Una locomotora naranja en la estación de Sants

Ciudadanos eligió como sede para la noche electoral un hotel construido sobre una estación. En el primer piso se congregó la locomotora naranja, cuyos militantes hicieron mucho ruido porque tenían muchas cosas que celebrar. 

Ciudadanos eligió como sede para la noche electoral un hotel construido sobre una estación. En el primer piso se congregó la locomotora naranja, cuyos militantes hicieron mucho ruido porque tenían muchas cosas que celebrar. Entre otras cosas, que su partido ya es la segunda fuerza política de Cataluña. O que con sólo nueve años de vida la formación liderada por Albert Rivera ha adelantado por la izquierda a PP y PSOE. O que ha triplicado el número de votos obtenidos en 2012. O que ha irrumpido en Girona y Lleida, tradicionales feudos independentistas en los que hasta ahora no tenía representación.

Todos esos factores convirtieron a Ciudadanos en la triunfadora absoluta de la noche y provocaron el delirio en la atestada sala de convenciones del hotel Barceló Sants. Los presentes entonaban cánticos que dotaban a la sala del ambiente de un campo de fútbol. “Yo soy español, español, español”, “España unida jamás será vencida” o “Cataluña es España” fueron los estribillos más coreados.

Una multitud esperó paciente la salida de Albert Rivera y de Inés Arrimadas, los dos grandes artífices de este éxito. Fueron los últimos en comparecer.

Cuando Artur Mas apareció en pantalla, el público pidió su dimisión y coreó  “¡Tres per cent, tres per cent!” en referencia a las comisiones ilegales que cobraba presuntamente su formación. A Pablo Iglesias le dedicaron un innovador “Vaya cagada, coleta morada”. Los abucheos a los rivales eran interrumpidos por aplausos en cada oleada del escrutinio.

Al final apareció el tándem que le ha dado la vuelta al panorama político catalán: Albert Rivera e Inés Arrimadas. Tomó la palabra la jerezana, que llegaba muy justa de voz a la cita. Agradeció el apoyo de más de 700.000 catalanes y enumeró las tres opciones que según ella tiene Artur Mas: “Dimitir, dimitir y dimitir”. Le sumó una cuarta: “Lo que también puede hacer es irse a su casa”. Una propuesta que fue secundada por el público al grito de “Dimisión, dimisión”.

Para entonces, el suelo ya temblaba como si los trenes de la estación de Sants hubiesen tomado la sala. Arrimadas, que era interrumpida por un cántico diferente a cada frase, aseguró que los catalanes habían apostado “por la convivencia y por la unión”.

Plena de confianza y espoleada por los resultados, retó a las formaciones independentistas a una nueva pelea: “Lo que tienen que hacer es convocar unas nuevas elecciones en las que todos nos presentemos como partidos, con nuestras siglas y nuestros programas, que es algo que ellos no han hecho”.

Como en el fútbol

Los asistentes coreaban “Campeones, campeones”. En esa tesitura Arrimadas le dio el relevo a Albert Rivera, el gran artífice de que una plataforma cívica nacida en 2006 sea ya segunda fuerza en el Parlament.

Arrimadas se refirió a Rivera como “el único líder nacional que está aquí, apoyando a su partido en Cataluña”.  Ésa puede ser una de las claves del éxito de la formación naranja: Rivera ha jugado en casa. Es el único presidente catalán de todos los partidos nacionales y se ha volcado con la campaña catalana más que ningún otro.

Rivera ha demostrado ser un estratega: ha concedido mucho protagonismo a Arrimadas, que se defendió bien en los careos que mantuvo contra políticos mucho más bregados. No la ha eclipsado pero tampoco la ha dejado sola. La foto de Rivera ha aparecido en los carteles electorales. Su cara estaba en las marquesinas de la paradas de bus.

Rivera no ha bailado, como Iceta y Sánchez. Tampoco ha hablado como un indio ni ha prometido sexo con látigo como Pablo Iglesias. El líder de Podemos no aparecía en los carteles porque comparecía con una marca blanca como la de las municipales. Igual que Mas y Juqueras, que además se han escondido detrás de un recién llegado como Romeva.

Rivera tampoco grabó un spot con acentos impostados, como han hecho en el PP. Ni ha ido cambiando de portavoz en los debates, como la CUP, despistando a los votantes indecisos. Rivera ha optado por ser fiel a unas siglas, a una imagen y a un programa. Los votantes lo han interpretado como un ejercicio de responsabilidad. Rivera no recurrió a frivolidades durante la campaña. Anoche botó a petición del publico, bromeó y hasta parafraseó a Lola Flores (“Si me queréis, callarse”). Pero sólo se lo ha permitido cuando ha tenido la victoria en el bolsillo. Hasta entonces ha preferido trasmitir la imagen de seguridad que confiere un político bien valorado en las encuestas. El resultado ha sido una campaña brillante.

El broche 

Rivera cogió el micro y puso el colofón a la noche. Se desbordó el júbilo. Unos gritaban “Ahora a La Moncloa” y otros entonaban el cohesionador “Viva España y Visca Catalunya”. Rivera mantuvo el ambiente futbolístico creado por los presentes: “”Os dije que había partido y lo acabamos de demostrar. No ha sido el PP ni el PSC ni Podemos. Hoy ha sido Ciudadanos el partido que ha evitado la ruptura de este país”. Rivera anunció el funeral “de la vieja política”, y aventuró el principio de una nueva era “que comienza esta noche”.

“Artur Mas ha sido el que ha querido que pasemos de tres a 25 diputados”, dijo Rivera, que planteó estos comicios como una previa para la gran pelea: las elecciones generales.

El monje de Montserrat votó por correo pero no dice por quién

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Bernabé Dalmau es el mayor de ocho hermanos. “A todos los casé yo”, dice con orgullo. No es sólo el sacerdote de cabecera de su familia. Es también uno de los monjes más antiguos de la Abadía de Montserrat, donde vive desde hace 55 años.

Reportaje gráfico: David López Frías

Los otros capítulos de la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

Bernabé Dalmau es el mayor de ocho hermanos. “A todos los casé yo”, dice con orgullo. No es sólo el sacerdote de cabecera de su familia. Es también uno de los monjes más antiguos de la Abadía de Montserrat, donde vive desde hace 55 años.

Bernabé Dalmau (Igualada, 1944) no se moverá este domingo de Montserrat: “Es que yo ya he votado, ¿sabe? Lo he hecho por correo como hacemos las tres cuartas partes de los monjes. Hay un monje encargado de llevar el control de los DNI. Elegimos papeleta, rubricamos con firma electrónica y votamos. Es mucho más cómodo que bajar al pueblo”, explica sonriente.

No se pronuncia sobre sus preferencias políticas ni se presta a pronósticos porque así se lo han pedido desde la dirección de la abadía. Es la única condición que impone Montserrat para la entrevista: “Nada de preguntas sobre la independencia. Son las normas. Montserrat es de todos y no queremos que haya malos entendidos ni discusiones relativas al proceso”.

Yo acepto las reglas. Pero Bernabé no rehúye hablar de las elecciones aunque sea de forma tangencial. “Siempre voto. Con responsabilidad y emoción. No falto a unas elecciones autonómicas ni a unas generales. Yo nací en pleno franquismo por lo que soy un enamorado de la democracia y creo que es un derecho que hay que ejercer”.

Los únicos comicios que se suele saltar son los municipales porque son “los que menos nos afectan”. El monasterio depende de Monistrol de Montserrat, un pequeño pueblo situado a los pies de la montaña. Pero a efectos prácticos se podría decir que es el municipio de Monistrol el que depende económicamente del monasterio. La montaña de Montserrat no tiene ayuntamiento pero genera casi toda la actividad laboral de la comarca.

Monistrol es un pueblo que no llega a los 3.000 habitantes. No tiene industrias ni servicio. Por la Abadía pasaron 2,4 millones de personas el año pasado.

“Muchos de los habitantes del pueblo trabajan en la Abadía”, dice el monje. “Si conocemos a algún concejal del Ayuntamiento es porque trabaja aquí y lo vemos de vez en cuando”.

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Un niño cantor

En Montserrat sólo quedan tres monjes que procedieran de la legendaria escolanía del monasterio. Bernabé Dalmau es uno de ellos. La escolanía es una coral que hace giras por todo el planeta. Su canal de Youtube cuenta un millón y medio de visitas.

“Nací en el seno de una familia muy religiosa, muy cristiana y muy catalana”, explica el monje. “No sé por qué me trajeron aquí a cantar con nueve años ya que nunca destaqué por cuestiones musicales. Pero el hecho es que estuve aquí hasta los 13. El ambiente me pareció tan agradable que empecé a plantearme la idea de ingresar como monje y con 16 años volví para quedarme”.

Dalmau se licenció en Teología y en su proceso de preparación pasó por Estrasburgo y Roma. Con 28 años y ya ordenado sacerdote, volvió al monasterio y se quedó aquí a vivir.

Además de monje es escritor y editor. Empezó a escribir como distracción para pasar los ratos muertos. En 2016 cumplirá 30 años como director de la revista Documents d’Esglesia, una publicación mensual de 64 páginas que se edita desde 1966 y que recoge detalles del mundo católico en catalán.

Dalmau ha escrito una veintena libros, todos ellos de divulgación cristiana. “Siempre tengo tres libros en mente. El que sale, aquél en el que estoy trabajando y el que estoy proyectando”. Es el autor de títulos como Envejecer con dignidad o Manual cristiano de autoestima. Sus dos ocupaciones confluyen y aprovecha muchos de los textos de la revista para sus libros y viceversa. “Es muy catalán esto de aprovecharlo todo”, reconoce con una sonrisa pícara.

Al igual que Bernabé, la mayoría del medio centenar de monjes que viven en el Monasterio estarán pendientes del televisor el domingo para seguir el transcurso de las elecciones. “Claro que tenemos tele, ¿qué se cree? Una sala con una pantalla muy moderna y unos asientos bien cómodos. Tenemos hasta Internet. De hecho, cada monje tiene su propio ordenador para trabajar”, explica con gracia.

“Cada mañana rezamos una plegaria que se transmite por la radio y por Internet”, dice Dalmau. “Fíjese: una de mis hermanas se despierta todos los días escuchándome desde su casa y alguno oye esa plegaria en el coche, de camino a su trabajo”.

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Una abadía menguante

El monje tiene siete hermanos y 22 sobrinos, que a su vez tienen 22 hijos. “¿Curioso, eh? Pues uno de estos pequeños acaba de entrar a cantar en la Escolania de Montserrat en la que yo entré”, dice Dalmau, que no cree que ninguno de estos jóvenes vaya a heredar su vocación.

“En mi época era mucho más habitual hacerse monje”, explica. “Luego llegó la Transición y con ella el Estado del Bienestar y una sociedad más materialista. Cambió la forma de transmitir la fe. Hace ya tiempo que se ha reducido el número de personas que quieren ordenarse sacerdotes. Antes pensaba que tal vez fuese mejor así, que me parecía mejor que fuésemos pocos pero buenos. Ahora pienso que igual somos demasiado pocos”.

Dalmau entiende que este desinterés por la fe es “fruto de una carencia importante de cultura religiosa”. A pesar de esta presunta disminución de interés por la fe entre los más jóvenes, Dalmau no cree que los monjes vayan a desaparecer nunca de Montserrat. Aquí hay monjes de todas las edades. “El más mayor tiene 93 años y es el único que llegó antes de la Guerra Civil. El más joven tiene 23 y la próxima semana recibiremos a unos candidatos que rondan los 40 años”.

La transmisión de la fe es una de las razones por las que la vida monástica atrae cada vez a menos gente. Los horarios de los monjes podrían ser otro de los motivos: “Nos levantamos a las cinco y media y a las seis rezamos la primera plegaria durante tres cuartos de hora. Después tenemos tiempo para una plegaria personal libre que cada uno realiza como cree conveniente. Leyendo, en su habitación, paseando… Así hasta las 7:30, cuando hacemos la segunda plegaria conjunta del día. A las ocho almorzamos. Luego tenemos tres horas de trabajo y a las 11 celebramos la misa de comunidad”.

A esa hora es cuando llegan los turistas y los monjes se retiran a trabajar hasta la una y media, que es cuando se juntan para comer. A las tres hacen otra plegaria y siguen trabajando. “En torno a las nueve y media ya puedes estar durmiendo”, dice el monje. “Como puede comprobar, tenemos un horario bastante europeo”.

“Llevamos en la montaña más años que la propia virgen”, dice Dalmau. “En 1023, el Abat Oliva trajó a este monasterio a los primeros monjes procedentes del Ripollés. Los estudios aseguran que la imagen de la virgen llegó a la montaña en torno al año 1200. Llegamos casi 200 años antes que ella” explica entre risas.

El monje es un ferviente defensor de la ciencia y salpica su relato con datos probados: “No me gustan las leyendas. Soy más de hechos contrastados”.

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Una ‘Moreneta’ blanca

No da por buena ninguna de las leyendas que existen en torno al color negro de la piel de la Virgen de Montserrat, conocida por los catalanes como La Moreneta. “Su color negro se debe a la oxidación del material con el que está fabricada la figura”, dice. “Las sucesivas restauraciones conllevaron que los restauradores pintasen la cara del color que la veían. Como cada vez estaba más oscura, al final la acabaron pintando de negro. De hecho, se sabe que la aplicación de ese color en su cara data de una restauración practicada hace 150 años”. Dalmau apunta una curiosidad: “En el altar de la Basílica de San Pedro del Vaticano hay una figura de una Virgen de Montserrat que procede de Brasil y que es totalmente blanca”.

Dalmau ampoco cree el mito que dice aquí se guarda el Santo Grial. “Ésa es otra leyenda que se popularizó en el siglo XX, pero no he encontrado referencias anteriores. Es algo que procede de la afición de Hitler por Wagner. En su ópera Parsifal hablaba de que un grupo de guerreros protegían el cáliz de Cristo en una singular montaña sagrada llamada ‘Montsalvat’. El parecido con Montserrat y la particular orografía de nuestro monte llevó a los nazis a pensar que aquí podría hallarse el grial. Un día vino Himmler a visitar el monasterio. Lo atendió un monje que hablaba alemán. Estuvieron hablando cerca de dos horas, se dio un paseo por la abadía… y tal y como vino se marchó”.

Dalmau acaba la entrevista y se recoge a sus aposentos para seguir trabajando. Espera con impaciencia los resultados de las elecciones y cree que tendrán mucho seguimiento entre los monjes: “Hay mucho interés por todas las noticias que se producen en nuestro entorno. Recuerdo que nunca se congregaron más monjes en torno al televisor que el 11 de septiembre de 2001, cuando atentaron contra las Torres Gemelas”.

La tele no es uno de los divertimentos preferidos de Dalmau. El monje prefiere acceder  a la información por Internet. Antes de marcharse confiesa: “A lo que no he conseguido aficionarme es a eso [se toca varias veces la palma de la mano con el dedo índice] a eso del móvil”.

Y se despide con una carcajada.

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Extranjeros por la independencia

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Una ‘tupamara’ uruguaya, una abogada griega y un ilustrador griego han creado una asociación independentista al margen de la ANC. Reivindican un independentismo distinto y dicen que la secesión traerá “menos paro” y “papeles para todos”.

Reportaje gráfico: David López Frías

Una ‘tupamara’ uruguaya, una abogada brasileña y un ilustrador griego han creado una asociación independentista al margen de la ANC. Reivindican un independentismo distinto y dicen que la secesión traerá “menos paro” y “papeles para todos”.

“Dicen que a los catalanes nos van a expulsar de la Unión Europea, del euro, del BCE, del FMI, de la ONU y hasta de la Liga. ¡Cojones! ¡Qué mala suerte! ¡Nos van a echar de todos lados menos de España!”.

Lo dice Ana Surra, que nació en Montevideo hace 63 años. Es uruguaya pero lleva once años en Barcelona, se siente catalana, se declara independentista y ejerce como tal. Figura en el número 47 de la lista de Junts pel Sí y es una de las fundadoras de Sí amb Nosaltres, una de las entidades que aglutinan a independentistas nacidos fuera de España. “Cada vez somos más los inmigrantes que nos damos cuenta de que no queremos seguir ni un minuto más gobernados por un Gobierno represivo y de derechas como el del Estado español”.

Surra vive en la zona barcelonesa de Nou Barris. Fue dirigente sindical, guerrillera y miembro del aparato militar de los tupamaros en Uruguay. Huyó de su país en 1975 después de un golpe de Estado y se instaló enValparaíso (Chile), donde se puso a trabajar para los pirquineros, los mineros más pobres del país. “Mi labor era alfabetizarlos peri también formación militar”, recuerda. Allí escapó de otra dictadura (la de Pinochet) y llegó a Panamá. De Centroamérica dio el salto a Europa. Primero a Bélgica, luego a Francia y por fin a Barcelona. “Llegué a Cataluña por un hombre”, dice con gracia. “Concretamente por mi nieto. Mi hijo se casó con una cubana que consiguió trabajo en Barcelona. Me instalé aquí para poder ver al niño”.

