Reus es el epicentro del ‘caso Innova’, que investiga una trama de corrupción en la Sanidad catalana y que ha propiciado la imputación de más de 60 personas de distintos partidos. En el origen del escándalo se encuentra la denuncia del concejal independentista David Vidal, que entró en política después de trabajar en una de las empresas de jardinería de la ciudad.


El concejal más joven de Reus puso contra las cuerdas a la más veterana el 28 de abril. Ese día la policía detuvo a la teniente de alcalde Teresa Gomis (CiU) en el marco de la operación Curatio, pieza número 4 del llamado caso Innova, un megaproceso que investiga una red de corrupción dentro del sistema sanitario catalán.

El escándalo incluye facturas falsas, sobornos, blanqueo de dinero y adjudicaciones a dedo. Uno de los delitos que se le atribuye a Gomis es el de favorecer a la empresa Traiber, que suministró prótesis caducadas al hospital Sant Joan de Reus sin pasar ningún proceso de contratación pública. No es una pieza más del caso pues desmonta la defensa empleada por el Gobierno municipal y la Generalitat, que repiten que los delitos de Innova los cometieron gobiernos anteriores. Las adjudicaciones a Traiber se hicieron en pleno mandato de CiU, lo que pone en la picota al alcalde convergente y salpica al Gobierno de Artur Mas.

El concejal más joven de Reus es David Vidal y representa a la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) desde 2011. Quince días después de la detención de su colega Gomis, cita a los medios para hablar de su programa sanitario en la puerta del hospital donde convergen algunas de las 11 piezas del sumario que ya ha abierto el juez Diego Alvárez de Juan en el Juzgado de Instrucción número 3 de Reus.

Antes de ser concejal, Vidal era jardinero en Rellsa, una de las empresas de Innova, un holding de titularidad pública que agrupaba 20 empresas y llegó a consumir el 75% del presupuesto municipal.

Como asalariado, había oído hablar de algunos asuntos turbios que conoció mejor cuando se presentó como delegado sindical de la CGT. Eso le animó a presentarse a las elecciones en 2011. Como concejal, asistía a los consejos de administración de Innova y su primera reunión fue precisamente en el hospital de Sant Joan, gestionado por Grup Salut, que también depende del holding municipal.

Miembros de CUP acompañan a David Vidal junto al hospital.

Miembros de CUP acompañan a David Vidal junto al hospital.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Por primera vez, Vidal se descubrió como una piedra en el zapato. “No había orden del día”, explica. “Decidimos dónde colocar una estatua y luego almorzamos. Pregunté lo que costaban esas reuniones y lo que recibí fue una carta de Gomis llamándome demagogo”.

Fue sólo la primera pregunta. Vidal quiso saber por qué Josep Prat podía ser director general de Innova mientras era presidente del Institut Català de la Salut y cómo podía compatibilizar sus cargos públicos con el de consejero de USP Hospitales, la principal operadora de centros sanitarios privados de España.

Nadie contestó a sus preguntas. “Ante mis acusaciones, todos los partidos ratificaron a Prat en sus cargos y firmaron un escrito en el que definían su trayectoria como ‘intachable'”, dice el concejal. “Por eso la CUP fue a la fiscalía con toda la información de la que disponía en enero de 2012”.

Así arrancó el caso Innova.

Un hospital bajo sospecha

Vidal llega a la puerta del Hospital Sant Joan con camiseta caqui, pantalón beige a media pierna y zapatillas de esparto. Es un aspecto similar al de otros representantes de la CUP.

Los cupaires de Reus se niegan a hacer declaraciones o entrevistas en castellano. En ese aspecto, Vidal es irreductible. En lo demás se muestra más flexible.

La CUP se define como un partido asambleario, de izquierdas e independentista y está inscrito en el registro desde 1987. No despunta hasta las municipales de 2011, cuando gana cuatro alcaldías y saca tres concejales en el Ayuntamiento de Girona. Sólo un año después consigue tres escaños en el Parlament.

Un vistazo a las cifras da fe de su consolidación en la escena política catalana: si en 2011 presentó 72 listas municipales, este año ya son 163.

