Una política más

Fue delegada de su clase, ‘okupa’ y símbolo del enfado ciudadano contra la burbuja inmobiliaria. Ahora se perfila como la gran rival de Xavier Trias en la pugna por la alcaldía de Barcelona. Así es Ada Colau según una veintena de personas que la conocen. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

ALBERTO GAMAZO

Fue delegada de su clase, ‘okupa’ y símbolo del enfado ciudadano contra la burbuja inmobiliaria. Ahora se perfila como la gran rival de Xavier Trias en la pugna por la alcaldía de Barcelona. Así es Ada Colau según una veintena de personas que la conocen. 


El New York Times publicó el 24 de junio de 2001 una breve nota sobre Barcelona. Ese día hubo una manifestación antiglobalización que acabó con 32 heridos y 19 detenidos y escaparates rotos del Burger King o Swatch. El periódico citaba la opinión de una portavoz de la Campaña contra el Banco Mundial: “La policía provocó la pelea; eran parte de ella”, dijo. Esa portavoz era una joven de 27 años llamada Ada Colau.

Entonces era portavoz porque sabía hablar en público y porque había trabajado en comunicación. Pero no era su formación. En 1992 había empezado a estudiar Filosofía en la Universidad de Barcelona. Fue una estudiante lenta. Según su expediente académico, que ha colgado en su web, Colau se fue matriculando de algo cada año hasta el curso 1998-99. Sigue sin ser licenciada; le quedan cinco asignaturas. Pero mientras estudió, fue aplicada: seis matrículas de honor -cuatro de ellas en asignaturas de ética y filosofía social- y 16 sobresalientes en 44 materias.

La lentitud de sus estudios tiene al menos dos explicaciones: que se desanimó porque la Facultad le acabó “cansando” y que era delegada de curso y tenía asambleas y obligaciones fuera de sus horas de clase. Ya había sido delegada durante BUP en la Acadèmia Febrer, en el barrio de Sant Gervasi. La temprana representación de los intereses de los estudiantes en clase es un indicio claro de futuros políticos. Colau lo cumple.

Hay otros rasgos de su personalidad que Colau mantiene desde entonces. Su profesor de Historia aquellos años, Vicenç Molina, que es amigo hoy de Colau, hace este retrato de su antigua alumna: “Tenía una actitud de inquietud curiosa, insistente y constante, de deseo de comprometerse en todo aquello que pensara que podía ser útil para las causas de la libertad y la justicia, un sentido existencial vinculado a ciertos tics de antes de su generación, la post 68. Era muy lectora de Sartre, Camus, Simone de Beauvoir. Tenía una cierta tozudez con todo lo que era su centro de interés: sucesivamente, la lectura, el teatro, el voluntariado, la lucha política. Y sí, claramente, cierto afán de protagonismo, bastante autoaceptado”.

Las charlas con gente que se ha cruzado con Ada Colau durante años sucesivos confirman estos rasgos: entregada, concienciada, persistente, protagonista.

Ada Colau aspira ahora a ser alcaldesa de Barcelona con una coalición de grupos llamada Barcelona en Comú. Los sondeos dicen que si no lo logra, será la primera fuerza de la oposición. Su recorrido no es el habitual en un político de partido, pero parece más normal en la España de 2015 donde los activistas ven una oportunidad evidente de entrar en las instituciones.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

A pesar de múltiples peticiones durante la campaña, Ada Colau no ha hablado conmigo para este perfil. Cuando le dije a su equipo de prensa que tenía detalles que quería contrastar, me pidieron que mandara la entrevista por escrito. Envié 11 preguntas. Dos días después, su coordinadora de prensa, Yolanda Viñals, me llamó para decir que Colau no quería entrar en temas tan personales. Se refirió por teléfono a dos de las preguntas. La primera era si había cenado en enero o febrero de 2014 en casa de Gemma Ubasart, de Podem, con Ricard Gomà, de Iniciativa, para cerrar el acuerdo de candidatura conjunta entre Guanyem, Iniciativa y Podem. Colau era entonces portavoz de la PAH.

Meses después, en su carta de despedida como portavoz de la PAH, Colau decía: “Como ciudadana, estaré encantada de apoyar y participar en procesos amplios que planteen un cambio real en las formas de hacer política”. Es muy probable que estuviera ya todo cerrado. En su mitin de campaña en el barrio de Gràcia, Colau pidió a CiU, PSC y ERC que anunciaran si habían pactado ya para repartirse el poder. No es algo que ella haya cumplido en su corta de vida de política: presuntamente ya había pactado y lo anunció cuando le vino bien.