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Aquí Surra se ha integrado tanto que ahora centra sus objetivos en contribuir a que Cataluña se separe de España. “La independencia no es un anhelo exclusivo de los catalanes arraigados sino de todas las personas que vivimos en esta tierra y estamos hartos de las políticas del Gobierno español”, explica. “Somos 285.000 inmigrantes y cada día aumenta el número de los que nos hemos cansado”.

La asociación Sí amb Nosaltres nació una tarde en la que Ana Surra estaba viendo la tele. “Escuché a varios políticos de Madrid diciendo que en Catalunya no nos iban a dejar hablar castellano y me dije que eso era mentira”, explica. “Llevo más de 10 años aquí y nunca he tenido ningún problema con el idioma”.

Aquella indignación le llevó a comenzar a militar en la causa soberanista: “Empecé a asistir a actos de Súmate pero allí me dijeron que aquella era una entidad independentista para gente del resto de España. Al poco tiempo me propusieron montar un grupo que aglutinase a inmigrantes independentistas como yo”. De ahí pasó a organizar una primera reunión a la que asistieron personas de varias partes del mundo: “Había gente de Irlanda, Alemania, Rumanía, Uruguay, Paraguay, Argentina…”.

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Una abogada brasileña

En aquel primer encuentro estaba también la abogada brasileña Maria Dantas (Aracajú, 1969). Dantas fue una de las fundadoras de la asociación sectorial de inmigración de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) pero acabó abandonando la entidad. “Les respetamos mucho y a menudo trabajamos juntos, pero no nos vimos plenamente representados y decidimos marcharnos para formar una entidad aparte”, aclara. Los planteamientos de ambas entidades difieren en detalles fundamentales. “Nosotros no hablamos de la Guerra dels Segadors ni de 1714 ni de la Secesión ni de las guerras borbónicas ni de la cuestión nacionalista histórica”, subraya Dantas. “La nuestra es una reivindicación mucho más actual por los derechos civiles, la justicia social y la democracia”.

El grupo lo forman sobre todo personas de Europa y Latinoamérica. Lo definen como plural y heterogéneo: “No hay un pensamiento único. Es una señal de salud democrática. Hay gente de izquierdas y de derechas. Yo celebro el abrazo entre David Fernández (CUP) y Artur Mas (CDC) porque creo que no fue el abrazo entre dos políticos de ideologías opuestas sino entre dos seres humanos con un anhelo común: la independencia”, explica María, que no desvela por quién de los dos votará.

“Igual no te voto”, le vacila a Ana Surra, que encaja bien el golpe: “Mi nieto me dice lo mismo porque no le gusta Artur Mas. Ha heredado el espíritu izquierdista de su abuela”, dice.

“En realidad el objetivo final debe ser quemar las banderas y construir un estado democrático y social”, explica Yorgos Konstantinou (Salónica, 1967). Este dibujante e ilustrador griego es otro de los miembros de Sí amb Nosaltres”. Se considera una persona de izquierdas y asegura que quiere romper con España “entre otras cosas porque quiero deshacerme de un estado que tiene raíces franquistas y una monarquía impuesta por un dictador”.

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El griego habla euskera

Konstantinou residió en el Berlín comunista durante los años 80. Allí colaboraba con el extinto semanario cultural Sonntag y vivió la caída del muro. Añorando la vida en el sur de Europa, se instaló en el País Vasco en 1995. “Lo primero que presencié al llegar a Bilbao fue una gran manifestación de vascos de todos los estratos sociales. Había jóvenes, ancianos, anarquistas, madres, punkis y niños con sus abuelos. Al día siguiente compré el diario El País para informarme de lo que había pasado. Lo único que publicó ese periódico fue que unos encapuchados habían quemado una bandera española en el ayuntamiento. Yo no me percaté de ese suceso, pero sí que vi que El País estaba obviando a 10.000 personas que habían salido a la calle. Ahí empecé a simpatizar con las causas independentistas de la Península”.

“España está utilizando el discurso del miedo para afrontar el problema de Cataluña”, dice Konstantinou. “Y si el miedo debe ser el motor de nuestras decisiones, apaga y vámonos”.

Los independentistas foráneos discrepan en las metáforas. El griego cree que la relación entre España y Cataluña es como “una pareja que no funciona”: “El miedo nunca va a ser la solución para recuperar ese cariño o esa confianza”. Ana Surra es mucho más dura y la compara a “una violación en la que el violador se queda en tu casa y te dice que no vas a poder hacer tu vida. Yo lo que quiero es que el violador se vaya ya”.

“Lo que ocurre es que ahora somos más y el violador está acorralado”, concluye la brasileña Maria Dantas.

En esta línea, Surra asegura que no se cree las amenazas que usan en España y en Europa para amedrentarnos. “¿Cómo nos van a echar del euro? En Sudamérica hay dos países, Panamá y Ecuador, en los que circula el dólar como moneda oficial. Aquí se podría usar el euro sin problemas”. Konstantinou recurre a los dos ejemplos europeos: “Kosovo y Montenegro utilizan el euro sin estar dentro del eurogrupo. En Cataluña no tendría por qué ser distinto”.

Sobre la hipotética salida de Cataluña de la Unión Europea, Ana Surra recurre a la historia de su país: “Hace doscientos años que Uruguay dejó de estar bajo el dominio español ¡Y el país no se quedó flotando en el espacio sideral! Permaneció donde estaba. Pudimos hacer nuestras propias leyes y un banco central que controla al resto. En Cataluña va a pasar lo mismo”.

Tampoco les ha provocado miedo la reciente declaración de los bancos catalanes que han amenazado con marcharse si llega a cristalizar la independencia. “En tres días 600.000 personas sacamos todo nuestro dinero de esas entidades y lo metemos en la Caixa d’Enginyers. Son los bancos los que deben teneros miedo y no nosotros a ellos”, sentencia Konstantinou.

Papeles para todos

Ana Surra enumera tres motivos fundamentales que un extranjero tiene para apoyar la independencia: “El trabajo, los papeles y la dignidad”.

“En cuanto acabe el expolio económico español, habrá más trabajo en Catalunya y los inmigrantes saldremos beneficiados”, dice Surra. Sobre los papeles, opina que las políticas de Madrid en ese sentido son injustas y subjetivas.

“Hay gente que pasa muchos años sin obtener el permiso de residencia”, dice la uruguaya. “Otros llegan, se compran una casa de 500.000 euros y tienen la residencia al día siguiente. En ese sentido, los partidos independentistas ya nos han asegurado que catalán será el que resida en Cataluña. Está escrito en la hoja de ruta de ERC y en su momento en la de CiU. También lo reflejan así desde la CUP. Por eso le decimos a todos los inmigrantes que con la independencia van a tener papeles pero que para ello deben seguir con nosotros organizados”.

Los miembros de Sí amb Nosaltres auguran un futuro brillante para los extranjeros en una hipotética república catalana. “Entre todos los inmigrantes hablamos 268 lenguas y eso será muy positivo para las relaciones diplomáticas y comerciales con los otros países”, dice Surra, que no habla catalán. “Seremos el único estado que pueda relacionarse con la diplomacia de las otras naciones en su idioma y de eso tendremos gran parte de responsabilidad los nuevos catalanes”.

Quienes sí hablan catalán son Maria Dantas y Yorgos Konstantinou. El griego también habla español, inglés, alemán, italiano, holandés, polaco y algo de euskera. “Cuando llegué a Bilbao, me propuse aprender tres palabras al día. A los seis meses ya podía mantener una conversación más o menos fluida con los vascos. Como un indio, sí. Pero un indio que habla euskera. Ésa fue una de las grandes diferencias que encontré en cuanto llegué Cataluña. Aquí cambian el idioma de forma automática en cuanto ven que eres extranjero. Enseguida se dirigen a ti en español. Este complejo debe cambiar en una Cataluña independiente”.

Los tres consideran que es demasiado tarde para el federalismo. “La tercera vía no tuvo éxito en la consulta del 9-N”, recuerda Surra. “España aún podría ganar muchos votos si hiciese un ejercicio de humildad, intentase convencernos y reconociese errores”, dice su colega griego.

“Tampoco le estamos pidiendo tanto a España. Sólo que haga lo mismo que hizo el “derechón Cameron en Inglaterra con Escocia y nos deje decidir”, ruega Dantas, que se niega a elogiar aquel proceso: “Lo que pasó simplemente fue un síntoma de normalidad democrática. No envidiamos aquel proceso. Cameron no es ningún santo. Lo único que hizo es respetar la normalidad y la ley. Es lo que le reclamamos a España”.

Konstantinou asiente: “Que no nos traten como a adolescentes y que al menos nos dejen soñar”.

El exportador de cava no se moja sobre el proceso de Mas

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Pere Guilera regenta una de las bodegas con más solera de la comarca del Penedès. El sector ha sobrevivido sin despidos a la crisis y al boicot al cava catalán. Aquí cuenta su historia y se resiste a pronunciarse sobre el proceso soberanista: “Venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”.

Reportaje gráfico: David López Frías

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Pere Guilera regenta una de las bodegas con más solera de la comarca del Penedès. El sector ha sobrevivido sin despidos a la crisis y al boicot al cava catalán. Aquí cuenta su historia y se resiste a pronunciarse sobre el proceso soberanista: “Venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”.

El ingeniero agrícola Pere Guilera (Subirat, 1949) es el propietario de Cava Guilera, una empresa familiar que cuenta con nueve hectáreas de viña y en la que sólo trabajan tres personas: él, su hija y su yerno. Guilera vende unas 25.000 botellas anuales. La quinta parte las exporta a países como Bélgica o Finlandia.

Guilera es uno de los productores de cava en activo más veteranos de la comarca del Penedès. Es hijo, nieto y padre de productores. Nació y creció en la misma finca en la que hoy vive y trabaja. Desde que era pequeño cuida de las viñas, pisa las uvas y acarrea las herramientas. “Eso no ha cambiado”, explica. “A los tres nos toca hacer de todo. Lo único que yo no hago es ponerme a hablar inglés con las visitas. Eso se lo dejo a mi hija”.

Guilera no ha conocido otro entorno ni tiene intención de hacerlo. “Mi hija me dice que ahora que me voy a jubilar debería ir pensando en otras distracciones. Yo le pregunto que si es que me quiere matar. No sabría estar fuera de este lugar”. Así cuenta él mismo la historia de la empresa:

Mi familia empezó a producir cava en 1927. Mi abuelo, Pere Guilera, trabajaba para un viticultor que se llamaba Calixto. Cuando hubo aprendido todos los secretos del oficio, decidió montar su propio negocio. Corría el año 1933 cuando compró esta finca y levantó su propia bodega. Lo hizo justo antes de la guerra. Al dejar de trabajar para un gran productor corría el riesgo de enemistarse con los de un bando. Al convertirse en nuevo propietario, podía ser considerado un traidor por los otros. Además se hipotecó para varios años en una época de incertidumbre económica. Tomó decisiones muy valientes. Por eso lo llamamos “agosarat” (atrevido en catalán). Hoy, 82 años después, su finca sigue funcionando a pleno rendimiento y nuestro mejor cava se llama así: “Agosarat”, en honor al atrevimiento del pionero y fundador de la empresa.

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Guilera no tiene visos de salir de las viñas. En los últimos quince años ha invertido mucho dinero en su empresa para fortalecerla. Pero no persigue producir más cava ni vender más botellas. Su estrategia ha sido la diversificación del negocio. “Hemos apostado por el enoturismo, que es lo que ha salvado la economía de este pueblo”, explica. “Todos los habitantes de Subirats se benefician de este tipo de turismo. Las bodegas porque los visitantes compran nuestros productos y realizan actividades. Los comercios de la zona porque aumenta el gasto en las tiendas. Los hosteleros porque la gente se queda a comer…”.  

Este nuevo tipo de turismo está atrayendo sobre todo a americanos, escandinavos y alemanes. “Son personas de un alto nivel cultural y entendidos en vino”, explica Guilera. “No es gente que viene a emborracharse. No queremos que vengan a beber sino a aprender y a divertirse”. 

“Lo llevamos haciendo desde principios del siglo XXI”, dice el dueño de la empresa. “Nos dimos cuenta de que este negocio no consiste sólo en beber y en vender. Decidimos montar un pequeño museo y explicar el proceso de fabricación del vino, la historia de la comarca, la presencia de los romanos. Proponemos paseos, acampadas entre los viñedos con autocaravana, aperitivos y comidas con maridajes. También ponemos a los turistas a pisar uva. Es una de las experiencias más divertidas. Vienen familias enteras”.

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Contra el vertedero

¿Es difícil cambiar las inercias de un negocio familiar? Guilera reconoce que hubo varios factores para dar el paso. Uno de ellos fue la lucha contra un gigante: “A finales de los 90 quisieron instalar en nuestro pueblo el gran vertedero de basuras del área metropolitana de Barcelona. Lo iban a poner aquí, delante de nuestras narices”, recuerda el propietario de la empresa, que cuenta que el proyecto ya estaba validado y a punto de ser aprobado por el pleno.

“El ayuntamiento había recibido incluso un cheque de cinco millones de pesetas como adelanto”, dice Guilera. Con muy poco margen de maniobra, en un tiempo récord y con la suerte casi echada, Pere lideró un movimiento ciudadano contra el proyecto. “Recogimos firmas, recurrimos a los medios, movilizamos a los vecinos, hablamos con el alcalde y protestamos delante del ayuntamiento. Todos trabajamos codo con codo”. Al final el alcalde se echó atrás. “Fuimos conscientes de que esa vez habíamos salvado nuestro entorno natural, pero podría haber un segundo intento. Por eso decidimos que teníamos que empezar a montar negocios que tuvieran al paisaje como  protagonista. El enoturismo es uno de ellos”.

El otro factor que llevó a Guilera a reinventar y diversificar su negocio pudo ser el intento de boicot a los productos catalanes durante los años de la batalla en torno al Estatuto catalán. Guilera reconoce que las ventas bajaron “de forma sensible”.

“Al fin y al cabo trabajamos con muchos clientes del resto de España”, explica.

Y sin embargo Guilera vio en el boicot una oportunidad: “Pensamos que podíamos establecer nuevas relaciones comerciales con otros territorios. Me di cuenta de que debía dejar de depender de la venta pura y dura de vino”.

Su carácter didáctico y el empuje de su hija, licenciada en Publicidad, hicieron el resto. Ahora es una de las bodegas del Penedès con más actividades para turistas. A pesar de aquel intento de boicot, Guilera sigue “confiando en los lazos comerciales y de amistad con el resto de España. Nuestras ventas allí suponen el 10% de nuestra facturación. Hemos empezado a trabajar con una tienda de Madrid que vende sólo cava”.

El propietario de la empresa intenta ser diplomático en todas sus respuestas y recuerda que el lema de la empresa es “Prohibido hablar mal de nadie” cuando el reportero le pregunta por su opinión sobre el proceso de independencia catalán. Enseguida muestra una escultura que le hizo un artista granadino después de una visita: “Tenemos amigos en todas partes”.

¿Le gustan a Guilera los espumosos que se producen en otros lugares de España? “No está mal pero en ningún otro sitio tienen la uva Xarel·lo, que es la que de verdad le da carácter a nuestro cava”.

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Mudo sobre el proceso

A las puertas de las elecciones, Guilera no se pronuncia de forma pública sobre sus preferencias políticas ni sobre la situación que está viviendo Cataluña: “Lo que yo opino del proceso es que, venga lo que venga, ojalá me pille trabajando”, bromea. No se moja en cuestiones políticas ni desvela si va a votar a favor de la independencia. Sí lo harán la mayor parte de sus vecinos: Subirats es uno de los ayuntamientos que se han adherido a la red de ayuntamientos por la independencia. El municipio tiene 3.000 habitantes y es el más extenso y disperso de la comarca.

“Yo no te diré si soy independentista o no”, dice el dueño de la empresa. “Yo soy Pere Guilera, un empresario. La figura del empresario no vota. Sólo trabaja e intenta crear puestos de trabajo”. Sus antecedentes tampoco dan muchas pistas. Fue concejal durante dos años en una plataforma local independiente llamada Subirats Un Nou Futur. “A los dos años me fui porque me aburría”, admite. “La política no es para mí. Me gusta hacer cosas por los demás pero no así”.

Pere Guilera está obsesionado por el bien común. Entiende que esa es la clave del éxito: “olvidarnos de individualidades y optar por la unidad”. El ejemplo que pone es el de la plaga de la filoxera en 1860: “Fue un desastre mundial. En la comarca del Vallès había 20.000 hectáreas de viña y no quedó ni una viva. En el Baix Llobregat 20.000 más a las que les pasó lo mismo. En el Penedès, en cambio, nos recuperamos enseguida. Mientras en el resto de comarcas tuvieron que optar por cambiar de cultivos, aquí estuvimos produciendo vino de nuevo a los 10 años. Esto se consiguió gracias a la solidaridad y el trabajo en equipo de Los 7 sabios de Grecia. 

