Scytl y Tecnocom le ganan las elecciones generales a Indra

elecciones1Un consorcio formado por la catalana Scytl y la madrileña Tecnocom ha doblegado a Indra en el concurso para el recuento de las elecciones generales en España del próximo mes de diciembre. El gigante semipúblico no será el contador oficial de votos en unas generales por primera vez en las últimas dos décadas.

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David vence a Goliath. Un consorcio formado por la catalana Scytl y la madrileña Tecnocom ha doblegado al gigante semipúblico Indra en el concurso para el recuento de las elecciones generales en España del próximo mes de diciembre. El importe de la operación es inferior a los 15 millones de euros, según el pliego del concurso, si bien marca un hito para Indra, el contador oficial de votos en esta cita electoral durante, al menos, las dos últimas décadas.

Según fuentes próximas al concurso, que pidieron anonimato, un consorcio formado por Scytl, participada por el cofundador de Microsoft Paul Allen, y Tecnocom, presidida por el periodista Lalo Azcona, se ha preadjudicado el escrutinio de las elecciones que se celebrarán a mediados de diciembre, según la previsión planteada esta semana por Mariano Rajoy. El desembolso será inferior a citas anteriores. En 2011, el contrato se situó en los 14 millones de euros, un 27% más que en 2008; cuando su importe fue de apenas 11 millones.

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Desde los años 90, a través de su actual y anteriores marcas, siempre se lo había quedado Indra, pero esta vez, la empresa semipública ha caído tras la apertura de los sobres, según publicó El Confidencial el viernes. Participada por la estatal SEPI, la familia March (C.F. Alba) y Telefónica, Indra se tendrá que contentar con las elecciones catalanas del próximo 27 de septiembre, contrato valorado en un millón de euros, según señaló este sábado elboenuestrodecadadía.  Es la única buena noticia para la compañía en un año negro marcado por la llegada de Fernando Abril-Martorell a la presidencia y la puesta en marcha de un duro plan de reestructuración en forma de despidos masivos y venta de activos.

Junto a Scytl formará tándem en el recuento de las elecciones generales en España otra empresa poco conocida entre el gran público, pero con poderosos socios como es la madrileña Tecnocom, que cotiza en bolsa al igual que Indra. Dirigida y participada en un 20% por el periodista Lalo Azcona, fundador de la consultora Estudio de Comunicación, cuenta entre sus socios principales con el venezolano dueño de Abanca y Novagalicia, Juan Carlos Scotet, y la multinacional holandesa Getronics.

La ‘startup’ puntera en voto electrónico

La consecución del contrato en las generales se convierte en un ‘espaldarazo’ para Scytl, cuya historia se ha convertido en paradigma para las tecnológicas en España. Fundada en 2001 en la Universidad Autónoma de Barcelona por el investigador Andreu Riera, fallecido en 2006, Scytl lleva más de una década desarrollando soluciones electorales ‘con’. A su fundador se le ocurrió poner en marcha el proyecto después de ver la chapuza en el recuento electoral de las elecciones presidenciales de 2000 en EEUU entre George W. Bush y Al Gore.

Durante la última década se ha convertido en una de las firmas más valoradas y con mayor proyección internacional del ecosistema tecnológico español bajo la dirección de Pere Vallés, que tomó las riendas de la empresa tras la pérdida de Riera. Hoy Scytl es la niña bonita de las tecnológicas españolas. Desde 2007, la compañía ha recibido el respaldo de varios fondos de capital riesgo nacionales e internacionales, que controlan actualmente el 80% de sus acciones. Primero fue Spinnaker, vinculado al grupo financiero Riva y García, junto al referente del capital riesgo Nauta Capital. En 2010, el fondo británico Balderton Capital respaldó su proceso de internacionalización, que le ha llevado a poner la pica en distintos procesos electorales en 35 países de Europa y América, algunos polémicos que han acabado en litigios con las autoridades como en México.

