Julio Medem: “Entiendo que no sé gustarle a todo el mundo”

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Ma ma, la nueva película de Julio Medem, habla de la tragedia del cáncer, de paro y de fútbol. El director guipuzcoano estrena este viernes una producción que quiere llevar a todo el mundo.  Entre lenguaje simbólico y atención al inconsciente Ma ma es un  canto a la vida.

Reportaje gráfico: Dani Pozo

Reportaje gráfico: Dani Pozo

A Magda le han detectado dos carcinomas en el pecho. Es una mujer desempleada y su marido la acaba de abandonar. Su hijo tiene futuro profesional en fútbol. Pero ella no entiende nada del tema, porque no le interesa. Un nuevo hombre y un embarazo inesperado llenarán de vida sus últimos meses antes de morir. Penélope Cruz es Magda en Ma ma, la nueva película de Julio Medem que se estrena este viernes.

Su trabajo está dedicado “a ellas”, a todas las mujeres que han sufrido cáncer de mama. Pero no fue un caso concreto el que le inspiró, sino una escultura del museo de Düsseldorf: una mujer desvalida en el suelo, sin un pecho, embarazada y con cara desgarradora. La obsesión del director desde el guion hasta el montaje fue alejarse del tópico.

“Fue difícil medir. Estás dentro de un sufrimiento terrible, pero no quería ir por lo meloso o lo sensiblero”, resume Julio Medem (San Sebastián, 1958) ante el peligro de que su nueva producción resultase demasiado sentimental. El único mal de Ma ma es el cáncer, todos los personajes que ha creado el cineasta, como dice, son buenos. Medem quería mostrar lo que puede ocurrir en la vida cuando sabes que pronto vas a morir. Al presentar la muerte como protagonista, el resto de la vida adquiere un valor enorme.

España, 2012. El país ha colapsado, la crisis financiera empobrece a la población y la selección triunfa en la Eurocopa. Esa era la paradoja patética que le interesó a Medem. “He escrito cada película según la forma en la que yo era entonces”, explica Julio Medem a EL ESPAÑOL. Su nueva película es un canto a la vida. Vacas, su primer largometraje, mostraba la Guipúzcoa de 1870: carlista y afectada por la guerra. La ardilla roja exhibía la incertidumbre de la amnesia. Otras como Habitación en Roma y Lucía y el sexo transmiten una desenfrenada pasión sensual.

“Uso mucho el inconsciente y no puedo evitarlo. Todas mis películas surgen así, como del aire. No es algo real lo que me inspira, pero me fuerzo a aterrizar”. A pesar del lenguaje complejo de sus filmes, a Medem le gustaría llegar a más personas. No pretende ser hermético: “Quiero que mis películas gusten. Entiendo que no sé gustarle a todo el mundo. Pero si a una parte del público le conmueve lo que hago, eso da sentido a mi profesión”, asegura el director.

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“Vuelvo a temer que no se me entienda”

El hallazgo cinematográfico de Medem en esta película es lo que él ha llamado “el plano del miedo”, que logra que Penélope se retuerza en escorzos imposibles. “Es una figura con la que ella mira atrás, a la muerte”, explica el director de Ma ma. Además, Magda imagina constantemente a una niña pequeña, Natasha, nombre que Medem utilizó también para una de las protagonistas de su anterior largometraje, Habitación en Roma.

Además del inconsciente, a Julio Medem le gusta apostar por el lenguaje simbólico. “A veces eso me acarrea problemas con las personas más racionales. Con esta película vuelvo a temer que no se me entienda. Como ya me paso con las primeras: Vacas, La ardilla roja y Tierra”, subraya. Medem tiene miedo a que se aplique la razón a sus películas. Recomienda al espectador que se deje llevar antes de poner en marcha las ideas. Dice que sólo así se entiende lo que él ve y propone.