Ése era el nombre con el que pasaron a la posteridad los siete principales viticultores de la comarca: Marc Mir, Rafael Mir, Manuel Raventós (de Codorniu), Francesc Romeu, Pere Rovira de la Foradada, Modest Casanovas y Antoni Escayola. Ante el desastre provocado por aquel insecto llegado de América que se comió todas las cosechas, los siete se reunieron para decidir si cambiaban de cultivo o intentaban recuperar la viña.

“Era gente ilustrada que había viajado a Francia para conocer la solución contra la filoxera”, recuerda Guilera. “Entonces la mayoría de los payeses y de los pequeños productores eran analfabetos. Los siete sabios tenían dos opciones: quedarse la solución para ellos solos y lograr el monopolio de la uva o compartir el remedio con el resto de los productores. Optaron por la segunda. Trabajaron para los demás. Convocaron un congreso con todos los viticultores y les dieron la clave: había que arrancar las vides e implantar nuevas variedades. Eso salvó la uva de la comarca”.

Pere Guilera cree que “el cava está viviendo su segunda edad de oro” después del boom de los 80 y 90. “Hemos pasado la crisis sin despidos, sin recortes de sueldos y sin ERE”, explica. “No hablo de mi empresa sino de las más de 200 que operan en la comarca. Somos un ejemplo”. Afirma no tener miedo a que la independencia catalana imponga aranceles, impuestos y fronteras: “Todos los cambios han de afrontarse con normalidad y con mucho trabajo. Mi abuelo montó esta empresa casi en mitad de la guerra. Pasó muchas tribulaciones y salió airoso. Tendríamos que quejarnos menos porque de todo se sale trabajando”.

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El retratista sirio de la Rambla recuerda que “la fuerza está en la unión”

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El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

Reportaje grafico: David López Frías

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El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

El Ayuntamiento de Barcelona limitó en 2013 el número de pintores y dibujantes que trabajaban en la Rambla. Tres años antes, había hecho algo similar con las estatuas humanas. Se trataba de premiar a los mejores artistas y todas las medidas fueron en la misma dirección: reducir el número de plazas reservadas a los pintores (de un centenar a 62), limitar los días de trabajo y ubicar a los artistas en un solo lado de la Rambla.

“Decían que lo hacían para mejorar la calidad de los cuadros, pero lo que hicieron fue robarle espacio al arte para entregárselo a los bares y a las terrazas, que dan más dinero”, dice Fouad Aboussada (Sweida, 1946), un pintor sirio que lleva casi 30 años trabajando en este rincón de Barcelona. “Llegué en 1987 y en esta parte de la ciudad se respiraba más arte que ahora. No nos pedían permisos ni hacía falta tanto control”, rememora con nostalgia. 

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Aboussada es ilustrador, dibujante y pintor. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Damasco. Al terminar la carrera, inició un viaje por el norte de África que le llevó a exponer sus obras en países como Túnez, Líbano o Argelia. Allí permaneció 10 años trabajando como profesor de dibujo. Organizó tres exposiciones en el Instituto Cervantes de Argel, donde conoció a varias personas que le sirvieron de contacto en España: “Decidí venir a Barcelona a hacer un doctorado y preparar una tesis sobre la influencia del arte árabe en la pintura moderna”.

Nunca lo acabó. Pero la ciudad le sedujo y se quedó a vivir. “Antes estuve viajando por Europa. Expuse en Viena, Berlín y Berna. Pero me afinqué en España, en Barcelona, porque este lugar es lo parecido a mi país. Es como mi tierra pero con menos líos. El clima, la gente… ¡Hasta la forma de mirarnos a los ojos! Salir a la calle y hablar con todo el mundo fue lo que me enganchó”.

Aboussada ha echado raíces en Barcelona. Se casó y ahora tiene dos hijas catalanas. “Ellas también son artistas”, explica con orgullo. “Una de ellas ya ha acabado Bellas Artes”.

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¿Qué queda de aquella Rambla que Aboussada conoció en 1987? “Bastante menos cultura. Pero eso no es culpa de los artistas sino de las instituciones que se la han ido cargando. Antes era diferente. No había tanto control y podíamos venir a pintar a diario. Ahora sólo nos dejan trabajar un día sí y un día no. Recuerdo que en aquellos tiempos se respiraba arte: teníamos que llegar a las siete de la mañana para coger el mejor sitio posible. Había personas de todas las nacionalidades y nos entendíamos bien. El idioma universal de la cultura tiene estas cosas: que puedes ver conviviendo en paz y armonía a un sirio, un iraquí y un israelí”, recuerda citando a dos compañeros ya fallecidos.

Las ordenanzas municipales han ido acorralando a los artistas. En 2000 se redactó la penúltima regulación, que impuso hasta el tipo de parasoles o taburetes que debían usar los pintores.

Luego se organizó un concurso para otorgar las licencias a los artistas. O mejor dicho para retirarlas porque el número de autorizaciones disminuyó.

Los polémicos castings de pintores tuvieron lugar en 2007 y apartaron de la Rambla a algunos dibujantes históricos. “Cuando yo llegué había una asociación de artistas. Ahora somos tres pero no hay entendimiento. Ni se preocupan por nosotros ni establecen relaciones con el ayuntamiento ni fomentan las exposiciones”, se queja Fouad, que reivindica que las instituciones “cuiden el arte para que la Rambla tenga vida”.

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Una gran alcantarilla

Esa vida de la que habla Aboussada no acompaña a la Rambla desde su origen. En sus inicios, el paseo más célebre de Barcelona no era más que un torrente por el que discurrían las aguas fecales que desembocaban en el mar. Sólo dejó de ser una gran alcantarilla en torno a 1440 cuando se desvió su caudal.

Cuentan los historiadores que la Rambla enseguida se convirtió en la zona de paseo favorita de la población pese al perfil macabro de la zona de la Boqueria, que debe su nombre a los boc o cabritos que allí vendían los judíos y donde había instaladas varias horcas para ejecutar a los condenados a muerte.

El día de Santiago de 1835 acontecieron unos hechos que cambiaron para siempre la fisonomía de la Rambla. El detonante fue una corrida de toros celebrada en el desaparecido Torín de la Barceloneta: la primera plaza de toros de España. Los animales seleccionados aquel día salieron especialmente mansos. Aquello caldeó los ánimos de un público ya exasperado a causa de la guerra civil entre liberales y absolutistas y la indignación se tradujo en una manifestación espontánea.

El sentimiento anticlerical de las clases obreras de Barcelona hizo que toda aquella ira se descargase contra los frailes. Les acusaban de quedarse con casi todo el trigo de la ciudad, de haber envenenado el agua y de tener inmovilizado gran parte del suelo urbano con conventos mientras la gente se amontonaba en casas precarias de varias alturas por falta de espacio.

El balance de aquella jornada fueron 12 conventos atacados y cinco destruidos por completo. Aquella revuelta hizo avanzar la desamortización de bienes eclesiásticos, regulada al año siguiente mediante el decreto del ministro Mendizábal, que liberó algunas propiedades del paseo y transformó la Rambla de forma radical.

Desde entonces la Rambla se ha convertido en el espacio de paseo por antonomasia de los vecinos y de los turistas. Cada tramo cuenta con su propia fisonomía e historia. Si se camina siguiendo el curso del agua (de la plaza de Cataluña a Colón), el paseo arranca en la Rambla de Canaletes, que recibe su nombre de su fuente más emblemática. La misma que con el tiempo se ha convertido en el punto de celebración de los títulos del Barça. Por debajo queda la Rambla dels Estudis, que debe su denominación a una antigua universidad, clausurada y convertida en cuartel por Felipe V en 1720. La siguiente zona es la Rambla de les Flors, donde aún se concentra el mayor número de floristerías por metro cuadrado de Cataluña. La parte central es la Rambla dels Caputxins, llamada así porque albergaba un convento de frailes (aquéllos que ardieron después de la fatídica corrida de toros). Esta parte también es conocida como Rambla del Centro y fue la primera zona de paseo de la sociedad barcelonesa.

La última zona es la de Santa Mónica y es la que acoge ahora a los artistas. Pero esto no fue siempre así. Además de los pintores, allí se ubican las estatuas humanas que hasta hace tres años se encontraban en mitad del paseo. La polémica ordenanza municipal las sacó del corazón de la Rambla del centro en 2012. Los artistas, tal y como asegura Aboussada, “cada vez lo tenemos más difícil, somos menos y estamos más controlados”. El sirio tiene la esperanza de que “el nuevo Gobierno municipal que acaba de entrar mejore algunos aspectos. Si no, veremos pronto más vendedores y más terrazas ocupando nuestro espacio y ahí se habrá acabado el arte en la Rambla”.

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A favor de la unión

Fouad Aboussada vive con expectación el proceso independentista en el que se halla sumida Cataluña. Asegura que prefiere que la comunidad autónoma no se separe del resto del país: “Me importa Cataluña y me importa España. No quiero una separación porque todos buscamos ser más fuertes. La fuerza está en la unión”. No obstante, el sirio se define como un demócrata convencido: “Estaré del lado de la decisión que tome la mayoría, porque esa será la visión correcta de lo que queremos”.

Aboussada tiene la percepción de que entre sus conciudadanos independentistas está primando demasiado el factor económico: “Nos dicen que teniendo nuestro propio estado seríamos más ricos y tal vez sea cierto. Pero el dinero no es lo único importante. Ni siquiera es lo más importante. Hay otros factores que conviene tener en cuenta. Yo creo que somos hermanos. Quizás algún día necesitemos la ayuda de Madrid o ellos la nuestra. Soy partidario de la unidad para ser más fuertes”.

Aboussada basa su argumentación en el conflicto que está azotando su país. Le cambia el tono de voz cuando lo aborda y su gesto se vuelve grave: “Siria es ahora un país más dividido que nunca. El Gobierno por un lado, los rebeldes por el otro, el grupo Estado Islámico por otro y los kurdos por ahí. ¿Cuál es el resultado? Millones de personas huyendo del país y muriendo en el intento de marcharse. Al final el pueblo es lo que menos importa. La gente mala tiende a organizarse para evitar que el pueblo decida e imponga la democracia. No comparo nuestra situación con la de Siria, obviamente, pero es un ejemplo de que la unión hace la fuerza”.

Los diarios de la Rambla

Fouad Aboussada tiene a casi toda su familia en Siria y lamenta que no va a poder regresar en mucho tiempo: “Allí tengo todavía muchas obras en algunas galerías y me encantaría volver”.

Por ahora debe quedarse sentado en su taburete de la Rambla de Barcelona, donde se siente a gusto: “Hay gente que no me cree, pero no hago esto sólo por dinero. Me encanta estar en la calle porque me relaciono con las personas, observo las cosas que pasan y las apunto en unas libretas a las que llamo Diarios de La Rambla. Debo de tener como seis blocs llenos de anécdotas y experiencias”.

La última que le ha emocionado tuvo lugar esta misma semana. Enciende su cámara de fotos Panasonic, enseña la imagen de una mujer llorando y explica su historia: “Hace 13 años vino un señor de Carolina del Norte con la foto de su nieto para que yo le hiciera un retrato. Se lo llevó a Estados Unidos y le gustó a toda la familia. Al poco tiempo, ese señor se murió. Su hija tuvo otra niña y quiso que tuviese un retrato como el que yo le hice a su hermanito. Lo intentó con varios pintores estadounidenses pero no le convenció el resultado. Este año ha venido a Barcelona de vacaciones sin saber donde me podía encontrar. Apareció aquí por casualidad. Reconoció la firma en uno de mis cuadros y empezó a gritar y a llorar de alegría. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de los últimos tiempos. Como te digo, no es sólo el dinero. Estas cosas te las da el arte y te las da la Rambla”.

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La sobretituladora del Liceu aún llora con ‘Parsifal’

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Glòria Nogué tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas. Desde hace casi tres décadas es la encargada de traducir los libretos de las óperas del Liceu. Aquí cuenta muchas anécdotas sobre el templo de la lírica y habla sobre el proceso soberanista catalán. Con ella iniciamos la serie ‘Espejos de Cataluña’: perfiles de personas anónimas en lugares emblemáticos de la región.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Glòria Nogué tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas. Desde hace casi tres décadas es la encargada de traducir los libretos de las óperas del Liceu. Aquí cuenta muchas anécdotas sobre el templo de la lírica y habla sobre el proceso soberanista catalán.

Hubo un tiempo en el que la ópera era un coto sólo para las elites. Sólo un políglota podía comprender una obra cantada en italiano, ruso o alemán.

El primer teatro español que contribuyó a democratizar este arte fue el Liceu de Barcelona. Su director Josep Maria Busquets había asistido en 1988 a una ópera de Wagner en un teatro de Chicago. La obra era en alemán pero todos los presentes pudieron seguirla con unas líneas de texto en inglés que se iban proyectando unos metros por encima del escenario. Busquets, impresionado, se lo dijo a su director artístico Albin Hanseröth: “¿Por qué no ser los primeros en incorporar esta técnica aquí en España?”.

Busquets y Hanseröth pusieron rumbo a la ópera de Colonia: el único de Europa que utilizaba la técnica del sobretitulado. Allí copiaron el sistema y lo importaron al Liceu. Sólo faltaba una pieza en el engranaje: la sobretituladora. Es decir, una persona que tradujera y reinterpretara los libretos para poder resumirlos en frases breves. Se trataba de encontrar a una persona que tuviera una formación musical avanzada y dominara varios idiomas: sobre todo italiano, inglés y alemán.

“Yo estaba acabando mis estudios musicales en Madrid cuando me lo propusieron”, recuerda Glòria Nogué (Barcelona, 1963), que desde entonces ha sido la sobretituladora del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Tiene el título de directora de orquesta y habla seis idiomas: castellano, catalán, inglés, francés, italiano y alemán. “Algo de ruso también”, apostilla antes de explicar que no sólo traduce los libretos. También adapta los tiempos, sintetiza las escenas, elige las mejores frases y facilita así a los espectadores la comprensión.

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Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Los puristas se quejan

Muchos criticaron la decisión de Josep Maria Busquets a finales de los 80. “¡Sacrilegio!”, le dijeron alguno de sus colegas. “¡Eso es un escándalo! ¡La ópera es intocable y usted se la está cargando!”. Pero aquel pionero hizo oídos sordos y estrenó los sobretítulos el 7 de noviembre de 1988. La obra en cartel era Don Carlo de Giuseppe Verdi y al público le gustó.

“Se convirtió en un éxito instantáneo”, recuerda Nogué. “Todo el mundo quería venir al Liceu, al lugar donde se podía entender la ópera. Habíamos convertido en accesible un arte maravilloso. Ya no estaba reservado a unos pocos privilegiados. Ya no había que imaginar qué decían los actores. Niños o espectadores de cualquier clase social podían comprender lo que estaba pasando sobre el escenario. En poco tiempo pasamos de ofrecer dos pases de una ópera a tener que doblar o triplicar el número de funciones. Ahora cualquier teatro del mundo cuenta con un sistema de sobretítulos. Es algo inherente a la ópera”.

Los tiempos han cambiado pero el Liceu sigue disponiendo del mismo modelo de pantalla que se usaba a finales de los 80. “Es un panel de madera revestido de una tela gris que se sitúa unos metros por encima del escenario”, explica Nogué. “Todo muy simple. Desde mi posición enfoco un proyector que lanza los textos sobre la pantalla. Así, el público lee lo que está pasando en escena en tiempo real. Eso no ha cambiado. Lo que sí se ha incorporado con los años ha sido una pequeña pantalla en cada butaca. Eso permite ofrecer textos en tres idiomas. Sobre el escenario se proyectan en catalán. En los monitores de los asientos se puede leer el librero en castellano y en inglés”.

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El proyector

Nogué explica su trabajo desde su base de operaciones: un diminuto habitáculo situado en la cuarta planta del Gran Teatro del Liceu. Su laboratorio consta de un proyector, tres pantallas conectadas a cámaras a la altura del escenario y un ordenador equipado con un programa especial.

“Subtitular ahora es sencillísimo”, explica Nogué. “Ahora disponemos de un programa que nos permite editar sobre la marcha, temporizar, decidir durante cuántos segundos queremos que permanezca una frase, cambiar una coma una milésima antes de que salga en pantalla”.

Los inicios fueron mucho difíciles: “El sistema era muy rudimentario. Había dos carros cargados con 80 diapositivas de celulosa donde estaban escritos los sobretítulos. Un cañón de luz enfocaba primero la diapositiva del carro de la derecha y luego la del carro de la izquierda… Así sucesivamente hasta llegar a las 160”.

El sistema se atascaba a menudo y descuadraba toda una ópera. “Nos pasó el día del estreno”, recuerda entre risas Nogué. “Entonces mi puesto de mando estaba en la quinta planta y los carros se situaban en la cuarta. De pronto se atrancó una de las diapositivas y todo empezó a ir mal. Aún recuerdo la velocidad a la que bajé las escaleras para desatascarla y hacer el cambio manual”.

