Pim, pam, Carmona

Vídeo: Adriano Morán / 93 metros

Tres iconos saludan a los cientos de contactos de Antonio Miguel Carmona en su perfil de WhatsApp: una pancarta de meta, una tortuga y una liebre a cierta distancia. “Llevo años trabajando en Madrid. Algunos, sólo ​unos días. Soy como una tortuga que está cerquita de la meta. Detrás han aparecido liebres, pero no nos impedirán cambiar Madrid”, dice en referencia a alguno de sus rivales en la batalla por​ la alcaldía de la capital.

El reloj ni siquiera marca las nueve de la mañana y es un día soleado. “Velazquiano”, según dice Carmona, que responde a la locutora de una radio de barrio en Carabanchel.

La metáfora reaparece unas horas después durante una conversación más distendida. “¿Ha prendido lo de la tortuga?”, pregunta el candidato.

Su gran obsesión es que su mensaje cale en los medios y en la gente. A veces en política estar es casi tan importante como ser. Lleva meses recorriendo Madrid, mucho antes de ser designado candidato socialista. En su equipo hay cinco personas dedicadas a atender a los periodistas. Aunque a Carmona le gusta hacerlo en persona. Cuanto más, mejor.

Otros en su partido prefieren no compartir plató con Pablo Iglesias. A Carmona no le importa y por eso lo conoce bien. Es el socialista con más horas de tertulia televisiva. “Las tertulias son el instrumento que he tenido para darme a conocer y transmitir mi mensaje político”, explica. “Y sí: he corrido riesgos. Pero soy el que menos he metido la pata por hora de micrófono”.​

Foto: Candidatura Carmona

Foto: Candidatura Carmona

Carmona está en todas partes. Tanto que reconoce que ha dejado de pasar tiempo con su familia. “Las campañas electorales se transforman en zonas en las que la vida privada no existe. Abandonas el amor y el sexo”, dice con una sonrisa culpable.

Esa frase, con ese final, es difícil escucharla en boca de otros candidatos. En Carmona es espontánea y frecuente. Como cuando denuncia una conspiración de Esperanza Aguirre. Su rival no podrá llegar “hasta las extremidades de este humilde candidato​. Ojalá que quien hubiese llegado fuese Nastassja Kinski“, dice en referencia a la actriz alemana, mito erótico de juventud.

Carmona es pícaro y jocoso. Dos cualidades que atribuye al Madrid más castizo. “Viví y me bebí la movida madrileña con la chica de ayer, que por supuesto existió”, dice sin miedo a sonar estrafalario.

Prefiere que le llamen Antonio Miguel, tiene 52 años y muchas facetas desconocidas. Además de tertuliano, es doctor en Ciencias Económicas, profesor universitario ​en ejercicio, oficial del Ejército del Aire en la reserva, locutor de radio frustrado, ex periodista (entrevistó a Muamar el Gadafi en 1986) y militante del PSOE desde que era un adolescente.

Entre Felipe y Tierno

Son las ocho y media y Antonio Miguel Carmona sale de un coche que conduce Piluca, su colaboradora más estrecha. A lo largo del día se la puede ver haciendo magia para cuadrar la agenda, ejerciendo de jefa de gabinete y haciendo fotos para que cada paso de su jefe esté reflejado en un tuit.

El día comienza al sur del centro, en el largo bulevar donde tiene sus estudios Radio Tentación, muy escuchada por los inmigrantes madrileños. Carmona llega con tiempo y explica sin prisas por qué está en política.

En 1979 fue a un mitin de Felipe González y se quedó “alucinado con su verbo fácil”. También hablaba Enrique Tierno Galván, referencia legendaria para muchos socialistas e icono pop de la historia reciente. En aquel baño de multitudes decidió afiliarse al PSOE.

Como alcalde, Carmona quiere ante todo afrontar la tarea “urgente” de “limpiar Madrid”. Lo hará en seis meses, acabando con el sistema de contratación que permite concursos públicos a la baja que logran empresas con personal bajo mínimos. Al mismo tiempo, se propone “arreglar las aceras” e “iluminar las calles”.

