiene un seguro mejor al básico o si puede pagar más, se accede a una planta con habitaciones de una o dos camas con baño, aire acondicionado y paredes que no están descascarilladas. En una de esas habitaciones está María, de 30 años, junto a Dimitris, su niño de dos días.

La habitación es un lujo que María no se hubiera podido permitir si no fuera por sus padres. Por estar aquí paga 50 euros al día. Su esposo lleva seis meses en el paro. Ella trabaja en una fábrica de muebles por 700 euros al mes de los cuales 300 se le van en el alquiler. Viven en Kalivia, no muy lejos del aeropuerto internacional de Atenas. Su padre tiene una pensión por invalidez de 400 euros y una casa en propiedad en la que vive con su mujer y su otra hija. “Ellos nos ayudan y nos ayudarán tirando de sus ahorros”.

María con su bebé en su habitación. / MARIANGELA PAONE
María con su bebé en su habitación. / MARIANGELA PAONE

Como ocurre a menudo en estos días en Atenas, María pregunta a la forastera cómo ve lo del referéndum, qué piensan en España sobre lo que está pasando aquí.

Ella y su familia lo tienen claro. “Explícale que vamos a votar todos que no”, dice una tía que ha venido a visitarla. María asiente. “Claro que vamos a votar que no. Y no creemos que Europa quiera sacarnos del euro. Sin euro no hay Europa. Lo dicen para darnos miedo”.

Enfrentarse al miedo es el espíritu con el que muchos introducirán la papeleta en las urnas. Es un desafío a Europa para rematar el “ya basta” que otorgó la victoria a Alexis Tsipras en las elecciones de enero.

Pero María no votó ni por Syriza ni por los Independientes Griegos que forman parte de la coalición de Gobierno. “Voté a Aurora Dorada”, dice sobre el partido neonazi. “En mi zona ayudan a todo el mundo para todo tipo de problemas. Reparten comida y lo que sea”. Esa vocación asistencial es la clave de la fuerza de un partido que tiene a su cúpula en cárcel y que ganó 17 diputados en las elecciones de enero. Antes María solía votar por el Pasok. Ahora asegura que no sabe por quién votaría si hubiera nuevos comicios.

De vez en cuando mientras habla baja la mirada hacia el niño pegado a su pecho. Ni ella ni su marido pensaban en tener un hijo y menos en esta situación. Dimitris ha irrumpido en sus vidas sin previo aviso. “Por error”, dice María. “Es el mejor error de mi vida”.

Nikos y Constantina en el hospital. /MARIANGELA PAONE
Nikos y Constantina en el hospital. /MARIANGELA PAONE

Sin otra opción que el ‘sí’

Nikos (50 años) y Constantina (41) sí que estaban preparados. Acaban de tener su segundo hijo. “La vida sigue su curso”, dice el marido mientras sujeta el brazo de su mujer, todavía algo débil después del parto. Ambos tienen trabajo. No quieren decir más pero acceden a hacerse una foto. Dan la cara por el , que es la opción que elegirán este domingo. “No hay otra opción. No estamos preparados para dejar el euro”, dice Nikos, cuyo argumento es una de las líneas divisorias entre los partidarios del y el no.

Mientras Nikos y su mujer aguardan el pasillo de la UCI en la que está ingresada su pequeña, otra pareja se dirige rápidamente hacia el ascensor. La fecha de nacimiento del pequeño Vassilis marcará un antes y un después en la historia de su familia y la de todo el país.

Peggy y Tanassis con su bebé. / MARIANGELA PAONE
Peggy y Tanassis con su bebé. / MARIANGELA PAONE

“Di a luz el mismo día en el que Tsipras anunció el referéndum. Lo primero que pensé es qué iba a pasar a partir de ahora”, dice Peggy.  Ella, con su rubia melena al viento, y su marido Tanassis Bakopoulos, ambos de 35 años, están radiantes.

Tanassis sujeta el maxi cosi en el que se remueve Vassilis. Es uno de los trabajadores de la televisión pública ERT, que el Gobierno de Antonis Samarás cerró por decreto en apenas unas horas en junio de 2012. Ahora le acaban de volver a contratar en la cadena, que acaba de reabrir para cumplir una de las promesas electorales de Syriza. Peggy, maestra de escuela, se quedará en casa al cuidado de su hijo. Su marido votará que no. “Es la única opción para tener un futuro”.

¿Con dracma? “No lo creo”, zanja Tanassis, que no se cree que los gobiernos europeos no vayan a encontrar una solución aunque los griegos se decidan por el no.

También en EL ESPAÑOL:

Pensiones que pagan bombas saudíes

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La empresa alemana Rheinmetall está respaldada por inversores occidentales como los fondos de jubilación de Noruega o el estado de Nueva York. Sus bombas, fabricadas y exportadas desde Europa, cruzan el Mediterráneo desde Italia y son arrojadas sobre Yemen por la coalición liderada por Arabia Saudí.

La empresa alemana Rheinmetall está respaldada por inversores occidentales como los fondos de jubilación de Noruega o el estado de Nueva York. Sus bombas, fabricadas y exportadas desde Europa, cruzan el Mediterráneo desde Italia y son arrojadas sobre Yemen por la coalición liderada por Arabia Saudí.

Una investigación exclusiva del medio digital reported.ly ha rastreado la fabricación y el envío de componentes de bombas desde la Unión Europea a los Emiratos Árabes Unidos. Esta investigación ha descubierto que bombas construidas por fabricantes europeos han sido utilizadas por la coalición liderada por Arabia Saudí en sus ataques en Yemen, donde han sido documentadas muertes de civiles que podrían ser ilegales de acuerdo con el Derecho internacional.

El fabricante de componentes de bombas es la empresa alemana Rheinmetall AG: una empresa que cotiza en Bolsa y entre cuyos principales accionistas se cuentan firmas financieras de Wall Street. También el fondo de pensiones del estado de Nueva York, el programa de ahorros de la Universidad de Virginia y el fondo noruego de pensiones, el mayor fondo soberano del mundo.

A través de sus inversiones en Rheinmetall, estas instituciones se están beneficiando de la venta de las bombas que ahora están cayendo en Yemen.

Documentos y telegramas diplomáticos filtrados por un grupo que se hace llamar Ejército Cibernético de Yemen y que fueron enviados a reported.ly rastrean los envíos más recientes de componentes de bombas desde el puerto italiano de Génova a Jeddah (Arabia Saudí). Esos componentes continúan hasta el puerto Jebel Ali en Dubai y llegan luego por tierra a una planta de montaje de bombas en Abu Dhabi.

Fabricadas por RWM Italia (la filial de Rheinmetall en la pintoresca isla de Cerdeña), las bombas en cuestión se conocen como MK82 y MK84. Después del largo viaje desde Génova, los componentes para estas municiones los monta la empresa Burkan Munitions Systems para el Ejército de los Emiratos Árabes Unidos, uno de los que ha bombardeado Yemen desde marzo como parte de la coalición liderada por Arabia Saudí contra los rebeldes hutíes.

Además de los recientes envíos de componentes de bomba de clase MK82/MK84, reported.ly también ha confirmado la exportación de otra bomba fabricada por RWM Italia (la MK83) entre 2012 y 2014. La relación entre esta bomba y la campaña de Yemen la ha establecido Ole Solvang, un investigador de Human Rights Watch que ha fotografiado este modelo con la marca de RWM Italia en Yemen en mayo de este año.

