Pacquiao-Mayweather:
Las Vegas será Kinsasa

Boxeo 2

El boxeador de Michigan y el filipino se miden este sábado en un cuadrilátero de la ciudad del juego. Muchos comparan su pelea con la de George Foreman y Mohamed Ali en la capital del Zaire. Quienes más saben de boxeo en España aportan aquí su visión del combate.

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El boxeador de Michigan y el filipino se miden este sábado en un cuadrilátero de la ciudad del juego. Muchos comparan su pelea con la de George Foreman y Mohamed Ali en la capital del Zaire. Quienes más saben de boxeo en España aportan aquí su visión del combate.


Va a ganar el negro.

Habla Manuel Alcántara, el mejor cronista de boxeo del periodismo contemporáneo. A sus 87 años lo hace con una lucidez y una sabiduría que ridiculizan lo políticamente correcto desde el primer guanteo.

Javier Castillejo, el púgil con más títulos del mundo del boxeo español, piensa lo mismo.

También Rafael Lozano, ‘El Balita’, doble medallista olímpico y actual seleccionador español.

No se suele recordar pero en una ocasión, en 1996, antes de ganar 47 combates consecutivos y cientos de millones de dólares en el ring, Floyd Mayweather perdió una velada. Tenía 19 años y su rival, 27. Llevaba casco protector. Pesaba 57 kilos. El combate estaba pactado a 3 asaltos (9 minutos) y todavía no era boxeador profesional. Defendía los colores de la bandera de su país en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atlanta, inaugurados para sorpresa de todos por Mohamed Ali, que apareció con una antorcha temblorosa en la mano.

Casi dos décadas después, el boxeador que le ganó, el búlgaro Serafim Todorov, está retirado y vive con una pensión de 400 euros en un piso en Pazardzhik, al sur de Bulgaria, en una barriada donde los que dirigen el narco le frecuentan para que trabaje para ellos. Floyd Mayweather no ha vuelto a conocer la derrota y se prepara para un combate con el que se va a embolsar más de 100 millones de dólares.

En la madrugada del 9 de diciembre de 2012 en Las Vegas, el derechazo de Juan Manuel Márquez impactó en el mentón de Manny Pacquiao con tanta violencia que el boxeador filipino cayó como un peso muerto en la lona y quedó tanto tiempo inconsciente, inerte, que se temió por su vida. No hubo ni cuenta. El árbitro no se atrevía a tocarle. La mujer del campeón más brillante del siglo XXI lloraba con el desgarro de una plañidera y necesitaba que la sostuvieran para permanecer en pie en la platea y atisbar si su marido despertaba del letargo inducido.

El gran Pacquiao acabó allí. Desde entonces ha ganado tres combates pero sin el brillo del gran Pac-Man, el mismo que, en palabras de su preparador, el mítico Freddie Roach, reunía las dos cualidades que hicieron grande a Muhammad Ali y que solo él ha atesorado juntas, velocidad y pegada.

Un Mayweather en la cima, invicto como profesional (47-0, 26 knockouts). Un boxeador de 38 años que pasó 87 días en la cárcel por pegar a la madre de sus hijos, que apuesta (y gana) millones de dólares en partidos de basket y que le gustan la noche y las mujeres y tiene que desfilar con un equipo de seguridad de cuatro guardaespaldas que suman 700 kilos de peso, pero que es un profesional intachable.

Un Pacquiao en el ocaso de su carrera (57-5-2, 38 knockouts), distraído como congresista en Filipinas y cantante en veladas benéficas y que se arriesga a peligrosas lesiones jugando al baloncesto en la liga tagala. Un boxeador de 36 años con un ligero estrabismo que llena su mirada de ternura, religioso; un padrazo de 5 niños que multa a su entrenador con 5 dólares cada vez que maldice, un buen chico que sonríe en la ceremonia de pesaje cuando el rival pone cara de general de las SS en la frontera polaca, pero que ha conseguido lo que nadie en el boxeo: alzar el cinturón de campeón del mundo en ocho divisiones de peso diferentes.

Más que Cristiano y Messi juntos 

Por eso los 250 millones de dólares de la mayor bolsa de la historia se los reparten 60 a 40 en favor de Mayweather sea cual sea el resultado de la pelea y por eso el boxeador negro de Michigan se impone 2 a 1 e incluso 3 a 1 en las apuestas. Pero esto es boxeo y la velada del 2 de mayo está a la altura de las más grandes de la historia, como la que enfrentó a Muhammad Ali con George Foreman en Kinshasa en 1974. El combate que decidirá quién es el mejor púgil libra por libra del siglo XXI generará más de 400 millones de dólares en ingresos en un solo día. La pelea se cubre tanto en Forbes como en los diarios deportivos. Todo vecino americano que quiera verlo en televisión tendrá que pagar 88.95 dólares (99.95 si lo elige en alta definición).