Aquel sistema de sobretitulación no dejaba más que anécdotas: “Yo traducía el libreto pero las diapositivas se confeccionaban en Alemania. Eran textos en catalán y la persona que los insertaba era alemana. Por mucho empeño que pusiese, las faltas de ortografía eran muy habituales. Si el error era leve, yo misma me encargaba de taparlo con tipp-ex. Pero en ocasiones encontraba fallos gravísimos. En esos casos cogía la diapositiva defectuosa y la devolvía a Alemania para que fabricasen una nueva”, explica.

La logística daba lugar a dramáticas esperas. “Yo pasaba muchísimos nervios cuando el material no llegaba. Una vez estábamos a punto de estrenar Ariadna en Naxos de Richard Strauss. Íbamos a empezar y las diapositivas seguían en camino. El mensajero nos iba avisando a medida que iba cruzando las aduanas. Recuerdo que recibimos el sobre dos minutos antes de izar el telón”.

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Wagner en 700 láminas

Montserrat Caballé fue la protagonista de Salomé, la segunda ópera sobretitulada de la historia del Liceu. “Aquella temporada traducimos tres”, recuerda Nogué. “Durante los cinco años siguientes aumentamos la oferta. La gente lo pedía. Empezamos ciñéndonos a las 160 diapositivas que permitían los carros. Pero poco a poco tuvimos que sobretitular óperas de Wagner, que exigían como 700 láminas. Guardábamos todas las obras en un armario blindado. Aquello era un tesoro”.

Aquel tesoro lo arrasó el fuego el 31 de enero de 1994. En torno a las 10 y media de la mañana, la chispa de un soplete provocó un incendio que destruyó el teatro casi por completo. “Yo no estaba dentro pero andaba muy cerca”, recuerda Nogué. “Me encontraba a unos 700 metros en la plaza de Catalunya. Desde allí podía ver la densa columna de humo emergiendo desde el corazón de La Rambla. No sabía lo estaba pasando y le pregunté a la gente. ‘Es crema el Liceu! Es crema el Liceu!’ gritaban. Yo empecé a correr Rambla abajo”.

A Nogué aún se le quiebra la voz cuando repasa aquel episodio:  “Llegué casi sin aliento. Lo que encontré fue un edificio envuelto en llamas y a todos mis compañeros llorando en la puerta. Fue una de las experiencias más tristes de mi vida”.

Así ardió el coloso que abrió sus puertas en 1847 y que salió vencedor de la rivalidad con el otro gran teatro de La Rambla: el Teatro de la Santa Cruz, que es el más antiguo de la ciudad y hoy se llama Teatre Principal. Las trifulcas entre “liceístas” y “cruzados” a menudo llegaban a las manos.

El Liceu sufrió el atentado de un anarquista que mató a 20 personas al lanzar una bomba en 1893. Pero ni siquiera la Guerra Civil hizo que cesara su actividad. En 1936 fue nacionalizado por la República. Tres años después, fue recuperado por sus propietarios originales y llegó a albergar una fiesta de Carnaval. Pero nunca cerró sus puertas antes del incendio, provocado por unos operarios que trabajaban paradójicamente reparando un telón de acero contra incendios.

Ópera en una cancha

No era la primera vez que el teatro ardía: el Liceu ya había sido calcinado en 1861. Al igual que entonces, lo único que se salvó fue la Sala de los Espejos. Todo lo demás pereció. “Los trabajadores sentíamos una pena inmensa porque veíamos que se quemaba nuestra casa”, dice Nogué. “También sentíamos incertidumbre porque no sabíamos qué iba a ser de nosotros”.

Ahí comenzó un triste periplo por otras salas y espacios de la ciudad. “Seguimos representando óperas en otros lugares, algunos de ellos muy poco idóneos. El primer lugar al que fuimos a parar fue el Palau Sant Jordi. La intención era buena pero no es lo mismo representar una ópera en el Liceu que en una cancha de baloncesto. Mis sobretítulos aparecían en los marcadores donde figura el tanteo de los partidos”. Después representaron varias funciones en el Teatre Victòria. “Aquello ya era un teatro pero no era lo mismo”.

El Liceu reabrió sus puertas en 1999. La sobretituladora aún se emociona cuando recuerda “cómo la sociedad catalana se volcó con la reconstrucción”. El nuevo teatro se había construido a imagen y semejanza del anterior. Todo casi idéntico salvo algunas modificaciones, como la supresión de las llotjes de dol o palcos de duelo: unas butacas que se encontraban muy cerca del escenario. “Allí se ubicaban las familias que habían perdido unos días antes a algún familiar”, explica Nogué. “Como no estaba bien visto ir al teatro en periodos de luto, los aficionados podían presenciar allí las obras sin ser vistos por el resto del público”. A finales del siglo XX, ya no resultaba necesario esconderse para ir a la ópera.

También varió la ubicación del centro de operaciones de Glòria y el sistema de sobretitulado. Durante el paréntesis de la reconstrucción, la empresa VICOM diseñó un programa para PC que hizo desaparecer a las diapositivas pero el cambio no fue fácil. “Yo he de sobretitular desde un puesto elevado”, explica Nogué. “Pero el día del estreno aún no me habían construido la tarima y la primera noche tuve que trabajar subida a unas cajas de cartón”. Tampoco fue fácil abandonar las diapositivas por un sistema rudimentario en el que la sobretituladora tenía que “teclear a las frases en tiempo real”.

Y sin embargo esos detalles apenas importaron. “El retorno a nuestra casa el 7 de octubre de 1999 fue uno de los momentos más emocionantes que recuerdo”, explica la sobretituladora. “Estrenamos Turandot y fue un éxito”.

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Nada de política

Nogué marca distancia con el proceso político que está viviendo Cataluña en los últimos tiempos. Esquiva el debate y evita pronunciarse sobre cuestiones relacionadas con la independencia: “Cada uno tiene su opinión y las respeto. Yo prefiero no significarme de forma pública. No es un tema que me guste abordar ni creo que me toque a mí opinar al respecto. Al menos públicamente”.

Lo que sí que percibe es “una diferencia abismal entre la Barcelona actual y la que teníamos a mediados de los ochenta, cuando empecé a titular en el Liceu. Estaba por llegar el gran acontecimiento que lo cambió todo: los Juegos Olímpicos. Nos puso al día. En 1992 vivimos la gran apertura a Europa y al mundo. Desde entonces todo ha cambiado. Barcelona es un lugar mucho más moderno, con más vida, más cosmopolita y con una generación mucho más abierta y preparada”.

La sobretituladora tampoco entra en cuestiones lingüísticas pero no observa ningún tipo de discriminación entre catalán y castellano: “Al menos no en el Liceu. Siempre hemos concedido la misma consideración a ambos idiomas. Sí que es cierto que durante los primeros años sólo se sobretitulaba en catalán pero era una cuestión técnica. Las herramientas con las que contábamos nos permitían proyectar textos en un solo idioma. Los gerentes del teatro de aquella época eligieron, por razones en las que yo no me meto, el catalán. Pero aquella etapa duró hasta principios de los 90. El castellano se añadió en cuanto se adquirió el equipo necesario para incorporar nuevos idiomas. De hecho, a día de hoy, hay algunas obras que sólo se pasan en catalán y castellano. Prescindimos del inglés”.

“En un enclave como el Liceu, la cuestión del idioma no tiene un significado político sino didáctico”, explica. “Conozco algún caso de espectadores alemanes que han logrado entender óperas en alemán antiguo gracias a los subtítulos en inglés”.

Un tenor díscolo

Hoy el programa de sobretitulado ha vuelto a cambiar. Nogué ya no tiene que teclear en tiempo real pero su sistema de trabajo sigue siendo exhaustivo: “Estudio las obras, veo los ensayos, hablo con el director y traduzco los libretos. Trabajo durante varias semanas con mi compañera Anabel Alenda y juntas incorporamos los textos al ordenador. El día del estreno estamos las dos trabajando. Si sale bien, durante las siguientes funciones nos vamos turnando”.

Los avances no son una garantía de éxito. “Recuerdo el estreno mundial de una obra cuyo nombre prefiero omitir”, explica Nogué. “La ópera se representaba en catalán pero el solista era alemán. De pronto tuvo un lapsus y sin venir al caso se saltó como 25 páginas. Aquello nos desubicó a todos. Yo miraba al director de orquesta y al apuntador para intentar adivinar cómo salir de aquel embrollo. Ambos le hacían gestos insistentes para que parase o rectificase pero no se enteraba. No sabíamos qué hacer hasta que de repente y coincidiendo con una pausa musical el apuntador pegó un grito y el solista volvió al lugar correcto. Creo que nadie se dio cuenta”.

Aunque nunca reciba los aplausos del público, Glòria Nogué es una parte fundamental de la ópera en el Liceu: “Algunos espectadores, los de los palcos más próximos a mi puesto de trabajo, reconocen mi labor y me felicitan levantando el pulgar. En más de una ocasión he recibido correos electrónicos de personas que me piden el texto que yo he escrito en lugar del libreto original”.

Es el reconocimiento a 27 años de trayectoria de una apasionada de la ópera que recuerda con exactitud la fecha de cualquier función. Hay algunas obras que ha repetido hasta la saciedad pero asegura que se sigue emocionando con su trabajo: “Pueden pasar los años pero seguiré llorando con Parsifal o con el final de Madama Butterfly”.

El candidato accidental

Fotografía: Albert Gea / Reuters

Fue observador de la OSCE en los Balcanes, pintor aficionado y portero de waterpolo. Durante años Raül Romeva representó en Bruselas a un partido federalista de izquierdas y criticó con dureza a CiU. Ahora acompaña a sus líderes en la lista unitaria al Parlament. 

Fue observador de la OSCE en los Balcanes, pintor aficionado y portero de waterpolo. Durante años Raül Romeva representó en Bruselas a un partido federalista de izquierdas y criticó con dureza a CiU. Ahora acompaña a sus líderes en la lista unitaria al Parlament. 

Raül Romeva i Rueda (Madrid, 1971) siempre se ha definido como “un culo inquieto” y la definición no le va mal a juzgar por su historial. Fue político, profesor de universidad, economista, doctor en Relaciones Internacionales, parlamentario, ensayista, novelista, ecologista militante, analista bélico, activista social, observador de la OSCE, nadador, buceador, portero de waterpolo, marinero, atleta, casteller, submarinista, patrón de barco, pintor aficionado y profesor de lambada. Su vida tiene tantos recovecos que no cabrían en los rótulos de una entrevista de televisión.

Y sin embargo por encima de todo Romeva es independentista. Una condición que ha puesto fin a 26 años al servicio de un partido (Iniciativa per Catalunya) y que lo ha entregado por completo a un objetivo: separar a Cataluña de España.

Romeva nació en Madrid porque allí estaban destinados sus padres, un profesor y una enfermera. Pasó su infancia en Aravaca y con nueve años llegó a Cataluña. La familia se instaló en Caldes de Montbuí, donde su padre regentaba una granja escuela. Aquella experiencia resultó decisiva para cultivar y alimentar dos de sus grandes pasiones: la literatura y la naturaleza. La primera le llevó a publicar ocho libros. La segunda, a afiliarse a un partido ecologista.

Durante su adolescencia empezó a soñar con ser capitán de barco después de ver los documentales de Jacques Cousteau. Todavía dice que le gustaría surcar el océano a bordo del Calypso. Su prolífica carrera política frustró su carrera como marino. También quiso ser deportista olímpico. Lo intentó con el atletismo pero se rompió el tendón de Aquiles del pie izquierdo. “La rehabilitación me llevó a la piscina. Los doctores me prescribieron nadar. Así llegué a entrenar con el seleccionador nacional de natación, el ya fallecido Paulus Wildeboer, en el CN Sabadell. Fue una de las mejores experiencias de mi vida”, recuerda.

Con 23 años empezó a trabajar para la UNESCO, donde le propusieron marcharse a Sarajevo como responsable del programa educativo y de Cultura de la Paz en Bosnia-Herzegovina. Entre 1996 y 1997 fue observador electoral de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en aquel país durante las primeras elecciones que se celebraron después de la guerra. Al terminar su trabajo, aprovechó para hacer su tesis doctoral sobre el conflicto balcánico. Romeva plasmó esas vivencias en cinco ensayos que se publicaron entre 1997 y 2003. Todos hablan de la última gran guerra europea del siglo XX, pero sobre todo de cómo prevenirla. En todos sus libros intenta aportar claves sobre el desarme y los retos pendientes en un territorio tan fragmentado y arrasado como la antigua Yugoslavia.

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Un culé en Estrasburgo

Acabada su etapa de emisario de paz en los Balcanes, arrancó la de europarlamentario. Su nombramiento tuvo lugar en 2004 y se integró en el grupo Verdes/ALE. Durante 10 años, su vida ha transcurrido a caballo entre Estrasburgo y Bruselas. Su hiperactividad laboral le llevó a convertirse en el parlamentario más trabajador de la Eurocámara. 595 intervenciones, 378 preguntas, 127 propuestas, 4 declaraciones y 2 informes es el bagaje de su paso por el Parlamento Europeo.

El eurodiputado convergente Ramon Tremosa lo define como un “súperpencaire”: en catalán, súpertrabajador. Se conocieron en Estrasburgo y aun defendiendo bandos distintos cuajaron una profunda amistad. “Romeva es una de esas personas a las que le confiaría mis tres hijos para que se los llevase de excursión por la montaña”, dice Tremosa, que ahora respalda a su amigo como candidato de la lista unitaria Junts pel Sí.

“Es todo lo contrario a la dogmática y sectaria izquierda española”, dice Tremosa. Escucha, comprende y argumenta. Sabe reconocer errores y exponer su punto de vista. A mí, por ejemplo, me hizo cambiar de opinión con respecto a la tasa Tobin”. La tasa Tobin es un arancel sobre las transacciones que proponen algunas fuerzas de izquierdas y que no encaja con la política económica de partidos conservadores como Convergència.

Tremosa subraya de Romeva su profunda hospitalidad y su rol de cicerone: “Recuerdo el día que llegué a Estrasburgo por primera vez. El Parlamento Europeo es enorme. Oriol Junqueras y yo íbamos tan perdidos que no sabíamos ni encontrar la puerta de entrada. Lo primero que hizo Romeva fue invitarnos a cenar a un self-service para explicarnos cómo funcionaba todo aquello, tan nuevo para nosotros. No importaba que defendiéramos intereses distintos. Estuvo disponible siempre que lo necesité. Mucho más que algunas personas de mi grupo. Recuerdo que Salvador Sedó, de Unió, nunca vino a mi despacho. ¡Y se supone que era de los míos! Lo que ocurre es que pertenecía al sector más españolista de Durán i Lleida. En cambio a Romeva lo encontraba en todas las causas”.

La más polémica llegó después de un Barça-Madrid que se jugó en enero de 2012: el central blanco Pepe le pisó la mano a Messi, el árbitro no lo vio, el comité de competición no lo sancionó… y Tremosa y Romeva elevaron la queja a la Comisión Europea.

“¿Cree la Comisión que estos hechos tan graves vistos por millones de personas y de niños (sic) deben quedar impunes?” decía la pregunta. Tremosa, que acabó retirando la pregunta, prefiere no hablar de aquel episodio “porque juntos hemos hecho cosas mucho más importantes e interesantes” pero recuerda: “Fue la única vez en mi vida que me sacó el Marca”.

GRA358. BARCELONA, 11/09/2015.- De iz. a der., Jordi Sanchez, Raul Romeva y Lluis Llach, en la manifestación con motivo de la Diada de Cataluña, hoy, en la calle Meridiana de Barcelona. La movilización, bautizada como la 'Vía Libre a la República Catalana" y organizada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha avanzado desde el inicio de la Meridiana hasta el Parque de la Ciutadella, donde está el Parlament. EFE/Andreu Dalmau
Jordi Sanchez, Raül Romeva y Lluis Llach en la manifestación de la Diada de Cataluña. / ANDREU DALMAU / EFE

Cazas sobre Cataluña

Tremosa tampoco quiere referirse a otra cuestión que llevaron juntos y que generó cierta controversia. Ambos firmaron, junto a Maria Badia (PSC) una carta en la que solicitaban a la UE que impidiese una hipotética intervención militar del ejército español en Cataluña. Las maniobras de unos cazas en Lleida y las polémicas declaraciones de dos militares retirados y un eurodiputado popular (Aleix Vidal-Quadras) les llevaron a considerar que Cataluña podía ser invadida y que la UE debía evitar esa invasión.

“Los catalanes no están tranquilos cuando tienen varios cazas sobrevolando sus cabezas; eso nos provoca una gran incertidumbre”, defendió entonces Romeva. “Se ridiculiza usted solo”, respondió el periodista Carlos Herrera en un tenso diálogo que mantuvieron ambos en una entrevista en Onda Cero.

Tremosa asume la responsabilidad de la redacción de aquella carta: “Fue cosa mía; luego me encargué de convencer a Romeva y a la socialista Maria Badia para que firmasen”, reconoce el convergente.