A pesar de todo, piensa que con Ma ma podrá llegar a más gente: “Está vendida en casi todo el mundo que compra cine, eso es un éxito muy grande. Además, está Penélope, que es una actriz que yo no imaginaba. Ha sobrepasado mis mejores previsiones como director de a dónde podía llegar el personaje”, explica Medem.

El director tampoco aspira a llegar al gran público de la industria estadounidense. “Para una persona como yo Hollywood es complicado. Tendría que hacer cine independiente. Ellos a veces están ensimismados. No se están dejando ni libertad ni respiro para crecer. Por un lado me atrae, pero yo vivo mejor en Europa”. Fue en Los Ángeles donde el director y guionista escribió Aspasia, amante de Atenas, el libro con el que se estrenó como novelista y que espera estar rodando en dos años.

Así viven (y mueren) en México los periodistas amenazados

Estados Jodidos mexicanos

Luis Cardona no pudo tener la jubilación que soñaba. Ahora no puede pasar más de dos meses en la misma ciudad. Por seguridad, no tiene un número de teléfono móvil a su nombre. Luis es periodista, mexicano y amenazado por los narcos. Una combinación de alto riesgo.

Luis Cardona no pudo tener la jubilación que soñaba. Ahora no pasa más de dos meses en la misma ciudad. Por seguridad, no tiene un número de teléfono móvil a su nombre. Luis es periodista, mexicano y amenazado por los narcos. Una combinación de alto riesgo.

Comenzó a trabajar cuando tenía 16 años en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. Al terminar la carrera, puso en marcha la sede del Diario Juárez en Nuevo Casas Grandes, un pueblo de 60.000 habitantes en la frontera entre Chihuahua y Sonora. Después, fundó y dirigió otros periódicos en otros estados de México y recibió muchos toques de atención de los narcos por sus informaciones. Tras cumplir los 50, empezó a pensar en la jubilación y volvió a Nuevo Casas Grandes para escribir en el diario que había fundado. 

Luis informó en su periódico 15 secuestros. Hace dos años, el suyo se convirtió en el número 16. No se trataba de raptos de personas adineradas sino de jóvenes que se resistían a trabajar en los campos de marihuana entre Sonora y Chihuahua. “Me pareció muy grave, no podía dejar de lado la situación. Pero no mencioné cárteles o nombres por seguridad. De cualquier forma, me secuestraron. Me decían: ‘Estás calentando la plaza, le tiras al Gobierno y al crimen organizado, ¿no te das cuenta que somos los mismos? Me quedó claro”, explica a EL ESPAÑOL.

Su cautiverio duró menos de una semana y sus secuestradores lo liberaron sin explicarle por qué. Suficiente para cambiarle la vida. Ahora, Luis Cardona dirige Diario19.com, una web nacida para permitirle a él y a otros amenazados seguir escribiendo. Tiene 55 años y lleva siempre consigo un botón de pánico; al apretar la tecla SOS, desde la central del Gobierno a la que está conectado saben dónde está y pueden escuchar todo lo que ocurre a su alrededor. Si se encuentra en peligro, envían soldados a por él.

Luis forma parte de un colectivo muy grande. Cientos de informadores mexicanos son amenazados por sus publicaciones. No todos tienen la suerte de sobrevivir.Periodistas asesinados

Desde el año 2000, 104 periodistas han sido asesinados en México, según los datos de la Procuraduría General del Estado. El periodo más sangriento se vivió durante el mandato de Felipe Calderón, entre el 2007 y 2012, que declaró la guerra al narcotráfico. Durante estos años, 60 reporteros perdieron su vida por informar sobre temas que incomodaban a los poderes del país latinoamericano.

El asesinato de Rubén Espinosa, el 1 de agosto en el Distrito Federal, la capital del país, es el último de una larga lista. Pero su muerte a balazos junto a cuatro mujeres ha reavivado el miedo, el coraje y la impotencia de sus compañeros.

