Un agosto en la Avenida de Burgos (y IV)

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

En algún recodo de la canícula he sentido sin embargo la tentación de coger por banda al morboso interlocutor de turno que anhela poder hacerse el enterado en la próxima tertulia veraniega y explicarle, pidiéndole la máxima reserva, que tenemos unos documentos que acabarán para siempre con Rajoy pues prueban de forma inequívoca su connivencia con la corrupción en el PP.

“Cuenta, cuenta… sabes que yo soy una tumba”, me diría el fulano babeando de ansiedad para poder salir corriendo a trasladarlo de oreja en oreja. Entonces yo le explicaría que tenemos unos SMS de apoyo a Bárcenas, tecleados en el móvil personal del presidente desde el propio palacio de la Moncloa. Y que el último de ellos dice “Lo entiendo, Luis. Sé fuerte. Mañana te llamaré”. Y que está enviado 48 horas después de que se divulgara oficialmente que el ex tesorero tenía 25 millones escondidos en Suiza. Y que coincide con el momento en que estaba a punto de aflorar la contabilidad B del PP en la que consta que Rajoy cobraba sobresueldos ilegales. Lo nunca visto en materia de pistolas humeantes.

Cuando la jovial expectativa de ese prototípico diletante en Corte se trocara primero en un rictus de estupor y luego en una mueca de decepción, cuando el tipo estuviera a punto de reprocharme que le tomara el pelo al fingir revelarle lo ya publicado, yo le cogería ficticiamente por las solapas y le diría: “¿Pero por quién me has tomado? ¿Tú crees que hemos captado 5.624 inversores, que hemos reunido 18 millones de euros, que hemos creado más de cien puestos de trabajo, que hemos contratado a un estudio de diseño en Londres y a un artista gráfico en Bielorrusia, que hemos reunido a algunos de los mejores periodistas y técnicos españoles sólo para que los imbéciles y cobardes como tú tengáis más madera que amortizar a beneficio de inventario, con una mano en el gin-tonic y la otra protegiendo la cartera, mientras decís que Mariano es un castigo de la Providencia pero anda que los otros…?”.

Y aunque el diletante pusiera ojos de cordero degollado, yo no soltaría ya mi presa: “Sabes lo que te digo, que si el número uno de EL ESPAÑOL publicara un vídeo de Rajoy apuñalando a una viejecita y se convocara un pleno extraordinario del Congreso para debatir sobre el asunto, siempre habría una diputada tan chillona como la que esta semana ha proclamado que los embajadores ante la OCDE “se matan trabajando” -y que por lo tanto lo de los Wert es en realidad un castigo- que pediría una investigación sobre la agresividad de la anciana que se abalanzó sobre el presidente en el momento en que se disponía a despachar su correspondencia, abrecartas en ristre. Y que cuando Rajoy pronunciara un campanudo “me equivoqué” -refiriéndose, claro, a que no debía haber abierto las cartas delante de una extraña-, todos los miembros del grupo popular aplaudirían puestos en pie y votarían como un solo hombre, e incluso alguno como dos, solidarizándose con aquel de cuya caprichosa voluntad dependen. Y, no, no te escabullas, ocurriría que al día siguiente la prensa gubernamental de izquierda, de centro y de derecha se pondría de costado y las televisiones pendientes de la nueva piñata de licencias que se avecina se limitarían a nadar y guardar la ropa, cuidando bien a quién dejan hablar y a quién no bajo la directa supervisión de Soraya y sus pinches de cocina. Y encima ocurriría que las sabandijas como tú empezaríais a mascullar que algunos irresponsables entorpecemos la recuperación económica”.

¡Qué poco nos conocen a mis compañeros y a mí quienes creen que EL ESPAÑOL será el instrumento de una miope venganza! Como si en esta fascinante era de la revolución digital fuéramos a ser tan bobos como la mujer de Lot o a perder un solo átomo de energía mirando hacia atrás con ira. Es tan irrelevante el señor Rajoy que nadie se acordará de él cuando se haya muerto. Hablo sólo de política. Quiero decir que, a diferencia de González, Aznar e incluso Zapatero, el sonriente nefelibata, Rajoy saldrá para siempre de nuestras vidas a la vez que lo haga de la Moncloa.

Con visión de luces cortas, nada nos convendría tanto como que de las próximas urnas surgiera un gobierno estaférmico en precario, como el de aquella última legislatura felipista en la que nos hinchamos a vender periódicos mientras las letras de cambio iban venciendo y los cadáveres -por desgracia en sentido literal- afloraban en sus lechos de cal viva. Pero tampoco ese es el cálculo de EL ESPAÑOL. Las elecciones que de verdad nos importan son las de dentro de diez o veinte años cuando nuestras ideas hayan calado en la sociedad.

También: vídeo completo de la bienvenida de Pedro J. Ramírez a la redacción de EL ESPAÑOL

Si yo emprendo este tercer viaje de Colón, esta nueva salida de don Quijote es porque estoy convencido de que el desarrollo tecnológico permite ya que los periodistas volvamos a cumplir el papel de Defensor Civitatis que el hundimiento del modelo de negocio de la prensa impresa y la subsiguiente interferencia de los poderosos en los medios nos han arrebatado.

