El futuro de Mas, en manos de una asamblea

La CUP decidirá qué hacer en la sesión de investidura en una asamblea de sus militantes. Plantean tres alternativas: apoyar a Raül Romeva, proponer un candidato independiente o abstenerse en la votación de Mas. 

La Candidatura de Unitat Popular (CUP) se ha convertido en una de las claves del independentismo. El partido anticapitalista multiplicó este domingo su número de escaños y pasó de tres diputados a 10 con el 8,2% de los votos. Estos resultados convierten a la formación en un actor principal del proceso independentista después de que Junts pel Sí, con 62 escaños, se haya quedado lejos de la mayoría absoluta y necesite apoyos parlamentarios poner en marcha la hoja de ruta secesionista.

La CUP entiende los resultados como un reclamo de Cataluña para romper el statu quo e iniciar un proceso constituyente que culmine con una república catalana. El número uno de la formación, Antonio Baños, afirmó que el partido se ha convertido en “el acelerador del proceso” y que los catalanes han expedido “el certificado de defunción del autonomismo”.

La fiesta de la CUP se celebró en el Casino L’Aliança Poblenou, que estaba lleno a rebosar. Baños advirtió que “la desobediencia es la independencia” y que “a partir de ahora, la legalidad española puede y tiene que ser desobedecida por la soberanía catalana”. También enfatizó su mensaje social y advirtió que Cataluña tiene que buscar “un plan de choque” para lograr que en todos los hogares “puedan haber tres comidas al día”.

La número dos del partido, Anna Gabriel, agradeció el apoyo que ha recibido el partido y recordó a los asistentes que la CUP es una chispa en el sur de Europa y que ahora representan a todos aquellos militantes anticapitalistas. “No olvidamos el resto de pueblos del Estado y el resto de pueblos en lucha”.

El ambiente durante el acto era eufórico y había una sensación de victoria absoluta. Los asistentes que se acercaban al Casino L’Aliança hacían cálculos electorales para discutir el papel clave que tendrá la CUP en esta legislatura. Centenares de votantes llenaron la sala y vitorearon al exdiputado Quim Arrufat cuando lo enfocaban por TV3, aplaudieron los malos resultados de Unió Democrática a medida que se iban confirmando y abuchearon las comparecencias de Pedro Sánchez y Xavier García Albiol.

Una de las incógnitas que dejó la noche fue la relación política que tendrá la CUP con Junts pel Sí en el futuro. Gabriel sólo se refirió a este punto con estas palabras: “El proyecto independentista seguirá adelante, pero hoy el señor Mas ya no es imprescindible”. 

Baños ha dicho en varias ocasiones durante la campaña que el partido no apoyará la investidura del actual president de la Generalitat. Aun así, una vez terminado el acto, las conversaciones en la calle giraron en torno a cuál debe ser la posición de la CUP de ahora en adelante.

La formación decidirá esa posición en una asamblea durante los próximos días y después de hablar con una decena de militantes sólo hay una cosa clara: el partido no investirá a Mas. Las tres alternativas que dieron esos militantes anoche son más difusas: apoyar a Raül Romeva, proponer un candidato independiente o abstenerse en una eventual investidura de Mas. Sean cuales sean los próximos pasos, el futuro del independentismo pasará inevitablemente por el proceso asambleario de la CUP.

La resaca electoral, en directo

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La lista conjunta de Junts pel Sí gana las elecciones con 62 escaños, pero se queda a seis de la mayoría absoluta: el independentismo gana en escaños pero no en votos. Ciudadanos pasa de tener nueve representantes en el Parlamento de Cataluña a 25, mientras sus principales adversarios políticos descienden en escaños: El PSC pierde cuatro y el PP ocho. Cataluña sí que es Pot se estrena con 11 diputados.

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    El rey de los ‘castells’ de Vilafranca se resiste a abandonar

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    Cisco Mallofré nació en 1939. Durante los últimos 50 años ha levantado más de 2.000 castells con los ‘verds’ de Vilafranca. Su constitución física le ha permitido soportar el peso de estas torres humanas hasta los 74 años. “Era una roca”, dicen sus compañeros. Esta es su historia y su relación con la plaza más ‘castellera’ de Cataluña.