Diseño de las bombas de la serie MK80.

Artefactos sin explotar

Los metadatos GPS en las fotografías de Solvang muestran cómo las bombas sin explotar alcanzaron varios puntos de un complejo gubernamental en Sa’dah, una fortaleza hutí en el norte de Yemen. Reported.ly ha verificado de manera independiente la ubicación del ataque cruzando referencias con un vídeo que subió un usuario de YouTube de Sa’dah y que muestra el bombardeo de la fortaleza en el mes de abril.

Entre los documentos obtenidos por reported.ly hay una carta del 21 de abril del 2015 de la empresa Burkan Munitions Systems. Esta carta pide a las fuerzas armadas de los Emiratos Árabes Unidos que organicen un permiso de tránsito para que las municiones puedan pasar en mayo por el puerto de Jeddah en Arabia Saudí. La sede militar mandó esta carta a la embajada de los Emiratos Árabes en Riad, que pidió “permiso diplomático para facilitar procedimientos de entrada [en el puerto de Jeddah] al barco Jolly Cobalto, contratado por las fuerzas armadas de los Emiratos Árabes Unidos”.

Marcado como “muy urgente”, el comunicado fue enviado por el Ministro de Exteriores a varios ministros. También al rey Salman, al príncipe heredero y al ministro de Transporte, que también es el presidente de la autoridad portuaria general en Arabia Saudí.

El barco en cuestión, Jolly Cobalto, es el carguero más grande del mundo. Salió de Génova el 12 de mayo y llegó a Dubai el 5 de junio, según los archivos de  MarineTraffic.com y los documentos de embarque del propietario italiano del buque, el grupo Messina.

Ruta que siguió el carguero ‘Jolly Cobalto’ en mayo de 2015 de Génova a Jeddah y Emiratos Árabes Unidos.

La lista de embalaje para el envío enumera seis contenedores de 12 metros que contenían los componentes de las bombas MK82 y MK84 y que había fabricado RWM Italia. El comunicado señala que el buque contenía componentes de bomba y no explosivos.

La empresa Burkan Munitions Systems presenta su serie de bombas MK80 (que incluye las bombas MK82, 83 y 84) como “perfectas para situaciones donde se requiere una máxima explosión”. Las bombas MK83 que han aparecido en Yemen pesan 453 kilos y están “diseñadas para infligir daño, muerte y heridas graves a través de la explosión y el efecto de fragmentación”, según dice el experto Mark Hiznay de Human Rights Watch. Los artefactos se pueden lanzar en caída libre o equipados con un paquete de orientación para mejorar la precisión. La bomba MK84, que aparece en el documento filtrado del envío, pesa aproximadamente 907 kilos, dependiendo de la espoleta y de la configuración de la aleta.

“En Sa’dah documentamos varios ataques que creemos que son ilegales”, dice Ole Solvang de Human Rights Watch. “Casas residenciales y mercados fueron destruidos y murieron decenas de civiles”.

“Es bastante probable que la coalición liderada por los saudíes esté utilizando bombas similares en áreas donde han muerto civiles”, continúa Solvang. “Sin embargo, no podemos confirmarlo”. Human Rights Watch también ha documentado el uso ilegal de bombas de racimo en Yemen.
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Miles de exportaciones 

Reported.ly ha revisado licencias de exportación italianas que valen más de 100 millones de euros y que se han concedido a RWM Italia desde 2012 para vender bombas MK82/83/84 y otras municiones. Armas que cuestan millones de euros fueron enviadas a Australia y Arabia Saudí en 2012.

Los documentos filtrados a reported.ly establecen una línea de suministro con los Emiratos Árabes Unidos. Italia concedió licencias de exportación en 2013 y 2014 para componentes de la bomba MK83 que incluían un contrato de 62 millones de euros por 3.650 bombas. Pero el destino de esas municiones no está previsto en las licencias de 2013 y 2014.

La empresa Burkan Munitions Systems era propiedad de Rheinmetall hasta que fue transferida a los Emiratos Árabes. Pero Burkan sigue “dependiendo de la tecnología europea para montar bombas”, según Pieter Wezeman, un investigador de armas en el Stockholm International Peace Research Institute.

“Burkan depende de componentes extranjeros para montar bombas”, explica Wezeman. “Se ensamblan en los Emiratos Árabes y se llenan con explosivos. De dónde sacan los explosivos, eso no lo sé, pero dudo que los hagan en los Emiratos. Yo creo que los hacen en Europa y los mandan de una manera u otra”.

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¿Un negocio legal?

Más allá de las cuestiones morales que suscita la fabricación de armas, los Emiratos Árabes Unidos y la empresa Burkan Munitions Systems parecen estar operando dentro de las normas internacionales, explica el experto Pieter Wezeman, que lo describe como “un buen ejemplo de cómo el país está implementando un sistema organizado de importación y exportación de armas en acuerdo con los estándares internacionales. De lo contrario, el riesgo es más grande que las armas se desvíen hacia la esfera ilegal”.

Dicho esto, la concesión de licencias por el gobierno italiano plantea importantes cuestiones. Los miembros de la Unión Europea tienen que seguir ciertas normas en lo referente a la exportación de armas, según explica el investigador de Amnistía Internacional Patrick Wilcken: “[Los tratados internacionales obligan a Italia a realizar una evaluación rigurosa caso por caso sobre el riesgo de cada proposición de transferencia de armas para determinar si hay un riesgo sustancial de que las armas se utilicen para cometer o facilitar violaciones serias de los derechos humanos. Si hay un riesgo sustancial, Italia debe negar la licencia de exportación”.

En colaboración con Giorgio Beretta, un analista del Permanent Observatory on Small Arms (OPAL), reported.ly revisó todas las licencias de exportación expedidas a RWM Italia por el Gobierno italiano en 2012, 2013 y 2014. Reported.ly descubrió que el Gobierno italiano sólo expidió una licencia de exportación para componentes MK82/84 en 2012 como parte de una compra de 8.5 millones de euros realizada por Arabia Saudí. ¿Se exportaron correctamente los componentes de las bombas MK82/84 del envío de mayo y los restos de las bombas MK83 que se encontraron en Yemen esta primavera?

Es posible que la licencia de exportación del envío de mayo sea tan nueva que todavía no haya salido o que las bombas fueran exportadas como parte de un acuerdo bilateral y no estuviesen incluidos en los comunicados oficiales. Reported.ly ha preguntado por este asunto al Gobierno italiano pero aún no ha recibido respuesta.

La empresa alemana

Rheinmetall AG, con sede en Alemania, opera la filial italiana que fabrica los componentes de las bombas. La empresa tuvo unos beneficios modestos en 2013 y 2014. Pero Bloomberg augura que este año tendrá unos beneficios de 130 millones de euros: seis veces más que en el ejercicio anterior.

El negocio general de Rheinmetall está divido en dos sectores: defensa y automotor. El informe anual de la empresa en 2014 documentó más de 2.200 millones de euros en ventas relacionadas con defensa en 2014, casi la mitad de las ventas totales para ese año. Según un análisis de JP Morgan, Rheinmetall cuenta con una cartera de pedidos de más de 6.500 millones de euros en pedidos de defensa. Unas cifras que seguramente aumentarán su valor en bolsa.

JP Morgan Chase & Co era hasta hace poco uno de los mayores inversores en Rheinmetall, según uno de los informes de accionistas de Rheinmetall y según los datos reunidos por Bloomberg.