La otra pregunta que su equipo destacó para no responder al cuestionario es si la televisión pública catalana había puesto condiciones a su aparición en el programa El convidat en octubre de 2014. El presentador, Albert Om, pasa dos días en casa de un personaje famoso. Es un formato amable para lucirse y dar la vuelta al ruedo.

Ningún político en activo ha salido, aunque sí han aparecido otros ya retirados: Josep Lluís Carod-Rovira o Jordi Pujol antes del escándalo. El programa revivía en parte la labor en la PAH de Colau cuando ya no era portavoz. La campaña de Colau considera que esta pregunta era meterme en los acuerdos a los que habían llegado con otro periodista, Albert Om. Pero ese programa de la tele pública lo vio más de medio millón de catalanes. En Barcelona, en las últimas elecciones, Convergència i Unió sacó 15 concejales con 174.000 votos.

Tampoco ha sido fácil hablar con gente vinculada a Ada Colau. He entrevistado a 19 personas que han compartido etapas de su vida con la candidata. En cuatro casos quisieron pedirle permiso a la campaña o a Colau antes de hablar conmigo. En otros tres optaron directamente por no hablar.

Es una cautela curiosa en un grupo de activistas que ha emergido en parte gracias a los medios de comunicación. Mis colegas Daniel Basteiro, Adriano Morán y Javier Álvarez han acompañado en jornadas de campaña a los cuatro candidatos principales en Madrid. La única que puso reparos fue Esperanza Aguirre, del Partido Popular.

La ambigüedad del liderazgo

La excusa más común para evitar preguntas sobre Ada Colau es una variante de esta frase: no somos una persona, somos un movimiento. Marina Garcés, profesora de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y compañera de estudios de Colau, me dijo que un perfil así “no responde a mi manera de entender la política, el papel de los políticos y su personalización”. El trasfondo es que Colau no importa porque es una más y tiene ese papel.

He oído otro motivo: Colau recibe más palos por ser la cabeza visible de un movimiento que une a mucha gente. El silencio de sus allegados es por tanto un modo de protección. Pero la política es más ruidosa y es difícil acceder a un cargo público sólo con música celestial.

Colau prefiere que la llamen “referente” y no líder. “Mi carácter de referente tiene más valor que otro porque está avalado no por lo que yo diga sino por lo que hacemos colectivamente”. El colectivo quería evitar los personalismos. Por eso, me dice Marcelo Expósito, miembro de Barcelona en Comú, el movimiento Guanyem nació con una triple portavocía: además de Ada Colau, el abogado Jaume Asens (hoy número cuatro de la lista) y el catedrático Joan Subirats. Pero había pocas dudas sobre el fin. “Es bastante obvio que ella debía liderarlo, simbolizaba muy bien lo que se quería hacer”, dice Subirats.

La confluencia de Barcelona en Comú la forman Guanyem, Iniciativa-Esquerra Unida, Podem, Procés Constituent y Equo. La monja independentista Teresa Forcades, que aparece en alguna de las fotos que acompañan a este artículo y  que participó en el mitin de Gràcia, es miembro de Procés Constituent. Estaba tan claro quién debía liderar el movimiento y qué peso tenía cada formación que la lista se cerró a puerta cerrada y no tuvo rival en las primarias.

“Se trabajó mucho en cómo queríamos que fuera el equipo encabezado por Ada”, dice Eloi Badia, uno de los impulsores de Guanyem. “Se hizo pensando cómo formar un equipo de gobierno cohesionado y hasta qué punto podía ser un grupo abierto”. Está claro que no podía serlo. En 2019, todo será diferente, promete Badia. La nueva política de verdad deberá esperar otros cuatro años.

Es un debate que los activistas de Guanyem han tenido: ahora toca cerrar filas. Marcelo Expósito me cuenta cómo criticó hace un año que la cara de Pablo Iglesias fuera el logo de Podemos en las europeas. “Pero ahora entiendo por qué hay que poner la cara de Ada”, dice. “Es un liderazgo político nuevo en una fase de ruptura. Hay que experimentar”.

Es innegable que Ada Colau es un valor político que debe aprovecharse. Colau da tres razones para haber llegado a estar a un paso de la alcaldía de Barcelona: la veteranía, la experiencia y saber hablar en público. Las tres son ciertas: sabe de activismo, sabe de vivienda y urbanismo y habla bien.