Un taxi para dos

Precisamente Maria Badia es otra de las eurodiputadas con las que Romeva forjó una sólida amistad. Aparte del trato diario, lo que propició este fuerte vínculo fue un volcán de nombre impronunciable: Eyjafjallajökull: “En abril de 2010 se cerró gran parte del espacio aéreo europeo. Un volcán islandés entró en erupción y provocó una nube de ceniza que obligó a cancelar todos los vuelos durante varios días”, recuerda Badia, “Romeva y yo tuvimos que hacer en taxi el trayecto Estrasburgo-Barcelona. Nos pegamos diez horas de viaje de un tirón. Eso une mucho”.

A la eurodiputada del PSC no le ha sorprendido que Romeva acabe liderando la lista de Junts pel Sí. “En aspectos identitarios siempre se ha posicionado muy cerca de las tesis de ERC”. También reconoce que “el reto es arriesgado, porque en esa candidatura hay partidos con propuestas muy distintas en el ámbito social, pero todo obedece a la situación excepcional que vive el país”.

Otro de los asuntos que más se le recuerda al eurodiputado Romeva es su campaña para salvar el atún rojo. En 2009 empezó a solicitar que se prohibiera la pesca y el comercio de esa especie amenazada. Según decía, las políticas de la Unión Europea suponían “un certificado de defunción” para este túnido. “En 2048 habrá desaparecido del Mediterráneo si seguimos con este ritmo de pesca y sobreexplotación”.

Su constancia tuvo recompensa. El 23 de mayo de 2012, el Parlamento Europeo aprobó una serie de normas para reducir las capturas y reducir la pesca ilegal de atún rojo en el Atlántico oriental y en el Mediterráneo.

Algunos de sus compañeros en ICV explican con sorna que cada vez que ven a un diputado convergente pedir atún en un restaurante amenazan en tono jocoso: “¡Al Romeva vas!”.

El atún rojo es sólo un detalle. Romeva atacó muchas veces a sus colegas de CiU por defender políticas dañinas hacia el medio ambiente. “Si fuera por CiU”, dijo en junio de 2009, “Cataluña sería una gran autopista con centrales nucleares, construcciones y fábricas por doquier, y ni un árbol para dar sombra. Si quieren hacer demagogia, que no se erijan en los defensores de Cataluña”. Hoy los líderes de ese partido están en su lista.

(L-R) Junts pel si candidates, Catalonia's President Artur Mas, Oriol Junqueras, Raul Romeva, Carme Forcadell and Muriel Casals, put their hands together during a rally presenting the candidates of the coalition of pro-independence Catalan parties and civil societies at a campaign opening in central Barcelona September 11, 2015. REUTERS/Gustau Nacarino
REUTERS/Gustau Nacarino

La fe del converso

¿Qué hace entonces un socialista ecologista, tan crítico con Convergència, defensor de la tasa Tobin y del atún rojo liderando una candidatura que nombraría presidente al candidato de la derecha catalana? ¿En qué momento un eurodiputado que ha consagrado su vida a un partido federalista pasa a convertirse en la gran esperanza del independentismo catalán?

Según la versión oficial, la conversión de Romeva ocurrió hace poco más de medio año. El 2 de marzo de 2015 rompió el carnet de Iniciativa, el partido al que se afilió cuando cumplió la mayoría de edad. Se marchó por discrepancias con el modelo de país que aprobaron los suyos en la convención nacional del partido, que se celebró en marzo en Sabadell. Romeva, que nunca ha escondido su independentismo, entendió que su formación se equivocaba inclinándose por encajar Cataluña dentro de una España federal.

La moción se aprobó por un 87% de los votos y Romeva optó por marcharse. “Es una decisión dolorosa pero no la he tomado de la noche al día”, se justificó en su carta de despedida.

Antes de irse, tranquilizó al presidente de ICV, su amigo Joan Herrera. Le prometió que no formaría parte de ninguna otra lista, tal y como confirmó el propio Romeva en una entrevista a Catalunya Radio. No sólo empeñó su palabra con Herrera sino con toda la militancia del partido ecosocialista: dijo que no se presentaría como candidato con ningún otro partido.

Sólo cuatro meses después de su marcha, rompía su promesa igual que rompió su carnet: el 15 de julio era proclamado cabeza de lista de Junts pel Sí, la coalición conformada por Convergència, Esquerra y miembros de la sociedad civil. Romeva admitió entonces que le costó tomar esa decisión y que aceptó “por tratarse de un hecho excepcional y extraordinario”.

“Acepté dentro de ese contexto de excepcionalidad”, dijo al asumir la candidatura. “No podía dejar pasar la oportunidad de alcanzar un estado independiente a través de una revuelta de sonrisas contra un estado que ha apaleado a los catalanes con leyes injustas, multas millonarias y querellas indecentes”.

El nombramiento de Romeva chocó con las altas esferas de CiU pero la idea rondaba por su cabeza desde hacía tiempo. En 2008, cuando aún lucía cabellera, concedía una entrevista a Vilaweb en la que decía que en ICV “no se está hablando con tranquilidad del soberanismo”.

Cuatro años después en una entrevista para Televisió de Sant Cugat, la periodista Maria Xinxó se lo preguntó directamente: “¿Te gustaría liderar un proyecto independentista?”. Romeva (con la cabeza ya afeitada) dudó y acabó reconociendo: “Es complejo, pero si me preguntas si tengo ganas de hacer algo en ese ámbito, pues… sí. No te diré que no”.

Corría el año 2012 y Romeva estaba agotando su segundo y último mandato en la Eurocámara. Eran otros tiempos pero ya apuntaba maneras. Aún representaba a ICV en Bruselas pero en su grupo parecían adivinar qué camino seguiría: “Qué buen nacionalista eres”, le decía Ana Miranda, del BNG, cuando le veía empatizar con todas las causas nacionalistas que se presentaban en la Eurocámara.”Nunca me imaginé que fuese a acabar liderando una candidatura independentista”, dice la dirigente del Bloque. “Siempre lo vi muy comprometido con su partido”.

Miranda define a Romeva como “el anticasta” incluso en su forma de vestir: “Era de los pocos que no vestía de gris sino de color”. También destaca otro detalle: “Es uno de los pocos hombres que he conocido que se define como feminista convencido y que ejerce como tal”.

“Es el ejemplo de cómo debe ser un político por su capacidad de trabajo, su cultura, su humildad y su don de gentes”, dice Miranda. “Es una persona que escucha y que nunca impone sus opiniones. Es riguroso, trabaja desde las siete de la mañana, es joven y con una dilatada experiencia, habla varios idiomas… y además es guapo y no se lo tiene creído”. Esto último tiene mérito porque tenía motivos: a su despacho llegó más de una nota con la marca de unos labios pintados como única firma.

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CDC sí paga traidores

Su salida de ICV y su nuevo rumbo independentista han aumentado la popularidad de Romeva en Cataluña pero también le ha supuesto convertirse en una persona casi non grata en su antiguo partido. Nadie en ICV ha querido prestarse a participar en este perfil. “No estuvo en los debates previos a la convención del partido cuando diseñamos la hoja de ruta. Ni siquiera vino a la convención, pero unos días más tarde anunció que dejaba el partido por desacuerdos con esa hoja de ruta”, explican miembros del partido que no quieren desvelar su nombre.

El adiós de Romeva escoció en ICV. No tanto por su marcha en sí como por haber roto su promesa de no presentarse con ninguna otra lista. “Ha cambiado de equipo para hacer presidente a Mas”, contestaba lacónica recientemente la líder de ICV Dolors Camats.

Varios militantes ecosocialistas recuerdan que alguno propuso comer atún rojo durante una semana para protestar por su deserción.

Nadie sufrió más con el cambio de chaqueta de Romeva que su otrora amigo íntimo Joan Herrera. “Romeva se ha equivocado y me siento dolido”, repetía el presidente de ICV hasta la saciedad. Ambos mantuvieron un vínculo muy fuerte dentro y fuera de la política: una estrecha amistad, un negocio en común que fundaron sus respectivas parejas (la librería El pati dels llibres de Sant Cugat) y una trayectoria que se separó en el momento más decisivo: estas elecciones.

Herrera, que ya dijo adiós a la librería tras separarse de su pareja, se despidió entonces de uno de sus mejores amigos. “No me ha llamado”, lamentó. “Me tuve que enterar de su marcha porque nuestro jefe de prensa nos avisó del texto que había colgado. Lo llamé por teléfono y no me lo cogió. No hemos quedado e imagino que tendrá que pasar un cierto tiempo”.

‘Castellers’ en Sant Cugat

La posición que ocupa ahora Romeva ha provocado que pocos quieran hablar. Los ecosocialistas porque siguen dolidos con su marcha. Sus nuevos socios, porque no quieren perjudicarle. Lo mismo que sus amigos ajenos a la política. Por ejemplo, Gausacs, el grupo de castellers de Sant Cugat de la que Romeva forma parte. “Aunque ahora no venga por aquí, sigue siendo uno de los nuestros”, es lo máximo que alcanza a decir la presidenta de la entidad, que declina amablemente hablar “para evitar malentendidos y no molestar a Raül”.

Romeva es miembro de la entidad casi por casualidad. Entró por primera vez en el Centre Excursionista de Sant Cugat (local de ensayo de Gausacs) porque su hija quiso apuntarse. “Necesitaba saber, como padre, dónde estaba metiendo a mi hija. A los pocos días me propusieron formar parte de la colla y estoy encantado”, recordaba Romeva en la entrevista a la televisión de Sant Cugat. “Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de haberme cosido yo mismo el escudo de la entidad en mi camisa”, explicó.

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Precisamente sus dos hijos (Elda y Noah) fueron los principales motivos que esgrimió para dejar Bruselas y volver a Sant Cugat, su lugar de residencia actual. Dejó de dar vueltas por el mundo después de haber residido en Montpellier, París, Sarajevo, Bruselas y Estrasburgo.

La vida se presumía tranquila después de la Eurocámara. Tal vez disfrutar de su familia y volver a hacer travesías a nado o carreras de barcos en Menorca, como cada verano. También descansar allí escuchando Antònia Font, uno de sus grupos favoritos. Uno de sus temas preferidos es “Calgary 88”, que habla de una pareja de patinadores sobre hielo que gana el oro en una final olímpica… representando a España.

O quizás empezar otro libro. Los cinco primeros (publicados entre 1997 y 2003) fueron ensayos sobre el conflicto de Bosnia. Durante su etapa como eurodiputado se atrevió con el género de ficción para llenar las horas muertas. Aquellas noches de soledad en Bruselas resultaron fructíferas: desde 2012 viene publicando un título por año. En 2012 vio la luz su primera novela: “Sayonara Sushi”. El título engaña. No transcurre en Japón sino en Malta y Sushi es el apodo de la protagonista, una reportera de TV3. El argumento tiene que ver con sus batallas en el Parlamento Europeo: dos inmigrantes subsaharianos, cuya patera se acaba de hundir, salvan la vida encaramándose a la jaula de un barco pesquero.

¿Qué pescaba el barco? Efectivamente: atún rojo.

Su segundo trabajo de ficción llegó en 2013. “Retorn a Shambala” aborda otra de las obsesiones de Romeva: los conflictos energéticos. Una central nuclear que se desintegra vertebra todo el relato. La protagonista, como en su primera obra, vuelve a ser una periodista (además de nadadora). En todas sus novelas ha optado por una protagonista femenina con muchos rasgos propios de su carácter.

En 2014, entregado ya a la causa soberanista, publicó un libro electrónico sobre el proceso independentista. Som i serem una nació europea (i una carpeta incómoda). Catalunya vista des d’Europa. Es su vuelta al ensayo y aborda el proceso soberanista visto desde el exterior.

El 7 de septiembre estaba prevista la presentación de su noveno libro: Ponts de cendra (Puentes de ceniza), que tiene un poco de los ocho anteriores. Se trata de una novela  que transcurre en Bosnia: una historia de amor que acontece durante la guerra de los Balcanes. La editorial ha optado por retrasar la fecha de salida para no entorpecer la campaña electoral.

Por ahora, el libro tendrá que esperar. El descanso, también. Su catalanismo ha llevado a Romeva a emprender su aventura definitiva. Ya no será deportista olímpico ni se embarcará en el Calypso de Jacques Cousteau. Pero aún puede convertirse en el artífice de la independencia de Cataluña.

“Me identifico más con Julio Anguita que con Albert Rivera”

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Marta San José (Badalona, 1996) acaba de cumplir 19 años y es la benjamina de la lista de Catalunya Sí que es Pot (CSP). Estudia Medicina, vive en un barrio obrero de Badalona y es hija de un operario de imprenta y de una empleada de un hotel. Con ella arranca la serie Generación ‘selfie’, que retrata a candidatos menores de 30 años.

Marta San José (Badalona, 1996) acaba de cumplir 19 años y es la benjamina de la lista de Catalunya Sí que es Pot (CSP). Estudia Medicina, vive en un barrio obrero de Badalona y es hija de un operario de imprenta y de una empleada de un hotel. Con ella arranca la serie Generación ‘selfie’, que retrata a candidatos menores de 30 años.

“No provengo de una familia de tradición política”, explica Marta San José sobre su vocación. “Mis padres ni siquiera solían ir a votar. Alguna vez lo habían hecho y habían dado su apoyo al PSC. ¡O incluso al PP de Albiol! Es la última opción política que votaría. Pero prefería eso a que no participasen. Por eso, cuando yo tenía 12 años, les cogí de la mano, les llevé al colegio y les obligué a pasar por las urnas. Al ver mi esfuerzo y mi interés, me cedieron su papeleta y yo “les voté a Iniciativa per Catalunya Verds (ICV)”.

Así empezó el idilio con la política de Marta San José, que ocupa el número 47 en la lista de Catalunya Sí que es Pot. Casi igual de prematura fue su primera maniobra como activista: “Sucedió en 2011. García Albiol acababa de ganar las elecciones al Ayuntamiento de Badalona. Yo me indigné tanto que me metí en Facebook y convoqué una manifestación en la Plaça de la Plana, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Sin saber cómo, aquello se propagó como la pólvora. Cuando llegué a la plaza se habían congregado casi 500 personas a las que no conocía de nada”, explica, y recuerda: “Había grupúsculos diseminados y yo no tuve el valor de pedirles que nos juntásemos todos”. Entonces San José tenía 15 años y cursaba tercero de ESO. 

Su primera toma de contacto con ICV llegó poco después: “Un chico del partido se enteró de lo de mi convocatoria por Facebook y me propuso ir a la sede de su partido a confeccionar pancartas para otra manifestación. Allí me di cuenta de que me identificaba con el partido. Era ecologista, socialista, feminista, internacionalista y todos los ista que me definen”.

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En septiembre de 2012 decidió afiliarse. Su primera contribución fue comprar disfraces para una comparsa de carnaval. “Como siempre hemos pensado que Albiol es un poco fantasma por su pose, su porte y su actitud chulesca, decidimos disfrazarnos de cazafantasmas. Yo me encargué de adquirir los trajes y de escribir ‘No más fantasmas en el Ayuntamiento’ en las pancartas”.

Desde hace dos años, San José coordina las Juventudes de ICV en su ciudad. Su primera experiencia electoral llegó en las municipales de mayo. Figuraba en el número 11 de la lista de Iniciativa. El partido perdió un concejal en el Ayuntamiento de Badalona y se quedó con dos ediles.

“Las tradicionales discrepancias de la izquierda española llevaron a ICV y Podemos a escindirse en dos ejes opuestos”, explica. “El núcleo crítico de ICV se fue con Podemos y la gente que no estuvo de acuerdo con la forma de hacer de Podemos se vino con nosotros”. Ahora aquellos dos grupos se han unido en la misma lista: “En las primeras reuniones que hemos mantenido sí que se ha notado la tensión porque hemos pasado de ser rivales a trabajar codo con codo”.

Entre Carmena y Colau

San José habla a gran velocidad pero no titubea. “Fui delegada de clase en varias ocasiones”, explica. “Lo de hablar en público lo llevo practicando desde hace mucho tiempo y tengo cierta facilidad”. No rehuye de sus orígenes españoles: “Me siento muy orgullosa de que mis antepasados procedan de Santa Cruz de Moya, un pueblo de Cuenca en el que cada año se sigue celebrando un homenaje a las tropas antifranquistas de la Guerra Civil”.

La joven apunta a Ada Colau y Manuela Carmena como sus referentes políticos actuales, aunque no se ve siguiendo su estela. “Como militante de base sí, pero como política profesional creo que no acabaré. No me veo. Me gusta hacer cosas por los demás. Estudio Medicina porque considero que es uno de los trabajos con un mayor grado de con un gran compromiso social”.

Ahora Marta afronta unas elecciones marcadas por el debate sobre la independencia: “La cuestión soberanista es tramposa porque no deja ver los otros problemas de fondo. Los independentistas de izquierdas han caído en el engaño: van a acabar apoyando al partido que recorta derechos y servicios y vota al TTIP [un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y la UE a cuya aprobación se oponen todas las fuerzas de izquierdas]”.