    Fotografía: Alberto Tallón

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    Cisco Mallofré nació en 1939. Durante los últimos 50 años ha levantado más de 2.000 castells con los ‘verds’ de Vilafranca. Su constitución física le ha permitido soportar el peso de estas torres humanas hasta los 74 años. “Era una roca”, dicen sus compañeros. Esta es su historia y su relación con la plaza más ‘castellera’ de Cataluña.

    Cisco Mallofré creció en un entorno humilde. A los 11 años ya transportaba sacos de arroz para un negocio local. No le gustaba estudiar y de esta forma ayudaba a subsistir a su familia. A los 18 años ingresó en los Castellers de Vilafranca. Entonces trabajaba para una licorera y los dueños pensaron que sería un buen fichaje para la colla al ver que tenía una fuerza desmesurada. Le animaron a probar y aceptó.

    Hace dos años Mallofré sufrió un derrame en el ojo provocado por la diabetes que padece desde joven. Unos días después, su mujer vio que repetía algunas frases y le llevó al hospital donde le diagnosticaron un infarto en el cerebelo. Después de 50 años y más de 2.000 castells a sus espaldas, el abuelo abandonó la colla de castellers. Ahora sigue acompañando al grupo de Vilafranca en sus actuaciones, pero sólo se puede poner al final de la piña que se forma a los pies de cada castell

    Mallofré me recibe en su casa. Hoy está más nervioso que de costumbre porque se celebra la Diada de Sant Félix, uno de los eventos más importantes del mundo casteller. Cada 30 de agosto las cuatro mejores collas (o grupos) castellers se reúnen en Vilafranca del Penedès para construir las torres humanas más complicadas. Los de Vilafranca juegan en casa y la presión es alta.

    El reloj marca las 11 y apenas quedan dos horas para el gran momento. Mallofré deambula por el comedor de su casa enseñándome decenas de fotos y cuadros que tiene en la pared. Me señala emocionado algunos retratos: “Aquí estaba en el primer pilar de seis que hicimos, aquí en el primer 3d9 con folre”.

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    ‘Castellers’: un glosario básico

    Una colla es una asociación de castellers.

    Un 3 de 7 (3d7) es un castillo humano donde hay siete pisos de tres personas. Un 5 de 8 (5d8) es un castillo donde hay ocho pisos de cinco personas. Hay dos tipos de castillos que tienen un nombre concreto: el pilar es un castillo formado de una persona por piso y la torre es un castillo está formado por dos.

    El folre es un segundo piso de gente que se sitúa encima de la piña para lograr mayor estabilidad en los castillos más complejos.

    La enxaneta es la persona que encumbra el castillo y suele tener entre cinco y 10 años.

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    Cisco Mallofré se pone la camisa verde de los Castellers de Vilafranca. En el mundo casteller la camisa define enseguida quién eres y quién no. Mallofré siempre ha llevado la verde pero en 1957 tuvo un desliz. A los pocos meses de ingresar en los verds se enfadó con algunos compañeros porque dudaban de su compromiso. Dejó la formación y se apartó del mundo casteller.

    Un año después, los castellers del Vendrell (rivales de los ‘verds’ en aquella época) lo reclutaron durante las fiestas de Vilafranca. Les echó una mano participando en un par de castillos y regresó a casa para jugar con la camiseta del rival.

    “[Los de Vilafranca] me dijeron que era un traidor”, recuerda. A los castellers del Vendrell les gustó la fuerza de Mallofré y le preguntaron si quería regresar con ellos al mundo casteller. Pero Mallofré lo tenía claro: si volvía a hacer castells sería con los de Vilafranca. Así que preguntó a los verds si podía regresar. “Me dijeron que se lo pensarían”, recuerda. Al cabo de 10 días lo aceptaron de nuevo pero con una condición: “Nunca más otra camisa”.

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    La plaza

    Unos minutos después de las 11, Cisco Mallofré sale de su casa y se reúne con los Castellers de Vilafranca detrás del ayuntamiento. También están la Colla Jove de Valls, la Colla Vella de Valls y el Minyons de Terrassa. Allí las cuatro formaciones aguardan antes entrar en la Plaça de la Vila. Como es tradición, los de Vilafranca entran a la plaza a través de un callejón lúgubre de apenas tres metros de ancho situado al lado del ayuntamiento. Es una travesía corta y claustrofóbica donde los castellers saltan, gritan y se despojan de los nervios que acompañan a una gran ocasión.