Desde EEUU y Alemania llegaron en 2014 los principales inversores de la empresa en la actualidad tras aportar más de 90 millones de euros (104 millones de dólares) en diversas rondas de financiación. El más destacado es Paul Allen, cofundador de Microsoft y dueño del fondo Vulcan Capital, cuya aparición atrajo a otros cuatro fondos internacionales como el alemán SAP Ventures (fondo de la mayor empresa de software europea) y tres especialistas en invertir en ‘startups’ no cotizadas antes de que salgan a bolsa (Vy Capital, Industry Ventures y Adam Street). Ese es el destino de la empresa de Barcelona. De aquí a 2017 tiene previsto salir a cotizar en el Nasdaq estadounidense, el mercado por excelencia de las empresas tecnológicas.

La charada de Gowex, un año después: el día de la infamia para la bolsa de ‘pymes’ española

En color, de izquierda a derecha, los directivos de Gowex:  Javier Solsona, Tania Roel, Francisco Martínez Marugan, Jenaro García, y Florencia Maté.

La ‘charada Pescanova’ fue el título de un informe anónimo que el 1 de julio de 2014 dinamitó la existencia de Gowex y atrapó a más de 5.000 inversores. La empresa de Wifi gratis representaba un caso de éxito empresarial sin parangón en España, pero todo era mentira. Fue una estafa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la bolsa para ‘pymes’ propiedad de la empresa BME.

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Jenaro García, presidente y fundador de Gowex.

Una charada es un pasatiempo. Un juego de palabras que representa una farsa y da pistas para llegar a la conclusión. Pescanova había sido el mayor escándalo contable de la historia en España. La ‘charada Pescanova’ fue el título de un informe anónimo que el 1 de julio de 2014 dinamitó la existencia de Gowex y atrapó a más de 5.000 inversores. La empresa de Wifi gratis representaba un caso de éxito empresarial sin parangón en España, pero todo era mentira. Fue una estafa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la bolsa para ‘pymes’ propiedad de la empresa BME. El inesperado evento atrapó a miles de accionistas y provocó una herida en la credibilidad de supervisores, auditores, analistas y medios. Decenas de pymes españolas que cotizan ahí sufren las consecuencias de aquellos días de infamia.

La justicia de Batman 

A día de hoy, la identidad de Gotham City Research, la firma que elaboró aquel análisis, sigue sin estar clara. El objetivo del informe fue destapar el engaño de la empresa dedicada a la creación de redes wifi gratuitas en las ciudades. La conclusión: la empresa no vale 1.400 millones, sino 0 euros; el 90% de todos sus ingresos (182 millones de euros en 2013) son falsos. Aquel martes 1 de julio, Gowex se derrumbó en bolsa un 50% y fue suspendida de cotización. Gotham -nombre que recibe la ciudad de Batman- fue recompensada con aura de credibilidad pese a seguir en el anonimato.

Era  la vía poco ortodoxa elegida para dar a conocer uno de los más importantes fraudes empresariales en España. En EEUU reciben recompensas por parte del supervisor SEC (la CNMV americana) por sus chivatazos o trabajos para desenmascarar abusos de mercado. El domingo 6 de julio, Jenaro García, presidente y fundador de Gowex, admitió el engaño masivo, urdido a través de una trama de sociedades pantalla para lograr una facturación ficticia y desviar dinero a cuentas en el extranjero. Sus cuentas auditadas, revisadas por analistas y periodistas, eran papel mojado. Las consecuencias aún hoy son visibles y siguen en el aire.

¿Qué queda de Gowex?

Hoy es una compañía fantasma. Su cotización bursátil sigue suspendida por el regulador, apenas tiene actividad empresarial y la mayor parte de los contratos suscritos con ciudades rescindidos (Orense, Burgos…) y la plantilla reducida al mínimo. Pese a haberlo solicitado, el juez no ha aceptado el concurso de acreedores, tal y como se puede comprobar en el registro público concursal de Justicia. La falsedad de las cuentas de los últimos años -con las que tendría que justificar la situación de quiebra- es una de las causas por las que no se aceptó, según explican desde la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver).

