Villacís, la bisagra ideal

Vídeo: Adriano Morán (93 metros)

Basta con pasar cinco minutos en la sede de Ciudadanos en Madrid para percatarse de un fenómeno a medio camino entre lo exótico y lo subversivo. En un primero izquierda de la calle Carranza puede verse un goteo de personas que llegan a afiliarse. “He venido desde Pozuelo porque vuestro teléfono parecía que no funcionaba, siempre comunica”, se queja un hombre mayor. “Queremos ayudar”, se ofrecen dos señoras. Al lado de la puerta, en una mesita, atiende una joven voluntaria que se lamenta porque su portátil es viejo y funciona regular. “Ay, cuando tenga el ordenador nuevo…”, suspira.

Existe una clara desconexión entre ese interés creciente por Ciudadanos y la popularidad de Begoña Villacís (1978), candidata a la alcaldía de la capital. Sale en los medios a menudo, pero es muy raro que alguien la reconozca por la calle. Al lado de su base de operaciones, sin aire acondicionado ni mucho mobiliario, hay un restaurante japonés al que Villacís va por primera vez. “Mira, me han reconocido”, dice cuando el camarero aparece con un aperitivo generoso. “Que no, es broma. Es por vosotros, han visto la cámara”, se resigna con picardía.

En el metro hay grandes carteles donde quien más sale es Albert Rivera, el presidente del partido. No se presenta pero su imagen a tamaño gigante va acompañada de un eslogan en letras mayúsculas: “El cambio”. A esta abogada, madre de dos hijas y adicta a Nirvana, Lou Reed y los Foo Fighters, no le importa. “Lo que quiero es cambiar cosas. ¿Que los votos vienen así? Bienvenidos sean”. Según su partido, en otras formaciones el problema es el contrario: votar independientemente de quién se presente.

Villacís es el ejemplo perfecto de la imagen que cultiva Ciudadanos. Joven, procedente de la empresa privada (directiva en Legálitas), tiene un discurso implacable contra la corrupción y reivindica sin nombrarlo el centro político. Pero sobre todo exhibe frescura (unas veces de manera más natural que otras) frente a los dinosaurios de otros partidos. Habla por los codos y pide que se aprovechen de ella ahora que es una “política novel”.

Todo forma parte de su carácter, pero también de su estrategia. Villacís es consciente, como muchos en su partido, de que la normalidad es una de sus divisas más valiosas. Por eso insiste varias veces en que coge el metro, hace la compra y cocina en casa para llevarse la comida en un tupper a la sede de campaña.

De pequeña jugaba al fútbol y no a las muñecas, quería ser astronauta y pronto empezó a escuchar rock que la convirtió en un bicho raro en su grupito de amigas. Viendo Doce hombres sin piedad, la apasionante deliberación de un jurado sobre un homicidio, decidió estudiar Derecho. La película se la descubrió su padre, José Villacís, profesor universitario en el CEU y compañero de uno de sus adversarios: Antonio Miguel Carmona.

Al candidato del PSOE lo conoce desde hace años y le cae bien. Como la jueza Manuela Carmena (Ahora Madrid), de quien le atrae su carisma tranquilo. Esperanza Aguirre le da mala espina, pero Villacís se aferra a una calculada ambigüedad que lleva ensayando semanas. Deja así la puerta abierta a un pacto que otros candidatos, como el socialista, tildan de “madre de la corrupción”.

Villacís escribe un mensaje entre tostada y tostada. / ADRIANO MORÁN

Villacís escribe un mensaje entre tostada y tostada. / ADRIANO MORÁN

Del Madrid y del Atleti

Unos días insiste en que debe gobernar el partido más votado y promete no formar parte de ninguna coalición que no encabece ella misma. Otros días apela a la condición de bisagra y recuerda que lo importante es sacar adelante su programa. ¿Su equipo favorito? “Mi familia es del Real Madrid y yo he sido más del Real Madrid. Pero cuando juega contra el Atleti, no tengo muy claro quién quiero que gane”.

Villacís presume de responder a todas las preguntas. Pero no se pilla los dedos con ninguna para tener las manos libres después del 24 de mayo. Si Ciudadanos es una incógnita y se cumplen las encuestas, despejarla saldrá caro a quien necesite su apoyo.

Todo candidato se presenta con un programa. El suyo incluye bajar los impuestos municipales, en especial el de Bienes Inmuebles (IBI), promover una revisión de los valores catastrales para reducir ese tributo y el de plusvalía, acabar con el afán recaudatorio de las multas del botellón y las de aparcamiento:”Si todos las tenemos, ¿todos somos malos ciudadanos?”.

Pretende adelgazar la administración para separar “grasa de músculo”, publicar las agendas de los cargos públicos, auditar de arriba abajo los gastos del Ayuntamiento, ampliar las zonas peatonales y poner más carril bici. En realidad, como ella misma reconoce, promesas similares aparecen en los programas de sus adversarios. Villacís se propone pactar para garantizar que se cumplen y no para repartirse cargos públicos.

Una jornada de 15 horas

El día con Villacís comienza en el café Comercial, en la glorieta de Bilbao, donde se sirve espeso chocolate con churros para merendar y se organizan presentaciones de libros. Son las ocho de la mañana y casi todas las sillas están aún sobre las mesas. La candidata repasa la agenda junto a otra Begoña (Moreno), que la asesora en asuntos de comunicación. Ella también va en la lista y la acompañará hasta las 11 de la noche.

Al contrario que otros candidatos, Villacís no celebra con frecuencia asambleas abiertas ni lleva un sofá de plaza en plaza para hablar con los ciudadanos. Su agenda tiene muchas más entrevistas con medios de comunicación y encuentros con asociaciones profesionales. Su campaña busca llegar a más gente con cada acto.

El día tiene tres entrevistas (Onda Madrid, Radio Tentación y el canal 24 horas de TVE) y dos reuniones con empresas del sector del taxi. En los dos  trayectos que comparte con EL ESPAÑOL aprovecha para ganarse a cada conductor. Con uno de ellos tiene un detalle en común: que sus hijas tienen que pasar por el altar en este mes de mayo. “La comunión de mi hija es el día de la jornada de relfexión”, informa al taxista. “Y las madres somos las que solemos organizarlo. El problema no es el día sino llegar al día”, ironiza. Luego ya se verá.

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