Mayweather, cuyos ingresos finales dependerán del número de compradores pay-per-view, va a ganar en 36 minutos más que Cristiano Ronaldo y Leo Messi juntos en una temporada.

Es boxeo y, como decía Elio Guzmán, Pacquiao le puede soltar en cualquier momento una derecha como para quitarle todas las manías.

“Pacquiao es ambidiestro. Un zurdo camuflado, en el argot del boxeo”, cuenta Manuel Alcántara desde su casa en Málaga: “Boxea como un zurdo, con la guardia invertida, con la derecha por delante, pero su mano buena son las dos. Y lo hace con fuerza y mucha velocidad. Ten en cuenta que ha sido campeón en diferentes categorías. Da gusto verle, ha hecho combates bellísimos, pero apostaría por el negro”.

La editorial Libros del KO acaba de publicar La edad de oro del boxeo, una antología escogida por Teodoro León Gross y Agustín Rivera con algunas de las mejores crónicas de Alcántara. Allí recuerda cómo su amigo Pepe Legrá le soltó aquella maravilla teológica antes de subirse a un ring en Gales: “Si Dios me ayuda, lo mato”.

Alcántara vio boxear a Mohamed Ali en EEUU –a Cassius Clay, como le conocen los veteranos, con el “nombre de esclavo” que rechazó Ali–. Cubrió los circos que montaba en las ruedas de prensa y durante las ceremonias de pesaje, ya en calzones ante la romana. “A mí lo que me gustaría es ver el combate en Las Vegas. Se puede comparar con los más grandes de la historia”.

Javier Castillejo es el único boxeador español con títulos del mundo en dos categorías diferentes. “Va a ganar Mayweather a los puntos”, me cuenta desde su escuela de boxeo en Parla. En varios momentos de la charla por teléfono le interrumpen para preguntarle por los horarios de pesaje de un combate. Pero matiza: “Apostaría por Pacquiao en los primeros seis asaltos y por Mayweather a partir del séptimo. Pacquiao es más contundente, más extremo. Mayweather es el boxeador con la mejor defensa del mundo, está menos castigado y está invicto, no conoce la derrota. Veo una pelea larga, hasta el final. Se la llevará Mayweather por decisión [de los jueces]”.

De Nueva York a Las Vegas

El Lince de Parla no interpreta el KO de Manny Pacquiao frente a Márquez en 2012 como un lucky punch, un golpe de suerte más, una derecha en la pera, en la punta de la barbilla, donde los boxeadores tienen el talón de Aquiles: “Llega un momento en que una sola mano te destruye, te deja ‘acoplao’ para el resto de tu carrera. Creo que ese golpe le ha afectado física y psicológicamente a Pacquiao. Fue una contra muy estudiada por Márquez, se ve en vídeos cómo se la trabajó, y acertó de lleno. La derecha de Márquez acabó con él”.

El combate será en el MGM Grand de La Vegas, la actual catedral del boxeo. Y es un hotel. El boxeo emigró de Nueva York a Las Vegas cuando los promotores empezaron a comparar números. Los alquileres desorbitados de escenarios míticos como el Madison Square Garden no podían competir contra gigantes hoteleros deseosos de llenar sus casinos de aficionados con la hormonas desatadas como adolescentes, pero con dinero.

Castillejo perdió allí el título mundial superwélter ante Óscar de la Hoya en 2001. “Es un hotel enorme. Un recinto que ya es histórico. La verdad es que impresiona, pero yo ya llevaba muchos años en esto del boxeo y cuando llegas allí te mentalizas, estás muy concentrado. Disfruté mucho: de la estancia, de la gente, de las dimensiones de la pelea. Es un gusto boxear allí, son muy profesionales”.

Mayweather boxea en casa y sin embargo no tendrá al público de su parte. Cuando no hay dinero de por medio, la gente apuesta por Pacquiao. En la encuesta de Los Angeles Times, el 75 por ciento de los que votan predicen (apoyan, en realidad) una victoria del filipino. Mayweather, que posa en la foto de su cuenta de Twitter acostado medio desnudo en la cama con fajos de billetes de dólares, no cae bien. Por el contrario, Pacquiao, en su perfil de Twitter, aparece con cara y traje de niño el día de su Primera Comunión y posa acompañado del príncipe Guillermo de Inglaterra. Los pliegues epicánticos de sus ojos orientales no pueden proyectar más ternura. Dan ganas de abrazarle.