Al darles la bienvenida en esta emocionante semana expliqué el lunes a mis compañeros que EL ESPAÑOL “nace al servicio de todo aquel que se sienta indefenso frente al poder” y me comprometí ante ellos a “proteger los derechos constitucionales de los ciudadanos como votantes, como contribuyentes, como consumidores, como usuarios de servicios públicos, como accionistas de empresas cotizadas, como socios de entidades deportivas o como clientes de entidades bancarias”.

¿Cómo lo haremos? Impulsando los cambios en las reglas de juego recogidas en nuestras Obsesiones -en ellas no hay ninguna referencia ad hominem- y vigilando noche y día, durmiendo incluso con los ojos abiertos para que nadie abuse de su cargo o preeminencia, como según Saavedra y Fajardo debía hacer el león que representaba al príncipe volcado en el bienestar de su reino.

Tras los centenares de enmiendas recibidas durante la semana ya puedo anunciar que en esas prioridades editoriales habrá significativos cambios y adiciones. Hoy sometemos además las Normas de Conducta de la Redacción de EL ESPAÑOL, nuestras normas éticas, a la consideración y debate de accionistas y suscriptores. Se trata de un paso clave en el “hagámoslo juntos” porque como expliqué ante mis compañeros “elegir el periodismo como manera de vivir supone ingresar en una orden de caballería con su escala de valores, sus reglas y su código de honor”. Lo que pedimos por tanto a los que os suméis al empeño es que nos ayudéis a autorregularnos.

Esa mañana doblemente luminosa del 24 de agosto resumí nuestro proyecto intelectual en dos demandas muy concretas: “Buscad la verdad y cuidad la sintaxis”. O lo que es lo mismo: sed rigurosos en el fondo y en la forma. También reclamé el apoyo crítico de la redacción: “Si me equivoco, corregidme. Si dudo, ayudadme. Si os convenzo, seguidme”. Entonces nos miramos a los ojos y uno por uno fuimos sellando nuestro compromiso con el “Por mí no quedará” de Antonio Maura.

España necesita un impulso revitalizador a través del periodismo crítico. Cualquiera que pueda testar el ambiente de entusiasmo indomable que impera en la sede de EL ESPAÑOL se dará cuenta de que por nosotros no quedará. ¿Y por vosotros? Cuanto más contribuyáis a que crezca el número de nuestros suscriptores, promocionando el proyecto entre vuestro círculo de amigos para que a su vez ellos repitan la jugada, mejor garantizaréis la independencia y la fuerza del rugido del león. Del león que lleváis dentro.

NORMAS DE CONDUCTA DE LA REDACCIÓN DE EL ESPAÑOL

El compromiso esencial de los periodistas de EL ESPAÑOL es proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad.

Ese compromiso se traduce en la obligación de ser diligentes en la búsqueda de la verdad y en la comprobación de todos los datos de la información; en la obtención de todas las versiones posibles; en el mantenimiento de un punto de vista crítico sobre los hechos y en el rechazo de cualquier presión indebida que pretenda subordinar el trabajo periodístico a intereses particulares.

RELACIONES CON LAS FUENTES

1. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen el derecho y el deber de no revelar sus fuentes de información. No difundirán informaciones que hayan aceptado recibir bajo el compromiso del ‘off the record’ siempre que se mantengan las circunstancias del acuerdo.

2. Los periodistas de EL ESPAÑOL deben precisar siempre si los datos que publican proceden de su propia observación, de documentos o de terceras personas. En este último caso, si la información proviene de una única persona no deben emplear el plural ‘fuentes’ y concretar, como mínimo, de qué ámbito procede (‘fuente sindical’ o ‘fuentes diplomáticas’ o ‘fuentes próximas a’). Evitarán fórmulas vacías de contenido comol ‘fuentes competentes’ o ‘fuentes bien informadas’.

3. Cuanto menos identificada o cuanto más imprecisa sea la fuente, mayor será la obligación de verificación. Si se publica la información proporcionada por un anónim, deberá constar esa característica de la fuente, indicando cuál es el motivo (temor a represalias, desconocimiento de su identidad por proceder del Buzón de Denuncias, compromiso de confidencialidad por razón de la materia o del lugar de trabajo de la fuente, etc).

5. Cuando sea imprescindible cambiar el nombre de alguna persona (agentes de los servicios secretos, menores, víctimas de delitos sexuales o malos tratos) esa modificación será advertida a los lectores.

6. Los periodistas de EL ESPAÑOL procurarán que la relación con sus fuentes no comprometa su integridad e imparcialidad. No aceptarán regalos, viajes o tratos de favor, como regla general. La aceptación de invitaciones relacionadas con la crítica gastronómica y cultural o con la cobertura de informaciones ha de estar justificada por su interés periodístico y debe ser autorizada por los responsables de la Redacción.

EMPLEO DE CITAS

7. Cada palabra o expresión entrecomillada por los periodistas de EL ESPAÑOL debe responder con fidelidad a lo transmitido por el emisor. La edición de un testimonio nunca debe alterar el sentido y la intencionalidad del emisor.