San José no está en contra de que se celebre una consulta en Cataluña pero cree que se debe hacer “con todas las de la ley”. “Un referéndum significa ‘una persona/un voto'”, argumenta. “Lo que se celebrará el día 27 serán unos comicios autonómicos. Se contabilizarán escaños. Mientras la papeleta de una persona de un pueblecito de Lleida siga valiendo más que la mía, este proceso no tendrá validez como consulta”, dice en referencia al diferente peso de los votos según el sistema electoral.

San José se define como “federalista e internacionalista” y asegura que a día de hoy votaría no a la independencia. Considera que Artur Mas “se ha salido con la suya al tapar la corrupción y los recortes sociales con una bandera independentista”. También lamenta que se haya producido una “fractura social” y cree que gran parte de la culpa es de TV3: “La televisión pública que todos pagamos es tendenciosa y utiliza estrategias subliminales. No lo digo yo ni lo decimos cuatro disidentes con intereses. Lo dicen numerosos trabajadores críticos de la cadena, que han constituido una plataforma en las redes sociales llamada Més que una Tele TvTres.

Huelgas en las aulas

La llegada de San José a la política no ha acabado con su activismo en el ámbito académico. “En las últimas huelgas de la universidad me enfadaba con muchos de mis compañeros”, dice. “Muchos se iban a la playa en lugar de reivindicar sus derechos. Casi les obligaba a mandarme fotos y selfies de las manifestaciones a las que acudían”.

A pesar de su juventud, San José no hace bandera del cambio generacional: “Me siento mucho más identificada con Julio Anguita que con Albert Rivera. No podemos caer en la demagogia ni despreciar el valor de la experiencia”. En esta línea asegura que uno de los factores que le convenció a la hora de escoger a ICV fue “que se trata de una formación heredera del PSUC. No somos cuatro hippies progres sin historia. Tenemos un poso de patrimonio de la lucha de la izquierda”.

La joven candidata está siguiendo muy de cerca las primarias en Estados Unidos y de allí procede su último ídolo político: “Bernie Sanders, uno de los candidatos demócratas, se define como socialista. ¡En Estados Unidos! ¡En un país en el que ese término se utiliza casi como un insulto! La gente utiliza la palabra socialista para desprestigiar a Obama… y Sanders no tiene problema en considerarse como tal. Me parece muy valiente que se califique a sí mismo con un término tan arriesgado en su país y lo que más me emociona es que está subiendo en las encuestas”.

¿Qué le depara el futuro a Marta San José? Por ahora, sumergirse de lleno en su segunda campaña electoral. “Luego quiero descansar”, reconoce. “Todo el proceso me está agotando y soy consciente de que he aparcado muchas ilusiones. Debo centrarme en mi carrera, que es prioritaria. También me gustaría retomar algunas aficiones que he ido dejando por el camino como tocar la guitarra”, afirma esta fan de los Eagles, Bob Dylan, Sabina o Silvio Rodríguez. Asegura que cuando baje el pistón se lo agradecerán en su casa: “Todos mis amigos entienden y respetan mi decisión de dedicarme a la política, pero en mi casa lo llevan peor. A menudo dejó de hacer planes con ellos porque me coinciden con algún acto y eso les fastidia”.

“Caían piedras del tamaño de elefantes”

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Sara Pavone y Pol Ferrús estaban en las montañas de Nepal el 25 de abril. Se habían separado para hacer dos rutas distintas. El terrible terremoto que dejó más de 8.000 muertos les pilló por tanto en dos lugares diferentes. Hace unas semanas publicamos el relato de Pol, que es, hasta el momento, la pieza más visitada de la historia de EL ESPAÑOL. Ahora es Sara quien cuenta su historia en primera persona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

La historia de Pol: “Voy a morir, pero espero que sea rápido”

Sara Pavone y Pol Ferrús estaban en las montañas de Nepal el 25 de abril. Se habían separado para hacer dos rutas distintas. El terrible terremoto que dejó más de 8.000 muertos les pilló por tanto en dos lugares diferentes. Hace unas semanas publicamos el relato de Pol, que es, hasta el momento, la pieza más visitada de la historia de EL ESPAÑOL. Ahora es Sara quien cuenta su historia en primera persona.


Una despedida inquietante

Cuando me despedí de Pol la mañana del día 22, en una posada de Katmandú, le entregué mi portafortuna (amuleto en italiano) para que le protegiese y le dije: “Ten cuidado. Nos vemos pronto”. Él iba a hacer una excursión en solitario por la zona tibetana del Tamang y yo llevaba varios días inquieta. No sé si era a causa de mis dolores intensos en una pierna o de un mal augurio. Llevaba varias noches sin dormir bien.

Pol y yo no solemos separarnos en los viajes. En los tres años y medio que llevamos de relación hemos visitado muchos lugares, pero siempre juntos. Tampoco le di más importancia. No tengo poderes ni adivino el futuro. ¿Por qué iba a preocuparme? Pol conocía bien la montaña y yo esperaría en Katmandú a que llegasen nuestros amigos: una australiana, una inglesa y una pareja de sudafricanos. Los cinco saldríamos unos días más tarde, para encontrarnos con Pol en Rimche y hacer los seis juntos el valle del Langtang.

Captura de pantalla 2015-06-19 a la(s) 21.28Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Dos días después, el 24, salimos de Katmandú. Hicimos noche en el poblado de Syabru Beshi y partimos a la mañana siguiente -ya día 25- en dirección a Rimche. El día era perfecto, de esos que siempre elegirías para hacer una excursión: limpio, soleado, despejado. Invitaba a dar un paseo por los gigantescos valles abiertos del Nepal. Había pájaros por todos lados y paseábamos a través de caminos que olían a marihuana. La sensación de bienestar hacía que casi me olvidase de mi dolor. Paramos a las tres horas en la aldea de Bamboo y desayunamos té y muesli. Coincidimos con una pareja de excursionistas alemanes y nos saludamos. Sabíamos que íbamos a hacer la misma ruta y nos despedimos con un “nos vemos por el camino”.

El silencio más extraño de mi vida

Recuerdo el momento exacto en el que a tierra se empezó a mover. Los sudafricanos y yo habíamos parado a hacer unas fotos en un puente. Íbamos haciendo el tonto, riéndonos. La chica australiana y la inglesa caminaban ligeramente atrás. Justo cuando atravesamos el puente, se hizo el silencio más extraño que recuerdo en mi vida. Lo que le siguió fue una especie de explosión, un ruido estremecedor. Miré arriba y pensé que era una avalancha, porque la ladera se estaba deshaciendo. Caían piedras del tamaño de elefantes.

Sara Pavone sonríe minutos antes del terremoto, que ocurrió poco después de cruzar el puente: Foto: Kate Ahrends
Sara Pavone sonríe minutos antes del terremoto, que ocurrió poco después de cruzar el puente: Foto: Kate Ahrends

El suelo empezó a temblar y se levantó tanto polvo que no nos veíamos a un metro de distancia. Mike, el sudafricano, entendió enseguida que aquello era un terremoto: “It’s an earthquake”, gritó. Nos abrazamos los tres con todas nuestras fuerzas. Yo intenté cubrir nuestras cabezas con mi mochila, con la inocente idea de protegernos así. Ni siquiera eso podía hacer. La tierra temblaba, perdíamos el equilibrio, no teníamos control sobre nuestras acciones. Mike nos dijo que teníamos que intentar situarnos pegados a una roca que se mantenía sólida y hacia allí corrimos cuando pudimos hacerlo. Igual fueron treinta segundos, pero me pareció una vida entera. Su chica, Kate, lloraba y nos decía “I love you”, como si se estuviese despidiendo.

Vídeos: Merche Negro

Cuando el temblor cesó, miramos a nuestro alrededor y el terreno había cambiado radicalmente: piedras enormes por todos lados, paredes derrumbadas y caminos sepultados. No parecía el mismo lugar. El caudal del río había crecido una barbaridad y el agua bajaba con violencia. En cuanto pudimos reaccionar nos asaltó el pánico porque la chica inglesa y la australiana se habían quedado atrás. Mike corrió a buscarlas. Habían logrado cruzar el puente por poco y se habían refugiado bajo una roca que se mantenía firme. Ya estábamos todos juntos.

¿Dónde estará Pol?

Todos, menos Pol. En ese instante se me encogió el corazón. Mi novio estaba solo en la montaña. A partir de ahí me resultó imposible controlar mis pensamientos. Aunque sé que es montañero experto, es inevitable pensar en lo peor. Imaginaba que estaría herido, incomunicado, perdido. Lo primero que teníamos que hacer era ponernos a salvo. Corrimos hasta la primera casa que vimos. Estaba devastada, una roca la había partido por la mitad. En la puerta estaban sus propietarios: una mujer y su hijo adolescente. Ambos estaban arrodillados, rezando mantras budistas. Me acerqué a ella, la abracé por instinto y se puso a llorar. No podía consolarla.


La historia de Pol: “Voy a morir, pero espero que sea rápido”


 

Miré a mis compañeros y entonces reparé en la pinta que teníamos todos. Nuestras caras de pánico estaban tan cubiertas de polvo que la tierra nos llenaba hasta la boca. Nunca antes había tenido esa sensación tan parecida a estar muerta. Sabía que teníamos que salir de allí cuanto antes. Les preguntamos a los nepalíes qué debíamos hacer o hacia dónde teníamos que marchar, pero no nos contestaban. Entre el shock de haber perdido su casa y que no hablaban inglés, la comunicación fue imposible. Lo único que pudo decirnos fue “here not safe”.

Cogí lo esencial: medicinas, la tablet y el ukelele

Optamos por volver hacia Bamboo, donde sabíamos que había gente, pero al levantar la vista nos dimos cuenta de que el camino había sido arrasado. Teníamos que volver a cruzar el puente, pero el terremoto había dejado sólo la estructura, así que nos vimos obligados a buscar caminos alternativos por barrancos. Era nuestro primer día de ruta, por lo que llevábamos las mochilas llenas. Demasiado peso a cuestas para un camino tan arriesgado; vaciamos casi toda la carga y sólo nos llevamos lo imprescindible. Yo cogí lo más esencial: medicinas, la tablet casi sin batería y el ukelele. No me preguntes por qué. Imagino que me di cuenta de que había sucedido algo muy grave, así que entendí que la música podía ayudar o sacar una sonrisa.

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Echamos a andar y el camino se convirtió en una aventura. Lo primero que hicimos fue bajar por un barranco agarrándonos a unas plantas que nos servían de liana, pero eran urticantes y nos provocaron una hinchazón. Encontramos obstáculos durante todo el trayecto. A veces tocaba escalar, otras caminar sobre troncos y otras lanzarse al vacío. Siempre teníamos que fijarnos muy bien en la roca en la que nos apoyábamos, porque muchas cedían. Cruzábamos cornisas en fila india porque el suelo no era lo suficientemente ancho para que caminasen dos personas a la vez.

Los gritos, los heridos, las mascotas

Tras una hora y media de camino, regresamos a Bamboo, que es un pueblecito con cinco o seis refugios de montaña. El único edificio que quedaba en pie era un hostal. Su estructura se mantenía firme pero el interior estaba totalmente derrumbado. La situación era dramática. Se habían reunido unas sesenta personas, más de la mitad turistas, en absoluto estado de shock.

Una nepalí chillaba desesperada mientras dos vecinos la sujetaban por los brazos. Su esposo estaba sepultado bajo las piedras. Era estremecedor escuchar el eco de los gritos por su marido muerto. Qué duro es saber que el cadáver está ahí, pero que no hay forma humana de rescatar el cuerpo sin herramientas. Todo ello ocurría entre réplicas del terremoto, que se sucedían a menudo. Nadie sabía quién iba a ser el siguiente.

Locales y turistas nos reunimos en una especie de cueva bajo un bloque de piedra gigante que se mantenía firme. Un guía nepalí con la cabeza abierta y un turista holandés con el brazo roto eran los heridos más graves. Todos sacamos los medicamentos de nuestra mochila y una pareja de holandeses, estudiantes de medicina, se encargó de administrárselos, diseñar un tratamiento y mandarnos que improvisásemos una cama con mantas y esterillas para acomodarlos.

Las noticias llegan desde Israel

Entre los turistas había americanos, franceses, holandeses y, sobre todo, muchos israelíes. También había seis vacas y dos gallinas, asustadas, que se acabaron convirtiendo en nuestras mascotas. No se separaron de nosotros. Uno de los israelíes tenía un teléfono vía satélite. Es la única forma de contactar con el resto del mundo en una zona en la que no hay cobertura de móvil ni internet. A través de ese terminal nos empezamos a enterar de lo que pasaba a nuestro alrededor. Estábamos en mitad de un terremoto, pero las noticias nos iban llegando desde Israel. “Ha habido un temblor de 7,8 grados, el país está devastado y el aeropuerto de la capital, cerrado. Las evacuaciones tardarán”, nos resumió el dueño del teléfono.

Gracias a él pudimos avisar a nuestras casas. Recopilamos los emails de nuestros familiares y enviamos un correo con copia a todos, para explicarles que estábamos bien, pero que no sabíamos cuándo saldríamos de allí. Dadas las circunstancias, y a sabiendas que íbamos a pasar bastante tiempo en un pueblo arrasado, nos pusimos a trabajar para intentar montar un campamento de supervivencia. Hicimos una asamblea para repartir las tareas. Las mujeres accedimos a un almacén destruido en el que quedaban algunas provisiones. Los hombres aprovecharon unas viejas lonas para montar una carpa bajo el bloque de piedra y poder pasar allí la noche, en esterillas.

Mientras, los nepalíes ya habían sacado varios “camping gas” para prepararnos té y comida. Muchos de ellos habían perdido a su familia, pero en todo momentos se pusieron a nuestra disposición, cocinaron, nos ayudaron. Decidimos comprarles toda la comida que les quedaba, porque ya habían anunciado que por la mañana se iban a marchar hasta un pueblo próximo en el que residían sus familiares. Íbamos a quedarnos solos los turistas, los guías nepalíes y varios portadores. Teníamos comida para una semana, que es lo que le habían estimado al israelí que tardarían en empezar a evacuarnos.

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La primera noche

Aquella noche nadie pudo dormir, por el miedo, los temblores, los desprendimientos, las lluvias y el espacio tan reducido que ocupábamos: dormíamos sesenta personas en un trocito en el que caben veinte. Yo además tenía el añadido de que mi novio estaba solo en las montañas, perdido. Tenía más miedo por él que por mí. No era la única persona en esa situación. Ravid, uno de los israelís, tenía a su novia ilocalizable en el Valle de Langtang, la zona más afectada. Nos intentábamos ayudar mutuamente pero resultaba imposible. A los dos nos animaban diciendo que nuestras parejas estarían bien, que conocían la montaña, pero también sabíamos que no era más que eso: ánimos. Nadie tenía un solo dato sobre ellos.

Entre temblores y lluvia pasamos la noche todos, con el calzado puesto por si había que salir a correr de repente. En esa situación, estar tan apretados tampoco era tan malo: de alguna manera nos dábamos seguridad. No sabíamos los nombres de casi nadie pero nos habíamos convertido en una familia.

Las vacas se comen el helipuerto

Los nepalíes se marcharon al día siguiente y nos dejaron las llaves del almacén de las provisiones. Los israelíes tomaron el mando y nos iban informando de cualquier novedad que llegaba. Algunos habían acabado recientemente el servicio militar y estaban muy preparados. Lo primero que idearon fue un sistema básico de purificación de agua: muy rudimentario pero muy elaborado y útil. Un depósito con varios agujeros a los que incorporamos unos tubos que desembocaban en otros depósitos. Allí colocábamos unas sábanas que servían de filtro. Echábamos el agua hervida y la depurábamos. Una movida que a mí no se me hubiese ocurrido en la vida, qué quieres que te diga. El resultado era agua apta para consumir, pero con un color marrón tierra horrible y una textura densa. Eso es lo que estuvimos bebiendo durante casi una semana.

Hacíamos solo una comida al día: arroz o noodles, verduras de los huertos destruidos y sobre todo huevos hervidos, que no he comido tantos en toda mi vida. Por encima de nuestras cabezas veíamos pasar helicópteros militares, pero volaban demasiado alto, así que pensamos en hacer señales para que nos localizasen. Empleamos cañas de bambú para hacer señales de humo y ropas de colores muy vivos. Pero allí no nos veía nadie. Por si acaso, habíamos preparado dos pistas de aterrizaje para helicópteros. Despejamos el terreno y utilizamos harina del almacén para dibujar la letra H que deben tener los helipuertos. Pero las pobres vacas tenían mucha hambre y se la comieron. Luego lo intentamos con hojas e hicieron lo mismo. La tuvimos que acabar dibujando con una especie de pintura con barniz que encontramos entre las ruinas de uno de los edificios derrumbados.

