Los tres objetivos del discurso del miedo que abraza el PP

Rajoy en Celanova

En el PP, la búsqueda de los votos para mantener a Mariano Rajoy en el Palacio de La Moncloa ha comenzado mucho antes que el curso político. No sólo con la multiplicación de los actos políticos sino también con el alumbramiento de nuevas estrategias que eviten un hundimiento en las elecciones generales similar al de las autonómicas y municipales. La palabra clave para Génova es una: abstención.

Esta semana, Mariano Rajoy y parte de su círculo de confianza han desplegado al unísono el nuevo mensaje: el PSOE pactará con Podemos con tal de desalojar al PP. Como el propio Rajoy reconoce, se trata de un análisis cercano a la obviedad. Ya ha ocurrido en multitud de ciudades como Madrid, Valencia, Cádiz, Valladolid o A Coruña, entre otras.

Sin embargo, en el mensaje del PP subyace el discurso del miedo a que esos pactos a cualquier precio acaben con la incipiente recuperación económica.

El martes, José Manuel García-Margallo aseguró que un pacto PSOE-Podemos sería “una catástrofe de dimensiones bíblicas para este país”. El miércoles, Rajoy aseguró no tener “ni la más mínima duda” de que el PSOE se aliaría con “partidos nacionalistas o de extrema izquierda”. También los flamantes vicesecretarios del PP recitaron el argumentario. Pablo Casado aseguró que la alternativa al PP es la de “Podemos bolivariana con los socialistas y nacionalistas excluyentes”. Andrea Levy tampoco se quedó atrás. “A mí me preocupa que haya una alianza entre el PSOE y Podemos que lo que haga es traernos la democracia de Venezuela”.

¿Qué pretende Rajoy con el discurso del miedo?

1.- La movilización de sus bases

“Cuando un votante cambia de partido, es difícil que vuelva. Pero es más fácil movilizar al que se quedó en casa”, explica Pablo Simón, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. Según él, ese es uno de los motivos por los que el fuego amigo del PP a Ciudadanos está siendo muy discreto.

“Lo que gana Ciudadanos es fundamentalmente a costa del PP y viceversa. Ciudadanos no tiene el mismo entramado que Podemos, a quien le puede ser más fácil complementar al PSOE”, señala.

Con un número de votantes similar en mayo de este año que en 2011, en torno a los 22 millones, el PP perdió 10 puntos porcentuales (cerca de dos millones y medio de votos) mentras que el PSOE cedió dos (alrededor de 700.000). Muchos votantes del PP simplemente prefirieron no votar y la aritmética acabó encumbrando a las alianzas de la izquierda.

“Rajoy atribuye al miedo a los demás rivales un alto valor movilizador del voto propio”, según el experto en comunicación política Antoni Gutiérrez-Rubí en un artículo reciente. “Aunque no hay duda que puede generar una parcial reactivación del voto abstencionista o del voto dual de los populares que en las municipales y autonómicas han votado a otros, no está escrito, ni demostrado —ni garantizado— que la estructura de apriorismos que sustenta esta estrategia dé resultados”, alerta.

2.- Contrarrestar al PSOE en el centro

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicado en julio, ha hecho saltar todas las alarmas en Génova. Aunque el PP continúa por delante del PSOE en estimación de voto -es decir, lo que los encuestadores creen que los ciudadanos votarían hoy-, la respuesta espontánea y sin cocina da ventaja al PSOE.

El estudio es una base fundada para el nuevo discurso del PP. Cuando el CIS pregunta por su preferencia en un Parlamento sin mayoría absoluta, un 21,1% se decanta por un pacto entre PSOE y Podemos, muy por delante del 11,6% que querría un Gobierno del PP en minoría. Incluso más encuestados prefieren una coalición de PSOE y Ciudadanos (10,9%) que entre PP y Ciudadanos (10,3%). No es que el PSOE esté dispuesto a pactar con cualquiera y de cualquier manera, como denuncia el PP, sino que ya hay un buen número de ciudadanos que lo reclama.

Las últimas encuestas sitúan a Podemos y Ciudadanos muy por debajo de PP y PSOE. Con la ley electoral en la mano, que a priori favorece a los grandes, la lucha por el Gobierno de España es en este momento cosa de dos.

Así lo ve el sociólogo de cabecera del PSOE, Ignacio Urquizu, recientemente elegido diputado en las Cortes de Aragón. “El PP debe movilizar a los abstencionistas, que son muchos de ellos conservadores, y quitar votos al PSOE en el centro, que es ahora el primer partido en intención de voto directo entre los moderados”.

Para Pablo Simón, Ferraz ha identificado la amenaza y por eso ha acentuado su perfil centrista con gestos como el acto de proclamación de Pedro Sánchez como candidato a La Moncloa. “Al envolverse en la bandera española, el PSOE de alguna manera se pone la venda antes de la herida”.

3.- Mantener su crítica a Podemos sin vigorizarlo

Esperanza Aguirre nunca olvidará las últimas elecciones municipales. La presidenta del PP en Madrid se quedó a 7.000 votos del resultado soñado: una suma con Ciudadanos que la convirtiese en alcaldesa de Madrid. En privado, cercanos a Aguirre reconocen que atacar frontalmente a Manuela Carmena (por la empresa de su marido, por sus supuestas ideas radicales) fue un error. En este caso, atacar a Podemos ayudó a ponerlo en el mapa e impulsarlo.

La estrategia no se puso en práctica sólo en Madrid. Desde los comicios europeos hasta los locales, el PP ha alimentado la estrategia de la polarización, tachando de extremistas y populistas a Podemos. Según Simón, se trataba de una estrategia para “ningunear a los socialistas, invisibilizados por el fuego cruzado”.

Sin embargo, desde las elecciones locales hay cuatro actores principales y con gran apoyo (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) y tanto Podemos como PSOE optan por favorecer la alternancia al PP sin aparente coste electoral. Podemos ha tomado buena nota y, desde las elecciones europeas, ha ido modulando su mensaje. Ya no habla de casta sino de centralidad. Pablo Iglesias ya no tuerce el gesto sino que se esfuerza en sonreír en sus pocas apariciones de los últimos tiempos.

“Ahora, la estrategia del PP es identificar al PSOE con Podemos”, dice Simón, pero no fabricar una polarización entre Rajoy e Iglesias. “Cuando crispas mucho, los moderados pueden quedarse en casa”, dice Simón. Ahora, la batalla es, además de por la movilización de los propios, por los votantes de centro.

Así se ve también en el PSOE, “el principal adversario” del PP, según Urquizu, que considera que al PP no le interesa que Podemos crezca.

¿Funcionará la estrategia del miedo? Según Gutiérrez Rubí, no. “El miedo que azuza Rajoy ya no asusta. Esto es lo nuevo”. Según él, “el cálculo del mal ya no contabiliza electoralmente cuando el cansancio, el hartazgo o la indignación animan a vivir peligrosamente”.

Si la nueva estrategia de Rajoy, capitaneada por su jefe de campaña, Jorge Moragas, no surte efecto, el PP puede quedarse con menos bazas electorales.