    A medida que nos acercamos a la plaza, también se acerca la luz del sol. El calor es asfixiante. Mallofré avanza paso a paso, ajeno al nerviosismo de sus compañeros. Ha hecho este recorrido decenas de veces pero hoy es un espectador más. Contempla el momento y lo hace con una leve sonrisa que le dura durante todo el recorrido. “¡Entren a la Plaça, els Castellers de Vilafranca!” se oye por un altavoz. Suena el estruendo dentro de la plaza. No cabe un alfiler.

    La Plaça de la Vila se conoce popularmente por  la “plaza más castellera” de Cataluña. A principios del siglo XX hubo una fuerte decadencia del mundo casteller. Sólo existían dos collas en toda Cataluña (las de Valls) y la mayoría de los pueblos perdieron el interés por esta tradición. Vilafranca fue la excepción en esa decadencia. Aquí nunca dejaron de contratar a las collas de Valls durante la Diada de Sant Fèlix y así se mantuvo la tradición.

    Si no fuera por esta plaza, quizá los castellers serían Historia. Hace unos años la UNESCO los declaró patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad.

    El peso histórico de la plaza y lo que representa se dejan sentir en este día grande. No es la más grande de Cataluña ni donde se reúnen más collas. Pero sí donde vienen las mejores a mostrar sus mejores cartas. Medios como TVE, TV3, Rac1, Antena 3 o incluso la venezolana Telesur cubren año tras año este certamen.

    Mallofré, que empezó en los años 50, recuerda que entonces la repercusión castellera era mucho menor. Hoy las collas hacen giras por China, la India, Latinoamérica o Estados Unidos. “Antes no salíamos de la comarca”, explica. “Como mucho íbamos a Andorra o al País Vasco”.

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    Cisco Mallofré durante un ‘castell’. / ALBERTO TALLÓN

    La política

    Una voz solicita al público por los altavoces que se retire unos metros para dejar pasar a las collas en la plaza. En uno de los extremos, unos simpatizantes de la CUP de Vilafranca despliegan una estelada inmensa y la plaza lo celebra con una ovación.

    Hace unos años no habría ocurrido porque los castellers no representaban la catalanidad. Las collas las nutrían personas que llegaban del resto de España. “Había incluso franquistas”, recuerda Cisco Mallofré.

    El mundo casteller evitaba pronunciarse sobre los debates políticos. “Las collas tenían miedo a perder seguidores”, asegura Toni Bach, miembro de los Verds. Precisamente fue la colla de Vilafranca la primera en apoyar abiertamente la independencia en 2008. “Recibimos críticas”, recuerda Bach. “Algunos castellers no eran independentistas y hubo alguna discusión”.

    Durante los primeros años, el independentismo de los Verds era una rareza en el mundo casteller. Pero eso cambió el 7 de octubre de 2012 durante el concurso de castellers de Tarragona. Entonces se pudo ver que el independentismo ya no era solo cosa de los de Vilafranca.

    El certamen se celebra cada dos años, reúne a las 41 mejores collas de Cataluña y congrega a más de 7.000 personas. El recinto donde se celebraba estalló en 2012 en cánticos independentistas como se puede ver en este vídeo (minuto 00.40).

    En 2013 medio mundo casteller se había posicionado a favor de la independencia. Al menos 18 collas se apuntaron a la “cadena humana” que recorrió Cataluña. Hoy dos tercios de las collas están a favor del proceso soberanista.

    En la manifestación de la Diada del 2014 se apuntaron 48 collas. En la manifestación de este año, eran más de 60. El New York Times publicó un reportaje donde contaba este auge y lo tituló: Catalonia’s Human Towers as a Metaphor for Independence (Torres humanas de Cataluña como metáfora para la independencia). Le pregunto a Mallofré si él es independentista. Me sonríe y dice: “Soy catalán”. Es su forma de decir que sí.

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    Un hormiguero humano

    Las collas de Valls y de Terrassa por fin entran en la plaza y se forma un perfecto mosaico de cuatro colores. El lugar parece un hormiguero y no hay espacio para caminar.