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Los destinos de la empresa hoy son dirigidos por Javier Solsona, otrora director corporativo y consejero de la compañía. Lo hace bajo mandato del juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz. A preguntas del periodista, el directivo se niega a dar detalles sobre los planes de futuro mientras prepara una comunicación oficial tanto para el magistrado como para el propio regulador del mercado. Sí asegura en una declaración escrita estar “en proceso de conseguir la viabilidad de la empresa para que a posteriori podamos reactivar su cotización en mercados”. El primer paso: el obligado ‘lavado de cara’ de la marca empresarial, con una mancha difícil de borrar. El nombre de WifiActiva es el elegido para intentar su renacimiento. Bajo ese nombre comercial se encuentra una sociedad fundada en 2010 y cuyo administrador único es la propia Gowex. En su página web, en la que se presenta como una compañía que ofrece “soluciones de conectividad gestionada”, cuenta con los mismos datos de contacto que Gowex.

Una larga batalla judicial

Tras el estallido del escándalo, llegó la primera estimación de daños: 5.000 inversores poseían unas acciones sin cotizar y que, en la práctica, valían 0 euros. Muchos de ellos acudieron llamados por una rentabilidad sin parangón (la acción de Gowex llegó a multiplicar por 12 su valor en tan sólo año y medio). La mayoría destinó pequeñas cantidades de dinero. Ésa es la principal causa por la que hoy sólo un reducido grupo esté movilizado para tratar de recuperar su dinero. “Era, en gran parte, gente acostumbrada a operar en bolsa y con un nivel adquisitivo medio-alto; no tiene nada que ver con casos como las preferentes de Bankia”, reconoce Javier Sotos, letrado del bufete de abogados Moreno-Luque, uno de los que se presentó como acusación popular a través de una asociación de afectados.

¿Dónde se encuentra el proceso judicial un año después? En julio de 2014 el procedimiento se inició por vía penal. Hoy sigue en fase de instrucción, tras la imputación de más de una decena de personas, entre las que se encuentra Jenaro García, hoy en libertad tras pagar 600.000 euros de fianza. La acusación popular es representada, tras la petición del juez de unificar a los cinco colectivos presentados, por el Partido Político de los Perjudicados por las Preferentes, dirigido por Joaquín Yvancos, exabogado de José María Ruiz Mateos. En la acusación particular, están personados ocho accionistas e inversores particulares junto al Banco Santander.

¿Habrá responsables más allá de Gowex? Ahí es donde tiene depositadas sus esperanzas la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver). Prepara una demanda por la que más de 200 pequeños inversores afectados exigirán responsabilidades más allá del consejo de administración de la compañía. Espera presentarla “en las próximas semanas”. Su tres objetivos: el asesor registrado (Ernst & Young) que hizo las veces de ‘Cicerone’ en la salida a bolsa; el regulador (Bolsas y Mercados) que debía velar por el funcionamiento del parqué, y la sociedad de valores (Beka Finance, antigua Bankia Bolsa) encargada de ‘colocar’ las acciones y proveer de liquidez a la tecnológica. ¿Hasta cuándo habrá que esperar? Esa es quizás la pregunta más complicada de responder. Según las estimaciones de Javier Flores, de Asinver, pasarán al menos tres años antes de se conozca quiénes pagarán por este escándalo y si, finalmente, los afectados podrán recuperar algo del dinero que tenían invertido en la empresa.

El auge y caída del MAB

MAB son las siglas que dan nombre al Mercado Alternativo Bursátil. Propiedad de la empresa BME, la sociedad de bolsa españolas, es un parqué que inició su actividad en 2009 con el objetivo de dar cabida a compañías en expansión en busca de financiación alternativa.  Se creó inspirada en sus homólogos Alternext (Francia) o AIM (Reino Unido). Unas barreras de entrada mínimas era el principal reclamo. La primera en aterrizar fue Zinkia, productora audiovisual hoy inmersa en un concurso de acreedores. Después llegaron Imaginarium y la propia Gowex. En total, 26 compañías registradas de sectores tan diversos como la biotecnología, la energía, las telecomunicaciones o el comercio electrónico.

Tras aquella primera semana de julio de 2014 se generó un estado del pánico después de meses de una acentuada euforia. “Hubo una desbandada generalizada de los inversores”, reconoce ahora Juan Sainz de los Terreros, secretario general de Aemab (patronal de las empresas del MAB de reciente creación) y director financiero de Facephi. Muchos particulares salieron. “Y no han vuelto, quizás algunos de ellos no tenían que haber estado nunca”, reconoce Jordi Rovira, de Mabia, una de las firmas de análisis del mercado. Además, numerosos fondos nacionales y extranjeros también dieron el portazo tras cundir la desconfianza. Hoy siguen sin regresar.

