El Español Preocupado
y los guisantes del Profeta

Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.

Me he cruzado contigo estos días en la calle y en las redes sociales y he notado en tu mirada, Español Preocupado, una carga adicional de perplejidad y de tristeza.

Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.

Me he cruzado contigo estos días en la calle y en las redes sociales y he notado en tu mirada, Español Preocupado, una carga adicional de perplejidad y de tristeza.

A tu malestar por la marcha de la economía, a tu enfado cada vez que oyes la palabra “recuperación” cuando sigue faltándote casi todo lo que te quitaron, a tu indignación por el encubrimiento de la corrupción y a tu desprecio por los políticos que sólo te ofrecen más de lo mismo, se ha sumado el espanto por la matanza de dibujantes en Paris.

Has seguido los acontecimientos à bout de souffle: el cerco a los asesinos, la muerte de rehenes en el supermercado, la magna manifestación de Paris, el envidiable coro de diputados entonando La Marsellesa, la reaparición de Charlie Hebdo con su Tout est pardonné, el inaudito comentario del Papa… y al final lo que domina tu ánimo, y se te nota, es una amarga sensación de impotencia.

¿Has perdonado tú? ¿Lo habrías hecho si las víctimas fueran tus familiares o amigos? Claro que no. Alguien como tú, Español Preocupado, que según Xenius -es decir Eugenio D’Ors- representas “la inteligencia paciente a dos dedos quizá de la desesperación”, sólo puede perdonar a quien entiende.

Hemos visto matar por dinero, por celos, por venganza, para acabar con las clases opresoras o para conseguir la independencia vasca. También como respuesta a la invasión de Irak o la situación en Palestina. La lógica de los asesinos ha estado monstruosamente clara. ¿Pero quién entiende que se mate para impedir dibujar a una figura histórica? Mahoma, el indibujable. He ahí el objetivo de los verdugos de Charlie Hebdo y los millones que les respaldan: crear un mundo en el que los trazos de un hombre cuyo rostro  real desconocemos no sean jamás imaginados sobre lienzo, papel  o cartulina. Eso es para ellos el “insulto”: no que el retrato sea injurioso o grosero sino que exista como tal, que pretenda ser retrato.

El matiz es importante. Si ninguno de sus contemporáneos reprodujo los rasgos de Mahoma, ¿cómo saben los creyentes que el caricaturizado es él? Ah, porque lo dicen los dibujantes como cuando Goliat mascullaba en los tebeos del Capitán Trueno aquello de “¡Por las barbas del Profeta!”.

O sea que lo que merece la muerte es la intención de representar a Mahoma. Ya. Entiendo que tu tentación sea encogerte de hombros, envolverte en la capa, calarte la chistera, dejarte crecer la perilla, “levantar los ojos al cielo y volverle la espalda a la pequeña ciudad barroca”. Así te dibujó Penagos y así te describió Xenius como emblema de la revista España, tal enero como este de hace cien años.  Sí, ya sé que, en palabras de tu creador “el día siguiente al triunfo de la Inteligencia se llama Melancolía”. Pero no te me escapes y hagamos, Español Preocupado, el recorrido juntos porque, lo quieras o no, estamos abocados a graves dilemas.

Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.
Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.

Llevo semanas enganchado a la serie colombiana Escobar, el patrón del mal. Me atrae la reconstrucción de los años en que el cartel de Medellín tuvo contra las cuerdas al Estado y en especial el propósito que repite de forma machacona la sintonía que acompaña a los rótulos: “Que no se borre de tu mente… En honor de nuestros muertos que cayeron vilmente…” ¿Por qué en España no se evoca en la televisión a Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa o José Luis López de la Calle como en Colombia se hace con Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán o el director de El Espectador Guillermo Cano? Me encontré el martes con María San Gil y los dos le pusimos nombre y apellido a la respuesta.

Pues bien, en esa serie la madre del sanguinario capo lo encomienda una y otra vez al Niño Jesús de Atocha, proliferan misas y rezos e incluso aparece un sicario llamado Caín que ejerce el narco terrorismo biblia en ristre. “Dale Señor el descanso eterno…”, repite tres veces tras ejecutar a un rival maniatado. “Y brille para él la luz perpetua…”, añade Escobar otras tantas contemplando el cadáver.

Pretenden crear un mundo en el que los trazos de un hombre cuyo rostro desconocemos porque no fue retratado en vida no sean jamás imaginados sobre lienzo, papel o cartulina”.

El momento culminante del relato llega cuando Caín se persigna al escuchar el estallido del vuelo de Avianca en el que murió un centenar de pasajeros a resultas de la bomba que él mismo había contribuido a colocar. ¿Fantasía truculenta del guión? No, mera trasposición del personaje de Brances Muñoz, uno de los hijos de un pastor protestante captados para la causa en los barrios bajos de Medellín, un entorno de fanatismo y miseria no muy diferente de las banlieues donde crecen los islamistas de segundas generación.

Matar con el crucifijo al lado e incluso en su nombre no es una práctica extinguida. En los años 90 un grupo de reverendos de la Iglesia Luterana Reformada puso bombas en clínicas abortistas y asesinó a tiros a uno de los médicos. Tras la matanza de Oklahoma asomaron las tramas del fundamentalismo cristiano. Y otras religiones también siguen produciendo engendros similares. El asesino de Rabin pertenecía al Sionismo Mesiánico y el hombre que asesinó a 29 musulmanes en la Tumba de los Patriarcas era un estrecho colaborador del rabino Kahane. Fue una secta budista, cuyos miembros llevaban electrodos en la cabeza para recibir la energía espiritual del Maestro, la que perpetró el mortífero ataque con gas sarín en el metro de Tokio. ¡Qué bien se mata en nombre de un dios!