    Los de Vilafranca empiezan el certamen intentando un 3d9 con folre. Un castell se considera valido cuando se “carga”. Eso ocurre si la enxaneta, la última persona en subir, alza la mano en la cima de la torre. Pero las collas intentan descargar el castillo sin que colapse. Ése es el objetivo final. 

    La plaza se queda en silencio y Mallofré se sitúa al final de la piña. Los castellers caminan entre las cabezas para ir hacia el centro del castell y empezar a subir, pero nadie lo hace sobre los hombros de Mallofré. “Sabemos quién es y cómo está su salud. Hay un respeto increíble por este hombre”, me dice Gerard Bardalet, un joven casteller de 21 años.

    Los de Vilafranca logran descargar el 3d9 con folre. El sol reina la plaza, se acerca la una del mediodía y el calor empieza a ahogar. Cisco Mallofré es un hombre caluroso, pero asegura que no lo nota cuando hace castells. Como casi todos los castellers con los que he hablado, llevan esta expresión al extremo. El dolor es parte de la actividad y Cisco siempre fue de los que lo soportaba bien.

    En los años 60 estaba en la base de un 5d7 y, según recuerda, tenía encima a dos compañeros que pesaban más que él. Su cuerpo no lo aguantó. Cuando el castillo se estaba coronando, escuchó un crack y le empezó a doler el brazo izquierdo. “Los que tenía encima también lo escucharon”, asegura. “Al terminar el castillo, mi brazo no me respondía”, recuerda. Se rompió la clavícula izquierda pero aguantó toda la construcción. Lo cuenta haciendo una mueca de dolor y apretando los dientes mientras me recuerda: “Lo primero es el castell”.

    Los accidentes son habituales y los hay de todo tipo. En julio del 2012 una castellera de la Jove de Vilafranca (la tercera colla del pueblo) salió disparada de un 3d7 y perdió un riñón, que le explotó literalmente. En agosto del 2013, a un casteller de los de la Vila de Gràcia se le cayó el castillo encima y tuvo una parada cardíaca. Los servicios médicos lo reanimaron pero sufrió una lesión medular.

    También ha habido accidentes mortales. Pero sólo cuatro documentados en los más de 200 años de historia de esta tradición. En 1871, el enxaneta de la Vella, Magí Serra, murió al caer de una torre de seis. Apenas tenía 11 años. No hubo periodistas que contaran el suceso. Sólo quedó el célebre poema de Ángel Guimerá: L’Enxaneta.

    En 1983 un joven de nueve años de los castells de Torredembarra murió al caerse de un 3d7. En 2006, una niña de la colla de Mataró, chocó cabeza con cabeza con otro casteller al caerse de un 4d9 y no lo superó. El último accidente fatídico ocurrió en 2011, cuando un casteller del Arboç murió con 75 años cuando se le cayeron encima varias personas de una torre de siete.

    Según un estudio de la Coordinadora de Collas Castelleras de Cataluña (CCCC), el riesgo de sufrir accidentes haciendo castells es menor que el que corren los jugadores de baloncesto. La gravedad del accidente suele ser mayor. Pero durante los últimos años se ha avanzado mucho en la prevención de riesgos. Se ensaya más, se cuidan más los aspectos técnicos y hay menos derrumbes. De los más de 6.000 castillos que se levantan cada año, las caídas rondan el 4%.

    Mallofré recuerda que en sus años mozos esa tasa era mucho peor : “En los años 60 hacíamos 10 castillos durante todo el año y se caían siete”. 

    Una vida de verde

    Pasan las horas y suben y bajan castillos. Cisco Mallofré pasará el día “en familia en la plaza más castellera”. Nunca fue el jefe de la colla pero sí su miembro más fiel. “Siempre estuvo ahí, en todos los ensayos, en todas las actuaciones, en todas las grandes construcciones”, dicen sus compañeros.

    Mallofré estuvo en el ascenso a primera divisón de los Castellers de Vilafranca. En 1985 lograron descargar un 5d8, una construcción mastodóntica que entonces se denominaba “la catedral de los castells” y que sólo habían levantado dos formaciones: la Jove y la Vella de Valls.

