Terremoto de Nepal: responde el geólogo español que sobrevivió a otro seísmo en el Everest

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Ha pasado apenas una semana después del terremoto de Nepal, que deja decenas de miles de afectados en uno de los países más pobres del mundo. El doctor Jerónimo López-Martínez, profesor de geología y experto montañero, aclara una serie de claves acerca de este fenómeno de consecuencias catastróficas.

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Pulse la imagen para acceder al mapa de réplicas de USGS.

Ha pasado apenas una semana después del terremoto de Nepal, que deja hasta el momento más de 7.000 muertos, más de 14.000 heridos y decenas de miles de damnificados en uno de los países más pobres del mundo. Jerónimo López-Martínez, geólogo y experto montañero, aclara una serie de claves acerca de este fenómeno de consecuencias catastróficas.

López-Martínez es profesor de Geodinámica de la Universidad Autónoma de Madrid y es presidente del Comité Científico para la Investigación Antártica. Ha participado en decenas de expediciones, algunas de ellas al Himalaya. Además de otras muchas montañas, ha escalado tres cumbres de más de 8.000 metros, entre ellas el Everest. López-Martínez conoce muy bien la zona del seísmo y es uno de los más reputados geólogos en todo el mundo.

El experto responde a cuatro preguntas sobre el terremoto, sobre sus consecuencias geológicas, sobre el riesgo de habitar en zonas sísmicas y sobre cómo sobrevivir a una situación como la que han sufrido tanto la población local como los montañeros en las faldas del Everest, en donde han muerto al menos 22 por las avalanchas causadas por los temblores en plena temporada alta en el Himalaya.

P. Nepal es una zona azotada de vez en cuando por temblores de mayor o menor magnitud.  En términos generales, ¿qué ha sucedido ahora en Nepal? ¿Por qué ha sido tan violento en esta ocasión?

R. Nepal se encuentra en una zona de notable actividad sísmica debido al dinamismo geológico existente en el frente sur del Himalaya. Allí el choque de las placas Índica y Euroasiática produce una concentración de esfuerzos tectónicos que se traducen en la existencia de importantes fallas. Esas fallas van acumulando tensiones porque el empuje hacia el norte de la placa Índica continúa en la actualidad. Con frecuencia liberan dichas tensiones de modo brusco, lo que da lugar a terremotos que en ocasiones alcanzan magnitudes importantes. Eso es lo que ha ocurrido en este caso y también lo que pasó en los dos terremotos anteriores más destructivos en Nepal, los de 1934 y 1988.

El último seísmo ha sido tan fuerte (magnitud 7,8 en la escala de Richter) y los efectos tan destructivos porque se ha liberado mucha energía y porque el foco, es decir, el lugar en el interior de la Tierra donde se ha originado el temblor, se ha situado a una profundidad moderada (unos 15 kilómetros). A esto se ha unido que el epicentro -es decir, la proyección en la superficie del terreno de ese foco- y la dirección de propagación de las ondas han afectado a zonas especialmente pobladas y sensibles, entre ellas Katmandú y sus alrededores.

P. No sólo en Nepal sino en muchos lugares del planeta existen aglomeraciones humanas cercanas a zonas de intensa actividad sísmica. ¿Es predecible una catástrofe de estas características?

R. Efectivamente en la Tierra hay muchas zonas con actividad sísmica y en ocasiones coinciden con lugares densamente habitados, incluso con importantes ciudades. Eso se debe a que habitamos un planeta dinámico en el que los procesos geológicos, que también han ocurrido en otras etapas de su historia, siguen activos. Sí es algo predecible y conocido en qué zonas es más probable que se produzcan terremotos. Se puede también evaluar el riesgo existente, teniendo en cuenta las estructuras geológicas y la población, infraestructuras y bienes expuestos.

Por otra parte, se pueden realizar estudios y mantener redes de observación de movilidad cortical, así como estar atentos a otros signos precursores de la actividad sísmica. Sin embargo, en la actualidad no se puede predecir en qué momento concreto se va a producir un terremoto. Por ello, es importante investigar para conocer mejor estos procesos y la geología de las zonas expuestas, así como mantener redes de observación.

Esa observación es importante en relación con los terremotos, pero también con otros procesos geológicos como las erupciones volcánicas, los movimientos de ladera o las inundaciones, que también suponen riesgos. Lo que ocurre es que las investigaciones y las medidas para minimizar los efectos (por ejemplo con infraestructuras adecuadamente construidas) y actuar en caso de catástrofes no están igual de desarrolladas e implantadas en todos los países: se encuentran mucho más expuestos los menos desarrollados.

P. ¿Es posible que el monte Everest en particular haya aumentado o disminuido su altura a raíz de este temblor?

R. Por su situación respecto al epicentro del terremoto, probablemente no se habrá visto afectada la altitud del Everest debido al efecto directo de este terremoto. Sin embargo, su altitud, al igual que la del conjunto del Himalaya, sí se ve afectada por el contexto general de levantamiento debido al choque de las placas tectónicas, el cual es a su vez responsable de que se haya producido este terremoto. El Himalaya es una zona con una importante actividad geodinámica, en la que coinciden un levantamiento -debido a los efectos tectónicos mencionados- y una intensa erosión debida a la acción de la atmósfera, los glaciares, los ríos y los procesos gravitacionales. Por eso, en unas zonas puede ser que haya aumento de altitud y en otras lo contrario.

P. Usted estuvo en el campo base del Everest durante otro gran seísmo. ¿Cuál fue esa experiencia allí? ¿Sufrió aludes? ¿Cómo se sobrevive a este tipo de fenómenos?

R: El anterior gran terremoto en Nepal se produjo estando yo allí y por eso lo ocurrido ahora me ha hecho revivir aquella experencia. Fue en agosto de 1988 durante la primera noche que pasábamos en el campamento base del Everest, a unos 5.300 metros de altitud. Todos nos despertamos porque el terreno se movía y el temblor duró bastante tiempo. En medio de la noche, abrí la cremallera de mi tienda que miraba hacia la montaña y con la luz de la luna vi que una gran masa de hielo se desprendía del glaciar colgado en la abrupta pared del West Shoulder del Everest, unos 2.000 metros por encima de nosotros.

Pensé que lo mejor era protegerme dentro de la tienda, así que apilé mi petate, la mochila y todo lo que tenía en el lado por el que llegaría la avalancha y me protegí detrás. Finalmente llegó un fuerte viento que casi arrancó la tienda. Afortunadamente los bloques de hielo y las rocas arrastradas se detuvieron algo antes de llegar al campamento.  Al salir al exterior pude ver que todo estaba tapizado de nieve, incluidos los compañeros y sherpas que habían decidido correr a protegerse tras los bloques cercanos al campamento.

Luego supimos que fue un terremoto de magnitud 6.9 en la escala de Richter, que duró unos 50 segundos y que provocó 1500 víctimas, pero no en nuestra zona. Esos recuerdos se han reactivado ahora con lo que está ocurriendo en la zona, que sin duda tiene consecuencias mucho más graves, que lamento muchísimo y que me hacen solidarizarme con el extraordinario pueblo nepalí.