“Algunos por estética o por marca han decidido no regresar”, recuerda Rovira. Las compañías de mayor tamaño anunciaron su salto al mercado continuo por el miedo al contagio. Carbures, Ibercom Másmovil, Ebioss y Eurona lo hicieron público el lunes tras la confesión de Jenaro García. Un año después, pese a los intentos, todas continúan cotizando. El balance es incontestable: un desplome de más del 80% en el parqué desde los máximos tocados en los primeros seis meses de 2014, según el índice bursátil (no oficial) de Mabia. Todavía no se ha recuperado del descalabro.

Las dudas se posaron sobre muchas de las compañías. “Se generalizó injustamente”, reconocen desde la Aemab. El caso de Carbures, la que segunda con mayor capitalización en bolsa, es paradigmático. Las dudas contables de la auditora en su balance del primer semestre del pasado año hundieron a la compañía casi un 70% en tan sólo tres meses. La modificación de las cuentas de la firma gaditana, con nuevos criterios con los que rebajaba sus ingresos a la mitad y reconocía pérdidas, calmó los ánimos. Otras, como Facephi, se han tenido que enfrentar a la incertidumbre sobre su modelo de negocio. La puntocom Bodaclick anunció hace justo un año su liquidación. Hubo también numerosas suspensiones de cotización.

Un año después, ¿está preparado el MAB para evitar un nuevo Gowex? No. El secretario general de la patronal del mercado es tajante. “Pero al igual que ocurre en el Nasdaq o en el Ibex”, apostilla. En este tiempo, el Congreso ha aprobado la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial. Establece tres grandes medidas con las que se persigue petrecharse ante otros casos. Sin embargo, todo sigue igual en los laxos requisitos económicos que se les exige a las nuevas compañías que coticen. Sólo deben estar en fase de comercialización de sus productos y con unos ingresos “significativos”.

Mirando al futuro

“El MAB está muy tocado, pero ni mucho menos hundido”, reconoce Terreros. Él cree que el escándalo Gowex ha significado un cambio “radical”. Y lo explica: “Ha representado un punto y aparte… Por desgracia, porque ha habido empresas que han sufrido y por suerte porque muchos de los inversores que entraron sin preguntar se han dado cuenta de que no todo es estupendo ni todo son buenas noticias”. Tanto Aemab como la propia sociedad de análisis Mabia se preguntan si lo que se quiere es un mercado de grandes empresas, que no necesiten esa financiación, o de pymes entre las que, por naturaleza, debe haber quiebras y caídas.

En este sentido, la recién creada patronal pone de ejemplo al homólogo británico AIM donde han dejado de cotizar por problemas económicos en los cuatro primeros meses del año casi medio centenar de compañías, pero sigue habiendo un millar que se mantienen. Y aquí Aemab hace hincapié en lo que para ellos es fundamental: “Hay que hacer un esfuerzo brutal en información y en explicar qué es el MAB”. Con ese ingrediente sobre la mesa, ellos se muestran optimistas con el crecimiento futuro.

Gowex representó durante algunos años los valores del éxito de un proyecto tecnológico hecho a sí mismo desde España. Su estallido minó la confianza del ecosistema ‘startup’, la importante comunidad que forman inversores y emprendedores centrados en crear empresas innovadoras. Fue temporal y ha quedado casi en el olvido. Las cifras de inversión en el sector ‘startup’ y tecnológico en España dan un voto a la esperanza, pero la opinión pública todavía sigue con la mosca detrás de la oreja. “En el gran público, que juega un papel muy importante, el caso Gowex ha generado una falta de credibilidad muy grave y peligrosa”, apunta Javier Megías, fundador de Startupxplore, una plataforma que pone en contacto a compañías con potenciales inversores. Ante este escenario, defiende la necesidad del sector de guardar distancias con un proyecto como el de Jenaro García y de resaltar los casos de éxito. “Que los hay y muy buenos”. Un año después de aquella ‘charada’ de Gowex, las heridas todavía no han cicatrizado.