Casi nadie en la CUP de Reus quiere hacer declaraciones sobre el concejal Vidal. Dicen que ha hecho lo que tenía que hacer. Así lo explica Alfons Horra, un militante del partido que no entra en descripciones personales. Al rato de hablar con varios, queda claro que lo que hace uno de la CUP es mérito de la CUP. Pero las caras sólo se pueden poner de una en una.

“Recibimos presión de la opinión pública pero la gente con quien se enfada o se encara es conmigo”, reconoce Vidal.


Todos los datos de Reus


La actitud de sus colegas cambia cuando Daniel Rubio, jefe de campaña de la candidatura izquierdista Ara Reus, asegura que los primeros en denunciar irregularidades en Innova fueron ellos y no la formación independentista.

“La primera querella fue la nuestra”, me dice Rubio. Se podría decir que es verdad porque la CUP no presentó ninguna querella. Sólo puso la información a disposición de la fiscalía de la Audiencia Nacional. Vidal dice que no compite. Aunque algunos periodistas locales dan fe del nivel de fricción en este asunto entre Ara Reus y la CUP.

Mientras el concejal Vidal atiende a los medios a la puerta del hospital, se le acerca un matrimonio. Están aquí para saber qué ocurre con la prótesis de rodilla del marido: “Si son de las malas o de las buenas”. No son los únicos. Hasta seis personas paran al concejal preguntando por el mismo tema. “No han abierto ni una ventanilla informativa. Mandan cartas a los que tienen una defectuosa pero a los demás no y la mayoría es gente mayor que está asustada”.

Otros ciudadanos interpelan al concejal para preguntarle por la familia.  Otras interrupciones son menos agradables. Como la del hombre que lo ha parado para decirle que está bien que tire de la manta pero que no se equivoque. “Era el cuñado de un imputado”, explica con naturalidad.

El hospital de Sant Joan se inauguró cuando en Cataluña y en el consistorio reusense gobernaban tripartitos formados por PSC, ERC e ICV. Hoy es noticia por acumular una deuda de 98 millones de euros, por haber colocado prótesis caducadas y por tener a la plantilla en pie de guerra.

Tanto por dentro como por fuera, se parece más a un centro comercial que a un centro de salud. Una empleada de seguridad se desplaza en un segway, uno de esos artilugios de dos ruedas a motor que se conduce de pie y que se puede ver en muchos aeropuertos.

El hospital de Sant Joan por dentro.

El hospital de Sant Joan por dentro.

Como centro sanitario funciona a medio gas y hay muchas salas cerradas pero es el epicentro de muchas de las noticias que genera la política reusense. Hasta en la cafetería han tenido problemas con la contrata.

“Aquí hay muchas quejas pero el Primero de Mayo sólo salimos dos a la puerta a manifestarnos”, se queja una de las camareras.

Una extraña ‘omertà’ 

“Alguna gente dice que somos unos traidores, que nuestras denuncias dañan la ciudad”, explica David Vidal, que dice sufrir represalias por el caso Innova. Una de ellas hace referencia a su detención en la noche de San Juan de 2014.

“La ordenanza de civismo dice que no se puede beber en la calle y yo estaba bebiendo con un amigo pero aquel urbano se dirigió a mí directamente y en Barraques había miles de personas de fiesta. Me dijo que me conocía, que éramos chusma y nos detuvo”.

El asunto tiene otros matices para quienes lo ven desde fuera. Es el caso del periodista Enrique Canovaca, que cree que la detención no fue casual pero añade que las relaciones entre la policía y la CUP ya eran malas antes de que Vidal diera a conocer el caso Innova. Él denunció a la guardia urbana por abusos y la guardia urbana lo acusó de atentar contra la autoridad. Aún no se ha celebrado el juicio.

Jordi Sugranyes, que fue miembro de la ya extinta Coordinadora Reusenca Independent (CORI), añade otro detalle interesante. La concejal popular Alicia Alegret, entonces jefa de la policía, andaba a la greña con los de la CUP.

Ese rifirrafe entre partidos y concejales es continuo. En Reus, PP, PSC, ICV, ERC y CiU tienen militantes imputados en el caso Innova y ellos y sus familias viven en Reus. La presión que sufre el concejal de Reus no llega a los límites de la que sufrió Itziar González, la edil del barrio barcelonés de Ciutat Vella que abandonó su trabajo tras recibir amenazas de muerte al destapar un caso de corrupción relacionado con las licencias de pisos turísticos y el caso Palau. Pero no ha cesado desde hace dos años y es una presión continua.