“Sabemos quién fue”

“Sabemos quién fue”, escriben en sus pancartas al manifestarse. En las concentraciones que han seguido al asesinato, los compañeros de Rubén han quitado el verde y el rojo a la bandera mexicana. La pintan de negro y la alzan en sus protestas. Juntan sus cámaras para formar un altar. Y gritan: “No se mata la verdad matando periodistas”. Apuntan directamente al Gobierno de Veracruz, que encabeza Javier Duarte.

Rubén Espinosa salió de Veracruz el pasado 9 de junio, estado en el que vivía y trabajaba. “Tuve que salir por intimidaciones, no por una agresión directa como tal. Por sentido común”, dijo Rubén en una entrevista con Rompeviento, una televisión online. Según explicó, unos días antes de autoexiliarse en el D. F., un par de hombres lo siguieron por las calles de Xalapa, en Veracruz. En la misma entrevista explicó que no presentó una denuncia porque no confiaba en ninguna institución del Estado. Al parecer, los que le seguían no cesaron su búsqueda hasta el D.F. Ahí es donde lo asesinaron.

Rubén no dejó de trabajar a pesar del riesgo de su profesión. Según la revista mexicana Proceso, de la cual era colaborador, se había convertido en un informador incómodo para el Gobierno de Veracruz. Estaba especializado en la cobertura de protestas sociales como la que se refleja en la foto con la que empieza este reportaje, subida por el fotoperiodista a las redes sociales hace menos de un año.

Políticos, redes financieras y narcos

El narco en México es un triunvirato: son políticos, redes financieras y narcotraficantes. Todo estaba controlado por el poder político, desde los años 80 hasta que Vicente Fox llega a la presidencia con el Partido Acción Nacional (PAN), en el año 2000, acabando con más de 70 años de Gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

“Cuando Fox toma el control, los cárteles dejan de funcionar de manera compacta y empiezan a hacerlo aisladamente. El cártel deja de estar tan regido por el poder político. Toman el mando los grupos criminales. Entonces el narco en México se desbarata”, relata Lolita Bosch, periodista y novelista nacida en Barcelona pero mexicana de adopción. Es ahí cuando el número de muertes comienza su escalada.

En 2006, un nuevo presidente, Felipe Calderón, toma las riendas del Gobierno. Su mandato es también el inicio de la conocida como guerra al narcotráfico. “Calderón quería controlar la situación, pero no supo”, explica Lolita. El número de muertes se dispara hasta que en 2012 México elige a un nuevo presidente, de nuevo del PRI: Enrique Peña Nieto. “Llegó con la falsa promesa de poner riendas al narco. Esta era la ilusión que teníamos. Pensábamos que si lo habían hecho en los 80 lo sabrían hacer ahora. Pero no, porque el narco ya era otro”, sentencia. Lolita fundó una web junto con 90 personas: periodistas, activistas y académicos para responder a la situación después de la guerra declarada por Calderón. Entre sus proyectos está contar la historia de los asesinatos a periodistas en todo México a través de un libro online.

En la última década, el narco ha tomado el poder del crimen organizado y eso hace que sea más fácil investigarlo, pero también que afloren las relaciones entre las redes financieras y políticas. Se ve de qué manera están tan vinculados los tres poderes fácticos. Cuando eso ocurre, empiezan las matanzas de periodistas. “La investigación pone en riesgo al poder político.

Ese es el verdadero poder de la guerra: poner en evidencia la manera de funcionar con estos tres poderes”, dice la periodista y escritora. El problema de la guerra es el descontrol. Según los periodistas, fue sólo una estrategia de Calderón para reivindicarse como líder, pero no lo logró. El PAN no supo controlar el desorden del poder y de ahí viene el incremento en los asesinatos de periodistas.

Las zonas de la guerra

Chihuahua y Veracruz son los estados de México con más asesinados. Después se encuentran Tamaulipas y Guerrero. Veracruz y Tamaulipas son los estados del Golfo de México. “Lo que ocurre con los periodistas del golfo se explica porque es una entrada más grande de droga. Es, además, un conglomerado de crimen organizado. Trafican con mujeres, con niños, con armas…”, detalla Lolita Bosch.