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De un guión a la vivienda

Después de las asambleas universitarias, Colau estuvo en 1998 en la productora Classic and New para producir un programa de anuncios en el Canal 33 de la tele catalana: SpotTV. Su compañera allí era Cinta Escorsa: “Recuerdo cuando coincidíamos algún día para desayunar en el bar: leía cinco periódicos y comparaba las noticias mientras charlaba”, dice Escorsa. Su recuerdo de Colau es similar al de otros: “Era muy trabajadora, hiperactiva, tenía mucha empatía con el sufrimiento ajeno y mucha fluidez verbal”.

Eran años donde Colau combinaba trabajos sueltos con la Filosofía en la universidad. Su segundo trabajo en la tele fue el rodaje en 2000 de la serie juvenil Dos + una, que emitió Antena 3.

Colau fue sobre todo guionista de la serie, pero hizo un papel pequeño de actriz: “Ada estaba vinculada al proyecto porque su familia intervenía en él [el marido de su madre fue el autor de la idea]. Sus méritos son los de saber narrar en un papel historias que ocurrieron en el entorno de los adolescentes”, dice el director, Ricardo Giménez Roig. Su recuerdo de Colau es parecido al de otros: “La Ada que recuerdo es una mujer muy trabajadora y directa con los objetivos marcados, lo que hacía que las reuniones de trabajo fueran muy concisas y rentables. No se le escapaba ni una”.

Pero en 2000 Colau estaba a punto de meterse de lleno en su verdadero interés: el activismo. En diciembre de 1999 las protestas en una reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle acabaron con más de 150 detenidos. La globalización, creían los manifestantes, no iba a traer el desarrollo prometido. Aquel movimiento llegó a Europa con protestas similares en Praga en septiembre de 2000. En Barcelona había un grupo pendiente del movimiento global: en junio el Banco Mundial iba a reunirse en la ciudad. Querían boicotearlo. Varias organizaciones formaron la Plataforma contra el Banco Mundial. Una era el Movimiento de Resistencia Global, donde militaba Colau.

Los preparativos y protestas fueron un germen donde coincidieron activistas que luego han destacado en política o en otros ámbitos: David Fernández, diputado con la CUP; Enric Duran, militante contra los bancos; Gemma Ubasart, hoy en Podem; Toni Baños, periodista con un papel creciente en la CUP.

El altavoz mediático

Aquellos meses fueron el germen de otro detalle vital para el futuro del activismo: la relación con los medios de comunicación. Un proyecto financiado por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) llamado Las Agencias reunió a un grupo que quería salir del gueto de los fanzines y las primeras webs independientes, entonces sobre todo Indymedia.

Marcelo Expósito fue miembro de Las Agencias. Allí dice que entendieron tres cosas: “Uno, puede no gustarnos, pero la sociedad se informa con los medios de comunicación. Dos, el mensaje del activismo no era para el gobierno o para nosotros mismos, era para la sociedad civil. Y tres, a pesar de que las estructuras de la prensa son las que son (y más en aquella época) hay periodistas afines que pueden colar historias”. Las ruedas de prensa pasaron a ser en lugares emblemáticos para que las teles tuvieran mejores imágenes. Hacían acciones de guerrilla informativa capaces de convertirse en noticias eficaces.

“Empezaba una lucha por la hegemonía cultural y había que ganar por alguna vía la batalla ideológica en los medios”, dice Toni Comín, profesor de Esade, ex diputado de Ciutadans pel Canvi/PSC y participante también en aquel movimiento antiglobalización: “Emerge entonces una constatación: si los medios no están hechos para informar sino para entretener, debes dar a tus acciones una dimensión de espectáculo. Debes montar shows y olvidarte de las oscuras manis sindicales de los 60 y 70″.

La herencia de aquel uso inteligente de los medios aparece en toda la carrera pública de Ada Colau: el héroe Súpervivienda, el lema “No tendrás casa en tu puta vida”, los escraches o las apariciones en El gran debate en Telecinco. En su carta de despedida de la PAH, Colau escribe: “Es un canal que hay que utilizar con prudencia, pero vivimos en una sociedad mediática y hay que usar también esos canales”.

Ese bautismo activista se diluye después de la muerte de un manifestante en las protestas de Génova pero sobre todo después del 11-S. Aunque se reactiva en un movimiento de masas más general contra la Guerra de Irak. Pero aquella globalización iba a empezar a tener un reflejo en la crisis española. Colau empezaría enseguida a interesarse en serio por el gran tema de su vida: la vivienda.

