Lecciones del gran ‘no’

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El no ha ganado por un margen tan amplio que es imposible no leerlo como un respaldo al Gobierno de Tsipras, que ha arrastrado el país en una elección que parecía a ojos de muchos imposible. 

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Ha vuelto a pasar. Por segunda vez en seis meses, los griegos han votado la opción que menos agradaba a los gobiernos de sus socios europeos.

Si el mensaje no había quedado suficientemente claro, lo han rematado este domingo de una manera que ha hecho saltar por los aires los análisis y los sondeos de los últimos días. El no ha ganado por un margen tan amplio que es imposible no leerlo como un respaldo al Gobierno de Tsipras, que ha arrastrado el país en una elección que parecía a ojos de muchos imposible.

El primer ministro sale fortalecido tras ganar su apuesta más arriesgada. Algunos analistas aquí en Atenas llegaron a decir en las horas previas al cierre de las urnas que quizá él mismo preferiría el , ir a la oposición y esperar el fracaso de un eventual Gobierno de unidad nacional para volver después a ganar las elecciones. Pero no. Ni Tsipras ni Varoufakis tendrán que demostrar este lunes si iban a cumplir la promesa de dimitir.

En sus propias filas, el Gobierno puede reinvindicar que los ciudadanos, seis meses después de la victoria del 25 de enero y con el país al borde del colapso financiero, siguen confiando más en Syriza que en los partidos que se alternaron durante décadas en el poder dejando que los problemas de Grecia se enquistaran hasta lo inverosímil.

El ex primer ministro, Andonis Samarás, que toreó durante estos meses las críticas en su partido tras la derrota de enero, deja el liderazgo de la oposición y del partido Nueva Democracia en lo que puede ser el final de su carrera política. El exangüe Pasok se encamina hacia la desaparición y To Potami, la formación centrista que aspiraba a ocupar más espacio político el día después del , sufre su primera gran derrota.

Pero la segunda luna de miel con el pueblo, al que tantas veces Tsipras ha apelado en esta semana convulsa, le puede durar al primer ministro tan sólo unas horas. Las que quedan tras la alegría de los festejos de Syntagma y las primeras reuniones en Bruselas o en Berlín.

“Más allá del voto de hoy es allí donde se decidirá qué pasará a partir de ahora”, decía este domingo en Atenas Wolfango Piccoli, director de la consultora de análisis de riesgo político Teneo Intelligence. Allí y en Fráncfort. “Con la victoria del no, es más dícifil para el Banco Central Europeo dar el paso [y aumentar la inyección de liquídez], los bancos quedarán cerrados y se quedarán sin dinero en un par de días. La clave es saber qué hará el Gobierno en las negociaciones con Bruselas: si buscará genuinamente un acuerdo o intentará imponer uno”. O sea, que en este bucle en el que están Grecia y la eurozona volvemos a empezar.

Tsipras ha repetido una y otra vez estos días que un no reforzaría la posición negociadora de Grecia y los ciudadanos le han tomado la palabra. Muchos de los que han elegido el no lo han hecho convencidos de que serviría para llegar a un mejor acuerdo, de que a pesar del corralito no dejarían que Grecia saliera del euro.

Muchos no han pensado en ningún momento que votar no significaría un no a Europa como se decía en las demás capitales europeas y muchos han votado asumiendo el riesgo de la salida del euro porque (explicaban en las horas previas al referéndum) volver al dracma no puede ser peor que lo que están viviendo ahora. “Sufriremos y durante un tiempo quizá incluso más”, decían. “Pero lo habremos decidido nosotros y no la troika“.