8. Los periodistas de EL ESPAÑOL no plagiarán ni reproducirán parcialmente textos de otro autor, ni en su literalidad ni en su estructura o argumentación, sin atribuírselos de forma expresa.

9. Cuando incluyan en sus textos informaciones extraídas de otros medios deberán atribuírselas, incluso si se trata de algún dato aislado. No será preciso hacerlo si EL ESPAÑOL corrobora la noticia con sus propias fuentes. Por razones de equidad y cortesía, la mención al medio y a su autor será imprescindible cuando se trate de una exclusiva, si es posible incluyendo el enlace.

10. Los periodistas de EL ESPAÑOL no publicarán nunca rumores no verificados, sin que su atribución a otro medio sirva de excusa para ello.

OBTENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

11. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen que buscar y difundir honestamente todos los ángulos posibles de los hechos, situándolos en su contexto adecuado y sin omitir aspectos esenciales, en especial si el asunto es controvertido. Esta tarea será inexcusable cuando se trate de investigaciones policiales o judiciales.

12. Ninguna persona, física o jurídica, puede verse sorprendida por la aparición de una noticia originada en la redacción de EL ESPAÑOL en la que resulte cuestionada, descalificada o perjudicada sin haber tenido previamente la posibilidad de dar su versión y que ésta sea difundida, si el afectado lo desea. Cuando no se le haya podido localizar o no haya querido responder, se harán constar estas circunstancias. Si la noticia tiene como base un documento oficial u otra fuente externa se tratará de recoger la versión del afectado lo antes posible sin que ello retrase la publicación.

13. Los periodistas de El ESPAÑOL no utilizarán métodos ilegales para obtener información. Sólo en casos de importancia excepcional, y siempre que no sea posible obtener la información por ninguna otra vía, podrán utilizar personalidades fingidaso realizar grabaciones subrepticias. La regla general es advertir al interlocutor de que sus palabras y/o imagen van a ser grabadas; la alteración de esta norma deberá ser autorizada por los responsables de la Redacción.

14. Si la información tiene una base documental, los periodistas de EL ESPAÑOL deben hacer todo lo posible para garantizar su autenticidad. No harán nunca una selección sesgada o intencionalmente dirigida a favorecer una determinada tesis, a partir de esos documentos.

15. Los periodistas de EL ESPAÑOL respetarán los derechos fundamentales al honor, la intimidad, la propia imagen y la presunción de inocencia. Se atendrán así a los límites a las libertades de expresión e información de acuerdo con la Constitución española, incluida la protección de la juventud y la infancia.

16. Las fotografías e imágenes de vídeo que representen la realidad deben ser genuinas y sin distorsiones más allá de un correcto tratamiento técnico para lograr una difusión de calidad y de la capacidad periodística de poner el énfasis en uno u otro aspecto de la información.

17. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán la difusión de expresiones e imágenes hirientes o despectivas sobre religiones, etnias o grupos sociales determinados, salvo que resulte imprescindible desde el punto de vista del interés informativo.

18. La información y la opinión estarán diferenciadas con nitidez. Las informaciones no contendrán juicios de valor del periodista.

COMPROBACIÓN DE LOS DATOS

19. Los periodistas de EL ESPAÑOL comprobarán la veracidad de los datos que incluyan en sus informaciones con independencia de la existencia de otros controles en la
Redacción. Las prisas no deben ser excusa para incluir datos no verificados. Si urge entregar una información y hay aspectos no comprobados deberá advertirse a los responsables de la Redacción. Al menos una segunda persona supervisará siempre cada historia o información.

20. Los datos dudosos o de singular complejidad o trascendencia deben ser verificados por, al menos, dos fuentes independientes entre sí. El hecho de que la información provenga de una fuente oficial, de una institución o esté apoyada en un documento no eximirá al periodista de comprobar los aspectos que puedan resultar más conflictivos.

21. Los periodistas de EL ESPAÑOL deberán asegurarse de que sus informaciones no contengan injurias ni calumnias.

RECTIFICACIONES

22. EL ESPAÑOL corregirá con inmediatez los errores de hecho, sin necesidad de esperar a recibir una queja.

23. Las rectificaciones procedentes de personas o instituciones aludidas serán publicadas en lo referente a los datos fácticos, pero no cuando tengan que ver con juicios de valor, interpretaciones u opiniones.

CONFLICTOS DE INTERÉS

24. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán los conflictos de interés entre sus actuaciones privadas (inversiones bursátiles, militancia activa en partidos, relaciones familiares) y su labor profesional. Cuando exista el menor riesgo de ello advertirán a los responsables de la redacción y serán sustituidos por otro compañero.

25. Los periodistas de EL ESPAÑOL no utilizarán la información que obtengan en el ejercicio de su profesión en beneficio personal o en el de sus familiares.

26. Ningún periodista de EL ESPAÑOL podrá trabajar, de forma remunerada o no, para gabinetes de imagen o de comunicación, empresas de relaciones públicas o agencias de publicidad.