En el siguiente mapa se muestran las muertes de periodistas desde el año 2000 en el estado en el que se produjeron.

Los medios han organizado redes de protección entre ellos. Los periódicos de Ciudad Juárez (Chihuahua) fueron los primeros en sufrir la delincuencia y compartieron sus técnicas con los diarios de Veracruz, que ahora ayudan a los de estados del sur de México.

“Hoy estar informado en México no es sólo un derecho, es un motivo para salvar tu vida. Las personas necesitan saber quién opera en su ciudad, porque es distinto cómo opera el cártel de Jalisco y su nueva generación a cómo lo hacen los zetas en el Caribe o el cártel de Sinaloa y el de Juárez. Todos necesitan saber qué está pasando en su comunidad para seguir vivos”, explica Lolita. “Pero a los periodistas no nos da tanto miedo el narco como el poder político”, agrega.

“Nosotros hacemos como si el Gobierno no sirviese”

Casi todos los periodistas que han hablado sobre el triunvirato han sido amenazados. Algunos cuentan su historia como estrategia para defenderse. Piensan que haciendo público su caso el que amenaza tomará más precauciones. Otros deciden no decir nada a nadie, ni siquiera denunciar, pues nunca saben de dónde viene esa amenaza. La denuncia puede ser contraproducente.

“A pesar de que mi periodismo no es bueno para el Gobierno, el mismo Estado es el que tiene el deber de proveer seguridad”, cuenta Luis Cardona. “Por eso formo parte del mecanismo de protección federal. No puede cuidarnos una asociación no gubernamental porque no tiene esa capacidad. Ellos tienen bastante dinero, pero lo gastan en libros y en estadísticas. Cada muerto es una estadística para ellos. Sólo el Estado puede protegernos, aunque el mismo Estado es también agresor”, agrega.

Según Lolita Bosch, trabajar por el bien común es trabajar contra el Gobierno. “Si decimos que estamos a favor de la paz, al Gobierno le parece una afrenta”, subraya.

Ahora los periodistas ya no tienen en donde resguardarse. “Antes íbamos al D. F., pero con el asesinato de Rubén nos han dicho no. Ya no tienen en donde colocarse. Ese es el mensaje que le han dado al periodismo independiente”, relata Lolita. El miedo, después del asesinato de Rubén y las cuatro mujeres, es saber quién sigue. “En cualquier momento van a ir por cualquiera de nosotros. Tenemos que ser muy inocentes para decir que no nos va a pasar. Nos puede pasar a cualquiera. Así funciona esta guerra”, lamenta.

La nueva Lengua de Cervantes

Madrid, 23 de Julio de 2015. Entrevista  al escritor Andres Trapiello, con motivo de la publicación de su obra "Don Quijote de la Mancha: Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello". Sesión realizada en su domicilio. © MOEH ATITAR / EL ESPAÑOL

Preocupado y curado, escudo y adarga, celo y curiosidad, todos son sinónimos; lo único que les separa son 400 años. Por eso es difícil leer el Quijote. No porque sea un libro pedante escrito para cultos, sino porque hace cuatro siglos que las palabras con las que se escribió comenzaron a dejar de usarse. Ahora, Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) recupera para el siglo XXI lo que Cervantes regaló a España en el XVII: Don Quijote de la Mancha. El escritor leonés ha puesto en castellano actual la obra maestra de la literatura española.

Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Preocupado y curado, escudo y adarga, celo y curiosidad, todos son sinónimos; lo único que les separa son 400 años. Por eso es difícil leer el Quijote. No porque sea un libro pedante escrito para cultos, sino porque desde hace cuatro siglos muchas palabras con las que se escribió comenzaron a dejar de usarse. Ahora, Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) recupera para el siglo XXI lo que Cervantes regaló a España en el XVII: Don Quijote de la Mancha. El escritor leonés ha puesto en castellano actual la obra maestra de la literatura española.

