La crisis económica de Asturias y el impacto de la fortuna oculta del histórico líder sindical José Ángel Fernández Villa han generado un caldo de cultivo propicio para los candidatos de los nuevos partidos, que abandonan una herencia política que hasta ahora se transmitía de padres a hijos.


“Si mi abuelo fallecido supiera que me presento a alcaldesa por Ciudadanos, se llevaría un disgusto”, dice Nerea Forcelledo mientras mira este solar vacío que un día fue un lavadero de carbón.

Forcelledo es abogada, tiene 26 años y es la cabeza de lista de Ciudadanos en Langreo, uno de los grandes concejos mineros de Asturias. Aquí gobierna el PSOE y siempre han logrado mayoría los partidos de la izquierda tradicional. En la cuenca minera hay una tradición obrera heredada de padres a hijos y esculpida en la clandestinidad.

“Si me hubiera presentado por el PSOE sería un orgullo para la familia”, dice la candidata de Ciudadanos, que hace un hueco para charlar durante su primera campaña. “Estamos que no paramos y todavía tengo que acercarme luego por el despacho para terminar un trabajo pendiente”.

El lavadero de Modesta fue el segundo destino laboral del padre de Nerea Forcelledo. Una zona más segura para trabajar después de haber quedado tocado por un accidente grave. “Mi padre tuvo dos accidentes importantes. Era maquinista en la mina y le tocó sacar a muchos compañeros muertos. Eso te marca”, asegura.


Todos los datos de Langreo


La mina es mucho más que un empleo en esta comarca. Si hay algo que llama la atención al forastero, es el orgullo de haber nacido del carbón y la solidaridad que es fruto de haber pasado por malos momentos juntos.

“Me decidí a militar en Ciudadanos hace tres años que en estos concejos no había futuro. El tejido industrial se pierde y no hay esperanza para los jóvenes”, dice la candidata, que dio el salto a la política activa de la mano de UPyD y se cambió al partido de Albert Rivera al mismo tiempo que Ignacio Prendes, número uno de UPyD en Asturias hasta finales de marzo.

El viejo lavadero de carbón del Pozo Modesta. / OLALLA PENA

El viejo lavadero de carbón del Pozo Modesta. / OLALLA PENA

Fondos en balde

El antiguo lavadero de Modesta representa muy bien los problemas de la cuenca minera. Un viejo castillete es lo único que recuerda su pasado minero. Lo demás es un solar enorme en el que se proyectaron muchas cosas y nunca se construyó nada. Junto a él, una calle de nuevo trazado con aceras inmaculadas y farolas de diseño casi sin estrenar.

Modesta es uno de los lugares donde llovieron los millones de los fondos mineros. Se invirtieron 1.600 millones de euros entre 1998 y 2005. En el plan 2006-2012 estaban previstos 2.880 millones según las cifras del sindicato minero SOMA-FITAG-UGT. Pero una buena parte de ese dinero se ha destinado a obras públicas que no han generado una alternativa real al carbón.

En la cuenca central de Asturias quedan cuatro pozos en activo. En los años 60 llegó a haber más de 40, según cifras de la hullera pública Hunosa. La Unión Europea ha marcado 2018 como la fecha límite en la que no se podrán dar más ayudas públicas a la producción de carbón. El año está a la vuelta de la esquina y todavía no hay relevo.

“La idea de reindustrialización nunca se materializó”, zanja desde su despacho de la Universidad de Oviedo el profesor Holm-Detler Köler.

Köler se ha dedicado a analizar la evolución de las zonas mineras asturianas desde un punto de vista sociológico con el referente de la comarca alemana del Ruhr. El profesor dice que los sindicatos mineros son los que manejan los hilos de la política en estas comarcas y por lo tanto los responsables de que el dinero se haya malgastado.

Para explicar su poder casi absoluto, Köler echa mano de la Historia: “La propia creación de Hunosa fue una presión sindical desde la clandestinidad. El régimen no era capaz de controlar la conflictividad social y la actividad de los sindicatos. Además, desde el punto de vista económico la extracción de carbón no era rentable. Se creó entonces una gran empresa pública que aglutinara los pozos privados. Así nació Hunosa, que empezó a pagar salarios altos y llevó a cabo una política paternalista para calmar a la sociedad”.

Durante la Transición emergió el sindicato SOMA-UGT, muy vinculado al PSOE asturiano. “En la minería tenían muchas esperanzas en el socialismo y relacionaban esas dos siglas”, comenta Köler. “SOMA y CCOO disponían de gran cantidad de liberados en Hunosa que podían controlar muchas personas”, dice el profesor alemán. “El SOMA siempre fue muy jerárquico. Disponía de un ejército en la organización de la hullera pública y en los ayuntamientos. Así ejercía un control como ningún sindicato en ninguna otra zona de España”. Cuando se crearon los fondos mineros y llegaron millones a las cuencas, los encargados de gestionarlos fueron los mismos: políticos controlados por los sindicalistas.