El foco de atención durante la junta anual de Rheinmetall fueron los 120 millones de euros de reclamo de compensación que la empresa había presentado ante el Gobierno alemán por haber perdido un contrato con Rusia debido a los embargos relacionados con Ucrania. Activistas contra las armas han criticado la reubicación de la producción de la empresa en países como Sudáfrica, Indonesia y Arabia Saudí, donde dicen que la actividad empresarial es cada vez más difícil de regular. Rheinmetall fue multada con 37 millones de euros en diciembre de 2014 por los sobornos pagados por una de sus filiales en Grecia.

Rheinmetall también ha despertado polémica por su relación con el Gobierno de Bahréin, donde los derechos civiles son reprimidos. A través de activistas locales, John Horne y la ONG Bahrain Watch han documentado muchas veces el uso de gases lacrimógenos que fueron fabricados por Rheinmetall Denel, una filial de la empresa con base en Sudáfrica. En una declaración al medio alemán Deutsche Welle, Rheinmetall ha dicho que no ha ofrecido ni suministrado cartuchos de gas lacrimógenos al Gobierno de Bahréin.

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En la guerra de Yemen

JP Morgan no es la única institución financiera que ha invertido en Rheinmetall en los últimos años. Allianz, Hartford, BlackRock, Dimensional Fund Advisors LP y HSBC son algunas de las casi 200 instituciones financieras y fondos que han invertido en la empresa alemana durante este año. Estas inversiones se agrupan en fondos y bonos que se incluyen en fondos de pensiones.

Un fondo soberano (el fondo noruego de pensiones) también se ha beneficiado de Rheinmetall. A finales de 2014 era propietario de 1.87% de la empresa, cuando el valor de su participación era 243,5 millones de coronas noruegas, unos 27 millones de euros. El fondo noruego de pensiones estuvo presente y ejerció su derecho a voto en la última junta de accionistas de Rheinmetall, que se celebró en el mes de mayo.

JP Morgan era hasta hace poco un importante accionista de Rheinmetall, pero en las últimas semanas se ha reducido su participación en la empresa. Activistas en Alemania han iniciado una campaña que pide a otros accionistas de Rheinmetall que salgan del capital de la empresa y que el Gobierno federal retire el permiso para las exportaciones a Indonesia, Qatar y Arabia Saudí.

Detrás de los documentos

Los documentos obtenidos por reported.ly fueron filtrados por un grupo que se denomina a sí mismo como el Ejército Cibernético de Yemen y que asegura haber hackeado al Gobierno saudí. Este grupo apoya a los rebeldes hutíes de Yemen.

Los hackers subieron una muestra de documentos para probar su ataque y declararon que “los documentos y correos electrónicos secretos” se irán publicando gradualmente. El grupo también dijo que había hackeado los ministerios de Defensa y de Interior saudíes y que haría pública la información.

Wikileaks publicó unos documentos que podrían ser los telegramas diplomáticos obtenidos por el Ejército Cibernético de Yemen. En el momento de escribir este artículo, no parece que los documentos examinados aquí estuviesen incluidos en el tramo inicial de las filtraciones de Wikileaks. El Ejército Cibernético de Yemen publicó el 28 de mayo que los documentos se mandaron a Wikileaks “como copia de seguridad”. Wikileaks no ha relevado la fuente de sus documentos. Otros documentos a los que reported.ly ha tenido acceso coinciden con los que Wikileaks ha publicado, lo que sugiere que las filtraciones son las mismas.

La conclusión 

No es una sorpresa que bombas fabricadas por una empresa alemana se envíen a fuerzas armadas de todo el mundo: ésa es la naturaleza del comercio de armas. Lo interesante aquí es que se han revelado filtraciones sobre la cadena de suministros de armas: desde su fabricación en Europa a su envío a países que se encuentran envueltos en algún tipo de conflicto.

Es importante que quienes tienen sus ahorros en un plan de pensiones o en un fondo de inversión que incluye acciones de Rheinmetall sepan si  se están beneficiando involuntariamente del comercio de armas.

Las autoridades italianas aún tienen que contestar quién otorgó licencias de exportación a RWM Italia. Diputados italianos pueden presentar preguntas parlamentarias y tenemos la intención de presentarlas con la ayuda de Giorgio Beretta.

Reported.ly seguirá investigando a Rheinmetall: su impacto en el conflicto de Yemen y las entidades que invierten en esta empresa. Como hemos señalado, Wikileaks ha publicado un tramo inicial de filtraciones obtenidas por el Ejército Cibernético de Yemen. Nuestra intención es analizar estas filtraciones para conseguir más información que pueda iluminar otros aspectos de esta historia. También publicaremos actualizaciones a medida que recibamos respuesta de las empresas que invierten en Rheinmetall.

________________

Editado por Andy Carvin y traducido por Julia Tena.

Muchas gracias a John Horne, Bahrain Watch; Margot Williams, investigadora de The Intercept, Ole Solvang, HRW; Mark Hiznay, HRW; Pieter Wezeman, SIPRI; Giorgio Beretta, OPAL; Patrick Wilcken, Amnistía Internacional; analista financiero anónimo.

Muchas gracias también a Marina Petrillo de reported.ly, al igual que a Conor Fortune  y a la División del Golfo de Amnistía Internacional por su asistencia con las traducciones. Gracias también a Jenny Hauser y a nuestros traductores de árabe voluntarios que prefieren seguir en la anonimidad por su propia seguridad. Por último gracias a Polish Seaman en YouTube, quien proporcionó imágenes de vídeo del puerto de Génova.

Respuestas de las empresas

Hemos contactado con Rheinmetall, JP Morgan Chase, Credit Suisse, The Hartford, Capital Group y Dimensional para que comenten nuestro informe. Todos han admitido haber recibido nuestras preguntas, pero ninguno ha comentado nada. 

Reported.ly también ha contactado por e-mail y por teléfono a la empresa Burkan para pedir un comentario pero no hemos recibido respuesta. 

El Banco de Noruega, representando al fondo noruego de pensiones, contestó: “La inversión responsable es una parte integrada de la gestión de los fondos de pensiones. De acuerdo con las directrices, el fondo no podrá invertir en empresas que produzcan o cuyas filiales produzcan armas que violan principios humanitarios fundamentales a través de su uso”. El Banco de Noruega nos refirió entonces al consejo de ética para preguntas relacionadas con el supuesto incumplimiento de estas directrices.

BlackRock dijo que “los valores de esta compañía se tienen/mantienen en nombre de los clientes y la mayoría son fondos pasivos que replican índices, cuya composición (o cartera) está determinada por el proveedor del índice, que es quien fija y refleja los índices de referencia que nuestros clientes buscan analizar/seguir”.

HSBC y el estado de Nueva York, que gestiona el Fondo de Retiro del Estado de Nueva York, no han respondido en el momento de la publicación de este artículo.

Allianz dio una respuesta detallada que hemos incluido aquí debajo:

Allianz aplica una política de exclusión en inversiones en armas prohibidas. Esto incluye bombas de racimo, minas antipersona y armas químicas y biológicas de acuerdo con las convenciones internacionales.

La exposición de la que habla el artículo puede estar relacionada con inversiones en nombre de un tercero. En esos casos es nuestro deber fiduciario seguir los requerimientos de inversión de nuestros clientes. La capacidad de aplicar esta política de exclusión varía en algunos tipos de inversiones cuando: 

-las empresas restringidas están incluidas en grandes índices bursátiles y pueden ser parte de otros productos financieros. 