El 27 de julio, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría presidió la reunión constitutiva del Pleno de la Comisión Nacional para la Conmemoración del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. El pasado marzo se encontraron los posibles huesos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias en Madrid. El coste de la búsqueda sumó más de 100.000 euros. El Instituto Cervantes tiene más de 70 sedes en todo el mundo y se planea un aumento.

Sin embargo, según una encuesta publicada por el CIS, sólo dos de cada 10 españoles dicen que han leído el Quijote. El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas del pasado mes de junio aporta más datos: que el 51,3 por ciento de los entrevistados dicen que leer esta obra de Cervantes es difícil; que de estos, el 66,2 por ciento consideran que es difícil por el lenguaje en que está escrito; y que del 21,6 por ciento que ha leído el libro completo, el 54,1 por ciento lo ha leído por motivos de estudio y únicamente el 30 por ciento por interés personal.

El poeta y novelista Andrés Trapiello quiere agrandar la cifra de lectores de la obra cumbre de la literatura española. Para ello emprendió, hace 14 años y en secreto, la tarea de reescribir al castellano actual el Quijote de Cervantes.

“Si fuese verdad que dos de cada 10 españoles han leído el Quijote —explica el novelista—, querría decir que hay 10 millones que sí lo han leído. De ser así, este país sería completamente diferente. Seríamos muchísimo más educados y civilizados, además, tendríamos mejor humor a todas horas”. Según Andrés Trapiello, un lector actual del Quijote en castellano antiguo entiende palabras sueltas, pone a funcionar la imaginación y por aproximación va comprendiendo la obra.

Según Trapiello, los hispanohablantes ya no comprenden lo que dice Don Quijote. Pero, absurdamente, “el Quijote cuenta con millones de lectores en todo el mundo, tiene muchos más lectores en traducciones que en el original”. “Por tanto”, explica el autor, “es absurdo oponerse a que se traduzca al castellano actual”. “Si se puede traducir al francés moderno, se puede traducir al español moderno”, concluye.

No es la primera vez que Trapiello se acerca al ingenioso hidalgo. Antes había escrito Al morir Don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes. Esta vez su trabajo ha sido mucho más ambicioso. “Nadie se atrevía a decir: yo no lo he leído. Era como salir del armario literariamente. Y nadie se atrevía a traducirlo a nuestra lengua actual. Se han traducido el Poema del Mio Cid, El libro del buen amor, La Celestina, se vio bien que se tradujeran, no así con el Quijote”. Pero ni siquiera el escritor, que ha dedicado más de una década a la traducción del Quijote, es capaz de leer la gran obra sin interrumpir la lectura para atender a las más de 5.500 notas al pie.

“La vida de un libro va más allá de las palabras”

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Al escritor le hubiera gustado traducir el Quijote al castellano actual sin tocar ni una coma. Pero no fue posible. Pues cuanto más pasa el tiempo más lejos queda la lengua de Cervantes, y no sólo en palabras, sino en contexto. Por eso, según explica: “Para leer el Quijote en su lengua original tendríamos que estar en el siglo XVII. Sin su contexto, nadie hoy puede leer el Quijote original”.

“Toda la cultura está hecha a partir de traducciones”, asegura Trapiello. Pocos podrían haber leído a Tolstoi o a Montaigne si no se hubiesen traducido las obras a tantos idiomas. De ahí que a Trapiello le moleste cuando “la gente se pone muy estupenda con los originales”. “Las lenguas solo sirven para comunicar. Si hay alguna de la que se diga: ‘Es muy bonita pero no se entiende’, esta no sirve de nada. Está fosilizada”, agrega el poeta.

