Laboratorio de ideas en Brujas

Brujas

La Trienal de Brujas, que se celebra en la ciudad hasta el 18 de octubre, es un laboratorio de ideas y un experimento con el entorno. La ciudad medieval, patrimonio de la Humanidad, se convierte en una mina de arte a cielo abierto.

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Brujas
La ciudad de Brujas.

¿De verdad, Rainer, dices que esa escultura de chocolate de 500 kilos es una reflexión sobre los mecanismos económicos de nuestra sociedad, sobre una economía digital que genera nuevos ricos y un nuevo proletariado, sobre aplicaciones que controlan nuestra movilidad y nuestra libertad en todas partes y en todo momento?

¿Quieres decir que en ese edificio de cacao de tres metros que acabas de instalar en la plaza Burg de Brujas hay que ver una metáfora de una realidad que nos está examinando constantemente, que nos localiza y nos mide, una realidad peor que la del Gran Hermano?

El Burg es un tratado de arquitectura resumido en una plaza. Del románico (la iglesia de San Basilio) y el gótico (el Ayuntamiento), al Renacimiento (la Antigua Escribanía), el barroco (el Prebostazgo) y el clasicismo (la casa señorial del Franconato de Brujas) en apenas dos fachadas. Justo enfrente, el edificio de chocolate de Rainer Ganahl.

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Escultura de chocolate de Rainer Ganahl.

Rainer Ganahl es un artista conceptual marxista que el día de la inauguración de la Trienal de Arte y Arquitectura Contemporáneos de Brujas (20 de mayo, primavera cerrada) lucía un pasamontañas pistacho fosforito. Un tipo excéntrico y afable y marxista cerrado hasta el punto que, si coincidías con él en el baño, mientras estabas a lo tuyo frente al urinario y sabía que eras periodista, te preguntaba con curiosidad quién te había pagado el viaje a Brujas.

La ciudad flamenca es decididamente hermosa. De hecho, lo decidieron de forma consciente en el siglo XIX cuando muchos años antes de que se inventara el turismo apostaron por permanecer medievales. En lugar de destruir su casco histórico le buscaron una viabilidad a su callejero medieval.

Y la apuesta fue tan contundente que hasta ahora el arte contemporáneo fracasó cuando intentó instalarse en ella. Quedan pocas galerías de este tipo en la ciudad. La mayoría sucumbió como un cuerpo extraño, por eso la propuesta de diálogo que plantea la primera Trienal de Brujas que se acaba de estrenar y que estará en la ciudad hasta el 18 de octubre resulta tan atrevida. Plantea el diálogo entre 18 artistas contemporáneos y el entramado del casco medieval. Se les ha invitado a intervenir en él.

Brujas es una ciudad tan agraciada que en la actualidad su principal preocupación es encallarse como tesoro medieval y morir de éxito abrumada por las hordas y el dinero de los turistas. Así, el tema de la Trienal parte de la siguiente hipótesis:

¿Qué ocurriría si cinco millones de turistas decidieran quedarse a vivir en Brujas?

Lanza una reflexión ante la posibilidad de que Brujas se transforme de repente en una megalópolis. Uber Capitalism, la escultura antisistema de chocolate, es la respuesta de Rainer Ganahl.

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Otra imagen de la obra de Rainer Ganahl.

En la ciudad ya están acostumbrados a los usos alternativos del cacao. Ahí está la famosa máquina de esnifar chocolate que ideó el artesano chocolatero Dominique Persoone, uno de los mejores de Bélgica, cuando le encargaron que preparara el postre para una fiesta de cumpleaños de los Rolling Stone. El subidón de polvo negro dura medio minuto. El artefacto de metacrilato se vende en The Chocolate Line (Simon Stevinplein 19).

La propuesta de Anne K. Senstad es la instalación de luz Gold Guides Me. Se trata de un gigantesco letrero luminoso donde se leen las palabras del título de la obra y que recuerda al mítico Hollywood que reina en Los Ángeles. Lo ha colocado sobre el edificio histórico de los Pakhuizen y por la noche los neones se reflejan en el canal.

La artista noruega afincada en Nueva York juega con el cinismo. Un juego de palabras a modo de eslogan publicitario que convierte a Dios y el Dinero en poderes superiores. “El mercado libre es el único ídolo universal ante el que nos inclinamos todos, adorando riqueza y posesiones”, argumenta.

Estudio de Nicolas Grenier
Estudio diseñado por Nicolas Grenier.

El canadiense Nicolas Grenier muestra Vertically Integrated Socialism, un concepto experimental de alojamiento que integra toda la pirámide social en un único edificio. Grenier ha instalado en la iglesia del Gran Seminario un estudio a tamaño natural y una maqueta del edificio completo, cuyo funcionamiento se exhibe en un vídeo. Los habitantes de cada planta corren con los gastos de sus vecinos de abajo, que pertenecen sucesivamente a una clase inferior. Grenier pone de manifiesto cómo concentra y organiza la metrópolis actual la desigualdad económica, política y social.

¿Se trata de una Trienal política o fagocitada por mensajes ideológicos?

El comisario Till-Holger Borchert, experto en los primitivos flamencos y director del Musea Brugge, explica que presenciamos cómo los jóvenes artistas han producido trabajos que abordan el sistema capitalista en la ciudad conocida como ‘la cuna del capitalismo’ (la primera bolsa de valores arranca aquí, en el edificio Huis Ter Beurze que imita la escultura de Ganahl, que sigue en pie en el centro de Brujas).