Son los años en los que Colau está más cerca del movimiento okupa. Es obvio que sus rivales usan el nombre para criminalizar su pasado, pero la participación de Colau es aparentemente distinta: “Éramos okupas sin cresta”, dice Albert Sancho, amigo de Ada Colau desde la universidad. Su participación se centra en el colectivo Miles de Viviendas, que pasó por varios edificios barceloneses. Stephen Luis Vilaseca, profesor de la Northern Illinois University y autor de este libro sobre ocupas, lo ve igual: “Los okupas de Miles de Viviendas evitaron conscientemente la estética okupa de los punkis para cambiar el foco del aspecto de un okupa a lo que un okupa hace”.

Una crónica de Jesús García publicada en El País en 2006 con el título Barcelona, capital okupa describe sin querer y con grandes trazos la trayectoria de Ada Colau en aquellos años: “El colectivo okupa es heterogéneo y, como un camaleón, ha ido mutando al son de los tiempos. En 2000 y 2001, apareció ligado a las protestas contra la globalización. En 2003, se apiñó en torno a las manifestaciones contra la guerra de Irak. Y hoy está vinculado más que nunca a la denuncia de la especulación inmobiliaria”.

Las diferencias que existían entre la lucha okupa y unos objetivos más generales eran cada vez más evidentes: “Los okupas han perdido la exclusiva -o al menos, el exceso de protagonismo- que hasta ahora habían ostentado sobre el problema de la vivienda. La Asamblea Popular por una Vivienda Digna ha conseguido canalizar la movilización de numerosos sectores sociales”.

Una de las portavoces de esa Asamblea es Ada Colau: “No somos violentos. Se inventan incidentes fantasma para suspender la cumbre [de ministros de Vivienda en Barcelona] y no abordar los problemas”. En esas declaraciones Colau ya usaba una frase que no ha parado de repetir durante la campaña electoral para el Ayuntamiento: “Pero lo que falta es voluntad política”. En otras palabras, faltan narices para enfrentarse a aquéllos a quienes no les convienen estos cambios.

En aquellos años, el problema principal de la vivienda era el mobbing inmobiliario. En los años de la burbuja, las empresas propietarias de edificios presionaban con artimañas dudosas a inquilinos que pagaban renta antigua para que se fueran de su casa. Un hito del movimiento okupa fue salvar a una pareja de ancianos y a otro que vivía solo en un edificio histórico de la calle Magdalenes de Barcelona donde una inmobiliaria quería construir un hotel. Aquel edificio pasó a ser el Espai Social Magdalenes. En 2010 fue desalojado y el hotel debería estar listo para este año. Allí Ada Colau participó en charlas sobre viviendas como representante de Miles de Viviendas o del Taller contra la Violencia Inmobiliaria y Urbanística. También en otros espacios afines.

Llega el momento de la verdad

El Observatorio DESC (Derechos Económicos, Sociales y Culturales) fichó en 2007 a Ada Colau para que abriera un eje de trabajo sobre la vivienda. El observatorio es una ONG que había nacido unos años antes para defender los derechos sociales, no sólo en Cataluña. Su financiación procede en parte del Ayuntamiento de Barcelona. El presupuesto de la PAH, por ejemplo, lo gestiona el DESC: en el último año recibió 120.000 euros de subvención municipal. De ahí salía el salario de Colau como portavoz. Su sueldo lo pagaba el equipo del alcalde Xavier Trias, al que ella aspira ahora a suceder.

Vanesa Valiño, directora del DESC, recuerda la llegada de Colau: “Nos dijo que era la primera vez que iba a tener un contrato fijo”. Poco después se implicaría en V de Vivienda, donde apareció el personaje de Súpervivienda, cuyo vídeo sacó en exclusiva El Punt Avui en plena campaña. Colau ha dicho que está orgullosa de su aparición espontánea en un mitin de Iniciativa, partido que hoy es su socio en la coalición Barcelona en Comú. Los actores que interpretaban a Súpervivienda iban variando. Uno era Adrià Alemany, que se convirtió luego en pareja de Colau. Juntos tienen un hijo, Luca. Colau ha publicado su declaración de renta de 2013: ingresó algo más de 30.000 euros.

La crisis iba a peor y el conocimiento de Ada Colau del mercado inmobiliario le llevaría a entender mejor cuál era la lucha básica, específica para España: la dación en pago. En febrero de 2009 nació la Plataforma de Afectados por la Hipóteca (PAH). Cuando Ada Colau salió por segunda vez en el New York Times en 2010, el titular reflejaba esa novedad: “En España, te quitan la casa pero te dejan la deuda”. En el resto de países occidentales había fórmulas para irse de la casa hipotecada y quedar libre. En España, no. La causa era de una justicia evidente y el drama humano tan obvio que los medios se entregaron a la causa.