Es el caos

Entretanto seguía llegando gente. Sobre todo nepalíes deshechos, que traían noticias: “Es el caos. Los pueblos están arrasados y hay cadáveres por todos lados”. Yo les preguntaba por Pol pero nadie lo había visto. Lo intentaba describir pero no me entendían. Desesperada, cogí un rotulador y a todo el que llegaba le pintaba el nombre de Pol en un antebrazo y el mío en el otro. Estaba en un estado de absoluta ansiedad, tampoco sabía qué más podía hacer. Por la tarde apareció un nepalí que me dijo que creía que lo había visto. Me dio un vuelco el corazón. En seguida me puse a enseñarle fotos y me confirmó que no. Que se había equivocado. Me puse histérica. Quería ir a buscar a Pol. No me importaba caminar hasta donde fuese necesario. Los sudafricanos me disuadieron diciéndome que era peligroso y que si me pasara algo por el camino sería mucho más difícil localizarme y evacuarme.

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Al tercer día llegó el primer helicóptero. Eran japoneses. Venían a evacuar a los suyos y a los heridos. También se subió Kami, un guía nepalí que nos ayudó en todo momento. También lo intentó Wilhem, el holandés con el brazo roto, pero estaba lejos en el momento en el que tenía que haberse montado a bordo. Echó a correr con todas sus fuerzas pero llegó justo cuando la nave despegaba. “Intentaremos volver a por ti”, le dijeron. Lo dejaron en tierra y nunca más aparecieron. Sentimos mucha rabia, aunque él es una persona muy positiva y le restó importancia. Siempre estuvo animando. Hacía bromas, decía que odiaba a la gente con dos brazos y que por eso iba a aprender a abrocharse la sudadera solo, pero siempre nos acababa pidiendo ayuda. Era la persona que físicamente estaba peor, pero también uno de los que aportó más fuerza al grupo.

El hombre de la compañía de seguros

Después llego un helicóptero del que bajó un hombre de una compañía de seguros israelí. Lo primero que hizo fue grabar un video de cada uno de nosotros diciendo nuestros nombres, para que constase quién se iba a quedar en la montaña y avisar a las embajadas correspondientes. Nos dijo que tenía la orden de evacuar solamente a los israelíes y a los heridos. No podía llevarse a nadie más porque había otras zonas en una situación mucho más complicada que Bamboo. El glaciar del valle de Langtang, el que tenía que ser el final de nuestra excursión, se había desprendido y se estaba fundiendo, arrasando pueblos enteros.

En aquella área se habían empezado a registrar los primeros conflictos entre turistas y nepalíes, porque no habían provisiones para todos. Era urgente actuar en aquella zona en la que, por cierto, se encontraba la novia de Ravid. Estaba a salvo e iba a ser rescatada. Ravid se marchó con el resto de compatriotas, no sin antes abrazarme y prometerme que iría a buscar a Pol. En el helicóptero subieron todos los israelíes, salvo dos que quisieron quedarse con nosotros. Se sentían mal por dejarnos solos. A la mañana siguiente vinieron a por ellos con la orden expresa de que fuesen evacuados. Les dijeron que en Israel se había difundido la noticia de que habían rechazado la ayuda y que eso era inconcebible. Les obligaron a marcharse. Antes de irse nos dejaron el teléfono y nos prometimos vernos en Katmandú.

Pol está bien

Cuando se fueron pensé en utilizar el teléfono para avisar a los míos. Primero avisé a mi madre. Le mandé un mensaje para decirle que estaba bien. Me inventé que estaba en un campamento, rescatada, a salvo. No quería preocuparla. ¿Qué hizo mi madre? Pues lo que hace cualquier mamma italiana: preguntarme si estaba comiendo bien. No quise preocuparla y volví a engañarle diciendo que sí, que comía bien y que no estaba sola. Después decidí avisar a Enric, el padre de Pol. Imaginaba que no sabría que su hijo se había ido sólo a hacer a excursión y que estaría preocupado. Intenté encender mi tablet sin batería. Me aguantó unos segundos. Los justos para apuntar el teléfono del padre de Pol. Cuando lo tuve, envié un mensaje. Le dije que no sabía nada de Pol y que necesitaba noticias.

Me daba miedo cómo iba a reaccionar, así que escribí el mensaje y solté el teléfono. Al cabo de una hora, una chica holandesa me dijo: “Creo que ha llegado un sms para ti”. Yo estaba picando ajo y pimiento para hacer la comida. Tiré el cuchillo y salí corriendo a por el móvil. Era la respuesta del padre de Pol, confirmándome que ya lo tenía localizado. Pol estaba sano y salvo y yo empecé a llorar de alivio y alegría. Aquella tarde fue una fiesta. Me olvidé de los dolores, de la ansiedad y de los problemas estomacales que provocaban cuatro días bebiendo agua con tierra.

Un terrible funeral nepalí

Por la tarde sucedió algo que nos impactó profundamente. Subió un grupo de nepalíes desde Syabru Beshi, para enterrar al hombre que había quedado sepultado el primer día bajo las piedras. Uno de ellos era su propio hermano. Con mucho esfuerzo rescataron el cadáver de los escombros. Nosotros miramos todo aquello guardando un silencio terrible. Le pusieron unas hojas verdes en los orificios, porque estaba en estado de descomposición, nos recomendaron que nos tapásemos la boca y la nariz y se lo llevaron. A pesar de estar pasando por un momento tan duro, el hermano del fallecido todavía tuvo fuerzas para sacar más mantas para nosotros. Aún me estremezco recordando aquello.

Los americanos nos salvan

Al día siguiente, mientras recogíamos la basura, llegó el helicóptero que nos empezó a evacuar. Entre todos los que quedábamos en Bamboo habíamos hecho una lista con el orden en el que se subiría la gente en los helicópteros. A mi me pusieron en el primer grupo porque tenía que buscar a Pol. Empecé a correr hacia el helicóptero con todas mis fuerzas, pero me daba la sensación de que no avanzaba. Tardé como dos minutos en llegar. Los del helicóptero eran americanos. Al final nos salvaron los americanos, igual que en las películas. Me subí con Mike y Kate y nos abrazamos con una alegría que se desvaneció en cuanto despegamos y vimos el estado catastrófico en el que habían quedado todos los pueblos. Nosotros nos íbamos a casa, pero aquella gente tenía que reconstruir sus vidas enteras.

Llegamos al campo militar de Dunche, en el que la policía nepalí nos registró en una base de datos. El campamento era muy rudimentario, no había mantas suficientes y el panorama era desolador, casi peor que en Bamboo. Aún había más gente, no tenían agua y la comida escaseaba. Los militares nos empezaron a dividir por nacionalidades. Tanto daba que te separasen de tu grupo; los italianos tenían que irse con los italianos. Así que fui a parar con dos compatriotas a los que no conocía de nada. Me dijeron que teníamos la opción de esperar a que nos evacuasen o marcharnos caminando de allí. Yo descarté esa opción porque unos vascos del campamento me habían dado la noticia de que Jesús y Raquel, una pareja española que había intentado escapar caminando, había tenido un accidente y ella había muerto.

Preferí hablar por el teléfono de la policía nepalí con la unidad de crisis del Ministerio de Exteriores de Italia. Me recomendaron que cogiese “el primer helicóptero que pase”. Les respondí que aquello no era una parada de bus. Yo estaba súper nerviosa, aunque ellos entendieron bien mi situación y me calmaron. Después logré hablar con mi madre y escuchar su voz por primera vez después del terremoto. Ella también me recomendó que no caminase. Decidí tumbarme en el césped, descalzarme por primera vez en seis días (¡qué alivio!) y esperar. Maté el tiempo jugando con unos niños que me tiraban flores y se comportaban como si nada hubiese pasado. Interrumpió nuestros juegos un helicóptero que venía de Syabru Beshi y traía a unos ingleses. Les pregunté por Pol, les enseñé unas fotos y me confirmaron que estaba con ellos, que lo evacuarían al día siguiente.

¡Ahí viene Pol!

Pero no hizo falta esperar tanto. A la media hora aterrizó otro helicóptero y desde el interior del campamento lo vi bajar. Todo el mundo estaba al corriente de nuestra historia y me decían que corriese a buscarlo. Por fin se acababa la espera. Lo veía a través de una valla y ese rato se me hizo eterno porque también lo tenían que registrar. Cuando por fin entró, se montó una escena de película. Un abrazo interminable, mucha alegría, la gente aplaudiendo, la locura. En seguida me devolvió el portafortuna que le di el día que nos separamos. Allí mismo decidimos que teníamos que montar algo para ayudar a los nepalíes.

Aquella noche celebramos nuestro reencuentro y un dhal bhat caliente (pato típico de Nepal). Dormimos todos juntos en el campamento de Dunche. A la mañana siguiente nos vinieron a rescatar en un helicóptero indio en el que quería subir todo el mundo. Los militares decidieron que priorizarían a las mujeres, pero yo no me quería volver a separar de Pol. Nos cogimos de la mano y no nos separamos, ni siquiera cuando estaba subiendo a bordo. Al final nos dejaron montarnos a todos: nosotros dos y los sudafricanos.

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Katmandú y una ONG nueva

Llegamos a Katmandú, donde también se estaban viviendo escenas duras. Grupos de rescate con perros que olían vida debajo de los escombros. Queríamos hacer algo. Por eso rechazamos el primer avión que Italia nos ofreció. Contactamos con María, una amiga que tiene una ONG en Katmandú y la intentamos ayudar. Nos pidió que esa noche durmiésemos los tres juntos. Aún tenía miedo. Volvimos juntos a Europa y seguimos sin descansar.

Trabajamos ahora con todas nuestras fuerzas para montar la ONG “Living Nepal”. Tenemos un correo, un proyecto de web y una página de Facebook con el nombre de la entidad. Es un trabajo enorme que está ocupando todo nuestro tiempo, pero es nuestra forma de devolver a los nepalís una pequeña parte de lo que hicieron por nosotros. Siempre nos acogieron con una sonrisa.

Recuerdo que estando aún en el campamento de Dunche, un policía me recomendó, ante mi estado de nervios, que fuese a hablar con una trabajadora social (como yo). Ella me atendió sonriendo, me calmó y me dio ánimos mientras dábamos un paseo. Caminábamos a través de un pueblo devastado, con colegios derrumbados y casas destruidas. La vida se había paralizado y ella acababa de perder a una enfermera que trabajaba con ella. Pero en todo momento sólo se preocupó por mí. Esas situaciones me obligan a intentar con todas mis fuerzas que, a partir de ahora, seamos nosotros los que nos preocupemos por ellos.

Así se recluta a un yihadista en España

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico


El coche fue interceptado el 16 de diciembre en el check-point de Kapitan Andreevo, en la frontera entre Turquía y Bulgaria. Sus ocupantes se llamaban Taufik, Kaike y Mohamed y habían conducido 2.700 kilometros durante tres días.

Habían partido unos días antes de Ca N’Anglada, un barrio de las afueras de Terrassa (Barcelona). Atravesaron Francia, Italia, Eslovenia, Hungría y Rumanía. Su objetivo era unirse a las filas del grupo Estado Islámico en Siria, donde les esperaba Abdellatif Chahmout, un vecino que sí llegó. La policía búlgara impidió ese encuentro. Siguiendo las directrices de la Interpol, los tres fueron arrestados justo antes de entrar en Turquía. Un juez de Haskovo ordenó su extradición a España, donde ingresaron en prisión.

Aquellos tres yihadistas fueron los primeros encarcelados de la operación Caronte, que concluyó el 8 de abril con un balance de 14 detenciones y el desmantelamiento de la mayor célula terrorista desarticulada en Cataluña. Llevaba por nombre Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad y casi todos sus integrantes residían en los barrios periféricos del extrarradio de Barcelona.

Entre sus miembros había un peluquero granadino, un camarero brasileño, un barcelonés en paro y un rapero de Tarragona. A ellos se suma un político neonazi catalán, que no formaba parte del clan pero les conseguía las armas.

No parece a priori el perfil de los integrantes de un grupo yihadista. Sin embargo, el auto del juez Santiago Pedraz asegura que casi todos ocupaban un rol destacado dentro de la estructura de la organización. Una información que revela la importancia que han cobrado los “nuevos musulmanes” en el terrorismo islámico.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

1. El adolescente brasileño.

El primer converso detenido se llama Kaike Luan Ribeiro Guimaraes y responde a un perfil de nuevo yihadista: extranjero, de raíces no musulmanas y marcado por el desarraigo. No procede de ningún país árabe sino de Formosa, un pequeño pueblo próximo a Goiás, Brasil. Tiene 18 años y lleva un par de años viviendo en España.

De familia muy humilde, fue educado en la fe cristiana evangelista y su bagaje laboral se limita a unos meses ejerciendo como camarero. En su entorno no hay consenso acerca de los motivos que le llevaron a cambiar de religión.”Sólo iba a la mezquita a rezar”, explica su hermana al diario digital InfoTalQual. “No es un terrorista sino una buena persona que encontró su fe en el islam”.

Otros apuntan que la conversión de Kaike podría responder a razones económicas. Es el caso de Amin Baghar, presidente de la Asociación Cultural Musulmana de Terrassa, que dice que los captadores se aprovechan de la crisis, de la situación de desamparo y de la desesperación: “Identifican a los chavales más necesitados y les lavan el cerebro. Les ofrecen un sueldo alto por irse al frente. Hasta 2.000 o 3.000 euros mensuales en algunos casos. Cantidades que son muy difíciles de rechazar. Se lo plantean como unas vacaciones pagadas. El problema es de la yihad uno no vuelve, y eso es lo que no cuentan”.

Baghar recuerda el día en el que Kaike abrazó el islam: “Acudí a su ceremonia de conversión en la mezquita de Terrassa. Fue un día feliz y todos lo veíamos muy seguro de su decisión. Pero entonces le advertimos de que los conversos son una presa fácil para los quienes captan adeptos para el salafismo”.

La premonición acabó por cumplirse y Kaike tardó sólo unos meses en convencerse de que su futuro pasaba por unirse a la yihad.

Los jóvenes del barrio no se creen la hipótesis económica. Un chico marroquí de 18 años, vecino de los detenidos, opina que “son personas que vivieron una mala vida y encontraron refugio en la religión. No hay más”. Además, considera irreal la presunta contraprestación económica. Dice sin rubor que “por 3.000 euros al mes me iba yo a pelear a Siria y eso que soy ateo”.

El joven no quiere dar su nombre por miedo a posibles consecuencias. “No quiero que se me relacione con este asunto por dar una opinión. En el barrio tenemos la impresión de que, por poco que hagamos o digamos nos van a meter en la cárcel. Una foto de Facebook ya te puede meter en problemas”, susurra. Esta sensación de caza de brujas flota cada vez con más intensidad en las calles del vecindario. “Hasta los niños musulmanes esquivan estos temas en público. En sus casas les ordenan que eviten hablar de estas cuestiones en la calle para no levantar sospechas infundadas”, explica la monitora de un centro cívico con mayoría de niños magrebíes.

Amin Baghar dice conocer a todos los miembros de la célula y está seguro de que algunos no tienen nada que ver con lo que les imputan: “Yo pienso en Reda [uno de los últimos detenidos, acusado de ser uno de los bastiones ideológicos del grupo] y no creo que esté implicado. En la mezquita todo el mundo se conoce. Al final intuyes quién puede y quién no puede formar parte de una cosa así. Conocemos incluso a los policías infiltrados. Los saludamos sin ningún problema”.

Baghar asegura detestar el fenómeno del yihadismo. “Aunque los radicales sean una minoría, sus acciones están salpicando a todos los musulmanes”, dice. “Ahora estamos todos en el mismo saco que esa minoría. Yo estuve trabajando hace poco en Francia y mis compañeros simulaban explotar cuando me acercaba. Puedes tomártelo con humor una o dos veces pero al final resulta inaguantable y te tienes que cabrear. Todo esto es lo que provoca el terrorismo. Violencia que engendra violencia”.

En Brasil deslizan otra posibilidad acerca de las razones que llevaron al joven Kaike a cambiar de religión. En Formosa, su pueblo natal, un policía amigo de la familia declaraba a la cadena Globo que Kaike entró en el Islam “porque estaba enamorado de una chica marroquí, según nos dijo su madre”. Pero también hay quien piensa que Kaike no era más que un infiltrado que dinamitó la célula desde dentro. Su pasado como cristiano militante ha disparado los rumores entre algunos musulmanes de planteamientos radicales. No lo dicen, y mucho menos en público. Pero lo escriben. Una pintada próxima a la mezquita de Terrassa refleja este pensamiento: “Kaike is cristiano”.

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Sea como fuere, Kaike se rebautizó como Hakim y empezó a relacionarse con miembros de Fraternidad Islámica. Aunque censado en la localidad vecina de Monistrol de Montserrat, pasaba la mayor parte del tiempo en Terrassa, en el piso ocupado en el que malvivía Taufik. Aquel ático se convirtió en el escenario de muchas de las reuniones de la célula. Kaike se imbuyó allí del salafismo radical, viendo algunos vídeos de decapitaciones y de niños de diez años ejecutando a “infieles”.

Al final Kaike dio el paso. Engañó a sus padres diciendo que se marchaba de viaje de fin de curso a Mallorca y emprendió la frustrada travesía a Siria de la mano de Taufik y Mohamed, el último miembro de la terna.