La diferencia reside en que mientras en todos estos casos sus protagonistas fueron tratados como dementes marginales, los sondeos reiteran que el yihadismo tiene porcentajes de apoyo significativos entre una población musulmana cuya gran mayoría se siente ofendida por cualquier representación material del Profeta.

Es cierto, Español Preocupado, que la Iglesia Católica también impulsa creencias, como la inmaculada concepción de María o la transubstanciación del cuerpo de Cristo, que nunca podrán pasar el fielato de la razón pero  tomárselas a chacota, como también hacía Charlie Hebdo, no tenía consecuencia alguna en la Francia de hoy. Parece que esa integración de la irreverencia en la cultura cívica también le molesta a un Papa de otro hemisferio como Bergoglio.  Pero fue la caída y ejecución de Robespierre lo que permitió salvar la tolerancia volteriana de las garras del culto al Ser Supremo que el ídolo de Pablo Iglesias pretendía imponer mediante la tenaza del terror y la virtud.

En uno de sus debates clave el gran Vergniaud, águila de la Gironda, reprochó al Incorruptible que pretendiera incluir una referencia al Ser Supremo en la Declaración de los Derechos Humanos: “Puesto que no tenemos ni a la ninfa de Numa ni a la paloma de Mahoma, lo único que podemos interponer entre el pueblo y los legisladores es la razón”.

Vergniaud se refería  a los imaginarios encuentros de Numa Pompilio, segundo rey de Roma con la ninfa Egeria, supuesta fuente de su autoridad, y a la creencia de que el Profeta recibía mensajes de Alá a través de una paloma que se los susurraba al oído. La contraleyenda cristiana alegaba que Mahoma se colocaba guisantes en las orejas para atraer a la paloma.

Ese racionalismo laico, invocado por el gran orador de Burdeos, fue el fruto de la secularización de la Europa cristiana y es hoy la piedra angular de nuestra civilización. Nada sería tan suicida como sustituirla por un multiculturalismo que fomente la equidistancia entre lo que queremos ser y lo que no queremos ser, otorgando a las minorías musulmanas la capacidad de condicionar la conducta de las mayorías.

Sólo quienes estén dispuestos a sacar los guisantes de los oídos del Profeta deben ser bienvenidos. La libertad de culto es sagrada pero más aún debe serlo el cultivo de la libertad”.

En eso es en lo que desemboca la “alianza de las civilizaciones” que el Papa Francisco acaricia como “alianza de las religiones”: en la autocensura para evitar ser percibidos como blasfemos y en el mirar para otro lado cuando la mujer es sometida a la vejación de transitar velada en público. Por eso aplaudí al diario La Razón cuando se desmarcó de la corrección del rebaño y además de decir “Je suis Charlie” lo fue, reproduciendo en la portada una de las caricaturas, lo que le obliga a medir desde ahora todas las supersticiones por el mismo rasero.

Aunque lo hagan de corazón, es inaceptable que los líderes musulmanes condenen el terrorismo yihadista sin actuar sobre sus coartadas. No he oído a ningún imán decir estos días que la prohibición de retratar a Mahoma nada tiene que ver con la sustancia del Islam, que de hecho existen representaciones respetuosas del Profeta,  que la única frontera entre lo que es ofensivo y lo que no lo es está definida por el Código Penal  y que el buen gusto no es un precepto legal.

Debemos exigir a los líderes musulmanes que no se tapen los oídos ante el discurso legitimador de la violencia que germina a su alrededor. Es el mismo esfuerzo que tantas veces pedimos a los ayatolas del nacionalismo vasco: no se trata sólo de repudiar el terrorismo sino de desmontar los mitos que lo alimentan. ¿O alguien duda de que si un grupo autodenominado Guerreros de la Inmaculada se dedicara a matar -o incluso a dar puñetazos como dice Francisco- a quienes refutaran públicamente el dogma, seríamos muchos los que pediríamos a la Conferencia Episcopal que aclarara que es imposible que una mujer sea fecundada con su himen intacto?

Comparto la perplejidad con la que escuchas, Español Preocupado, al ministro del Interior anunciar que “ha acordado ponerse de acuerdo” con el PSOE para adoptar medidas contra el yihadismo y no digamos cuando lees que una de ellas consistirá en “regular la figura del lobo solitario” como si se fueran a expedir carnés a quienes estuvieran rumiando cometer atentados. Sobre todo cuando la previsible nueva diarrea legislativa contrasta con la incapacidad de acordar algo tan sencillo como la devolución forzosa de quien cruce ilegalmente la valla de Melilla por mucho que haya puesto uno, dos o cien pies en territorio español.

Si queremos proteger nuestro modelo liberal de convivencia la Unión Europea debe unificar y replantear la política de inmigración. Sólo quienes estén dispuestos a sacar los guisantes de los oídos del Profeta deben ser bienvenidos. La libertad de culto es sagrada pero más aún debe serlo el cultivo de la libertad, digan lo que digan los pontífices. Una cosa es aceptar el derecho a la diferencia y otra permitir una dinámica de mutaciones tras la que no nos reconozcamos ante el espejo. ¿Qué diría Ionesco, con su Rinoceronte otra vez en escena, de los pronósticos de Houllebecq?

En todo caso, “vuelve a la ciudad”, Español Preocupado, tal y como te aconsejó Xenius. Implícate en este debate, en todos los que te afectan. Busca los Ateneos, entra en las redes sociales, súmate a EL ESPAÑOL. Ten en cuenta que, tal y como te advirtió tu creador hace cien años -ahí lo tienes, negro sobre blanco en el número 3 de la revista- “ésta es la última vez que te consentimos ser de papel”.