Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Preocupado y curado, escudo y adarga, celo y curiosidad, todos son sinónimos; lo único que les separa son 400 años. Por eso es difícil leer el Quijote. No porque sea un libro pedante escrito para cultos, sino porque desde hace cuatro siglos muchas palabras con las que se escribió comenzaron a dejar de usarse. Ahora, Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) recupera para el siglo XXI lo que Cervantes regaló a España en el XVII: Don Quijote de la Mancha. El escritor leonés ha puesto en castellano actual la obra maestra de la literatura española.

El 27 de julio, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría presidió la reunión constitutiva del Pleno de la Comisión Nacional para la Conmemoración del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. El pasado marzo se encontraron los posibles huesos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias en Madrid. El coste de la búsqueda sumó más de 100.000 euros. El Instituto Cervantes tiene más de 70 sedes en todo el mundo y se planea un aumento.

Sin embargo, según una encuesta publicada por el CIS, sólo dos de cada 10 españoles dicen que han leído el Quijote. El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas del pasado mes de junio aporta más datos: que el 51,3 por ciento de los entrevistados dicen que leer esta obra de Cervantes es difícil; que de estos, el 66,2 por ciento consideran que es difícil por el lenguaje en que está escrito; y que del 21,6 por ciento que ha leído el libro completo, el 54,1 por ciento lo ha leído por motivos de estudio y únicamente el 30 por ciento por interés personal.

El poeta y novelista Andrés Trapiello quiere agrandar la cifra de lectores de la obra cumbre de la literatura española. Para ello emprendió, hace 14 años y en secreto, la tarea de reescribir al castellano actual el Quijote de Cervantes.

“Si fuese verdad que dos de cada 10 españoles han leído el Quijote —explica el novelista—, querría decir que hay 10 millones que sí lo han leído. De ser así, este país sería completamente diferente. Seríamos muchísimo más educados y civilizados, además, tendríamos mejor humor a todas horas”. Según Andrés Trapiello, un lector actual del Quijote en castellano antiguo entiende palabras sueltas, pone a funcionar la imaginación y por aproximación va comprendiendo la obra.

Según Trapiello, los hispanohablantes ya no comprenden lo que dice Don Quijote. Pero, absurdamente, “el Quijote cuenta con millones de lectores en todo el mundo, tiene muchos más lectores en traducciones que en el original”. “Por tanto”, explica el autor, “es absurdo oponerse a que se traduzca al castellano actual”. “Si se puede traducir al francés moderno, se puede traducir al español moderno”, concluye.

No es la primera vez que Trapiello se acerca al ingenioso hidalgo. Antes había escrito Al morir Don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes. Esta vez su trabajo ha sido mucho más ambicioso. “Nadie se atrevía a decir: yo no lo he leído. Era como salir del armario literariamente. Y nadie se atrevía a traducirlo a nuestra lengua actual. Se han traducido el Poema del Mio Cid, El libro del buen amor, La Celestina, se vio bien que se tradujeran, no así con el Quijote”. Pero ni siquiera el escritor, que ha dedicado más de una década a la traducción del Quijote, es capaz de leer la gran obra sin interrumpir la lectura para atender a las más de 5.500 notas al pie.

“La vida de un libro va más allá de las palabras”

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Al escritor le hubiera gustado traducir el Quijote al castellano actual sin tocar ni una coma. Pero no fue posible. Pues cuanto más pasa el tiempo más lejos queda la lengua de Cervantes, y no sólo en palabras, sino en contexto. Por eso, según explica: “Para leer el Quijote en su lengua original tendríamos que estar en el siglo XVII. Sin su contexto, nadie hoy puede leer el Quijote original”.

“Toda la cultura está hecha a partir de traducciones”, asegura Trapiello. Pocos podrían haber leído a Tolstoi o a Montaigne si no se hubiesen traducido las obras a tantos idiomas. De ahí que a Trapiello le moleste cuando “la gente se pone muy estupenda con los originales”. “Las lenguas solo sirven para comunicar. Si hay alguna de la que se diga: ‘Es muy bonita pero no se entiende’, esta no sirve de nada. Está fosilizada”, agrega el poeta.

