Para Bono, ganar unas elecciones es simplemente otra cosa. Dejó la presidencia de Castilla-La Mancha en 2004 después de seis mayorías absolutas. Ahora recorre pequeños pueblos haciendo campaña y piropeando a las vecinas como un referente para el PSOE que después del domingo promete jubilarse. 


José Bono sale del coche, se pone la chaqueta y la música empieza a sonar. Literalmente. Una charanga se recrea con La campanera mientras salen a su encuentro los responsables del PSOE local. Lo reciben con una amplia sonrisa y una frase inequívoca: “Bienvenido, presidente”.

Estamos en Cabanillas del Campo, un pueblo de algo menos de 10.000 habitantes enmarcado en el corredor industrial del Henares, en la provincia de Guadalajara. “Espero que esto no sea por mí”, dice Bono con cara expectante. Es casi la hora de comer y el ex presidente de Castilla-La Mancha entra en un bar donde reina un ambiente festivo. Corre la cerveza y proliferan los móviles en modo selfie. Allí lo esperan el candidato, José García Salinas, el secretario general del partido en la provincia, Pablo Bellido, y el único senador socialista por Guadalajara, el veterano Jesús Alique.

Cabanillas tuvo un alcalde socialista desde 1979 hasta que el PP logró la mayoría absoluta en 2011. Es uno de los pueblos que contribuyeron a teñir Castilla-La Mancha de azul y que auparon a María Dolores de Cospedal como presidenta.

“Bueno, ¿vamos a ganar?”, pregunta Bono al candidato.

Ganar tiene un extraño significado para José Bono (Salobre, Albacete, 1950). El ex presidente recuerda con orgullo en su libro Diario de un ministro que en 2004 dejó el Gobierno de la Junta después de seis mayorías absolutas consecutivas. En las últimas autonómicas a las que se presentó, las de 2003, un 58,2% de los castellano-manchegos votaron al PSOE. Después fue ministro de Defensa y por último presidente del Congreso. Desde 2011 no ocupa ningún cargo público.

Bono, en Cabanillas del Campo.

Bono, en Cabanllas del Campo.

Reportaje fotográfico: Dani Pozo

Bono echa estos días una mano en la campaña electoral. Sólo una mano, como la mayoría de dirigentes del PSOE de su generación. Basta una anécdota para explicarlo. Mientras Bono está Guadalajara, se entera de que Alfredo Pérez Rubalcaba está en un bolo similar en Tobarra (Albacete). Lo llama corriendo. “¡Pájaro!”, lo saluda con una carcajada. Al colgar, explica que Rubalcaba le ha dicho que sólo va “a pueblos de menos de 20.000 habitantes… ¡y eso si hay algún amigo!”.

En realidad, los pueblos que visitan Bono, Rubalcaba o José Luis Rodríguez Zapatero suelen tener muchos menos habitantes que 20.000. En la era de la nueva política en la que Podemos y Ciudadanos marcan el paso, los actuales dirigentes del PSOE reservan los grandes actos para sí mismos y los candidatos. Los antiguos referentes con ganas de subir al escenario lo hacen lejos de las grandes capitales, recibidos con gran cariño en pequeños auditorios o en casas del pueblo.

Es ahí donde Bono sigue siendo “el presidente”. Una especie de Mister Marshall que desde el Gobierno autonómico construyó una nueva sede para el ayuntamiento, una piscina o una carretera. “Aquí siempre me pedían un paso a nivel”, recuerda Bono durante el caluroso sábado en el que lo acompaño por los pueblos de Cabanillas, Marchamalo, Fontanar y Alovera. “Recuerdo cuando inauguramos el campo de fútbol. ¡Cómo se puso a llover!”, sigue.


Todos los datos de Cabanillas, Marchamalo y Alovera


Bono confirma varias de las leyendas que se cuentan sobre él. En su despacho tenía un mapa con chinchetas de colores esparcidas por toda la región. Indicaban el tiempo que había pasado desde su última visita. A los pueblos que visitaba acudía a veces con un puñado de relojes que regalaba con puntualidad para regocijo de los vecinos. “Nos costaban muy poquito”, explica.

Basta un paseo con él por Cabanillas del Campo para comprobar cómo fue cimentando sus mayorías absolutas. Entre atracciones hinchables y puestos de comida, José Bono prueba todas las rosquillas que le ofrecen varias mujeres del pueblo, a quien aprovecha para piropear. A su lado, un candidato delgadísimo y engalanado prefiere reservarse para la comida. La plaza se para en torno a él y hasta los concejales del PP acuden a saludarlo. No así Beatriz Talegón, natural del pueblo, militante de la corriente interna Izquierda Socialista y crítica con la dirección, que lo sigue a lo lejos con la mirada.

Bono siempre apunta los cumpleaños de unos y otros. Después les sorprende acordándose de felicitarlos. Por la tarde, en Fontanar, toma nota en el último modelo de iPhone con resolución aumentada y a prueba de presbicia. El expresidente está a la última y dicta whatsapps a Siri, el programa de reconocimiento de voz, que demuestra que funciona cuando transcribe a la perfección sus eses pronunciadas como jotas.

En el calendario del teléfono está el cumpleaños de Víctor San Vidal, un candidato de veintipocos años. Pero también el de un obispo, un directivo de El Corte Inglés, varios empresarios y la mujer de un compañero de partido. Bono ya no mantiene un diario personal, tarea de la que se jubiló al salir del Gobierno. Pero cuenta que su vida previa a 2006 está registrada, hasta el punto de ir al servicio en medio de reuniones oficiales para apuntar.

