La muerte, en alejandrinos

ATTENTION EDITORS - VISUALS COVERAGE OF SCENES OF DEATH OR INJURYA Turkish gendarmerie carries a young migrant, who drowned in a failed attempt to sail to the Greek island of Kos, in the coastal town of Bodrum, Turkey, September 2, 2015. At least 11 migrants believed to be Syrians drowned as two boats sank after leaving southwest Turkey for the Greek island of Kos, Turkey's Dogan news agency reported on Wednesday. It said a boat carrying 16 Syrian migrants had sunk after leaving the Akyarlar area of the Bodrum peninsula, and seven people had died. Four people were rescued and the coastguard was continuing its search for five people still missing. Separately, a boat carrying six Syrians sank after leaving Akyarlar on the same route. Three children and one woman drowned and two people survived after reaching the shore in life jackets. REUTERS/Yasar Anter/DHA  TPX IMAGES OF THE DAY     ATTENTION EDITORS - NO SALES. NO ARCHIVES. FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. TURKEY OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN TURKEY. TEMPLATE OUT

Anoche, tras un profundo debate del que hicieron partícipes a sus lectores, los periódicos decidieron llevar a sus portadas de papel una impactante fotografía que ya habían difundido a través de sus ediciones digitales.
El dilema moral hacía horas que había sido zanjado.

Al final del día, por muy grandilocuentes que fueran los términos de la discusión, de lo que se trataba era ya solo de una cuestión de formato. Sobre la mesa había un símbolo y ahora había que decidir si le fabricábamos un póster, que es donde suelen terminar los símbolos. Hablamos, claro, de “el niño de la playa”: al parecer, lo primero que uno pierde en el tránsito hacia lo simbólico es el nombre y los apellidos.

Basta con remontarse al caso de la vietnamita Kim Phuc para dar cuenta de la histórica capacidad de movilización del periodismo. Yo creo que los periódicos todavía son un motor de transformación social y fotos como la del niño de la playa, un necesario acicate para las conciencias.

Lo que ya me provoca más dudas es si la lírica que hoy derrochamos contribuye a luchar contra la injusticia o sólo revela la ansiedad de la prensa por conservar su lugar, seriamente amenazado por las redes sociales, en el oligopolio de las buenas intenciones.

Si para conmover al lector es necesario añadir una sola palabra a la mera descripción de los hechos que muestra la fotografía del niño de la playa, es que no hay redención posible para la humanidad. Y si lo que se va a llevar a partir de ahora es adornar con alejandrinos las fotos impactantes, quizás sería más eficaz que los periodistas diéramos un paso atrás y nos encomendáramos a Twitter, la herramienta de derroche sentimental más potente que jamás ha creado el hombre.

El debate sobre la publicación de imágenes brutales es un clásico de este oficio y se reproducirá de forma cíclica sin que la gravedad de nuestras palabras y el amaneramiento de nuestros gestos acuse el desgaste. A fin de cuentas la afectación que usted, lector, soporta con paciencia no es más que un intento por enmascarar nuestro fracaso, que al cierre de la edición todavía no hayamos sido capaces de referirnos a ese niño por su nombre y apellidos.