Tampoco ayuda que se llame así mismo TBE (The Best Ever, el mejor de todos los tiempos) y que se refiera a Pacquiao como el Número 48. Menos aún que el 2 de mayo vaya a subir al cuadrilátero escoltado por Justin Bieber. Aquí tienen una buena razón para posicionarse: el cantante canadiense se mofó a lo grande en las redes sociales del KO de Pacquiao ante Márquez.

Lo quiera o no, resulta antipático. A Foreman, un tipo sensacional que se metió a los 42 años de edad en un cuadrilátero con Evander Holyfield para donar su bolsa a obras de caridad y que hoy vende barbacoas en los anuncios de teletienda con un delantal de ama de casa, le pasó lo mismo en la pelea de Kinsasa. Cometió un gravísimo error de mercadotecnia: aterrizó en la capital de Zaire acompañado de Dago, un espléndido ejemplar de pastor alemán, el mismo que utilizaba la policía belga en los años de la colonia para reprimir a los manifestantes. Un error que incendió a los zaireños, cuya divisa en la velada sería: “Alí buma ye, Alí buma ye” (Alí, mátalo, Alí, mátalo).

El gran combate del siglo XXI

Foreman era el claro favorito en Kinshasa y Mayweather lo es en Las Vegas. En Kinsasa, la táctica de Ali fue suicida. Empleó su propio cuerpo como saco de boxeo para que Foreman descargara en él toda su rabia, se desesperase y se cansara, para esperar el momento en que Big George bajara la guardia. El propio Ali animaba a su rival con frases como “negro, pegas como una niña”. La estrategia de Alí era desconcertante incluso para su propia esquina. Hasta que le quitaron la licencia de boxeo entre 1967 y 1970 por su renuncia a ir a la guerra de Vietnam, Alí había revolucionado la división del peso pesado con su bailoteo y su velocidad y trabajaba, como señaló Norman Mailer, “con la premisa de que había algo obsceno en que lo golpearan”.

El momento para Alí llegó en el octavo asalto. El KO fue definitivo y uno de los más elegantes que se han visto nunca en la historia del boxeo. Ali ni siquiera hizo amago de rematarle cuando Foreman inició su desplome.

De Pacquiao, sin embargo, se espera todo lo contrario en Las Vegas: que sea él quien cometa el error, que descuide la guardia en uno de sus ataques de kamikaze tagalo, que su pegada otoñal quede anulada por la finta de acróbata del Cirque du Soleil de Mayweather, que el boxeador americano logre percutir y fajarse, castigar y rotar.

Como dice Alcántara, va a ganar el negro, el enorme boxeador de Michigan de peso wélter (hasta 66,6 kilos), salvo que Pacquiao logre acertar en los primeros asaltos con una derecha Elio Guzmán, de las que quitan todas las manías.

Rafael Lozano es de los pocos que recuerdan la derrota de Mayweather en 1996, un suceso tan exótico que ni se cita en las biografías. De hecho, la vio. El actual seleccionador nacional de boxeo ganó en los Juegos Olímpicos de Atlanta la medalla de bronce en el peso minimosca. “Le recuerdo con una cadena, camiseta estilo imperio, guantes de oro, muy chuleta en el equipo estadounidense. Pensaban que la medalla de oro era suya, pero Todorov era un fuera de serie. Un boxeador especial”, explica el preparador español en la Residencia Joaquín Blume de Madrid, donde entrena a uno de sus mejores púgiles, una mujer, Jennifer Miranda, una de las grandes esperanzas para celebrar un metal en los Juegos de Río el año que viene.

“El boxeo olímpico es muy diferente al boxeo profesional. Serafim Todorov podría haber llegado lejos pero no se cuidó. Le gustaba mucho la noche, el alcohol, el tabaco, las mujeres. Me contaron que llegó a perder todos los dientes”.

¿Quién va a ganar en Las Vegas?, le pregunto.

“Mayweather a los puntos. Es el favorito. Pacquiao ya no está en su mejor momento. Mayweather está invicto, practica un boxeo muy inteligente y busca siempre el fallo del contrario. Va a ser una pelea larga, llegará a los 12 asaltos, y será para Mayweather a los puntos casi seguro”, concluye el ex boxeador cordobés.

Pero esto es boxeo. Las Vegas será Kinsasa. El gran combate del siglo XXI. Manuel Alcántara, Javier Castillejo y Rafael Lozano, tres figuras del boxeo, apuestan por la victoria de Mayweather. Y, sin embargo, los dos protagonistas de Kinsasa lo hacen por Pacquiao: la hija de Muhammad Ali ha anunciado que su padre se decanta por Pacquiao y George Foreman augura la victoria de Pac-Man a los puntos.