Y sin embargo sus grandes proyectos son otros. Carmona quiere rehabilitar 120.000 “infraviviendas” en mal estado o sin acceso a agua o luz eléctrica y promover de paso el empleo. También quiere poner 40.000 viviendas vacías de los bancos a disposición de la empresa municipal de vivienda. Espera convencerlos a cambio de ceder suelo o abrir la mano con la altura de nuevos edificios. “Si no, le​s​ subiremos el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) un 50% y si no, tomaremos medidas más drásticas. No puede haber ningún madrileño sin vivienda”, advierte.

Al salir de la emisora, Carmona se toma un café en el bar El Faro, donde le reconocen varios vecinos. Carmona disfruta con el contacto con la gente y es consciente de que la política local se hace mejilla a mejilla o en un apretón de manos.

Día cervantino

De Carabanchel viaja a Alcalá de Henares, a los oropeles de ceremonia del Premio Cervantes que recibe Juan Goytisolo de manos del rey. Su pareja de baile es el ex ministro y escritor César Antonio Molina, cerebro de la gran obra que quiere para Madrid: la Ciudad del Español, que costará 150 millones de euros.

El proyecto “irrenunciable” al que va a dedicar “las 24 horas del día” será la transformación del antiguo mercado de frutas y verduras, un edificio erigido en 1935 ahora en desuso en el barrio de Legazpi, al servicio de “la lengua de Lope y Calderón de la Barca, que nacieron en Madrid”.

“Haremos un gran auditorio, una residencia para estudiantes y una biblioteca. Allí estará el centro de las academias del español”, promete. Todo para que Madrid capital pase de tener algo más de tres millones de habitantes “a tener 500 millones”.

Foto: Candidatura Carmona

Foto: Candidatura Carmona

Gallardón, el “menos malo”

¿Un proyecto demasiado grande? Carmona rechaza cualquier comparación con las obras faraónicas de Alberto Ruiz Gallardón y asegura haber logrado ya financiación privada y el interés de las instituciones públicas.

Pero a Carmona no le disgusta Gallardón, al que define como un alcalde “melómano y megalómano”.

“Alberto ha sido el menos malo de los alcaldes de derechas de este país. Tenía una idea de ciudad. El gran proyecto de otras es trasladar su despacho”, dice en referencia a una de las propuestas de Esperanza Aguirre.

De Gallardón​ lo separan demasiadas cosas. Entre otra​s​ que el PSOE no puja por los juegos olímpicos. “Suelen ser una excusa para transformar la ciudad”, explica. “Pero en Madrid fue al revés. Nos presentaron diciendo que tenían el 70% de las infraestructuras construidas. No se puede ser más paleto. Nadie va a suspender más veces a Madrid. Madrid está por encima del Comité Olímpico Internacional”.

En el trayecto de vuelta de Alcalá de Henares, ya con hambre, Carmona hace autocrítica: “Decir que todo lo que ha hecho la derecha está mal es poco creíble. Es como llamar tontos a los madrileños que les han votado durante 26 años”. Si Madrid ha sido conservadora tanto tiempo es por “algunos aciertos, mucha impostura y el paradigma de falsa prosperidad a lomos de la especulación”. Pero la izquierda ha perdido también “por sus propios errores. No supimos ofrecer una alternativa”.

“Me vine arriba”

La oficina de campaña de Carmona se encuentra en la céntrica zona de San Bernardo y es un bajo pequeño con una gran imagen del candidato en la puerta. Es un local de circunstancias, sin mucha luz ni adornos, poblado por un puñado de voluntarios que trabajan lejos de la sede del partido.

Carmona mantiene unas relaciones turbulentas con el PSM. Era uno de los hombres fuertes de Tomás Gómez, descabalgado fulminantemente por Pedro Sánchez. Pero Carmona sobrevivió a la purga y se concentra en su carrera a la alcaldía sin reparar en luchas de poder.