Para el autor “la vida de un libro va más allá de las palabras”, por eso se atreve a decir que “Cervantes es el hombre menos literario del mundo” que “lo que le interesa de la literatura es la capacidad de crear vida. La vida, no la literatura, o si se prefiere, una literatura que está viva”. “Cervantes se presta a muchos tipos de lecturas. La más sencilla es que es un hombre que tiene una especie de don para crear una vida propia”, explica el ahora ‘traductor’ con una sonrisa.

El mundo creado por Cervantes en Don Quijote de la Mancha no está atado a las palabras. Eso es lo que hace posible su traducción. “Todo el libro está lleno de referencias cultas. Pero está hecho con tanta delicadeza y naturalidad que lo puede leer todo el mundo. El que es culto y el que no. No se trata de una erudición que excluya a la gente, no es un libro pedante”, asegura Andrés Trapiello. “Sancho Panza, de haber sabido leer como el bachiller Carrasco, hubiera podido leer el Quijote y lo habría entendido perfectamente, sin notas. Alguien de la cultura de don Quijote hoy no podría hacerlo sin notas”, añade. La realidad es que hoy en día los hispanohablantes tienen dificultades al acercarse al libro. Es así porque cada página del Quijote tiene más de un par de frases que ya no se entienden. Por eso, según explica el traductor, el libro ya no se lee.

La traducción de un poeta

“Aunque esta no es la traducción de un filólogo, he procurado respetar el original, si no como un filólogo, al menos como un poeta”, confiesa el autor en el prólogo de la nueva versión del Quijote. El poeta tiende a las palabras, no utiliza fórmulas matemáticas, se guía por su instinto. “Un poeta sigue las palabras hasta el final —explica Trapiello—, pero si llegara un momento en que la palabra a la que tiene que traducir es insuficiente, echa mano de su sentido común. De hecho, el propio Quijote está escrito por un poeta que es Cervantes. Se trata de un libro poético. Aunque esté escrito en prosa, el Quijote es el gran poema de la lengua española. Por tanto requiere una mirada poética”.

Para poner las palabras de Cervantes al castellano actual, Andrés Trapiello no ha hecho más que subir al texto las notas al pie de los últimos 300 años. Mientras lo hacía, pensaba en los jóvenes de las Misiones Pedagógicas que llevaban por los pueblos de la España republicana las copias del Museo del Prado. No eran las originales, pero “sirvieron para que muchas gentes conocieran por primera vez lo mejor de nuestra cultura y lo más noble del espíritu humano”, explica el autor en su prólogo al Quijote.

Ésa era la misión de Andrés Trapiello: “Devolver al pueblo lo que es suyo”, sin ser él nada más que una nota al pie de página de Don Quijote de la Mancha, para que así no se le alabe por lo que ha traducido sino por lo que ha dejado de traducir. Pues según dice: “Lo que he dejado traducir es de Cervantes. Y este libro tiene de mío lo que es él”.

Madrid, 23 de Julio de 2015. Entrevista  al escritor Andres Trapiello, con motivo de la publicación de su obra "Don Quijote de la Mancha: Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello". Sesión realizada en su domicilio. © MOEH ATITAR / EL ESPAÑOL

[su_box title=”El Quijote, del castellano antiguo al actual”]
Castellano antiguo (Editado por Francisco Rico):
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, y algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Castellano actual (Editado por Andrés Trapiello):
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos.


Castellano antiguo:
No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le conocía por tan manso y tan poco rijoso, que todas las yeguas de la dehesa de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro.

Castellano actual:
No se había preocupado Sancho de trabar a Rocinante, seguro de saberlo tan manso y tan poco rijoso, que ni todas las yeguas de la dehesa de Córdoba lo hubieran incitado a ningún mal vicio.


Castellano antiguo:
Calló en diciendo esto el cautivo, a quien don Fernando dijo: Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y extrañeza del mismo caso.

Castellano actual:
Tras decir esto calló el cautivo, a quien don Fernando dijo: Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y extrañeza del mismo caso.

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