La nueva izquierda

Mónica González Santos, de 37 años, representa también la entrada de la nueva política en la vieja cuenca minera. Su reto es acabar con la hegemonía del PSOE como cabeza de lista de Podemos en San Martín de Rey Aurelio, uno de esos ayuntamientos españoles en los que no hubo un solo movimiento de siglas en toda la democracia.

Mónica rompe con una tradición política y sindical de varias generaciones: “Mi bisabuelo fue alcalde socialista en San Martín. Mi abuelo era minero y en mi familia hay varios socialistas. Una tía mía llegó a ser directora general del Principado”.

Mónica me recibe antes de un mitin de Íñigo Errejón. El acto se celebra en Gijón y es el primer gran acto de campaña. En Podemos creen que también pueden ser la alternativa en las comarcas mineras.

Mónica cuenta que en su familia han entendido su simpatía por Podemos aunque reconoce: “A mi abuelo se lo dije hace 15 días. Me daba un poco de respeto”. En los debates familiares, Mónica se queda con el lema de uno de sus tíos: Vale más meter la pata que meter la mano. “No se puede acusar a nadie con el dedo, pero hay cosas que se han hecho con las ayudas públicas que no son normales”, dice mientras empieza a sonar la megafonía del mitin.

La Sindicatura de Cuentas, órgano encargado de fiscalizar la actividad económica del sector público asturiano, ha analizado la concesión de ayudas a la minería.”La gestión por el Principado es poco eficiente”, dice uno de los informes.

La Sindicatura no se mete en la oportunidad de destinar las inversiones a una u otra obra. Quien sí tiene una opinión personal clara es Esteban Fernández, natural de Mieres y profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo. “El efecto de toda esta lluvia de millones es casi nulo. No sólo se trata de poner hormigón. Hay que dotar a esas inversiones de una atmósfera adecuada para que generen un tejido productivo alternativo. Desde el punto de vista económico ha sido dinero tirado a la basura”.

Dinero efímero

Al calor de los fondos mineros, crecieron empresas como Alas Aluminium o Venturo XXI. Muchos vieron en ellas una oportunidad laboral para los jóvenes que ya no entraban en la mina. Pero la generosidad de los fondos fue su perdición y acabaron cerrando. En el caso de Alas Aluminium, los administradores concursales llamaron la atención sobre los errores en las subvenciones y el tamaño excesivo de la planta, la maquinaria y el personal. Según el informe definitivo redactado en 2003, Alas Aluminium obtuvo “subvenciones cuantiosas de la administración para cuya concesión ha simulado una actividad casi inexistente, incluyendo trabajadores ajenos a la propia concursada o que eran contratados de forma caprichosa”.

El listado de inversiones de dudosa eficacia es amplio. En el capítulo de obras públicas, uno de los proyectos más cuestionados es el soterramiento de las vías en el concejo de Langreo, un proyecto faraónico para esconder la cicatriz del paso del ferrocarril de vía estrecha en las localidades de Sama y La Felguera. La obra estuvo a punto de quedar a la mitad. Ahora el Gobierno autonómico se ha comprometido a terminarla. Se calcula que costará 68 millones de euros a los que hay que sumar otros 30 para volver a instalar las vías.

La lluvia de millones fue tal que llegó a plantearse la construcción de un gran parque de atracciones en la comarca de Lena. El proyecto se llamaba Legendarium y nunca se construyó.

Otro de los destinos de las ayudas púbicas estos años han sido las becas con las que los hijos de mineros podían estudiar inglés en el extranjero. “Yo me fui tres veranos a Irlanda”, dice Nerea Forcelledo.

Hoy la mayor parte de los amigos de Nerea han emigrado o están en el paro y su círculo no es una excepción. Los que se han quedado viven de la generosa prejubilación de un familiar.

Se estima que más de 20.000 ex mineros cobran esta asignación, según cifras que maneja Hunosa. “El efecto de las prejubilaciones hace que esta región tenga una renta per cápita por encima de la media asturiana y de la española”, apunta el profesor Esteban Fernández.

Una comarca envejecida

Ese chorro de dinero es un espejismo a punto de desvanecerse. Así lo indican las cifras de paro. El Regiolab de la Universidad de Oviedo señala a las cuencas mineras como la zona de mayor tasa de paro de toda la región. La pérdida de empleos ha desembocado en una fuerte despoblación de las comarcas y en la emigración de la gente joven. “Tenemos proyecciones demográficas a 15 años en las que se observa que esta zona será la comarca asturiana más castigada por el envejecimiento si las condiciones se mantienen como están”, apunta el profesor.

