La transparente opacidad

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Que Fernández Díaz haya recibido a Rato revela, en el mejor de los casos, una enorme torpeza por parte de Jorge Fernández. Porque lleva a pensar en otras explicaciones menos favorecedoras. Por ejemplo, si no será que alguien con la información interna que del PP y del Gobierno tiene Rodrigo Rato pudiera haber tratado de emplearla para forzar una reunión con el ministro y presionar a las autoridades.

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Tres días después de que se conociese que el ministro del Interior recibió a Rodrigo Rato en su despacho a la semana siguiente de haberse negado éste a declarar ante el juez por la imputación de blanqueo, el departamento que dirige Jorge Fernández ha emitido un comunicado para intentar sofocar el consiguiente escándalo político y la petición de explicaciones de los partidos de la oposición. El documento tiene cinco puntos que suscitan al menos otros tantos interrogantes, por lo que, lejos de aclarar, aumenta las sospechas de lo turbio de ese encuentro.

Lo primero que destaca la nota es que Rato solicitó la reunión para tratar un asunto “exclusivamente personal”, haciendo saber que su petición nada tenía que ver con la “situación procesal” por la que atraviesa. Según el comunicado, el ministro se aseguró de aclarar ese extremo antes de aceptar la cita. Cabe preguntarse si Jorge Fernández es tan generoso con su tiempo como para recibir, en horas de oficina, a todo aquel que quiera confiarle un asunto “personal”. Dado que no es verosímil, cabría exigir al Ministerio que concrete cuáles son los criterios que utiliza para abrir las puertas del despacho de su titular.

En segundo lugar, se dice que la entrevista duró algo menos de una hora, y no dos, como se ha publicado. Una hora de conversación da para abordar varios temas e incluso alguno en profundidad. Toda vez que el propio comunicado especifica que Rato quería hablar de “una cuestión”, está claro que tuvo minutos suficientes para exponerla y debatirla. Convendría que el Ministerio informara del tiempo transcurrido desde que Rato pidió la entrevista hasta obtener el consentimiento, porque podría dar pistas en cuanto a la predisposición del ministro a recibirlo.

En su tercer punto, la nota precisa que Jorge Fernández eligió su despacho para la cita como forma de demostrar que no había “nada que ocultar”. La máxima que se esgrime es ésta: “Era más adecuado hacerlo en la sede del Ministerio que en el reservado de un restaurante”. Una tesis que fácilmente se puede poner del revés. Cuántas veces no se habrán cometido irregularidades usando precisamente los despachos oficiales como coartada. Para que la explicación del Ministerio fuera creíble debería haber comunicado previamente que la reunión se iba a producir. Presumir de que el encuentro fue en el despacho una vez desatado el escándalo puede llevar a pensar que ésa era la trampilla que el ministro había previsto para tratar de salir airoso en el caso de que los hechos trascendiesen a la opinión pública.

En cuarto lugar, la nota ministerial subraya que las investigaciones sobre Rato están en manos de la Fiscalía Anticorrupción y de la Unidad de Inteligencia Financiera, adscrita a la Agencia Tributaria. Sin embargo oculta que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, encargada de la investigación, depende de Interior, ¿o es que por el hecho de actuar bajo la autoridad judicial sus miembros no tienen que responder ante Interior, y sus sueldos, reconocimientos, o ascensos no los decide el Ministerio?

En el quinto y último punto, Interior asegura que el ministro “no ha realizado ningún tipo de gestión” en relación a la situación procesal de Rato. Teniendo en cuenta que admitir lo contrario daría pie a investigarlo por prevaricación, se trata de un argumento de escaso valor.

El episodio revela, en el mejor de los casos, una enorme torpeza por parte de Jorge Fernández. Porque que el ministro del Interior reciba a una persona de la trascendencia de Rato, estando como está imputado por graves delitos, lleva a pensar en otras explicaciones menos favorecedoras. Por ejemplo, si no será que alguien con la información interna que del PP y del Gobierno tiene Rodrigo Rato pudiera haber tratado de emplearla para forzar una reunión con el ministro y presionar a las autoridades.

La lista de casos de corrupción que acumula el PP es tan extensa que, a estas alturas, debería haber servido de experiencia a sus dirigentes y cargos públicos para andar con mejor tiento y más escrúpulos. Jorge Fernández ha reaccionado tarde, cuando el asunto llevaba días pudriéndose en mitad de la calle, y la nota pretendidamente aclaratoria que ha facilitado a la opinión pública es un homenaje a la opacidad y el oscurantismo. Al final, se atrinchera en decir que nada puede desvelar porque lo tratado era “exclusivamente personal”. Por eso la última pregunta nos devuelve a la casilla de salida: ¿Es de recibo que el ministro del Interior hable de asuntos personales en su despacho oficial con un imputado por corrupción que fue vicepresidente del Gobierno y alto cargo de su partido?

Foto: El ministro de Hacienda, Cristobal Montoro en julio junto al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y el Vicesecretario de política Autonómica, Javier Arenas (Flickr / PP)