“El día que fui a declarar por el caso Barraques me encontré unas botellas de cerveza puestas en la puerta de mi casa”, dice Vidal, que añade que también atacan a su pareja: “Intoxican diciendo que trabaja en un centro cívico en el que yo la enchufé cuando lo cierto es que ella trabajaba allí antes de que yo entrara en el consistorio. De tanto repetirlo, hay gente que se lo ha creído”.

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Es difícil que alguien se atreva a denunciar a un político en una ciudad pequeña. Es lo que el documental Corrupción: organismo nocivo llama “omertà de proximidad”. En la cinta, centrada en los casos Palau y Pretoria se exploran las represalias sufridas por políticos y técnicos que se atrevieron a denunciar irregularidades en sus ayuntamientos. Esa omertá explica por qué en Reus nadie se atrevió a denunciar cosas que conocía mucha gente.

Un ejemplo es el ex concejal convergente Fèlix Oliva, que en 2009 dejó su cargo en el consejo de administración de Innova al considerar que la gestión era “oscura”.Dos años después, Ariel Santamaria, concejal de la CORI, también detectó irregularidades: “Yo notaba que algo pasaba pero te daban papeles para firmar y yo no los entendía. Expliqué a los medios varias cosas pero no denuncié nada ante un juez”.

Este concejal, que se hizo muy popular por disfrazarse de Elvis en los plenos e incorporar a sus listas a personajes como Carmen de Mairena, se arrepiente de no haber hecho algo más. “No me tomaban en serio. A David sí que le temen. Ha sido muy valiente”, explica Santamaria, que en 2011 volvió a su trabajo de cartero al quedarse sin representación.

Vidal cree que si nadie lo hizo antes es porque algo así implica enfrentarse a todo el mundo. “Para mí tampoco fue fácil”, me dice. “Cuando me negaba a firmar las cuentas de Innova, me presionaban. Pero no estaba dispuesto a firmar algo que me podía meter en la cárcel. Otros han metido la pata sin saberlo, pero la justicia no acepta la ignorancia como excusa”.

El caso Innova es un ejemplo claro de un fenómeno que recogía el año pasado el informe anticorrupción presentado en 2014 por la Unión Europea: “La politización de la contratación de personal para cargos intermedios e inferiores en la administración pública central, regional y local es un problema grave”.

Animados por este documento y de cara a las elecciones municipales del 24 de mayo, los miembros del Consejo General de Secretarios, Interventores y Tesoreros de la Administración Local (COSITAL) propusieron a todos los partidos españoles con y sin representación una serie de medidas para mejorar la gestión municipal en España. A tan sólo cuatro días de las elecciones locales, COSITAL sólo ha recibido la respuesta de Podemos, que ha asumido la mayoría de sus medidas. El resto de partidos ni han contestado.

Reus, París, Londres

Los taxistas de Reus saben quién es ese joven de 35 años y a qué se dedica.

“Vidal no va a conseguir nada, esto ha sido siempre así. Mira esa rotonda”, explica un conductor señalando una glorieta que da acceso al hospital. “Esa rotonda tenía que tener salida a Tarragona pero se acabó el dinero y se quedó así”. No es un caso aislado. En el aeropuerto ocurre algo similar: los coches entran y salen por el mismo carril.

Ninguno de los taxistas quiere dar su nombre. Uno más joven lo facilita pero pide que no se publique. “Esto es un pueblo, es endogámico y muchos creen que aún viven en aquella ciudad poderosa del siglo XIX”. Esa creencia se percibe en el cartel del candidato del PP, Sebastià Domenech: “Sebastià, París, Londres”. Una referencia al lema “Reus, París, Londres”, que refleja la importancia industrial y comercial de la ciudad en el siglo XVIII.

“Esa frase era una exageración pero tenía parte de verdad. Lo que no se entiende es que se siga usando en serio”, explica el taxista, que ha estudiado a fondo la historia de la ciudad. Los datos le dan la razón. En 2013 Reus era la segunda ciudad más endeudada del Estado. “Ahora las cifras han mejorado porque el Gobierno español nos ha concedido un crédito que aligera el interés mensual”, explica el concejal Vidal. Aun así, la deuda del consistorio ha subido casi un 110% desde 2011.