A Cospedal la abuchearían

La comida es en Marchamalo, un pueblo donde resiste el socialismo con mayoría absoluta. Bono entra en un pabellón donde se celebra una paella multitudinaria por las fiestas patronales del Santo Cristo de la Esperanza. Saluda a los cocineros, abraza al alcalde y sirve varias raciones.

Paella en Marchamalo

Paella en Marchamalo

Ahí, mientras decide si se salta o no una cola kilométrica, habla de Cospedal. “No podría entrar aquí, probablemente la abuchearían”, augura. Cospedal “no cae simpática, no le gusta estar con la gente”, dice. Además de su gestión, ésa es una de las críticas que más utiliza el PSOE en la provincia. Cospedal gobierna atrincherada y sin recorrer los pueblos salvo si hay foto, dice el argumentario de la oposición.

Él se deja querer. Lo saludan muchos vecinos, muchas vecinas (como las que figuran en la primera foto de este reportaje, que lo piropean sin complejos), pero pocos jóvenes. Uno de ellos, en una silla de ruedas, le pide que le dedique su libro. Se quita la chaqueta y se sienta para comer su ración con una cerveza y flan de supermercado de postre.

Bono es optimista. Cree que en Castilla-La Mancha hay partido porque el Cospedal no ha sabido afianzar la histórica mayoría lograda en 2011. El PSOE es la alternativa indiscutible, Ciudadanos no despunta en las encuestas y Podemos no podría permitirse el coste de no apoyar al PSOE y permitir la reelección de Cospedal.

El expresidente habla del partido de Pablo Iglesias en pasado. “Podemos tuvo la fuerza de concitar y congregar a muchas personas que estaban enfadadas. Era un partido protesta, pero para muchos ciudadanos ha decaído”, explica. “Además de protesta, la gente quiere propuestas”.

En sus mítines nunca se olvida de un dardo para Pablo Iglesias. “Quería asaltar los cielos y que el miedo cambiase de bando”, dice entre aplausos. “Pero nosotros no queremos ni que haya bandos, ni que haya miedo”.

Bono augura un buen resultado para Podemos y Ciudadanos. “Marcarán un punto de inflexión en la vida política española”, reconoce. Sin embargo, no cree que el resultado en las municipales y autonómicas de estas dos formaciones condicione el de las generales. “Son premonitorias, pero no determinantes”.

Bono, en un alto en la llamada "carretera de la patata"

Bono, en un alto en la llamada “carretera de la patata”

Sobrio apoyo a Sánchez

Como Susana Díaz, Zapatero o José Blanco, Bono apoyó a Pedro Sánchez frente a Eduardo Madina para el liderazgo del PSOE. Hoy lo defiende con disciplina pero sin ardor. Si el PSOE no consigue teñir de rojo el mapa electoral español, no será un fracaso de Sánchez porque “no se presenta”. A los que puedan disputarle la candidatura a las primarias les recuerda la norma no escrita que dice que “los secretarios generales son los candidatos” pero siempre que “no ocurra ningún hecho que altere la normalidad”.

En Bono se adivina un cierto regusto amargo. Se resiste a ser uno de esos jarrones chinos con los que Felipe González comparaba a los ex presidentes. No aspira a ejercer como un pepito grillo, pero no niega sus incomodidades con un PSOE con el que no comparte el modelo territorial, causa de su salida del Gobierno por la negociación del Estatut de Cataluña.

Tampoco cree en la política de alianzas que ha seguido el PSOE, hábil en “pactar con quien nos ha hecho la cama”. “Con los nacionalistas en Cataluña y el País Vasco, con los comunistas en Andalucía”, lamenta. Cuestiona incluso algunas declaraciones de Susana Díaz, a la que algunos temen y él dice tener “mucho respeto”. “Dice que los pactos en Andalucía se decidirán en Andalucía. Entonces, ¿para qué queremos el partido?”, se pregunta.

En los mítines Bono despliega una sólida oratoria sin despeinar su poblada melena. Su discurso tiene tres consejos recurrentes a los candidatos socialistas.

El primero es la reivindicación de los éxitos de Castilla-La Mancha, que cuando en 1983 llegó a la presidencia no tenía buenas carreteras ni universidad pero sí “80.000 casas sin váter”. Según Bono, es el PSOE quien ha hecho avanzar a España. El segundo consejo a los candidatos es que llamen “a todas las puertas”, también las del PP. Lo ejemplifica con la anécdota de la condecoración que impuso a una monja misionera, interrumpida en un acto público por un militante del partido. “Cuidado, que ésa no es de los nuestros”, relata Bono. “Pero yo sí quiero ser de los de ellos”, respondió. El tercer consejo es evitar el dogmatismo y estar dispuesto a cambiar de opinión. “El carné no añade nada a la persona. Es al revés, la actitud es la que honra o deshonra el carné”.

Bono ya no influye en el PSOE. Ya no está en las decisiones, pero nunca se ha ido. Como muestra, la agenda de reuniones, comidas y cenas que sigue manteniendo, con periodistas, compañeros de partido o incluso líderes de otras formaciones como Podemos.

Ahora, con 64 años y casi dos tercios de su vida en activo, asegura que después del 24 de mayo se jubila de verdad para dedicarse a sus negocios y a su hija pequeña, a la que de vez en cuando recoge a la salida del colegio. Sin embargo, sigue apuntando los cumpleaños de propios y extraños, cada vez más jóvenes.

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