Los fondos mineros dotaron a la zona central de Asturias de unas vías de comunicación envidiables que conectan al 80% de la población de la región. Cada vez más familias apuestan por vivir en la comarca animados por los precios de la vivienda y por la buena situación.

No todo se ha hecho mal en Asturias. En Valnalón llevan 28 años fomentando las empresas tecnológicas. De su semillero han salido cerca de 600 proyectos empresariales y en su ciudad tecnológica están instaladas más de 60 empresas que dan trabajo a 1.500 personas. Otro ejemplo es el Centro de Soft Computing de Mieres, que es una refererencia nacional.

La propia Hunosa trabaja ahora en actividades similares y busca rentabilidad en nuevas energías como geotermia y biomasa. “El objetivo es caminar hacia la lógica empresarial y tratar de generar actividades alternativas que sean viables. Hasta ahora Hunosa ha cuidado de todo el mundo y muy poco de ella misma”, dice su presidenta, María Teresa Mallada.

Según la última encuesta del CIS, el PSOE volvería a ganar las elecciones en Asturias.  Podemos se situaría como segunda fuerza más votada pero sería la tercera en escaños por detrás del PP por las particularidades de las circunscripciones en las que está dividida la región. Podemos obtendría 10 diputados y Ciudadanos entraría con cuatro en el Parlamento regional.

“Lo que pase en las cuencas mineras es simbólico pero no determinante para el conjunto de Asturias. Entre otras cosas porque la pérdida demográfica hace que en esos concejos se decidan pocos escaños”, apunta Miguel Presno, profesor de Derecho Constitucional.

En Asturias ahora gobierna el PSOE. Pero hubo también gobiernos de centro-derecha. En el PSOE no han querido ofrecer su opinión en este reportaje. En el PP creen que la fragmentación de voto en el centro-izquierda les puede beneficiar. “Esperamos ganar votos en todos los concejos mineros”, señala Luis Venta Cueli, jefe de campaña popular, que ve desánimo entre los votantes de izquierdas por el escándalo del sindicalista José Ángel Fernández Villa, líder histórico del sindicato SOMA-UGT.

Fernández Villa (con bigote), junto a Cándido Méndez, Alfonso Guerra y José Luis Rodríguez Zapatero en la fiesta minera de Rodiezmo en 2009.

Fernández Villa (con bigote), junto a Cándido Méndez, Alfonso Guerra y José Luis Rodríguez Zapatero.

Un minero corrupto

El líder minero regularizó casi 1,4 millones de euros durante la última amnistía fiscal. Ocurrió en 2012, mientras capitaneaba una huelga que generó un rosario de barricadas y enfrentamientos. Nada más conocerse la noticia en octubre del año pasado, Villa fue expulsado del PSOE y del sindicato SOMA-UGT. El presidente asturiano, Javier Fernández, dijo sentirse profundamente decepcionado.

“Cuando ocurrió lo de Villa, en mi familia se dijo que hasta aquí habíamos llegado”, dice Mónica González. “Ven la necesidad de un giro pero no sé si tanto como para cambiar su voto. Los sindicatos mineros son la casta”.

Nerea Forcelledo, de Ciudadanos, observa que “la manera de pensar de la gente está cambiando” pero no lo tiene claro: “La gente es consciente que esto va mal. Pero están tan vinculados a los viejos partidos que no entienden que el cambio no viene por esa vía”. Ciudadanos no aspira a arrebatar la alcaldía al PSOE en Langreo pero sí espera tener entre dos y tres concejales.

Con un ojo puesto en su hijo de seis años que juega en el parque, el líder del sindicato minero SOMA-UGT me cuenta su perspectiva sobre el futuro de la comarca. Se llama José Luis Alperi y es ingeniero técnico industrial y empleado de Hunosa. Fue elegido por un 97% de los afiliados en 2013 después de que Fernández Villa dejara la presidencia por motivos de salud.

En sus intervenciones públicas, Alperi no ha dudado en marcar distancias con el líder ahora investigado por fraude fiscal. “No podemos permitir que un mal comportamiento personal sirva para que algunos pretendan hacer una causa generalizada contra el sindicato”, dice.

En las elecciones sindicales de noviembre, SOMA-UGT obtuvo un 61% de los votos. CCOO, apenas un 32%. Las cifras indican que el escándalo de Fernández Villa apenas han afectado al apoyo del sindicato en la cuenca minera. “En el último año, hemos subido de 5.400 a 6.200 afiliados”.

El líder de SOMA-UGT es consciente de que los esfuerzos por reindustrializar las comarcas mineras no han dado los resultados esperados pero se justifica. “A toro pasado es fácil analizar dónde se cometieron los errores”, dice. Alperi es el reflejo de otra generación pero no votará por los nuevos partidos. “Yo pido el voto para el PSOE”, dice antes del final de la conversación.