-Allianz invierte en fondos de inversión que ya existen y donde las inversiones se llevan a cabo de acuerdo con el prospecto de cada fondo. 

-Allianz usa temporalmente activos registrados para establecer un fondo para terceros y la composición del fondo está basada en requerimientos específicos de esos clientes. 

Estamos conversando con nuestros proveedores para integrar esos criterios en nuestros productos financieros, que hemos desarrollado con varias ONG en 2012 y 2013 y que aplicamos desde enero de 2014. Más detalles aquí.

La charada de Gowex, un año después: el día de la infamia para la bolsa de ‘pymes’ española

En color, de izquierda a derecha, los directivos de Gowex:  Javier Solsona, Tania Roel, Francisco Martínez Marugan, Jenaro García, y Florencia Maté.

La ‘charada Pescanova’ fue el título de un informe anónimo que el 1 de julio de 2014 dinamitó la existencia de Gowex y atrapó a más de 5.000 inversores. La empresa de Wifi gratis representaba un caso de éxito empresarial sin parangón en España, pero todo era mentira. Fue una estafa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la bolsa para ‘pymes’ propiedad de la empresa BME.

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Jenaro García, presidente y fundador de Gowex.

Una charada es un pasatiempo. Un juego de palabras que representa una farsa y da pistas para llegar a la conclusión. Pescanova había sido el mayor escándalo contable de la historia en España. La ‘charada Pescanova’ fue el título de un informe anónimo que el 1 de julio de 2014 dinamitó la existencia de Gowex y atrapó a más de 5.000 inversores. La empresa de Wifi gratis representaba un caso de éxito empresarial sin parangón en España, pero todo era mentira. Fue una estafa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la bolsa para ‘pymes’ propiedad de la empresa BME. El inesperado evento atrapó a miles de accionistas y provocó una herida en la credibilidad de supervisores, auditores, analistas y medios. Decenas de pymes españolas que cotizan ahí sufren las consecuencias de aquellos días de infamia.

La justicia de Batman 

A día de hoy, la identidad de Gotham City Research, la firma que elaboró aquel análisis, sigue sin estar clara. El objetivo del informe fue destapar el engaño de la empresa dedicada a la creación de redes wifi gratuitas en las ciudades. La conclusión: la empresa no vale 1.400 millones, sino 0 euros; el 90% de todos sus ingresos (182 millones de euros en 2013) son falsos. Aquel martes 1 de julio, Gowex se derrumbó en bolsa un 50% y fue suspendida de cotización. Gotham -nombre que recibe la ciudad de Batman- fue recompensada con aura de credibilidad pese a seguir en el anonimato.

Era  la vía poco ortodoxa elegida para dar a conocer uno de los más importantes fraudes empresariales en España. En EEUU reciben recompensas por parte del supervisor SEC (la CNMV americana) por sus chivatazos o trabajos para desenmascarar abusos de mercado. El domingo 6 de julio, Jenaro García, presidente y fundador de Gowex, admitió el engaño masivo, urdido a través de una trama de sociedades pantalla para lograr una facturación ficticia y desviar dinero a cuentas en el extranjero. Sus cuentas auditadas, revisadas por analistas y periodistas, eran papel mojado. Las consecuencias aún hoy son visibles y siguen en el aire.

¿Qué queda de Gowex?

Hoy es una compañía fantasma. Su cotización bursátil sigue suspendida por el regulador, apenas tiene actividad empresarial y la mayor parte de los contratos suscritos con ciudades rescindidos (Orense, Burgos…) y la plantilla reducida al mínimo. Pese a haberlo solicitado, el juez no ha aceptado el concurso de acreedores, tal y como se puede comprobar en el registro público concursal de Justicia. La falsedad de las cuentas de los últimos años -con las que tendría que justificar la situación de quiebra- es una de las causas por las que no se aceptó, según explican desde la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver).

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Los destinos de la empresa hoy son dirigidos por Javier Solsona, otrora director corporativo y consejero de la compañía. Lo hace bajo mandato del juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz. A preguntas del periodista, el directivo se niega a dar detalles sobre los planes de futuro mientras prepara una comunicación oficial tanto para el magistrado como para el propio regulador del mercado. Sí asegura en una declaración escrita estar “en proceso de conseguir la viabilidad de la empresa para que a posteriori podamos reactivar su cotización en mercados”. El primer paso: el obligado ‘lavado de cara’ de la marca empresarial, con una mancha difícil de borrar. El nombre de WifiActiva es el elegido para intentar su renacimiento. Bajo ese nombre comercial se encuentra una sociedad fundada en 2010 y cuyo administrador único es la propia Gowex. En su página web, en la que se presenta como una compañía que ofrece “soluciones de conectividad gestionada”, cuenta con los mismos datos de contacto que Gowex.

Una larga batalla judicial

Tras el estallido del escándalo, llegó la primera estimación de daños: 5.000 inversores poseían unas acciones sin cotizar y que, en la práctica, valían 0 euros. Muchos de ellos acudieron llamados por una rentabilidad sin parangón (la acción de Gowex llegó a multiplicar por 12 su valor en tan sólo año y medio). La mayoría destinó pequeñas cantidades de dinero. Ésa es la principal causa por la que hoy sólo un reducido grupo esté movilizado para tratar de recuperar su dinero. “Era, en gran parte, gente acostumbrada a operar en bolsa y con un nivel adquisitivo medio-alto; no tiene nada que ver con casos como las preferentes de Bankia”, reconoce Javier Sotos, letrado del bufete de abogados Moreno-Luque, uno de los que se presentó como acusación popular a través de una asociación de afectados.

¿Dónde se encuentra el proceso judicial un año después? En julio de 2014 el procedimiento se inició por vía penal. Hoy sigue en fase de instrucción, tras la imputación de más de una decena de personas, entre las que se encuentra Jenaro García, hoy en libertad tras pagar 600.000 euros de fianza. La acusación popular es representada, tras la petición del juez de unificar a los cinco colectivos presentados, por el Partido Político de los Perjudicados por las Preferentes, dirigido por Joaquín Yvancos, exabogado de José María Ruiz Mateos. En la acusación particular, están personados ocho accionistas e inversores particulares junto al Banco Santander.

¿Habrá responsables más allá de Gowex? Ahí es donde tiene depositadas sus esperanzas la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver). Prepara una demanda por la que más de 200 pequeños inversores afectados exigirán responsabilidades más allá del consejo de administración de la compañía. Espera presentarla “en las próximas semanas”. Su tres objetivos: el asesor registrado (Ernst & Young) que hizo las veces de ‘Cicerone’ en la salida a bolsa; el regulador (Bolsas y Mercados) que debía velar por el funcionamiento del parqué, y la sociedad de valores (Beka Finance, antigua Bankia Bolsa) encargada de ‘colocar’ las acciones y proveer de liquidez a la tecnológica. ¿Hasta cuándo habrá que esperar? Esa es quizás la pregunta más complicada de responder. Según las estimaciones de Javier Flores, de Asinver, pasarán al menos tres años antes de se conozca quiénes pagarán por este escándalo y si, finalmente, los afectados podrán recuperar algo del dinero que tenían invertido en la empresa.