    Fue todo un hito para la época y situó a los de Vilafranca en la elite del mundo casteller. Mallofré, que estaba en los bajos del castillo, no podía ver lo que ocurría sobre sus espaldas y un compañero le iba narrando la construcción. “Mientras se descargaba el castillo, me puse a llorar”, recuerda. Así retransmitió aquel momento TVE.

    Mallofré asegura que le gustaría morir haciendo un castell. Lo lleva diciendo 20 años. En 1995 el Mundo Deportivo escribió esto sobre él:

    “Cisco, sobre sus hombros se han levantado todos los castells del siglo. Ningún otro casteller ha llegado donde él. Sus pequeños ojos no impiden traslucir su enorme humanidad y apacible entereza. Para él, los ‘castells’ son, según dice, ‘un veneno en la sangre, algo íntimo y profundo’. Ahora, que lo ha hecho todo, aguarda su relevo con la cabeza alta y la mirada serena. Cuando se vaya de este mundo lo quiere hacer vestido de lo que más quiere: de verde ‘casteller’. Cisco Mallofré, más que una leyenda, un ejemplo”.

    Asegura que por encima de los castellers sólo están sus dos hijas y su mujer. Seguirá unido a los de Vilafranca hasta que el cuerpo le aguante. Hoy lo hace ayudando desde la piña y llegará un día que lo tendrá que hacer como un mero espectador pero no le importa: “Me enseñaron a querer a los castells. Me enseñaron a amarlos sólo con verlos”. 

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    El independentista que barrió la basura del PSC

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    Gerard Gómez del Moral puso por primera vez un pie en un local de las juventudes de Esquerra Republicana con 14 años. Entonces era el “friki” y el “catalufo” de clase. Hoy las lidera y es el número 31 de la lista de Junts pel Sí por Barcelona. Se graduó en Periodismo, pero nunca ha ejercido la profesión: “Es complicado ir a buscar noticias”.

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    Gerard Gómez del Moral puso por primera vez un pie en un local de las juventudes de Esquerra Republicana con 14 años. Entonces era el “friki” y el “catalufo” de clase. Hoy las lidera y es el número 31 de la lista de Junts pel Sí por Barcelona. Se graduó en Periodismo, pero nunca ha ejercido la profesión: “Es complicado ir a buscar noticias”.

    Gerard Gómez del Moral es independentista desde que tiene conciencia. Asegura que era el “friki” y el “catalufo” de su clase. “Aquellos que se mofaban de mí por ser independentista, ahora también lo son”, comenta satisfecho. Pasó su adolescencia entre manifestaciones: recuerda marchando contra la guerra de Irak y contra la invasión de Afganistán, haciendo concentraciones contra el trasvase del Ebro o participando en campañas a favor de la lengua catalana. “Mientras otros amigos salían de fiesta, yo estaba organizando caceroladas”, explica.

    Siempre ha tenido interés por la política, pero fue durante la mayoría absoluta de Aznar cuando decide dar el paso y afiliarse a las juventudes de Esquerra Republicana (JERC). Su ingreso no fue rápido, tuvo que enviar tres correos hasta que recibió una contestación. “Me dejaron tiradillo”, recuerda nostálgico. Pisó un local de las JERC por primera vez a los 14 años. Hoy, con 25, las lidera.

    Un comienzo duro en Barcelona

    Hace 15 años se cambiaron los estatutos de las JERC y desde entonces no existe la figura de presidente o de secretario general, el máximo responsable es el portavoz. En 2007, Gómez del Moral se presentó en solitario para serlo en la federación de Barcelona. Era joven, quizá demasiado: tenía 17 años. “No puedes ni votar, ¿cómo vas a ser el portavoz?”, le reprochaban.

    Era su primer cargo relevante en la organización y tuvo que aprender rápido las dinámicas de partido, entró en un momento delicado. Esquerra Republicana formaba parte del segundo tripartito en la Generalitat (PSC-ICV-ERC), venía de perder 127.969 votos en las elecciones catalanas de 2006 y meses después perderían más de 350.000 votos en las generales de 2008. A parte, internamente nacían corrientes críticas más radicalizadas que no ayudaban a la estabilidad de la formación. “El ambiente estaba crispado”, recuerda él.

