La última vuelta de tuerca de Esperanza Aguirre

Aguirre

Esperanza Aguirre se resiste a aceptar la aritmética que da a la izquierda la alcaldía de Madrid. Este martes, tras una reunión discreta con el candidato del PSOE, Aguirre ofreció a los cuatro vientos un pacto para evitar que la “izquierda radical” de Manuela Carmena se haga con el bastón de mando. 

Aguirre

Después de un torno, en el número 13 de la calle Génova hay unas escaleras que llevan a las oficinas del Partido Popular en Madrid. Al subirlas es imposible esquivar una pared forrada con fotos de arriba abajo. Unos exultantes Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy celebran triunfos electorales o saludan en mítines, con los brazos muy abiertos, a los militantes que han disfrutado de victorias en Madrid durante casi un cuarto de siglo.

En la primera planta, la imagen de Aguirre ante los periodistas ofrecía este martes un contraste absoluto. Antes de leer su discurso, con casi 50 minutos de retraso, pidió la presencia de los cuatro candidatos que la siguen en la lista del PP al Ayuntamiento de Madrid, que se acabaron colocando a su lado con cara triste y mirada distraída. Después, echó a los fotógrafos diciendo que la desconcentraban y se preparó para darle a su vida política otra vuelta de tuerca.

¿Una refundación?

Aguirre mantuvo su estrategia de campaña de cargar contra Manuela Carmena, a quien acusa de querer acabar con la democracia, aludió a Mariano Rajoy al pedir una “refundación” del Partido Popular que el presidente del Gobierno no cree necesaria y reconoció que la corrupción de su partido ha pasado factura.

Hasta cuando el asunto es otro, Aguirre aprovecha para marcar distancias con Rajoy. Anunció la convocatoria de un congreso extraordinario del partido en Madrid (aunque hasta eso necesita el aval de la dirección nacional), prometió revolucionar el funcionamiento interno y abrió la puerta a su propia salida política. Todo mientras Rajoy decide mantener el rumbo sin mover un ápice el timón.

Podemos podría gobernar con los votos del PSOE. En campaña Aguirre definió esa opción como “coalición de perdedores” . Pero este martes hizo una propuesta que provocó durante horas un cortocircuito en la política madrileña: otra coalición, en este  caso con los socialistas y con Ciudadanos. ¿Su objetivo? Evitar que Madrid caiga en las manos de la “izquierda radical” y que en noviembre “Pablo Iglesias sea el próximo presidente de la nación”. La propuesta fue planteada al candidato del PSOE, Antonio Miguel Carmona, en una reunión discreta que se celebró lejos de los cuarteles generales de ambos, en casa de un amigo común.

Después, trascendió y fue repetida ante la prensa por Aguirre, pero se topó con el “no” del PSOE, que quiere negarle a Aguirre la foto de una nueva victoria.

 

Donde dije digo…

La presidenta del PP madrileño ha hecho una campaña basada en el todo o nada. Buscó una gran mayoría con críticas feroces a Ahora Madrid pero también al PSOE, con quien ahora quiere pactar. Como ejemplo, estos dos tuits.

Durante el debate electoral, Aguirre acusó a Antonio Miguel Carmona, el candidato del PSOE, de mentir, utilizar el “arma de los totalitarios” y seguir el “camino de la indecencia”.

Aguirre también fue dura con Ciudadanos, a cuyos candidatos acusó de tener un “programa Nenuco”, hecho para gustar a todos pero de corte “socialdemócrata”, con subidas de unos impuestos y la recuperación de otros. Nunca ha ido tan lejos, sin embargo, como otros líderes del PP, que han cargado contra Albert Rivera por ser catalán o contra Ciudadanos porque apoyarlos suponía “votar al PSOE”. Esto último lo dijo Mariano Rajoy.

Consciente de que lograr una mayoría absoluta era improbable, la líder del PP madrileño elogió a Ciudadanos en varias ocasiones y les lanzó piropos envenenados al asegurar que le gustaría “muchísimo que Ciudadanos estuviera en el PP”. La formación, que presentó en Madrid como cabeza de lista a Begoña Villacís, guarda silencio y mantiene la estrategia de proponer pactos en torno a políticas, no a favor o en contra partidos concretos.

El precedente del CDS

Aguirre se refirió a Agustín Rodríguez Sahagún, elegido alcalde entre 1989 y 1991 después de la moción de censura que acabó con el mandato de Juan Barranco, elegido en 1987. Rodríguez Sahagún era el líder del tercer partido en el Ayuntamiento, el Centro Democrático y Social (CDS) fundado por Adolfo Suárez.

El CDS tenía sólo ocho concejales frente a los 20 de Alianza Popular (hoy PP) y los 24 del PSOE. Pero eso no evitó que Rodríguez Sahagún se convirtiera en alcalde. Aguirre conoce bien el caso. Era concejal en esa época en el grupo popular que dirigía José María Álvarez del Manzano.

Según Aguirre, Antonio Miguel Carmona, portavoz del tercer partido en el consistorio, podría ser ese alcalde de Madrid. Pero también Begoña Villacís o cualquiera de los concejales de PP, PSOE o Ciudadanos.

Para elegir a un alcalde se necesita mayoría de los concejales en torno a un candidato. La votación se lleva a cabo el día de constitución de la corporación, veinte días después de las elecciones. En caso de no haber mayoría, gobernaría la lista con más votos. En este caso, la del PP.

Aguirre es experta aprovechar vías poco ortodoxas para acceder al poder. En 2003, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, diputados socialistas, se ausentaron misteriosamente en la votación de investidura de Rafael Simancas, el candidato socialista, que contaba con el apoyo de Izquierda Unida. Ante el naufragio del candidato, Madrid vivió unas nuevas elecciones que dieron a Aguirre la presidencia de la Comunidad, que después revalidó en 2007 y 2011. Hoy, Simancas es el jefe del PSOE en Madrid y rechaza la coalición de Aguirre por “tramposa y falaz”.

Aguirre se reinventa

Preguntada insistentemente sobre su propio futuro político, Aguirre ha eludido aclarar si dejará la presidencia del partido en Madrid, un cargo por el que ha luchado con uñas y dientes en los últimos meses. Cristina Cifuentes, probablemente la próxima presidenta de la Comunidad, podría ocupar esa silla esgrimiendo su buen resultado. En el municipio de Madrid, Cifuentes ha logrado unos 5.000 votos más que la propia Aguirre, algo a lo que la presidenta quitó hierro durante su comparecencia. En 2011, cuando era ella se presentaba a la Comunidad, sacó 48.000 votos de ventaja respecto al candidato al Ayuntamiento, su sempiterno enemigo íntimo Alberto Ruiz Gallardón.

El congreso extraordinario del PP de Madrid será la ocasión perfecta para comprobar las intenciones de unos y otros. De Aguirre, en caso de que quiera abanderar una metamorfosis del partido y continuar al frente de los suyos. De Cifuentes, en caso de que se presente. También de Rajoy, si decide terciar en favor de algún candidato.

Aunque Carmena sea alcaldesa, Aguirre asegura que no se irá y estará “cuatro años” donde la coloquen “los ciudadanos” aunque sea en la oposición. Pensar lo contrario es “no entender” sus intenciones, dijo a una de las preguntas de los periodistas.