El auge y caída del MAB

MAB son las siglas que dan nombre al Mercado Alternativo Bursátil. Propiedad de la empresa BME, la sociedad de bolsa españolas, es un parqué que inició su actividad en 2009 con el objetivo de dar cabida a compañías en expansión en busca de financiación alternativa.  Se creó inspirada en sus homólogos Alternext (Francia) o AIM (Reino Unido). Unas barreras de entrada mínimas era el principal reclamo. La primera en aterrizar fue Zinkia, productora audiovisual hoy inmersa en un concurso de acreedores. Después llegaron Imaginarium y la propia Gowex. En total, 26 compañías registradas de sectores tan diversos como la biotecnología, la energía, las telecomunicaciones o el comercio electrónico.

Tras aquella primera semana de julio de 2014 se generó un estado del pánico después de meses de una acentuada euforia. “Hubo una desbandada generalizada de los inversores”, reconoce ahora Juan Sainz de los Terreros, secretario general de Aemab (patronal de las empresas del MAB de reciente creación) y director financiero de Facephi. Muchos particulares salieron. “Y no han vuelto, quizás algunos de ellos no tenían que haber estado nunca”, reconoce Jordi Rovira, de Mabia, una de las firmas de análisis del mercado. Además, numerosos fondos nacionales y extranjeros también dieron el portazo tras cundir la desconfianza. Hoy siguen sin regresar.

“Algunos por estética o por marca han decidido no regresar”, recuerda Rovira. Las compañías de mayor tamaño anunciaron su salto al mercado continuo por el miedo al contagio. Carbures, Ibercom Másmovil, Ebioss y Eurona lo hicieron público el lunes tras la confesión de Jenaro García. Un año después, pese a los intentos, todas continúan cotizando. El balance es incontestable: un desplome de más del 80% en el parqué desde los máximos tocados en los primeros seis meses de 2014, según el índice bursátil (no oficial) de Mabia. Todavía no se ha recuperado del descalabro.

Las dudas se posaron sobre muchas de las compañías. “Se generalizó injustamente”, reconocen desde la Aemab. El caso de Carbures, la que segunda con mayor capitalización en bolsa, es paradigmático. Las dudas contables de la auditora en su balance del primer semestre del pasado año hundieron a la compañía casi un 70% en tan sólo tres meses. La modificación de las cuentas de la firma gaditana, con nuevos criterios con los que rebajaba sus ingresos a la mitad y reconocía pérdidas, calmó los ánimos. Otras, como Facephi, se han tenido que enfrentar a la incertidumbre sobre su modelo de negocio. La puntocom Bodaclick anunció hace justo un año su liquidación. Hubo también numerosas suspensiones de cotización.

Un año después, ¿está preparado el MAB para evitar un nuevo Gowex? No. El secretario general de la patronal del mercado es tajante. “Pero al igual que ocurre en el Nasdaq o en el Ibex”, apostilla. En este tiempo, el Congreso ha aprobado la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial. Establece tres grandes medidas con las que se persigue petrecharse ante otros casos. Sin embargo, todo sigue igual en los laxos requisitos económicos que se les exige a las nuevas compañías que coticen. Sólo deben estar en fase de comercialización de sus productos y con unos ingresos “significativos”.

Mirando al futuro

“El MAB está muy tocado, pero ni mucho menos hundido”, reconoce Terreros. Él cree que el escándalo Gowex ha significado un cambio “radical”. Y lo explica: “Ha representado un punto y aparte… Por desgracia, porque ha habido empresas que han sufrido y por suerte porque muchos de los inversores que entraron sin preguntar se han dado cuenta de que no todo es estupendo ni todo son buenas noticias”. Tanto Aemab como la propia sociedad de análisis Mabia se preguntan si lo que se quiere es un mercado de grandes empresas, que no necesiten esa financiación, o de pymes entre las que, por naturaleza, debe haber quiebras y caídas.

En este sentido, la recién creada patronal pone de ejemplo al homólogo británico AIM donde han dejado de cotizar por problemas económicos en los cuatro primeros meses del año casi medio centenar de compañías, pero sigue habiendo un millar que se mantienen. Y aquí Aemab hace hincapié en lo que para ellos es fundamental: “Hay que hacer un esfuerzo brutal en información y en explicar qué es el MAB”. Con ese ingrediente sobre la mesa, ellos se muestran optimistas con el crecimiento futuro.

Gowex representó durante algunos años los valores del éxito de un proyecto tecnológico hecho a sí mismo desde España. Su estallido minó la confianza del ecosistema ‘startup’, la importante comunidad que forman inversores y emprendedores centrados en crear empresas innovadoras. Fue temporal y ha quedado casi en el olvido. Las cifras de inversión en el sector ‘startup’ y tecnológico en España dan un voto a la esperanza, pero la opinión pública todavía sigue con la mosca detrás de la oreja. “En el gran público, que juega un papel muy importante, el caso Gowex ha generado una falta de credibilidad muy grave y peligrosa”, apunta Javier Megías, fundador de Startupxplore, una plataforma que pone en contacto a compañías con potenciales inversores. Ante este escenario, defiende la necesidad del sector de guardar distancias con un proyecto como el de Jenaro García y de resaltar los casos de éxito. “Que los hay y muy buenos”. Un año después de aquella ‘charada’ de Gowex, las heridas todavía no han cicatrizado.

“Caían piedras del tamaño de elefantes”

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Sara Pavone y Pol Ferrús estaban en las montañas de Nepal el 25 de abril. Se habían separado para hacer dos rutas distintas. El terrible terremoto que dejó más de 8.000 muertos les pilló por tanto en dos lugares diferentes. Hace unas semanas publicamos el relato de Pol, que es, hasta el momento, la pieza más visitada de la historia de EL ESPAÑOL. Ahora es Sara quien cuenta su historia en primera persona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

La historia de Pol: “Voy a morir, pero espero que sea rápido”

Sara Pavone y Pol Ferrús estaban en las montañas de Nepal el 25 de abril. Se habían separado para hacer dos rutas distintas. El terrible terremoto que dejó más de 8.000 muertos les pilló por tanto en dos lugares diferentes. Hace unas semanas publicamos el relato de Pol, que es, hasta el momento, la pieza más visitada de la historia de EL ESPAÑOL. Ahora es Sara quien cuenta su historia en primera persona.


Una despedida inquietante

Cuando me despedí de Pol la mañana del día 22, en una posada de Katmandú, le entregué mi portafortuna (amuleto en italiano) para que le protegiese y le dije: “Ten cuidado. Nos vemos pronto”. Él iba a hacer una excursión en solitario por la zona tibetana del Tamang y yo llevaba varios días inquieta. No sé si era a causa de mis dolores intensos en una pierna o de un mal augurio. Llevaba varias noches sin dormir bien.

Pol y yo no solemos separarnos en los viajes. En los tres años y medio que llevamos de relación hemos visitado muchos lugares, pero siempre juntos. Tampoco le di más importancia. No tengo poderes ni adivino el futuro. ¿Por qué iba a preocuparme? Pol conocía bien la montaña y yo esperaría en Katmandú a que llegasen nuestros amigos: una australiana, una inglesa y una pareja de sudafricanos. Los cinco saldríamos unos días más tarde, para encontrarnos con Pol en Rimche y hacer los seis juntos el valle del Langtang.

