‘Hannibal’ o la dictadura de la audiencia

Se ha terminado, quizás para siempre, la serie sobre el doctor Lecter emitida por la NBC y AXN. Con los años quizás se rendirá culto a esta ficción sangrienta que combina profundidad psicológica con barroquismo visual…

 

HANNIBAL -- "Antipasto" Episode 301 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Brooke Palmer/NBC)

HANNIBAL -- "Antipasto" Episode 301 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Brooke Palmer/NBC)

La serie Hannibal no es apta para todos los paladares. Si no la han visto todavía y se animan, no olviden disponer cerca una palangana. Algunas imágenes pueden agredirles e inquietarles demasiado. Algunos planos y secuencias pueden generarles demasiado vértigo. Algunos sueños pueden despertarles esos demonios internos que bullen demasiado escondidos. Algunos diálogos pueden causar preguntas demasiado complejas. Algunos personajes pueden generar simpatías demasiado peligrosas. En Hannibal casi todo es demasiado. Y casi todo es posible. Pero nada, ni las demasías ni los poderes, es suficiente para acabar con esa tirana que llamamos audiencia.

Los amantes de las series de calidad están de luto. Acaba de terminar la tercera temporada de Hannibal. Todo hace indicar que nunca habrá una cuarta entrega de esta ficción sobre las andanzas del psiquiatra Hannibal Lecter que inmortalizó Anthony Hopkins en su momento. El creador de la serie, Bryan Fuller, anda empecinado para que no maten a su perturbadora criatura. Dice tener escrita la siguiente temporada cuyos capítulos serían, a su juicio, los más potentes. Ya hace algunos meses la cadena NBC, que la producía junto a AXN, anunció que no emitiría más esta ficción. El motivo era y es que sus datos de audiencia han ido menguando hasta la no sostenibilidad. En román paladino, ha habido que echar el cierre porque cada día la veía menos gente. Y esto entronca una vez más, para variar, con la permanente tensión entre la calidad de un producto audiovisual y los números del share.

Casi siempre las cifras se imponen porque esto es un negocio. Tan sencillo como obvio. Sin embargo, ¿hasta qué punto es positivo para una cadena de televisión (y para sus espectadores) dejar de emitir una ficción de enorme calidad solo porque los audímetros no responden? ¿Acaso no es mejor apostar por un producto indudablemente bueno aunque no sea tan rentable? ¿Formarían parte del imaginario colectivo algunas series hoy consideradas clásicas si sus hacedores solo se hubieran guiado por el criterio de la audiencia? ¿El arte o el dinero? Eternas dudas para las que se antoja imposible ofrecer respuestas.

La realidad, tan opresiva como el contenido de la propia serie, es que Hannibal se ha terminado. Este adiós prematuro es una lástima, pero tampoco es una tragedia, sobre todo porque los espectadores todavía pueden disfrutar de ella a través de varias vías. AXN emitirá la tercera temporada doblada al castellano el próximo octubre mediante el servicio bajo demanda de las plataformas en las que el canal está presente, como Movistar TV o Vodafone. La emisión en abierto llegará probablemente en noviembre. Y para coleccionistas, el precio en DVD no es excesivo.

¿Y qué pueden encontrar los espectadores en Hannibal? Se trata, y no es un tópico, de una serie diferente a todas las demás. La profundidad psicológica de sus personajes, todos tan inteligentes como enloquecidos, no tiene parangón. Precisamente porque esta ficción explora recovecos de la mente humana a priori vedados para el gran público. Las tres temporadas constituyen, de hecho, un complejo thriller psicológico pintado por Fuller, además, con un barroquismo inusitado. Más que adaptar, el autor reconstruye con su visión el universo esculpido en su día por Thomas Harris, autor de los libros El dragón rojo, El silencio de los corderos y Hannibal. Corta en pedazos la historia primigenia y luego la recompone a su manera, juntando las partes a su antojo, como si estuviera reinventando un plato de cocina tradicional: cambian la forma y la presentación, pero el sabor no pierde su esencia. Y lo hace mediante un conglomerado de poderosas imágenes que entremezclan los tiempos cronológico y narrativo de la historia, ambos entreverados, a su vez, con los sueños y la imaginación de los personajes.

Así, cualquier seguidor de la trilogía cinematográfica sobre Hannibal Lecter se topa con un desarrollo de la historia sorprendente. Y quien no conozca las películas -es imperdonable, pero es posible- hallará en esta serie un universo entre onírico y macabro, entre irracional y exquisito, entre repulsivo y cautivador, pero en todo caso sangriento y demencial. Una delicia visual que cuenta una historia tenebrosa con actores a la altura del desafío. Mads Mikkelsen ofrece un Lecter que poco tiene que envidiar al de Hopkins. Aunque el personaje más fascinante de esta historia es el investigador Will Graham (Hugh Dancy). La relación entre ambos, que pasa de la amistad al odio y al amor, pasando por la admiración mutua y la manipulación, es el eje central en torno al que giran todos los episodios. Laurence Fishburne, como Jack Crawford, es el otro gran pilar de la serie, aunque en algunos momentos el personaje desaparece y se difumina su papel.

La trama, y ese es el gran problema, se adentra por terrenos inverosímiles y el espectador se pregunta cómo es posible juntar en tres episodios a tanto asesino en serie capaz de las más perversas atrocidades, cómo los crímenes pueden ser tan sofisticados sin dejar huellas o cómo los investigadores aparecen como seres brillantes y obtusos al mismo tiempo. De las tres temporadas, la mejor quizás sea la segunda, que se inicia con un flasback que retorna a la pantalla en el último capítulo de la misma. La primera tal vez pierda demasiado tiempo en presentar a los personajes. Y la tercera, dividida a su vez en dos partes muy diferentes, adolece de una falta de ritmo derivada de la ambición por contar tantas y tantas cosas. Los episodios finales de las tres, pero sobre todo de la segunda y la tercera, son simplemente memorables. Hannibal se ha acabado, quizás para siempre, para disgusto de Fuller y sus seguidores. Pero no es exagerado diagnosticar que con los años será una serie de culto, como tantas y tantas ficciones que en su día no tuvieron suficiente audiencia.