Buscar “pim, pam, propuesta” en YouTube es adentrarse en un laberinto del que no es fácil salir. En el primero de los resultados, el humorista Dani Mateo compara la ocurrencia con el “relaxing cup of café con leche” de Ana Botella. Hay versiones con la música de Chimo Bayo y con el candidato dirigiendo La Primavera de Vivaldi o la Marcha Radetzky.

“Eso fue él solito. Antonio en estado puro”. Quien escurre el bulto, mientras el candidato se ríe, es Mar Espinar, jefa de campaña de Carmona y una de sus más fieles escuderas. “Quería responder a lo de ‘tic, tac’ de Pablo Iglesias y esa cuenta atrás que hacía para llegar al poder. Lo dije un par de veces pero la gente respondió y empezó a aplaudir. Me vine arriba”, reconoce el candidato entre carcajadas​.

A la comida con su equipo sigue la lectura de El Quijote en el Círculo de Bellas Artes, donde coincide con el jefe provisional del partido madrileño, Rafael Simancas, y con Ángel Gabilondo, candidato a la presidencia de la Comunidad. Simancas lee las palabras de Cervantes con una pasión especial. Tanta que es piropeado por Gabilondo ante la mirada divertida de Carmona.

“Como me toquéis los cojones, os disuelvo”, ironiza Simancas en el ascensor.

Gabilondo y Carmona irán luego a Vallecas a regalar libros. Allí el catedrático de Metafísica saluda a la gente en tono afable. Carmona, relajado, recupera su parte más popular. Saluda en rumano a unos vecinos (llegó a dar un discurso en ese idioma ante el primer ministro de Rumanía) e ironiza sobre el título de alguno de los libros. “El filo de la navaja me recuerda a las campañas electorales”, dice entre risas.

Foto: Candidatura Carmona

Foto: Candidatura Carmona

El candidato promete no ser un alcalde estirado. Si todo le sale como cree, el 25 de mayo le hará falta mucha diplomacia. Su apuesta no es ganar las elecciones, algo irrealizable según todas las encuestas, sino lograr la alcaldía de la capital. Para ello debe ser el segundo candidato más votado y atraer el respaldo de Ciudadanos o de Ahora Madrid: una plataforma integrada por Podemos, Equo y miembros de Izquierda Unida. Para ello, tendrá que darle la vuelta a algunas encuestas en las que Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid, aparece como segunda fuerza.

Puede que la aritmética permita al PP apoyarse en Ciudadanos, pero el candidato socialista cree que eso no ocurrirá. Muy amigo del padre de la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís, Carmona cree que Albert Rivera no puede prometer cambio y cero corrupción y apoyar a la vez a Aguirre, que tiene numerosos colaboradores entre rejas.​

Madrid será Berlín

Carmona cita a menudo a los alcaldes socialistas de Lisboa y París: Antonio Costa y Anne Hidalgo. Pero cuando se le pregunta por la ciudad en la que debe mirarse Madrid responde sin dudarlo: “Berlín”.

El día que cayó el muro Carmona estaba tomando algo con unos amigos en su barrio natal de Malasaña. Enseguida cogieron el coche y 24 horas después estaban allí. El candidato cuenta que los alojó una dirigente comunista a la que conocieron por casualidad. “Berlín era una ciudad arruinada y sucia y hoy es la capital cultural de Europa”, proclama. “Si Berlín lo es, ¡Dios Santo! ¿por qué no Madrid?”.

Carmona quiere vender Madrid, sus museos, el Palacio Real. Pero también una idea más amplia de capitalidad que incluya al idioma español y a ciudades a tiro de piedra como Aranjuez, Segovia, Ávila o Toledo. Ése es el cóctel irresistible que atraerá el turismo, verdadero “pozo de petróleo” de la ciudad, según explica.

“Porque de Madrid al cielo”, dice sonriente. “Pero entre el cielo y Madrid, me quedo con Madrid”.

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