Las ‘leyes mordaza’ ya están aquí

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Imagen cortesía de Juan Luis Sánchez / LICENCIA CC-BY

El Congreso de los Diputados dio luz verde a la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana: una norma polémica apodada ‘ley mordaza’ por su carácter restrictivo para las libertades de manifestación y de información. Esta ley entra en vigor este 1 de julio a pesar de las críticas de asociaciones, expertos e incluso relatores del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

¿Por qué me interesa esto?

La Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana sale adelante con el único apoyo del Partido Popular. Según la norma, pasarán a ser sanciones administrativas ciertos comportamientos hasta ahora considerados como faltas e incluidos en el Código Penal.

Esto tiene dos efectos. El primero es que se aceleran los procedimientos contra el ciudadano infractor al eliminar el proceso judicial y todas las garantías que conlleva. El segundo es que aumenta la potestad sancionadora del Ministerio del Interior y de las comunidades autónomas con policía propia.

Los comportamientos sancionados especialmente llamativos son aquéllos que se refieren a manifestaciones en las que la protección legal y el poder de los agentes de policía se ve muy reforzada.

A continuación se incluye un resumen de los comportamientos prohibidos por esta ley comentados por el abogado Carlos Sánchez Almeida, miembro fundador y director legal de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI).

¿Qué conductas prohíbe?

La nueva norma divide las acciones prohibidas en tres grupos: muy graves (sancionadas con multas de 30.001 a 600.000 euros), graves (multas de 601 a 30.000 euros) y leves (entre 100 y 600 euros).

¿Cuáles son las infracciones muy graves?

Son infracciones muy graves, por ejemplo, las manifestaciones prohibidas o no comunicadas cerca de lugares “en donde se prestan servicios básicos para la comunidad”. La responsabilidad de esas manifestaciones no sólo recaerá en los organizadores de las marchas sino en “quienes por publicaciones o declaraciones de convocatoria […] pueda determinarse razonablemente que son directores de aquéllas”.

“En la práctica”, explica Almeida, “las diferentes sanciones por manifestarse suponen una prohibición retroactiva del 15M. Todo cuanto se hizo a partir de mayo de 2011, aprovechando al límite las libertades reconocidas por la Constitución, queda ahora prohibido. Además de ello, se construyen liderazgos ficticios de las manifestaciones para evitar el ‘efecto Fuenteovejuna’ tan característico de la Spanish Revolution: toda manifestación tendrá un responsable aunque se limite a apoyar el hashtag de convocatoria por Twitter”.

Otras infracciones muy graves son la celebración de espectáculos prohibidos por razón de seguridad pública y el uso de punteros láser contra pilotos o conductores de medios de transporte, así como la tenencia de armas o explosivos sin permiso, cuando no sea delito.

¿Y las infracciones graves?

Son infracciones graves, por ejemplo, manifestarse frente a las sedes del Congreso de los Diputados, el Senado o los parlamentos autonómicos cuando perturben gravemente la seguridad ciudadana. También oponerse a la disolución de una manifestación, así como la desobediencia o resistencia a la autoridad en cualquier caso, especialmente en casos de desahucios. 

Asimismo, el uso de imágenes y datos de autoridades y agentes de policía que puedan poner en riesgo la seguridad personal o familiar de dichos agentes, aunque “con respeto al derecho fundamental a la información”.

Almeida recuerda el caso de la manifestación Rodea el Congreso, declarada lícita por el juez Santiago Pedraz. “Esa protesta podría ser sancionable con arreglo a la ‘ley mordaza’. La resistencia pasiva será objeto de sanción administrativa de acuerdo con la ‘ley mordaza’ y podría ser hasta delito”.

“Mucho más grave desde el punto de vista del derecho a la información”, añade el abogado, “es la posibilidad de sancionar a quien fotografíe a policías: la ley incluso permite que se incaute la cámara a los fotoperiodistas como instrumento para la comisión de la infracción”.

Se recoge también como infracción grave “la falta de colaboración con la policía en la averiguación o prevención de acciones que puedan poner en riesgo la seguridad ciudadana”.

“¿Será sancionable el silencio, pese a que la Constitución recoge el derecho de todo detenido a no contestar?”, se pregunta Almeida. “Con la redacción ambigua de la ‘ley mordaza’ todo es posible. Hasta sancionar la mera resistencia pasiva en una sentada. Como se dijo en un divertido comentario leído en Menéame, en una película de Gandhi nuestro legislador iría con los malos”.

Por último, también serán castigados como infracciones graves el consumo de drogas y la solicitud o aceptación de servicios sexuales en la vía pública.

¿Qué infracciones leves establece la ley?

La norma recoge como infracción leve el “exhibicionismo obsceno”. También la ocupación de un inmueble o la de la vía pública para la venta ambulante no autorizada.

Almeida destaca que la ley no define qué debe considerarse obsceno: “Eso quedará sometido a los criterios morales del jefe de una unidad antidisturbios. El cuerpo desnudo de Jill Love en Rodea el Congreso o las acciones de Femen podrán ser perseguidas si enseñan demasiada carne según el criterio de los responsables de una unidad de intervención policial. Quizás, como en el franquismo, habrá una unidad especializada en medir el tamaño de las faldas y los escotes”.