Captura de pantalla 2015-06-19 a la(s) 21.28Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Dos días después, el 24, salimos de Katmandú. Hicimos noche en el poblado de Syabru Beshi y partimos a la mañana siguiente -ya día 25- en dirección a Rimche. El día era perfecto, de esos que siempre elegirías para hacer una excursión: limpio, soleado, despejado. Invitaba a dar un paseo por los gigantescos valles abiertos del Nepal. Había pájaros por todos lados y paseábamos a través de caminos que olían a marihuana. La sensación de bienestar hacía que casi me olvidase de mi dolor. Paramos a las tres horas en la aldea de Bamboo y desayunamos té y muesli. Coincidimos con una pareja de excursionistas alemanes y nos saludamos. Sabíamos que íbamos a hacer la misma ruta y nos despedimos con un “nos vemos por el camino”.

El silencio más extraño de mi vida

Recuerdo el momento exacto en el que a tierra se empezó a mover. Los sudafricanos y yo habíamos parado a hacer unas fotos en un puente. Íbamos haciendo el tonto, riéndonos. La chica australiana y la inglesa caminaban ligeramente atrás. Justo cuando atravesamos el puente, se hizo el silencio más extraño que recuerdo en mi vida. Lo que le siguió fue una especie de explosión, un ruido estremecedor. Miré arriba y pensé que era una avalancha, porque la ladera se estaba deshaciendo. Caían piedras del tamaño de elefantes.

Sara Pavone sonríe minutos antes del terremoto, que ocurrió poco después de cruzar el puente: Foto: Kate Ahrends
Sara Pavone sonríe minutos antes del terremoto, que ocurrió poco después de cruzar el puente: Foto: Kate Ahrends

El suelo empezó a temblar y se levantó tanto polvo que no nos veíamos a un metro de distancia. Mike, el sudafricano, entendió enseguida que aquello era un terremoto: “It’s an earthquake”, gritó. Nos abrazamos los tres con todas nuestras fuerzas. Yo intenté cubrir nuestras cabezas con mi mochila, con la inocente idea de protegernos así. Ni siquiera eso podía hacer. La tierra temblaba, perdíamos el equilibrio, no teníamos control sobre nuestras acciones. Mike nos dijo que teníamos que intentar situarnos pegados a una roca que se mantenía sólida y hacia allí corrimos cuando pudimos hacerlo. Igual fueron treinta segundos, pero me pareció una vida entera. Su chica, Kate, lloraba y nos decía “I love you”, como si se estuviese despidiendo.

Vídeos: Merche Negro

Cuando el temblor cesó, miramos a nuestro alrededor y el terreno había cambiado radicalmente: piedras enormes por todos lados, paredes derrumbadas y caminos sepultados. No parecía el mismo lugar. El caudal del río había crecido una barbaridad y el agua bajaba con violencia. En cuanto pudimos reaccionar nos asaltó el pánico porque la chica inglesa y la australiana se habían quedado atrás. Mike corrió a buscarlas. Habían logrado cruzar el puente por poco y se habían refugiado bajo una roca que se mantenía firme. Ya estábamos todos juntos.

¿Dónde estará Pol?

Todos, menos Pol. En ese instante se me encogió el corazón. Mi novio estaba solo en la montaña. A partir de ahí me resultó imposible controlar mis pensamientos. Aunque sé que es montañero experto, es inevitable pensar en lo peor. Imaginaba que estaría herido, incomunicado, perdido. Lo primero que teníamos que hacer era ponernos a salvo. Corrimos hasta la primera casa que vimos. Estaba devastada, una roca la había partido por la mitad. En la puerta estaban sus propietarios: una mujer y su hijo adolescente. Ambos estaban arrodillados, rezando mantras budistas. Me acerqué a ella, la abracé por instinto y se puso a llorar. No podía consolarla.


La historia de Pol: “Voy a morir, pero espero que sea rápido”


 

Miré a mis compañeros y entonces reparé en la pinta que teníamos todos. Nuestras caras de pánico estaban tan cubiertas de polvo que la tierra nos llenaba hasta la boca. Nunca antes había tenido esa sensación tan parecida a estar muerta. Sabía que teníamos que salir de allí cuanto antes. Les preguntamos a los nepalíes qué debíamos hacer o hacia dónde teníamos que marchar, pero no nos contestaban. Entre el shock de haber perdido su casa y que no hablaban inglés, la comunicación fue imposible. Lo único que pudo decirnos fue “here not safe”.

Cogí lo esencial: medicinas, la tablet y el ukelele

Optamos por volver hacia Bamboo, donde sabíamos que había gente, pero al levantar la vista nos dimos cuenta de que el camino había sido arrasado. Teníamos que volver a cruzar el puente, pero el terremoto había dejado sólo la estructura, así que nos vimos obligados a buscar caminos alternativos por barrancos. Era nuestro primer día de ruta, por lo que llevábamos las mochilas llenas. Demasiado peso a cuestas para un camino tan arriesgado; vaciamos casi toda la carga y sólo nos llevamos lo imprescindible. Yo cogí lo más esencial: medicinas, la tablet casi sin batería y el ukelele. No me preguntes por qué. Imagino que me di cuenta de que había sucedido algo muy grave, así que entendí que la música podía ayudar o sacar una sonrisa.

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Echamos a andar y el camino se convirtió en una aventura. Lo primero que hicimos fue bajar por un barranco agarrándonos a unas plantas que nos servían de liana, pero eran urticantes y nos provocaron una hinchazón. Encontramos obstáculos durante todo el trayecto. A veces tocaba escalar, otras caminar sobre troncos y otras lanzarse al vacío. Siempre teníamos que fijarnos muy bien en la roca en la que nos apoyábamos, porque muchas cedían. Cruzábamos cornisas en fila india porque el suelo no era lo suficientemente ancho para que caminasen dos personas a la vez.

Los gritos, los heridos, las mascotas

Tras una hora y media de camino, regresamos a Bamboo, que es un pueblecito con cinco o seis refugios de montaña. El único edificio que quedaba en pie era un hostal. Su estructura se mantenía firme pero el interior estaba totalmente derrumbado. La situación era dramática. Se habían reunido unas sesenta personas, más de la mitad turistas, en absoluto estado de shock.

Una nepalí chillaba desesperada mientras dos vecinos la sujetaban por los brazos. Su esposo estaba sepultado bajo las piedras. Era estremecedor escuchar el eco de los gritos por su marido muerto. Qué duro es saber que el cadáver está ahí, pero que no hay forma humana de rescatar el cuerpo sin herramientas. Todo ello ocurría entre réplicas del terremoto, que se sucedían a menudo. Nadie sabía quién iba a ser el siguiente.

Locales y turistas nos reunimos en una especie de cueva bajo un bloque de piedra gigante que se mantenía firme. Un guía nepalí con la cabeza abierta y un turista holandés con el brazo roto eran los heridos más graves. Todos sacamos los medicamentos de nuestra mochila y una pareja de holandeses, estudiantes de medicina, se encargó de administrárselos, diseñar un tratamiento y mandarnos que improvisásemos una cama con mantas y esterillas para acomodarlos.

Las noticias llegan desde Israel

Entre los turistas había americanos, franceses, holandeses y, sobre todo, muchos israelíes. También había seis vacas y dos gallinas, asustadas, que se acabaron convirtiendo en nuestras mascotas. No se separaron de nosotros. Uno de los israelíes tenía un teléfono vía satélite. Es la única forma de contactar con el resto del mundo en una zona en la que no hay cobertura de móvil ni internet. A través de ese terminal nos empezamos a enterar de lo que pasaba a nuestro alrededor. Estábamos en mitad de un terremoto, pero las noticias nos iban llegando desde Israel. “Ha habido un temblor de 7,8 grados, el país está devastado y el aeropuerto de la capital, cerrado. Las evacuaciones tardarán”, nos resumió el dueño del teléfono.