Sus conocidos aseguran que se trata de una persona con profundas convicciones religiosas. Cuando compareció ante el juez búlgaro que ordenó su extradición, recitó versículos del Corán a la espera de las preguntas del magistrado, según explica el diario búlgaro Dneven Trud. Su hermano también fue detenido en la segunda parte de la operación, aunque luego fue puesto en libertad.

2. A la entrada de la mezquita.

Rashid Alí es el director de InfoTalQual, un periódico digital de Terrassa que presta especial atención a las noticias relevantes para la comunidad árabe en Cataluña.

Alí es marroquí pero reside en Terrassa desde hace 15 años y asegura que la radicalización de Kaike (y del resto de miembros de la célula) no tiene sus raíces en internet sino en los corrillos que se forman a la salida del rezo, en la plaza frente a la mezquita de Terrassa.

Allí actúan los captadores salafistas. Se trata de musulmanes que se rigen por la ley islámica radical y que consideran impío a quien no la obedece. Defienden el regreso al Islam más puro, más primitivo. Imitan a Mahoma hasta en sus hábitos de comida o vestimenta. Sostienen que el Corán no está sujeto a interpretaciones, por lo que deben obedecer el texto al pie de la letra. Son violentos, odian a los occidentales y no dudan en menospreciar a los musulmanes moderados.

La tarea de los más radicales consiste en lograr adeptos para su causa. Personas que estén dispuestas a enrolarse en la yihad, unirse al frente sirio, atentar contra los cristianos o decapitar impuros. “Dentro de la mezquita no tienen poder. De hecho, consideran que el imán es un impuro porque no se somete a la ley islámica. Lanzan el cebo en la puerta del templo y no les resulta difícil encontrar a algún incomprendido dispuesto a escucharlos”, sostiene Alí.

No es la versión de Taufik Cheddadi, antiguo imán de Terrassa, que apuesta por internet como puerta de entrada al terrorismo. Chedaddi, que también es sociólogo e Islamólogo, expone que en la red “hay más intimidad y mucha más información”.

“También tendríamos que valorar otra cuestión”, explica Cheddali. “¿A quién pertenecen estas páginas? Canadá, Francia, Estados Unidos son los responsables de que estos contenidos estén en la web. Internet se convierte en el principal escenario para captar a estos jóvenes desarraigados y descontentos. En la mezquita seguro que no se radicalizan. Precisamente la mezquita es garantía de lo contrario: de control y convivencia. Lo que hagan en la puerta de la mezquita ya está fuera de nuestro control. Pero tampoco podríamos identificar a estas personas. No llevan escrito en la frente buen musulmán o mal musulmán”.

La radicalización del individuo puede tener varios orígenes. Pero si algo tienen en común casi todos los detenidos de esta operación es su lugar de residencia. El periodista Rashid Alí ha seguido el caso en detalle y no le sorprende que la mitad de los detenidos residan o hagan vida en un mismo barrio: Ca N’Anglada.

“La mayor parte de los magrebíes de esta zona vive virtualmente en los países árabes”, dice Alí. “Levantas la mirada por cualquier calle y lo único que ves son antenas parabólicas. La gente sintoniza Al-Yazira hasta para ver el fútbol que dan en abierto por TVE. Apenas les interesa lo que pasa aquí. No tienen demasiados alicientes. ¿Qué importancia tienen los musulmanes en los medios españoles? Interesan sólo cuando hay un caso de terrorismo. Los políticos lo saben pero no hacen nada por solucionarlo. No existe un proyecto de integración, por muchas conferencias que programen desde los partidos”.

3. Un gueto en la periferia.

La realidad que describe Alí ha convertido a Ca N’Anglada en el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del terrorismo islámico. Este barrio periférico de Terrassa se convirtió hace 20 años en el epicentro musulmán de la ciudad.

En los años 90, el boom de la construcción revalorizó los barrios de nuevo cuño y devaluó la vieja Ca N’Anglada. Los precios de aquellos viejos caserones y pisos protegidos de la época franquista mantuvieron un precio más razonable que el resto de inmuebles de la localidad. Eran pisos baratos que acogieron a nuevos vecinos con poco poder adquisitivo, en su mayoría inmigrantes del norte de Marruecos, de Tánger o Tetuán. Personas de un carácter mucho más hermético y reservado que sus compatriotas de Casablanca o Rabat.

El efecto llamada hizo el resto y Ca N’Anglada se acabó convirtiendo en una especie de gueto. Una versión española de las banlieu francesas: barrios periféricos de las grandes ciudades en los que la pobreza y la escasez de oportunidades acaban deviniendo en un embrión de la violencia. Hoy los 13.000 marroquíes censados conforman el 6,07% del padrón de una ciudad de 200.000 habitantes. Pero la gran mayoría vive concentrada en este distrito que conoció su máximo esplendor en los años 70 y 80 como eje comercial de la deprimida zona oriental de la ciudad.

Si Terrassa pasa por ser un suburbio de Barcelona, Ca N’Anglada es el suburbio del suburbio. Una zona ubicada a las afueras de la ciudad, sin industrias ni servicios ni futuro. En las paredes de las plazas hay pintadas que exaltan a dos jóvenes pùgiles magrebíes que encontraron en el boxeo su plan de fuga y ahora se ganan la vida como profesionales. Ambos se han convertido en ídolos de una nueva generación que se apunta en masa a los gimnasios para emularlos.

“Las salidas de los chicos pasan por la violencia, el boxeo o la yihad”, explica Aziz, un vecino magrebí que lleva casi 20 años en el barrio. Dice sentirse preocupado por la deriva radical que han emprendido algunos de sus jóvenes compatriotas aunque cree que “estos problemas han llegado de la mano de la crisis”.

No se refiere sólo a la mala situación económica sino a lo que llama “una crisis de valores” y dice que “son chavales desarraigados, sin valores ni sentimiento de pertenencia”. Es algo que corrobora Jamal, un magrebí de 18 años que reside en el barrio desde su infancia: “Yo aquí no soy más que un moro. Pero bajo a Marruecos y mis primos me ven como un europeo estirado. Y cuando subo a Francia o a Bélgica, soy un español más”.

La importancia del desarraigo la comparte el imán Taufik Cheddadi: al abordar las noticias de las detenciones prefiere no personalizar “porque no es una cuestión de nombres”. Tiene una teoría elaborada:”“El morbo vende. Debemos hacer un análisis mucho más profundo. ¿En qué hemos fallado para que nuestros hijos, algunos de los cuales no saben ni hablar árabe, se vean inmersos en este tipo de problemas? Muchos fracasan en la escuela, se meten en las drogas, no van a la mezquita. Es más un problema de desarraigo, de identidad. No saben de dónde son y se convierten en personas a merced de los manipuladores”.

Cheddadi recuerda que siempre ha habido musulmanes en España y nunca hubo problemas de terrorismo. “Entre los años 50 y los años 70, muchos árabes contribuyeron a reconstruir el continente”, explica. “Ahora Europa se ha convertido en un exportador de terroristas. Lo que debemos analizar es qué problema tenemos en Europa. No si el islam es bueno o malo”.

El imam aboga por afrontar la religión islámica “como lo que es: parte de la historia de España aunque algunos no quieran verlo. Se tiende a relatar la historia del país sobre el pasado griego, romano y judeocristiano. Pero el Islam ha estado presente aquí durante muchos siglos en de forma mayoritaria. Si aprendemos a integrar este concepto en la enseñanza de los más pequeños, estaremos dando el primer paso para lograr evitar exclusiones y discriminaciones injustas”.

4. Rumbo a Siria.

La sensación de exclusión lleva a menudo a buscar la aceptación en una comunidad que les abra los brazos. “El Estado Islámico les ofrece una bandera, unos ideales, un concepto de hermandad utópico, y el único requisito exigido es abrazar el salafismo y morir por esos ideales corrompidos”, resume Baghar.

El desarraigo, la pobreza y la falta de oportunidades acaban sumiendo a los más jóvenes en situación difícil de mantener. Ahí es donde entra en juego la yihad.

El grupo Estado Islámico se ha convertido en un polo de atracción. Cualquier individuo puede pasar de sentirse un cero a la izquierda a considerarse imprescindible. Ni siquiera es necesario hablar árabe: “La estrategia de captación de Estado Islámico se basa en el concepto de las brigadas internacionales de la Guerra Civil española”, dice Alí. “Proponen un ejército conformado por soldados de todos los países. Comunicarse tampoco es difícil porque siempre los voluntarios siempre pueden encontrar a alguien que proceda de su país y les haga mucho más llevadero el proceso de integración”.

Según Alí, los estímulos que llegan a través de las redes sociales construyen una imagen del Estado Islámico casi irresistible: “Cuelgan fotos de muyahidines con grandes coches y armas, con poder. No descartan a nadie. No importa que te postules como soldado, como suicida o como trabajador. Siempre hay algo por hacer en un estado en construcción”.

Las motivaciones para unirse a una célula terrorista no son siempre las mismas.

En torno a Kaike se barajan hipótesis relacionadas con la religión, el dinero, el amor e incluso la traición.

Quienes conocen a Taufik tienen menos dudas: “Lo que buscaba era legitimar su violencia. Se trata de una persona violenta, con muchos problemas de adaptación y poca suerte en la vida”, señala Alí, que recuerda que Taufik tenía antecedentes por robo y narcotráfico. “Había pasado un tiempo en prisión. Delinquía y siempre se metía en líos. Llegó Estado Islámico y le ofreció irse a Siria a cortar cabezas y cobrar por ello. Aquello le convertiría en un héroe. Le estaban prometiendo una recompensa por hacer todo lo que aquí en España le suponía una condena. El dinero se acaba gastando. Ganar una reputación y encontrar tu lugar en el mundo son conceptos mucho más duraderos”.

Taufik se convirtió en uno de los elementos con más peso en la célula. Su carisma, su arrojo y sus planteamientos radicales le convirtieron enseguida en una de las voces más respetadas del círculo.

Que en el coche interceptado en Bulgaria viajaran tres personas fue una casualidad. Estaba previsto que con ellos viajase un cuarto miembro de la célula que al final no pudo unirse a la expedición.

El magistrado que instruye la causa explica que Said Touay, otro de los detenidos residentes en Ca N’Anglada, había manifestado su intención de enrolarse en Estado Islámico. “Tenía intención de partir con su familia o de atentar en España si no conseguía marcharse”, explica en su auto. La imposibilidad de llevarse a los suyos le llevó a permanecer en España y a seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

“Con la marcha de Taufik, Kaike y Mohamed, su peso específico en la célula aumentó”, dice el auto del magistrado, que añade que “hacía proselitismo, justificaba el terrorismo y veía vídeos de acciones violentas, ejecuciones y canciones yihadistas de Estado Islámico”.

5. El peluquero y el neonazi.

Estas sesiones de exposición intensiva a discursos terroristas se desarrollaban sobre todo en el domicilio del cabecilla del grupo. Antonio Sáez es un peluquero granadino que reside en Sabadell y que encontró en el islam el refugio a una vida de excesos.

Se casó con una marroquí, se rebautizó como Alí, abandonó su adicción al alcohol y se entregó en cuerpo y alma al integrismo islámico.

Nadie en su barrio podía sospechar de sus actividades. “Se hizo musulmán, se dejó barba, sí, pero era un ciudadano ejemplar. Ayudaba a todo el mundo. Nadie podrá decirte una mala palabra de Antonio en este barrio”, resume Manuel, uno de sus vecinos. A pesar de las apariencias y de que “siempre saludaba”, Antonio fue el fundador de la célula terrorista y el alma del grupo.

El terrorismo procura extraños compañeros de viaje. En la peluquería que regentaba, el granadino conoció a Diego José Frías, un neonazi que lideró las listas electorales de dos partidos de extrema derecha: Movimiento Social Republicano (MSR) y España 2000. El odio a los judíos los unió, según explica el auto del juez.

Frías tenía afición por las armas y eso le convirtió en la persona encargada de conseguir el arsenal. Ambos planeaban atentar contra una librería judía de Barcelona y contra una sinagoga.

Pocos en Sant Quirze, donde vivía Frías, pueden creer que aquel joven xenófobo haya acabado en prisión por colaborar con la yihad. “No doy crédito; nunca hubiese imaginado que se relacionase con moros y mucho menos que planease atentar con ellos”, explica Xavier, un joven vecino de la urbanización en la que residía Frías. Lo define como “un tipo con las ideas claras que no escondía sus ideas racistas y sus planteamientos contrarios a la inmigración” aunque “creo que para todo su entorno ha resultado una sorpresa”.

No es la única sorpresa que entraña este caso. La última la han protagonizado las fuerzas policiales. Los Mossos d’Esquadra denunciaron recientemente que miembros de Policía Nacional alertaron a los miembros de esta célula yihadista del seguimiento que se les estaba realizando.

Este presunto chivatazo motivó que los integrantes de Fraternidad Islámica se pusiesen en guardia y modificasen sus planes iniciales. El conseller de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler, aseguró que los miembros de la célula se enteraron en noviembre de que les estaban investigando. Un soplo que según el conseller puso en peligro la operación y la integridad del agente de los Mossos que se hallaba infiltrado en el grupo.

Espadaler aseguró que los terroristas, al verse detectados, precipitaron su marcha a Siria por lo que hubo que alertar a la policía búlgara de que los interceptara antes de que entraran en las filas de Estado Islámico.

La alianza entre fundamentalistas islámicos y ultraderechistas es uno de los argumentos que esgrimen los expertos para eximir a la religión de ser la causa de la radicalización.

“Mezclar terrorismo yihadista e islam es propio de imbéciles”, dice José María Gil Garre, director del departamento de Estudios contra el Terrorismo del Instituto de Seguridad Global. “Es como si confundiéramos el terrorismo de las milicias cristianas de la República Centroafricana con la religión cristiana o a los grupos budistas que despellejan vivos a los musulmanes en Birmania con el hecho religioso budista”.

Gil Garre sostiene que los detenidos no han experimentado una conversión religiosa sino ideológica. “El terrorismo yihadista es una ideología que se apoya en unos argumentos muy definidos y en textos e interpretaciones del hecho religioso islámico”, dice. “El terrorismo yihadista es una basura ideológica y pseudoreligiosa. Retuerce el único libro en el que dicen creer, el Corán, hasta hacer que determinados textos signifiquen y digan lo que en realidad no significan ni dicen”.

Esta visión retorcida es la que se está llevando a más jóvenes al Estado Islámico. El Ministerio del Interior cifra en 60 el número de españoles que se hallan en los territorios ocupados por el grupo. La mayoría están en Raqqa la ciudad más importante de la región.

Entre ellos se encuentra Abdellatif Chahmout, el único vecino de Ca N’Anglada del que se tiene constancia que se haya unido a los terroristas. Llegó a Raqqa con escala en Alemania y no encontró ningún impedimento en su camino. El billete se lo pagó Lahcen Zamzani, otro de los detenidos en la operación Caronte.

No sólo le abonó aquel pasaje. También le dio las pistas para llegar mediante un itinerario seguro: haciendo escala en alguna ciudad alemana. El país cuenta con el mayor número de ciudadanos turcos de la Unión Europea y la conexión aérea con Turquía (paso previo a la entrada a Siria) es más habitual y fluida que en otros países. Los controles son mucho menos férreos. Abdellatif hizo escala en Dusseldorf y no encontró ningún obstáculo para alcanzar territorio sirio.

“De todos modos, antes casi todos los caminos eran seguros”, dice el periodista Rachid Alí. “Los españoles que se han unido a Estado Islámico llegaron a Siria entre 2012 y 2014. Durante ese intervalo, el control de las fronteras era nulo. Los gobiernos occidentales eran conscientes de que había gente que se marchaba a combatir con los radicales, pero a nadie interesó frenar ese fenómeno. Entonces el enemigo era el presidente Bashar al Asad e interesaba tener a gente peleando contra él. Ahora las cosas han cambiado”.

Los españoles que se unieron al Estado Islámico antes de que se endureciesen los controles fronterizos empiezan a echar raíces en su nueva patria. Hasta el punto de que el pasado mes de abril nació el primer español en territorio ocupado por el grupo. Se trata del primogénito de Kokito Castillejos y Assia Ahmed.

Casillejos es un informático de Ceuta que se unió a la yihad en 2013 y que ahora pasa por ser uno de los miembros más sanguinarios del ISIS: se ha hecho célebre en la red por fotografiarse con las cabezas de los enemigos a los que él mismo decapita. Ella es una ceutí que se marchó siguiendo sus pasos, logró atravesar la frontera siria y se unió a él en matrimonio. Ahora Assia ha dado a luz a un niño en Siria, según dice José María Gil Garre, director del Instituto de Seguridad Global.

El periodista Rachid Alí cree que España volverá a sufrir el impacto del terrorismo islámico. Entre otras cosas porque el problema ya no es un coto exclusivo de inmigrantes árabes. Cada vez más españoles caen las redes del terrorismo islámico.  Es una guerra hipodérmica que discurre por debajo de la piel y que cada vez resulta más difícil de identificar.