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    En el Ayuntamiento de Barcelona no había tripartito, el PSC gobernaba en minoría con solo el apoyo de ICV. Los republicanos estaban en la oposición y tenían que hacer equilibrios en las votaciones de los plenos para mantener la fiesta en paz en la Generalitat. Cada pequeña salida de tono entre los socios del tripartito era noticia.

    Las juventudes de ERC no eran partidarias de esta coalición y se notaba. Gómez del Moral organizó una campaña con las JERC-Barcelona para criticar la gestión socialista en medioambiente. Recogieron la basura que había en el suelo de diferentes parques de Barcelona y la colocaron frente al Ayuntamiento junto a una pancarta que decía: “No queremos una ciudad de mierda. ¡PSC e ICV, hipócritas!”. Ahora lo recuerda con cariño, pero admite que ese tipo de acciones no ayudaron a mejorar la relación que había entonces entre ERC y las juventudes.

    En 2009, Gómez del Moral se presentó a la reelección como portavoz de Barcelona (los mandatos duran 2 años), pero esta vez había otra candidatura alternativa apoyada por los críticos internos de ERC. Ganó él, pero con polémica: la candidatura derrotada, liderada por Bruno Diaz y Bernat Requena, denunció que el equipo de Gómez del Moral les había robado documentos durante la campaña. Él no quiere hablar del tema y lo atribuye al momento complicado que vivía entonces el partido: “Fue un contexto lleno de mala hostia, todo estaba muy contaminado”.

    El ascenso a primera división

    En 2011 pasó a liderar las JERC de toda Cataluña. Presentó su candidatura para ser el portavoz general y ganó frente a la de Carles Caballero. Liderar las juventudes suele ser un trampolín para entrar en Esquerra Republicana. Joan Puigcercós, exconsejero de Gobernación de la Generalitat, diputado en el Parlamento catalán y presidente del partido, o Pere Aragonés, exdiputado y miembro de la lista de Junts pel Sí, son dos ejemplos.

    Gómez del Moral lo niega: “No lo entendemos así, somos organizaciones independientes”. Durante la entrevista insiste varias veces en esta afirmación. Aún así, le gustaría que los dirigentes de Esquerra Republicana tuvieran más en cuenta la opinión de las juventudes, que hubiera menos condescendencia. “Siempre ha habido menosprecio hacia las JERC y siempre lo habrá”, explica. Asegura que lo cambiará si algún día llega al partido: “Un joven puede estar igual de preparado que uno de 30, 40 o 50 años”.

    Las juventudes de Esquerra Republicana han ocupado la mayor parte de su vida durante los últimos 11 años. Gómez del Moral nunca ha trabajado como político para la administración pública: “Algunas veces me lo han pedido”, asegura. Pero siempre ha dicho que no, dice que es “un hombre poco institucional”. Obviamente, las JERC han sido su principal fuente de ingresos, primero cobrando unos 300 euros en su etapa como portavoz en Barcelona y desde 2011 siendo mileurista como portavoz general. Asegura que a veces, una parte lo reinvierte en la propia organización: “Si voy a Valencia, a Palma de Mallorca o a cualquier otro lugar para militar, pago mis billetes”. Lo hace convencido, ya que según él: “No hay nada más gratificante que ‘chuparte’ 200 kilómetros, hablar con unos chavales y que se hagan militantes”.

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    Un periodista en política

    Gómez del Moral se volvió a presentar para liderar la organización en 2013 y 2015. Ganó las dos veces ya que su candidatura era la única. Tuvo la habilidad de formar equipo junto a militantes críticos con él y se ahorró tener que pasar por dos campañas electorales más. Asegura que es su último mandato: “Si no fuera por el momento político, ya no estaría aquí”.

    Cuando el proceso independentista termine, le gustaría retomar su carrera como periodista, algo con lo que lleva soñando desde pequeño. Cree que ser periodista y político es compatible, no le se supone un problema ético. Dice que estas profesiones son dos caras de la misma moneda: “Las entiendo como un arma para cambiar la realidad”.