Para el autor “la vida de un libro va más allá de las palabras”, por eso se atreve a decir que “Cervantes es el hombre menos literario del mundo” que “lo que le interesa de la literatura es la capacidad de crear vida. La vida, no la literatura, o si se prefiere, una literatura que está viva”. “Cervantes se presta a muchos tipos de lecturas. La más sencilla es que es un hombre que tiene una especie de don para crear una vida propia”, explica el ahora ‘traductor’ con una sonrisa.

El mundo creado por Cervantes en Don Quijote de la Mancha no está atado a las palabras. Eso es lo que hace posible su traducción. “Todo el libro está lleno de referencias cultas. Pero está hecho con tanta delicadeza y naturalidad que lo puede leer todo el mundo. El que es culto y el que no. No se trata de una erudición que excluya a la gente, no es un libro pedante”, asegura Andrés Trapiello. “Sancho Panza, de haber sabido leer como el bachiller Carrasco, hubiera podido leer el Quijote y lo habría entendido perfectamente, sin notas. Alguien de la cultura de don Quijote hoy no podría hacerlo sin notas”, añade. La realidad es que hoy en día los hispanohablantes tienen dificultades al acercarse al libro. Es así porque cada página del Quijote tiene más de un par de frases que ya no se entienden. Por eso, según explica el traductor, el libro ya no se lee.

La traducción de un poeta

“Aunque esta no es la traducción de un filólogo, he procurado respetar el original, si no como un filólogo, al menos como un poeta”, confiesa el autor en el prólogo de la nueva versión del Quijote. El poeta tiende a las palabras, no utiliza fórmulas matemáticas, se guía por su instinto. “Un poeta sigue las palabras hasta el final —explica Trapiello—, pero si llegara un momento en que la palabra a la que tiene que traducir es insuficiente, echa mano de su sentido común. De hecho, el propio Quijote está escrito por un poeta que es Cervantes. Se trata de un libro poético. Aunque esté escrito en prosa, el Quijote es el gran poema de la lengua española. Por tanto requiere una mirada poética”.

Para poner las palabras de Cervantes al castellano actual, Andrés Trapiello no ha hecho más que subir al texto las notas al pie de los últimos 300 años. Mientras lo hacía, pensaba en los jóvenes de las Misiones Pedagógicas que llevaban por los pueblos de la España republicana las copias del Museo del Prado. No eran las originales, pero “sirvieron para que muchas gentes conocieran por primera vez lo mejor de nuestra cultura y lo más noble del espíritu humano”, explica el autor en su prólogo al Quijote.

Ésa era la misión de Andrés Trapiello: “Devolver al pueblo lo que es suyo”, sin ser él nada más que una nota al pie de página de Don Quijote de la Mancha, para que así no se le alabe por lo que ha traducido sino por lo que ha dejado de traducir. Pues según dice: “Lo que he dejado traducir es de Cervantes. Y este libro tiene de mío lo que es él”.

Madrid, 23 de Julio de 2015. Entrevista  al escritor Andres Trapiello, con motivo de la publicación de su obra "Don Quijote de la Mancha: Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello". Sesión realizada en su domicilio. © MOEH ATITAR / EL ESPAÑOL

El Quijote, del castellano antiguo al actual
Castellano antiguo (Editado por Francisco Rico):
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, y algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Castellano actual (Editado por Andrés Trapiello):
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos.


Castellano antiguo:
No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le conocía por tan manso y tan poco rijoso, que todas las yeguas de la dehesa de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro.

Castellano actual:
No se había preocupado Sancho de trabar a Rocinante, seguro de saberlo tan manso y tan poco rijoso, que ni todas las yeguas de la dehesa de Córdoba lo hubieran incitado a ningún mal vicio.


Castellano antiguo:
Calló en diciendo esto el cautivo, a quien don Fernando dijo: Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y extrañeza del mismo caso.

Castellano actual:
Tras decir esto calló el cautivo, a quien don Fernando dijo: Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este extraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y extrañeza del mismo caso.