Gracias a él pudimos avisar a nuestras casas. Recopilamos los emails de nuestros familiares y enviamos un correo con copia a todos, para explicarles que estábamos bien, pero que no sabíamos cuándo saldríamos de allí. Dadas las circunstancias, y a sabiendas que íbamos a pasar bastante tiempo en un pueblo arrasado, nos pusimos a trabajar para intentar montar un campamento de supervivencia. Hicimos una asamblea para repartir las tareas. Las mujeres accedimos a un almacén destruido en el que quedaban algunas provisiones. Los hombres aprovecharon unas viejas lonas para montar una carpa bajo el bloque de piedra y poder pasar allí la noche, en esterillas.

Mientras, los nepalíes ya habían sacado varios “camping gas” para prepararnos té y comida. Muchos de ellos habían perdido a su familia, pero en todo momentos se pusieron a nuestra disposición, cocinaron, nos ayudaron. Decidimos comprarles toda la comida que les quedaba, porque ya habían anunciado que por la mañana se iban a marchar hasta un pueblo próximo en el que residían sus familiares. Íbamos a quedarnos solos los turistas, los guías nepalíes y varios portadores. Teníamos comida para una semana, que es lo que le habían estimado al israelí que tardarían en empezar a evacuarnos.

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La primera noche

Aquella noche nadie pudo dormir, por el miedo, los temblores, los desprendimientos, las lluvias y el espacio tan reducido que ocupábamos: dormíamos sesenta personas en un trocito en el que caben veinte. Yo además tenía el añadido de que mi novio estaba solo en las montañas, perdido. Tenía más miedo por él que por mí. No era la única persona en esa situación. Ravid, uno de los israelís, tenía a su novia ilocalizable en el Valle de Langtang, la zona más afectada. Nos intentábamos ayudar mutuamente pero resultaba imposible. A los dos nos animaban diciendo que nuestras parejas estarían bien, que conocían la montaña, pero también sabíamos que no era más que eso: ánimos. Nadie tenía un solo dato sobre ellos.

Entre temblores y lluvia pasamos la noche todos, con el calzado puesto por si había que salir a correr de repente. En esa situación, estar tan apretados tampoco era tan malo: de alguna manera nos dábamos seguridad. No sabíamos los nombres de casi nadie pero nos habíamos convertido en una familia.

Las vacas se comen el helipuerto

Los nepalíes se marcharon al día siguiente y nos dejaron las llaves del almacén de las provisiones. Los israelíes tomaron el mando y nos iban informando de cualquier novedad que llegaba. Algunos habían acabado recientemente el servicio militar y estaban muy preparados. Lo primero que idearon fue un sistema básico de purificación de agua: muy rudimentario pero muy elaborado y útil. Un depósito con varios agujeros a los que incorporamos unos tubos que desembocaban en otros depósitos. Allí colocábamos unas sábanas que servían de filtro. Echábamos el agua hervida y la depurábamos. Una movida que a mí no se me hubiese ocurrido en la vida, qué quieres que te diga. El resultado era agua apta para consumir, pero con un color marrón tierra horrible y una textura densa. Eso es lo que estuvimos bebiendo durante casi una semana.

Hacíamos solo una comida al día: arroz o noodles, verduras de los huertos destruidos y sobre todo huevos hervidos, que no he comido tantos en toda mi vida. Por encima de nuestras cabezas veíamos pasar helicópteros militares, pero volaban demasiado alto, así que pensamos en hacer señales para que nos localizasen. Empleamos cañas de bambú para hacer señales de humo y ropas de colores muy vivos. Pero allí no nos veía nadie. Por si acaso, habíamos preparado dos pistas de aterrizaje para helicópteros. Despejamos el terreno y utilizamos harina del almacén para dibujar la letra H que deben tener los helipuertos. Pero las pobres vacas tenían mucha hambre y se la comieron. Luego lo intentamos con hojas e hicieron lo mismo. La tuvimos que acabar dibujando con una especie de pintura con barniz que encontramos entre las ruinas de uno de los edificios derrumbados.

Es el caos

Entretanto seguía llegando gente. Sobre todo nepalíes deshechos, que traían noticias: “Es el caos. Los pueblos están arrasados y hay cadáveres por todos lados”. Yo les preguntaba por Pol pero nadie lo había visto. Lo intentaba describir pero no me entendían. Desesperada, cogí un rotulador y a todo el que llegaba le pintaba el nombre de Pol en un antebrazo y el mío en el otro. Estaba en un estado de absoluta ansiedad, tampoco sabía qué más podía hacer. Por la tarde apareció un nepalí que me dijo que creía que lo había visto. Me dio un vuelco el corazón. En seguida me puse a enseñarle fotos y me confirmó que no. Que se había equivocado. Me puse histérica. Quería ir a buscar a Pol. No me importaba caminar hasta donde fuese necesario. Los sudafricanos me disuadieron diciéndome que era peligroso y que si me pasara algo por el camino sería mucho más difícil localizarme y evacuarme.

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Al tercer día llegó el primer helicóptero. Eran japoneses. Venían a evacuar a los suyos y a los heridos. También se subió Kami, un guía nepalí que nos ayudó en todo momento. También lo intentó Wilhem, el holandés con el brazo roto, pero estaba lejos en el momento en el que tenía que haberse montado a bordo. Echó a correr con todas sus fuerzas pero llegó justo cuando la nave despegaba. “Intentaremos volver a por ti”, le dijeron. Lo dejaron en tierra y nunca más aparecieron. Sentimos mucha rabia, aunque él es una persona muy positiva y le restó importancia. Siempre estuvo animando. Hacía bromas, decía que odiaba a la gente con dos brazos y que por eso iba a aprender a abrocharse la sudadera solo, pero siempre nos acababa pidiendo ayuda. Era la persona que físicamente estaba peor, pero también uno de los que aportó más fuerza al grupo.

El hombre de la compañía de seguros

Después llego un helicóptero del que bajó un hombre de una compañía de seguros israelí. Lo primero que hizo fue grabar un video de cada uno de nosotros diciendo nuestros nombres, para que constase quién se iba a quedar en la montaña y avisar a las embajadas correspondientes. Nos dijo que tenía la orden de evacuar solamente a los israelíes y a los heridos. No podía llevarse a nadie más porque había otras zonas en una situación mucho más complicada que Bamboo. El glaciar del valle de Langtang, el que tenía que ser el final de nuestra excursión, se había desprendido y se estaba fundiendo, arrasando pueblos enteros.

En aquella área se habían empezado a registrar los primeros conflictos entre turistas y nepalíes, porque no habían provisiones para todos. Era urgente actuar en aquella zona en la que, por cierto, se encontraba la novia de Ravid. Estaba a salvo e iba a ser rescatada. Ravid se marchó con el resto de compatriotas, no sin antes abrazarme y prometerme que iría a buscar a Pol. En el helicóptero subieron todos los israelíes, salvo dos que quisieron quedarse con nosotros. Se sentían mal por dejarnos solos. A la mañana siguiente vinieron a por ellos con la orden expresa de que fuesen evacuados. Les dijeron que en Israel se había difundido la noticia de que habían rechazado la ayuda y que eso era inconcebible. Les obligaron a marcharse. Antes de irse nos dejaron el teléfono y nos prometimos vernos en Katmandú.