Insultar a un agente de la policía (las “faltas de respeto y consideración” hacia las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado) también se sancionará como infracción leve. “Es otro supuesto donde se ataca el derecho a la libertad de expresión”, afirma Almeida. “La ponderación de ese derecho con el derecho al honor siempre debería estar sujeta a un criterio judicial y no policial en un proceso con las debidas garantía. La ‘ley mordaza’ está pensada para que en la calle la policía sea al mismo tiempo juez y parte, además de ostentar el monopolio de la violencia”.

Otra falta leve será negarse a identificarse ante un agente y perder el DNI por tercera vez en un año. Según Almeida, la sanción por pérdida reiterada del DNI es ridícula: “¿Habiendo tasas, quién necesita sanciones? Sería mucho más efectivo imponer una fuerte tasa por renovación de DNI después de una pérdida reiterada. Habría más respeto a la presunción de inocencia”.

Un botellón también se podrá sancionar con una multa de hasta 600 euros “cuando perturbe gravemente la tranquilidad ciudadana”. La nueva ley también legaliza las devoluciones ‘en caliente’ de personas que crucen ilegalmente la frontera en Ceuta y Melilla. Esta medida entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el BOE.

¿Cómo ve ampliado su poder la policía?

Almeida se muestra contundente: “El mayor efecto liberticida de la ‘ley mordaza’ es la desaparición de las garantías procesales que otorgaba el antiguo Código Penal: se sustituyen los jueces por policías, al sustituir las faltas penales por infracciones administrativas”.

Según el abogado, “esta forma de legislar tiene tristes antecedentes históricos: era la práctica habitual en regímenes totalitarios. y evidencia un desprecio absoluto al poder judicial. Desde el 15M han sido numerosas las sentencias absolutorias en juicios de faltas contra los activistas que ejercían la desobediencia civil pacífica. Al despenalizar las faltas, desaparecerán los jueces y las garantías del proceso penal para ser sustituidos por multas de policías a los que la ley otorgará total credibilidad”, sostiene el abogado. “Ante un juez se puede debatir si una determinada conducta está amparada por la ley. Discutir ante la policía supondrá ser detenido por desobediencia”.

¿Por qué ‘leyes mordaza’? ¿Es que hay más?

Pues sí. Se han aprobado dos reformas del Código Penal, la primera como fruto del pacto de PP y PSOE contra el terrorismo. Ambas reformas han recibido críticas muy fuertes por su carácter reaccionario y represivo. La reciente reforma de la Ley de Propiedad Intelectual también refuerza ciertos mecanismos de control de publicaciones digitales con el fin de preservar los derechos de autor. Unidas, estas reformas convierten a la ‘ley mordaza’, en palabras del propio Almeida, en un ‘monstruo de tres cabezas’ que restringirá la libertad.

Para hacerse una idea del alcance de las medidas que se aprueban, la PDLI ha publicado un post sobre cómo afectará a la ciudadanía la aprobación de todas estas medidas, otro sobre el Código Penal reformado y un completo informe sobre ‘Límites y amenazas al ejercicio de las libertades de expresión e información en España’. La propia plataforma califica este mes de ‘marzo negro’.

Además, se encuentran en tramitación parlamentaria las reformas de la Ley de Enjuiciamiento Criminal con medidas que también reforzarán los mecanismos de control y vigilancia a la ciudadanía.

¿Qué supone para la libertad de expresión?

Al final, ¿qué significan estas modificaciones normativas para el ciudadano? Virginia P. Alonso, presidenta de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI), concluye que tanto la doble reforma del Código Penal como la nueva Ley de Seguridad Ciudadana “tienen un nexo común, que es la penalización de las nuevas formas de protesta, que se canalizan a través de las redes sociales”.

Alonso apunta como agravante que “todo esto se ha tramitado por el procedimiento de urgencia, cuando no hay nada en la sociedad española que obligue a aprobar estas leyes tan deprisa: España tiene unos índices de criminalidad bajos y la inseguridad ciudadana nunca ha representado un problema para la opinión pública”.

¿Por qué, entonces, tanta prisa? “Nosotros pensamos”, afirma Alonso, “que el partido que está gobernando ahora quiere poner coto a esta marea de protestas sociales que sí han tenido cierto eco en la ciudadanía en tanto que las intenciones de voto han cambiado, y pretende bloquear tanto las protestas como la forma en que se informa sobre ellas”.

“No olvidemos que se han cambiado mucho las estructuras de la comunicación en España, de modo que el esquema ‘emisor-receptor’ ha desaparecido y todos podemos ser emisores de información”, afirma Alonso, que añade: “Lo que se está tratando de hacer es que la gente se controle, que tenga miedo a la sanción y deje de contar lo que hasta ahora contaba sobre las protestas en la calle”.

En cuanto al alcance de estas reformas, Alonso estima que la Ley de Seguridad Ciudadana “es una regresión a la ley franquista de orden público de 1959 porque antepone el orden en las calles a derechos reconocidos por la Constitución y olvida que la defensa del orden público está para que todos podamos ejercer nuestros derechos y no al revés”.