Según el Observatori d’Empresa i Ocupació, Reus es la tercera ciudad catalana que más parados registró en marzo en términos absolutos sólo por detrás de Mataró y Terrassa, que también fueron feudos industriales. Sin embargo, la tasa de paro ronda el 14%. Una cifra muy por debajo del 20,15% que registra Cataluña.

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Lo de “Reus, París, Londres” queda bien en un eslogan. Pero en el debate organizado el 12 de mayo por Canal Reus, tanto el candidato del PP como el alcalde de CiU, Carles Pellicer, recurren al turismo como propuesta para incentivar la economía. Sale a relucir Port Aventura, un parque de atracciones ubicado en la cercana localidad de Vila-Seca junto al que se construirá el Ferrari Land en 2016. También se habla del complejo de casinos Barcelona World, cuya actividad ha generado tantas críticas como su nombre, con el que se ha buscado aprovechar el tirón de la capital catalana a pesar de que se construirá en suelo tarraconense.

En ese debate, el candidato de Ara Reus, Joan Cervera, les lanza a sus contrincantes un jarro de fría al recordarles que el ayuntamiento tiene que cumplir un plan de ajuste hasta 2022. A nadie parece importarle el comentario. Apenas se habla de corrupción pero los ánimos se encienden al hablar de Sanidad.

Allí, ante las cámaras, el alcalde dice con rotundidad y alzando la cabeza en un gesto de orgullo que Sant Joan de Reus es “el mejor hospital del mundo”.

Al día siguiente se le ve entrando casi a escondidas en el centro médico. Está aquí para hablar con el comité de empresa. A la salida, una pareja de ancianos lo detiene para saludarlo. Él levanta la mano y dice “adéu” pero no se detiene. Para entonces quizás ya sabe que el número cuatro de su lista está declarando ante el juez.

La plaza del Mercadal de Reus.

La plaza del Mercadal de Reus.

Laboratorio de pruebas

En la plaza del Mercadal, donde se ubica el Ayuntamiento de Reus, la noticia de la imputación de Marc Arza se extiende como una plaga. Corre porque en esa explanada se concentran las sedes de muchos de los partidos de la ciudad. También la de CiU, una de las 15 cuyo embargo solicitó la fiscalía anticorrupción por el caso Palau el pasado 6 de mayo.

A Vidal parecen no extrañarle las novedades sobre el caso Innova. Al preguntarle por qué dio el paso de denunciar, la respuesta es sencilla: “Era lo que tenía que hacer”. ¿Se siente un héroe? “Para nada”, dice gesticulando con soltura. Un gesto que permite ver en su mano derecha un callo donde suelen hacerlos los mangos de las azadas.

Cuando no tiene a nadie de su partido cerca, se muestra más relajado. Pero nunca se desprende del todo de ese punto de desconfianza que tienen quienes separan claramente a los demás de los suyos.

Excepto Ara Reus, los partidos de la oposición no han querido hacer declaraciones sobre el papel de Vidal y la CUP en el caso Innova pero en privado algunos se refieren a él y los suyos como “radicales”. A Vidal no le parece un insulto. “Es que hay que ir a la raíz de las cosas para tomar decisiones. Yo voy a la raíz de la deuda para decidir si la pago o no. Y si es una deuda contraída ilícitamente, no la quiero pagar”.

La CUP se comunica con los demás partidos desde su propia semántica. “Esperamos a que nos llamen ‘antisistema’ y entonces contestamos. ¿Qué sistema tienen ellos? Uno que quieren legitimar pero que son los primeros en saltarse”. Repite las ideas que son habituales en el ideario de la CUP. Pero de pronto habla en singular: “Esto es una opinión personal. Sin contenido social, las banderas son trapos: la catalana o la española”.

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La repercusión del caso Innova en la política catalana es evidente para quienes siguen sus novedades de cerca. Al preguntarle a Vidal si piensa dar el salto al Parlament, contesta que ya se lo han pedido pero que no se ve en Barcelona. “Creo que el parlamentarismo actual no funciona”.