Pol está bien

Cuando se fueron pensé en utilizar el teléfono para avisar a los míos. Primero avisé a mi madre. Le mandé un mensaje para decirle que estaba bien. Me inventé que estaba en un campamento, rescatada, a salvo. No quería preocuparla. ¿Qué hizo mi madre? Pues lo que hace cualquier mamma italiana: preguntarme si estaba comiendo bien. No quise preocuparla y volví a engañarle diciendo que sí, que comía bien y que no estaba sola. Después decidí avisar a Enric, el padre de Pol. Imaginaba que no sabría que su hijo se había ido sólo a hacer a excursión y que estaría preocupado. Intenté encender mi tablet sin batería. Me aguantó unos segundos. Los justos para apuntar el teléfono del padre de Pol. Cuando lo tuve, envié un mensaje. Le dije que no sabía nada de Pol y que necesitaba noticias.

Me daba miedo cómo iba a reaccionar, así que escribí el mensaje y solté el teléfono. Al cabo de una hora, una chica holandesa me dijo: “Creo que ha llegado un sms para ti”. Yo estaba picando ajo y pimiento para hacer la comida. Tiré el cuchillo y salí corriendo a por el móvil. Era la respuesta del padre de Pol, confirmándome que ya lo tenía localizado. Pol estaba sano y salvo y yo empecé a llorar de alivio y alegría. Aquella tarde fue una fiesta. Me olvidé de los dolores, de la ansiedad y de los problemas estomacales que provocaban cuatro días bebiendo agua con tierra.

Un terrible funeral nepalí

Por la tarde sucedió algo que nos impactó profundamente. Subió un grupo de nepalíes desde Syabru Beshi, para enterrar al hombre que había quedado sepultado el primer día bajo las piedras. Uno de ellos era su propio hermano. Con mucho esfuerzo rescataron el cadáver de los escombros. Nosotros miramos todo aquello guardando un silencio terrible. Le pusieron unas hojas verdes en los orificios, porque estaba en estado de descomposición, nos recomendaron que nos tapásemos la boca y la nariz y se lo llevaron. A pesar de estar pasando por un momento tan duro, el hermano del fallecido todavía tuvo fuerzas para sacar más mantas para nosotros. Aún me estremezco recordando aquello.

Los americanos nos salvan

Al día siguiente, mientras recogíamos la basura, llegó el helicóptero que nos empezó a evacuar. Entre todos los que quedábamos en Bamboo habíamos hecho una lista con el orden en el que se subiría la gente en los helicópteros. A mi me pusieron en el primer grupo porque tenía que buscar a Pol. Empecé a correr hacia el helicóptero con todas mis fuerzas, pero me daba la sensación de que no avanzaba. Tardé como dos minutos en llegar. Los del helicóptero eran americanos. Al final nos salvaron los americanos, igual que en las películas. Me subí con Mike y Kate y nos abrazamos con una alegría que se desvaneció en cuanto despegamos y vimos el estado catastrófico en el que habían quedado todos los pueblos. Nosotros nos íbamos a casa, pero aquella gente tenía que reconstruir sus vidas enteras.

Llegamos al campo militar de Dunche, en el que la policía nepalí nos registró en una base de datos. El campamento era muy rudimentario, no había mantas suficientes y el panorama era desolador, casi peor que en Bamboo. Aún había más gente, no tenían agua y la comida escaseaba. Los militares nos empezaron a dividir por nacionalidades. Tanto daba que te separasen de tu grupo; los italianos tenían que irse con los italianos. Así que fui a parar con dos compatriotas a los que no conocía de nada. Me dijeron que teníamos la opción de esperar a que nos evacuasen o marcharnos caminando de allí. Yo descarté esa opción porque unos vascos del campamento me habían dado la noticia de que Jesús y Raquel, una pareja española que había intentado escapar caminando, había tenido un accidente y ella había muerto.

Preferí hablar por el teléfono de la policía nepalí con la unidad de crisis del Ministerio de Exteriores de Italia. Me recomendaron que cogiese “el primer helicóptero que pase”. Les respondí que aquello no era una parada de bus. Yo estaba súper nerviosa, aunque ellos entendieron bien mi situación y me calmaron. Después logré hablar con mi madre y escuchar su voz por primera vez después del terremoto. Ella también me recomendó que no caminase. Decidí tumbarme en el césped, descalzarme por primera vez en seis días (¡qué alivio!) y esperar. Maté el tiempo jugando con unos niños que me tiraban flores y se comportaban como si nada hubiese pasado. Interrumpió nuestros juegos un helicóptero que venía de Syabru Beshi y traía a unos ingleses. Les pregunté por Pol, les enseñé unas fotos y me confirmaron que estaba con ellos, que lo evacuarían al día siguiente.

¡Ahí viene Pol!

Pero no hizo falta esperar tanto. A la media hora aterrizó otro helicóptero y desde el interior del campamento lo vi bajar. Todo el mundo estaba al corriente de nuestra historia y me decían que corriese a buscarlo. Por fin se acababa la espera. Lo veía a través de una valla y ese rato se me hizo eterno porque también lo tenían que registrar. Cuando por fin entró, se montó una escena de película. Un abrazo interminable, mucha alegría, la gente aplaudiendo, la locura. En seguida me devolvió el portafortuna que le di el día que nos separamos. Allí mismo decidimos que teníamos que montar algo para ayudar a los nepalíes.

Aquella noche celebramos nuestro reencuentro y un dhal bhat caliente (pato típico de Nepal). Dormimos todos juntos en el campamento de Dunche. A la mañana siguiente nos vinieron a rescatar en un helicóptero indio en el que quería subir todo el mundo. Los militares decidieron que priorizarían a las mujeres, pero yo no me quería volver a separar de Pol. Nos cogimos de la mano y no nos separamos, ni siquiera cuando estaba subiendo a bordo. Al final nos dejaron montarnos a todos: nosotros dos y los sudafricanos.

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Katmandú y una ONG nueva

Llegamos a Katmandú, donde también se estaban viviendo escenas duras. Grupos de rescate con perros que olían vida debajo de los escombros. Queríamos hacer algo. Por eso rechazamos el primer avión que Italia nos ofreció. Contactamos con María, una amiga que tiene una ONG en Katmandú y la intentamos ayudar. Nos pidió que esa noche durmiésemos los tres juntos. Aún tenía miedo. Volvimos juntos a Europa y seguimos sin descansar.

Trabajamos ahora con todas nuestras fuerzas para montar la ONG “Living Nepal”. Tenemos un correo, un proyecto de web y una página de Facebook con el nombre de la entidad. Es un trabajo enorme que está ocupando todo nuestro tiempo, pero es nuestra forma de devolver a los nepalís una pequeña parte de lo que hicieron por nosotros. Siempre nos acogieron con una sonrisa.

Recuerdo que estando aún en el campamento de Dunche, un policía me recomendó, ante mi estado de nervios, que fuese a hablar con una trabajadora social (como yo). Ella me atendió sonriendo, me calmó y me dio ánimos mientras dábamos un paseo. Caminábamos a través de un pueblo devastado, con colegios derrumbados y casas destruidas. La vida se había paralizado y ella acababa de perder a una enfermera que trabajaba con ella. Pero en todo momento sólo se preocupó por mí. Esas situaciones me obligan a intentar con todas mis fuerzas que, a partir de ahora, seamos nosotros los que nos preocupemos por ellos.