    Gómez del Moral se graduó en 2014 por la Universidad Autónoma y aún no ha ejercido la profesión. Empezó la carrera porque “tenía ganas de poner luz donde hay sombras y voz donde hay silencios”, explica. Su idea era ser periodista de investigación pero, según él, se topó con la realidad: “Entré con una idea bucólica, el periodista con el sombrero y la Olivetti bajo el brazo”, recuerda. “Hoy recibes notas de prensa con una intoxicación enorme. Es complicado ir a buscar noticias”. Aún no ha salido de Europa y le gustaría hacerlo como periodista, le gustan los corresponsales de guerra. ¿Siria?: “Quizá cuando llegas es un infierno, pero te tiene que cambiar la vida”.

    Juntos con Artur Mas

    Gómez del Moral es el número 31 de la lista de Junts pel Sí por  Barcelona. Los sondeos indican que saldrá escogido diputado. Es la primera vez que se presenta para un cargo público y lo hace al lado de otros independentistas poco afines a su ideología de izquierdas. Él lo encuentra “de justicia poética” y añade que, pasadas las elecciones, no habrá discusiones entre los diputados de Junts pel Sí: “Hemos acordado hacer algo complicado [la independencia] durante un cortísimo periodo de tiempo”.

    Le pregunto si se siente cómodo en la lista de Artur Mas y rápidamente matiza: “No estoy en su lista, voy con él en la lista”. Asegura que nunca le votaría porque defienden políticas distintas, pero matiza: “Me hace ilusión ir con él, al igual que con todos los que piensan que Cataluña debe ser libre”. No le hace ascos a la idea de votar su investidura. Gómez del Moral cree que en condiciones normales la legislatura de Mas habría durado hasta 2016. Apoyarlo para que gobierne hasta entonces a cambio de la independencia de Cataluña… Sonríe y sin vacilar contesta: “¿Dónde tengo que firmar?”

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    “Mas es la feminización de la política: más ‘seny’ y menos testosterona”

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    Sergi Miquel tiene 24 años y desde 2011 es concejal de Juventud y Nuevas Tecnologías en el Ayuntamiento de Llagostera. Fue el más joven de la historia del municipio y le costó un tiempo ganarse el respeto de su entorno. Ahora es el número 12 por Girona de la lista Junts pel Sí.

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    Sergi Miquel tiene 24 años y desde 2011 es concejal de Juventud y Nuevas Tecnologías en el Ayuntamiento de Llagostera. Fue el más joven de la historia del municipio y le costó un tiempo ganarse el respeto de su entorno. Ahora es el número 12 por Girona de la lista Junts pel Sí.

    Llega a la cita 40 minutos después de la hora prevista y pide perdón siete veces a su interlocutor. Habla en voz baja. Tanto que uno tiene que acercar la grabadora a un palmo de su pecho. Reflexiona en todas las preguntas menos en una: es independentista desde siempre. Su alcalde le pidió que se afiliara a Convergència Democrática y sólo aceptó unirse a las juventudes del partido (JNC). “Me prometí que no me afiliaría a CDC hasta que no fuera un proyecto independentista”, explica. Sólo se afilió en 2012, cuando Convergència decidió apostar claramente por la secesión.

    Miquel ha vivido en primera persona la conversión del electorado convergente hacia el soberanismo. Sus padres eran los clásicos votantes de CiU, catalanistas pero pactistas. Su madre se hizo independentista poco a poco. Su padre lo hizo de golpe el 20 de septiembre de 2012. Ese día Rajoy se reunió con Mas y rechazó un pacto fiscal similar al del concierto vasco. Al llegar a casa, su padre le dijo a Miquel: “Se ha acabado”.

    “Nunca olvidaré ese momento”, asegura Miquel. Hasta ese día, los dos habían discutido mucho sobre la independencia de Cataluña. Su padre estaba convencido de que el Gobierno cedería y llegaría a un acuerdo con la Generalitat para mejorar la financiación. “Ahí se dio cuenta de que eso nunca pasaría”, explica.

    Los sueldos en política

    Miquel no tiene un sueldo fijo como concejal. Cobra una cantidad por asistir a cada pleno: unos 600 euros al mes. “Con esta cantidad es complicado vivir”, dice. Durante los primeros años compaginó su labor en el ayuntamiento con otros trabajos. Si no era suficiente, sus padres le echaban una mano.