¿Quiere decir que considera inútil el papel de la CUP en el hemiciclo catalán? “La CUP tiene que estar ahí. Pero cuando veo el trabajo que se ha hecho de comisiones y propuestas sobre Sanidad y otros temas que no llevan a nada, tengo que plantearme si estar sirve de algo”. ¿Y qué sirve entonces? “Los cambios desde abajo, centrarse en el municipalismo, darle el poder al pueblo y construir desde ahí”.

El concejal Vidal no quiere entrar en polémica. Pero el abrazo de Artur Mas con el líder de la CUP, David Fernández, no sentó bien a una parte de las bases. El vídeo de campaña de las municipales tiene que ver con eso: hay abrazos entre la gente y llaves marciales a los hombres con traje. Hay quien ha interpretado ese anuncio como una llamada a la violencia aunque más bien parece una disculpa a ese electorado defraudado.

El líder de la CUP, David Fernández, sí ha hecho más de un gesto hacia los de Reus. Cuando estalló el caso Innova, dio una rueda de prensa para dejar claro el papel de sus compañeros. Fue una palmada en la espalda.

No fue casual que fuera en la plaza del Mercadal donde la formación arrancó su campaña para la consulta del 9 de noviembre de 2014. Un 40% de los cesados en Reus votaron y un 82% de quienes votaron lo hizo a favor de la independencia.

¿Ha sido Reus un banco de pruebas? “Aquí se experimentó con una nueva gestión de lo público”, dice el concejal Vidal. “La LOFAGE permitió que empresas públicas fueran administradas por técnicos que ni siquiera tenían formación del ámbito que gestionaban”. La ley a la que se refiere es la que aprobó Mariano Rajoy como ministro de Administraciones Públicas en el primer gobierno de José María Aznar y fue la que hizo posible que Josep Prat, ingeniero naval de profesión, tuviera altos cargos de gestión en empresas públicas del sector sanitario catalán.

El impacto en Cataluña

La mayoría de la gente a la que me acerco en Reus habla bien del concejal Vidal. “Es un chico normal, accesible y luchador”, cuenta Jordi Sugranyes. El periodista Canovaca está seguro de que sus intenciones de Vidal son honestas.

Las versiones son menos amables entre los colegas de otros partidos. Dani Rubio, jefe de campaña de Ara Reus, cree que al concejal de la CUP le falta autocontrol. “Se lo he dicho en alguna ocasión, pero me contesta que él es así”. La sensación que da es más bien la contraria: no sólo mide cada palabra, también controla su tono de voz. Fue el único capaz de ajustarse al escaso tiempo de intervención marcado por la televisión local para el debate electoral. Eso es control.

Con las municipales a la vuelta de la esquina, el alcalde de Reus declara enfadado que “hay una judicialización desproporcionada de la política municipal” y que no piensa sacar de su lista al imputado Marc Arza. La Generalitat también juega la carta de atacar al juez Diego Alvárez de Juan y las declaraciones de los miembros del Gobierno buscan desmarcarse del proceso.

Ante las presiones del resto de partidos para celebrar un monográfico sobre asuntos sanitarios, Artur Mas ha acabado aceptando. Pero antes les ha recordado a los socialistas y a los verdes de Iniciativa que lo que hace CiU es intentar arreglar “los churros” que ellos dejaron.

Hace dos años, sin embargo, convergentes y socialistas no se dedicaban estas palabras: una alianza entre ellos vetó la comparecencia de 80 testimonios en una Comisión de Sanidad que debía investigar, entre otros casos, la trama de Innova. “Hagamos el pleno extraordinario y dediquemos un rato a este caso concreto. El Govern no tiene nada que esconder”, dice ahora Mas. Ese “rato”, sin embargo, tendrá lugar después de las elecciones de este fin de semana.

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La sede de la CUP en Reus.

Mientras, la CUP de Reus hace de la Sanidad su baza de campaña. Están seguros de que sentarán otro cupaire en el ayuntamiento. Como su partido limita los mandatos municipales a ocho años, Vidal no se podrá presentar en los comicios de 2019. Ahora estudia Trabajo Social a distancia y dice que escribirá un libro en el que incluirá la carta que le envió Teresa Gomis llamándolo “demagogo” en 2011.

Vidal insiste en que no se ve haciendo política en Barcelona y duda cuando se le pregunta si volverá a su profesión. “Nunca se sabe”, responde el jardinero delator.