La opción de la PAH es mostrar el problema y llevarlo al debate público. Con la entrada de su ex portavoz en política, la organización ha hecho un comunicado para decir que no son partidistas. Pero en una nota de prensa anterior dicen: “Estos 500.000 desahucios producidos hasta hoy tienen unos responsables políticos directos: los sucesivos gobiernos del PPSOE”.

Hay otras organizaciones que son más discretas en su lucha política y se centran en resolver problemas específicos. Algo que la PAH también hace pero no como objetivo principal: “En la PAH teníamos claro que no queríamos hacer políticas asistenciales -que es lo contrario del empoderamiento-, ¡sino todo lo contrario! El asistencialismo te confirma que eres un inútil y que necesitas alguien que lo haga por ti”, dice Colau. Desde el Ayuntamiento han planteado incluso dudas sobre el uso esporádico pero a veces excesivo de residentes en el momento del desahucio. La imagen cuenta mucho.

La PAH tenía un objetivo político: reformar la ley. El discurso de Ada Colau en el Congreso de los Diputados fue el día cumbre de esa campaña: “Allí nos dimos cuenta de que teníamos algo”, dice Marcelo Expósito.

El momento más recordado fue cuando llamó “criminal” a un representante de la banca, Javier Rodríguez Pellitero, que había intervenido antes: “Decir que la legislación española es estupenda cuando hay personas que se están quitando la vida por una ley injusta es absolutamente criminal. Les aseguro que no le he tirado un zapato porque quería explicar mi punto de vista. Es un criminal y deberían tratarle así, no es un experto”. Colau se negó a retirar esas palabras.

En política también se puede

El trabajo en la PAH estaba hecho: todos los españoles sabían ya que el pago de una hipoteca no acababa con salir de casa. Ahora hacía falta legislar. Pero después de cinco años, Ada Colau abandonaba la PAH para entrar en política. Una búsqueda de “portavoz PAH” en Google sigue sacando a Colau en nueve de los 10 enlaces de portada. Sólo en un programa de La Sexta aparece Carlos Macías, el portavoz vigente.

A Colau le hicieron ofertas, pero no iba a ceder su voluntad para ir en la lista de otro partido. Pretendía participar en un movimiento que lograra hacer confluir a varias siglas. Iniciativa per Catalunya obtuvo en 2011 cinco concejales. Si no accedía a las condiciones de Colau, podía quedarse sin nada, como puede pasarle en Madrid a Izquierda Unida. Se dio entonces el acuerdo: Iniciativa ponía dinero (la campaña cuesta 160.000 euros), acceso a las instituciones en periodo electoral, experiencia política. Guanyem ponía a Ada Colau.

El País publicó en enero los contenidos básicos del pacto. En los siete primeros puestos de la lista van Colau y tres compañeros de siempre (Gerardo Pisarello, Jaume Asens y Gala Pin), dos personas de Iniciativa (Laia Ortiz y Janet Sanz) y uno de Podemos (Raimundo Viejo). Los sondeos les dan entre ocho y 10 concejales. Durante sus cuatro años de mandato, el alcalde Trias ha gobernado con apoyos tácitos y puntuales de PSC, PP y ERC. Como candidata a la alcaldía, Ada Colau ha debido explicar su visión del proceso soberanista: no es independentista pero está a favor de hacer un referéndum y de más democracia. En la consulta del 9 de noviembre, votó por la independencia y escribió un post en Facebook para explicar sus motivos.


 

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Una de las preguntas que Colau no ha querido responder era por qué en una candidatura que presumía de abrirse a la ciudadanía los puestos principales estaban en manos de viejos conocidos. Es por supuesto legítimo, pero no es nueva política con primarias abiertas o candidatos independientes. En Madrid lamentaban no tener su Ada Colau y en unas primarias encontraron a quien podía interpretar su papel: la jueza Manuela Carmena.

Aquí están las primeras propuestas de choque de Barcelona en Comú si ganan las elecciones. “Es posible hacer las cosas de otra manera”, dice el profesor de Derecho Gerardo Pisarello en un mitin en el barrio de Sarrià. “Participo de un proceso amplio, donde miles de personas se han dejado la piel”, dice Ada Colau durante su mitin en el barrio de Gràcia. Es cierto que es una gran novedad, aunque menos en la España de hoy con Podemos y Ciudadanos. Las novedades definitivas deberán empezar a verse dentro del Ayuntamiento.

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