Presenciamos cómo los jóvenes artistas han producido trabajos que abordan el sistema capitalista en la ciudad conocida como ‘la cuna del capitalismo’

“Creo que todos ellos están traumatizados por la caída de Lehman Brothers y la crisis financiera y se cuestionan el sistema. Ciertamente es un momento para que el arte transmita un mensaje, incluso uno político, ya que el arte siempre posee uno de una forma u otra”, afirma Borchert.

Hubo un periodo en que el arte se miraba más el ombligo. Tom Wolfe recuerda en La palabra pintada uno de los preceptos del pintor minimalista Frank Stella, que en 1960 sostuvo:

Mi pintura se basa en el hecho de que sólo está en el cuadro lo que está en el cuadro. Es de verdad objeto […] Lo que ves es lo que ves.

Frente a la pureza formal de Frank Stella y el arte por el arte donde los cuerpos teóricos son fórmulas para comprender el arte, las bienales y las trienales de arte actuales vienen acompañadas de teorías para comprender el mundo.

Arte ‘explicado’

Lo que ves no es lo que ves. En Brujas, cada una de las instalaciones que se reparten por el casco histórico están acompañadas por una señal que explica en varios idiomas el significado del significante. Te explica qué es lo que estás viendo. No se trata de teoría para el arte sino de teoría desde el arte. La realidad del objeto sigue dependiendo de la palabra.

Ahora bien, si un marciano recién aterrizado en el MoMA o un apicultor de Cangas de Onís -o yo mismo- vemos en un tela de Jackson Pollock una gigantesca eyaculación de pigmentos porque ignoramos que lo que hay en un lienzo de Pollock “no es una imagen sino un evento” (definición de Harold Rosenberg), porque desconocemos que se trata de Action Painting y no de priapismo, ante la escultura de chocolate de Ganahl también debemos saber la teoría. Esto es, la parrafada con la que arranca esta crónica. El célebre ¿qué nos quiere decir el autor?

Otra cosa es la eficacia del resultado. ¿De verdad, Rainer, esos 80.000 euros en chocolate que se van a derretir bajo el suave sol de Flandes en verano son una denuncia de los mecanismos económicos del capitalismo? ¿Cómo intervienen en la emblemática plaza Burg?

La obra de Anne K. Senstad, sin embargo, se aleja de lo efímero. Basta ver los viejos almacenes antes y después del letrero luminoso y cómo uno prefiere que después del 18 de octubre el Gold Guides Me siga iluminando cada noche con su cinismo las aguas del canal.

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Obra de Anne K. Senstad.

“La Trienal cubre durante seis meses buena parte del espacio público de una pequeña ciudad que es Patrimonio de la Humanidad, lo que supone una oportunidad única en el marco de una economía dominante de propiedad privada. Esto es en sí mismo una declaración de intenciones”, me comentaba la artista noruega a la sombra de su instalación.

Otras propuestas son en apariencia más funcionales, como la del colectivo de arquitectos japoneses Atelier Bow-Wow, que ha colocado en los canales una escultura–plataforma flotante. La idea es que los canales de postal se vuelvan un lugar para zambullirse. El arquitecto Yoshiharu Tsukamoto, como Fraga, se marcó un Palomares el día del estreno en las aguas de chocolate de Brujas. “Incluso esta instalación es política”, defiende el comisario Till-Holger Borchert, “en el sentido de que aborda la cuestión de propiedad pública/privada en el tejido urbano, que está directamente conectada con el capitalismo”.

Plataforma del Atelier Bow-Wow
Plataforma sobre el canal, del colectivo Atelier Bow-Wow.

Resulta curioso que si los artistas de las vanguardias de principios del siglo XX quisieron subvertir la cómoda visión burguesa de la realidad con su existencia abuhardillada, su absenta y sus obras transgresoras, hoy son precisamente los funcionarios del burgo quienes les reclaman a los artistas una visión incómoda de la realidad.

Sed críticos, parecen exigirles los comisarios de arte. Haced ruido. Tocad los cojones, si queréis. Entre otras cosas, porque la voz desafiante del artista es mucho más fácil de asimilar y tolerar: es arte. Su desafío es un producto más del fenómeno artístico.

Por ejemplo, en el centro cultural Daoiz y Velarde de Madrid, una tela de protesta vecinal no estuvo permitida hasta que formó parte de la instalación de Óscar Murillo. El artista colombiano, que pasaba por allí, la vio y la colgó en su propia exposición (el guardia de seguridad la llegó a retirar, para tener que colocarla de nuevo cuando lo exigió Murillo).

Para la prestigiosa Bienal de Venecia que se acaba de inaugurar, el comisario Okwui Enwezor ha seleccionado un grupo de artistas comprometidos “con un siglo trágico, con un presente que no aporta soluciones, en el que El Capital es el gran drama de la época”.

En Brujas, el recinto donde se muestra el arte es la ciudad en sí, con el objetivo de que se convierta en una mina de arte a cielo abierto. La Trienal es un laboratorio de ideas, un experimento con el entorno. Y un instrumento inteligente para ponerle una máscara del siglo XXI a la cara medieval de Brujas, una que no esté diseñada por franquicias de comida rápida y cafés en vasos de cartón, sino por arte contemporáneo.