    En diciembre de 2014 encontró una cierta estabilidad económica. CiU lo fichó hasta el final de la legislatura como asesor para el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), una institución poco conocida con competencias sobre 36 municipios en áreas como movilidad, urbanismo o medio ambiente. Le pagaban 1.300 euros al mes.

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    A pesar de estar contratado por AMB, Miquel trabajó sobre todo para otra administración: el Ayuntamiento de Barcelona. Allí lo reclutó Antoni Vives, que entonces era teniente de alcalde de Hábitat Urbano y que a la vez ostentaba otro cargo en la Junta de Gobierno de AMB. Vives necesitaba un asesor en el ayuntamiento y aprovechó la duplicidad de cargos para trasladar las funciones del joven de una administración a otra. Miquel no le da importancia. Pudo combinar este trabajo con su labor en Llagostera y de paso hacer currículo en su campo: el diseño urbano y el desarrollo sostenible.

    Miquel se graduó en Diseño en 2013 con doble titulación por Elisava y la Universidad de Southampton y se especializó en el desarrollo de smart cities: un modelo de ciudades que busca el desarrollo sostenible, la eficiencia energética y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos mediante la tecnología. Tiene claro que un día el cuerpo le pedirá dejar la política y dedicarse a eso. Le gusta la apuesta que hace Israel en el sector tecnológico. También el modelo de movilidad urbana de los países nórdicos.

    Imagina la Cataluña del futuro con el consumo de energía interno basado en las energías renovables, con una apuesta por la generación de energía desde los hogares y con acceso a Internet gratuito que ejerza como un igualador social. “Con un Gobierno español este escenario es imposible”, advierte.

    MEME CDC

    Una Convergència sin testosterona

    Dice que se guarda la mala leche, que no se le calienta la boca con facilidad. En su Twitter solo hay alguna salida de tonoCuando le molesta algo del partido, asegura que lo gestiona hablando y no saliendo en “el medio de turno y diciendo que todo es una mierda”. Antes que con Pujol se quedaría con Mas: “Es la feminización de la política, tiene más seny, menos testosterona. Es más conciliador”.

    Miquel es convergent de actitud pero no de carné. Tiene fama de ser crítico con el partido pero con moderación: no le gusta el paternalismo de CDC hacia los otros partidos catalanes y el clientelismo que ha fomentado. Pero sobre el caso Pujol matiza: “¿En qué momento se equivocó? ¿Al no declarar su fortuna en el extranjero? ¿Al contarlo más tarde? Hay cosas que veíamos normales hace 20 años y que hoy son inaceptables. No justifico lo que hizo, pero eso pasó en un contexto complicado”.

    De las juventudes al 27S

    Es poco habitual que un político admita que tiene aspiraciones políticas. “La ambición está mal vista en este país”, dice Miquel. “Nuestra cultura la castiga”.

    Y sin embargo Miquel reconoce que sintió esa ambición al presentarse a las primarias para ser el secretario general de las juventudes de su partido. Liderarlas suele ser un trampolín político: la última persona que estuvo al frente fue Marta Pascal y hoy es la portavoz del partido.

    Pascal le animó a presentarse. Ella se iba junto a casi toda la dirección y Miquel, que entonces era uno de los cuatro vicepresidentes, se quedaba.

    Su candidatura fue la única. Era un relevo evidente. Logró 200 avales y fue elegido nuevo secretario general el 2 de marzo con el 72% de los votos.

    Desde julio forma parte de la lista de Junts pel Sí por la demarcación de Girona. No es seguro que logre entrar en el Parlament, pero tiene posibilidades. Está en el puesto 12: el número de escaños que obtuvieron entre CiU y ERC en las pasadas elecciones. Si logra un escaño, será porque el independentismo ha ganado.

    No le da miedo lo que pueda ocurrir después: “Seguro que habrá amenazas. Tenemos a un presidente [Artur Mas] imputado y nos esperamos cualquier cosa. Si alguien de la lista tiene miedo, mejor que se marche”.

    Su tono no es calculador como el de otros colegas de Convergència. Le pregunto sobre el 28S y sonríe: “Si somos mayoría, puedo asegurar que declararemos la independencia aunque el Gobierno suspenda la autonomía. De lo contrario, sería un fraude electoral”.

    Lee los otros capítulos de la serie ‘Generación selfie’:

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