“La reacción de los que ven una ópera por primera vez es muy espectacular. O la aman o la odian”. A la prostituta que Julia Roberts encarnaba en Pretty Woman todo le parecía fascinante y extraño. Era su primera vez. En el teatro donde Richard Gere le dice esas palabras se representaba La Traviata, una historia que precisamente trata la vida de una prostituta llamada Violetta.

La Traviata “es una ópera idónea para quien no esté familiarizado con este arte”, explica a EL ESPAÑOL Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real. “Quizás no la historia, pero el tema sí nos atañe a todos: la generosidad maltratada. Una mujer sacrifica su felicidad y su vida para proteger a su amante, consciente de la hipocresía de la sociedad”, explica.

Coincidiendo con el día de la ópera y la retransmisión online y en espacios abiertos de la obra maestra de Giuseppe Verdi, te ofrecemos algunos consejos para acercarte al que algunos consideran el arte más complejo y mágico que existe. Ese en el que “un tipo al que apuñalan por la espalda, en vez de sangrar, canta”, en palabras del cómico estadounidense Ed Gardner.

1.- Relájate y disfruta

Es la regla más importante. Una ópera es, esencialmente, una obra de teatro en la que los actores cantan acompañados de una orquesta. En otras palabras: una historia, con una trama y unos personajes, como una novela, una película o una serie de televisión.

Que haya que ser un experto para poder disfrutar de ópera es uno de los grandes mitos. No es cierto. Cuanto más sabes, más profundamente puedes apreciar la obra y cada detalle. Pero el argumento de muchas óperas es fácil de seguir: amor en todas sus formas, crítica social o política, fantasía… o todo a la vez.

Conocer la ópera puede ayudar a entenderla mejor y no perderse. Hay muchas maneras de prepararse. Las más sencillas son la lectura de información básica como la sinopsis de cada acto, comentarios sobre el compositor y la sociedad a la que se dirigía. Los programas o revistas de los teatros suelen ofrecer este tipo de información, disponible además en muchas páginas web. También se puede allanar el camino leyendo el libreto o escuchando los momentos más destacados en casa. En plataformas como Spotify o Youtube hay muchas óperas completas.

2.- Mejor en un teatro

La ópera es teatro. Está pensada para ser vista en directo. Además, es uno de los pocos espectáculos musicales que no utilizan micrófonos, por lo que la arquitectura y la acústica de los teatros son decisivas. El cine o la televisión tienen sus propias normas. Son distintas.

Además, la ópera es todo un acto social y se vive con otra gente. Las lágrimas por las tragedias amorosas, las carcajadas fruto de momentos cómicos (o los aplausos y los abucheos) cimentan una experiencia colectiva. Muchas óperas duran dos o tres horas (la música de Los maestros cantores de Nuremberg, de Richard Wagner, dura casi cinco horas, pero no es lo habitual), por lo que suele haber descansos. Las pausas, y lo que se haga en ellas, forman parte de una liturgia que no se puede vivir desde casa.

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Sala principal del Teatro Real de Madrid.

Pero, como decía Molière, “de todos los ruidos que se conocen del hombre, la ópera es el más caro”. Las entradas no son baratas. El precio ha hecho que la ópera haya sido un espectáculo fundamentalmente elitista y a menudo excluyente. Pero la mayoría de los teatros han puesto en marcha descuentos y estrategias para llegar a nuevos públicos.

Hoy, una buena butaca sigue sin estar al alcance de todos, aunque no cueste más que una  entrada para un partido de fútbol importante, por ejemplo. En el Teatro Real de Madrid y el Liceu de Barcelona, los precios oscilan en ocho categorías entre los 10 euros (la más barata, donde no se ve apenas el escenario), y los 213 y 187 en una función que no sea de estreno, respectivamente. Los jóvenes pueden beneficiarse de importantes descuentos.

Si no puedes ir a una función, hay más opciones. Quince teatros europeos han puesto en marcha una plataforma online para ver óperas en directo y a la carta durante seis meses después de su primera emisión. Además, cada vez más cines proyectan óperas en sus salas. En grandes ciudades han aparecido en los últimos años compañías que ofrecen producciones clásicas a precios reducidos y, obviamente, hay muchos buenos títulos en DVD.

3.- Elige bien el título

Nunca hay una segunda oportunidad para una buena primera impresión. Las temporadas de ópera de la mayoría de teatros son variadas e incluyen grandes clásicos, obras exóticas y nuevas producciones. Es fundamental empezar con buen pie, ya que los teatros están llenos de butacas vacías por la frustración de muchos principiantes. Si no te gusta la música clásica, puede que un drama de Wagner de cinco horas haga que te duermas o cree en ti un instinto asesino que desconocías. A Woody Allen le pasaba. “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”, dice en Misterioso Asesinato en Manhattan.

Es aconsejable iniciarse con un título que te interese particularmente (por el tema, por el momento histórico, por la puesta en escena) o, para ir a tiro fijo, con un clásico de eficacia probada a lo largo de la historia.

Es arriesgado hacer una lista de óperas idóneas para iniciarse. Sería demasiado subjetivo, pero aquí va una selección de recomendaciones: Mozart (Las bodas de Figaro, Don Giovanni, Così fan tutte, La flauta mágica), Puccini (Madame Butterfly, La Bohème, Tosca), Donizetti (L’elisir d’amore), Verdi (La Traviata, Rigoletto, Aída, Otello), Beethoven (Fidelio), Monteverdi (L’Orfeo) Janáček (Jenufa, Katya Kabanova), Rossini (El barbero de Sevilla) o Bizet (Carmen).

4.- ¿Qué me pongo?

En la mayoría de teatros de ópera hay ya una extraña mezcla. El atuendo de algunos espectadores compite (en elegancia o en extravagancia) con el de los actores del escenario. Al mismo tiempo, cada vez son más comunes los vaqueros, las zapatillas, los polos y las camisetas. La clave es un clásico: arreglado pero informal. Y si se trata de un gran estreno, un poco más arreglado que informal.

La creencia de que a la ópera hay que llevar ese gran vestido de noche o el traje que te pones para las bodas es un mito. Lo importante, tanto en el escenario como fuera, es no sobreactuar.

5.- El idioma de la ópera

La ópera nace en Italia. De hecho, la palabra significa obra en ese idioma. Se considera a Jacopo Peri el padre del género por sus obras Dafne y Euridice, compuestas al filo del año 1600. Desde entonces, se ha popularizado y traspasado fronteras. Hoy hay óperas en cualquier idioma, aunque los más habituales sean el italiano, el alemán y el francés.

En España se estrenó en febrero El Público, una ópera nueva y en español, basada en la obra de Federico García Lorca. Sin embargo, el género lírico por excelencia en España es la zarzuela, que contiene partes cantadas y habladas y ha sido considerado históricamente como un hermano menor de la ópera.

Para seguir las representaciones, en los teatros hay subtítulos o sobretítulos, colocados en grandes pantallas o en el respaldo de las butacas. Suelen incluir la traducción del texto que se canta al idioma local y a algún otro (como el inglés), para público extranjero.

6.- Aplaudir (o pitar) cuando toca

El público de teatros europeos es tradicionalmente exigente. Será más o menos caluroso dependiendo de la función o incluso el tipo de abono, pero hay ciertos momentos en los que lo habitual es aplaudir.

El primero es la aparición del director de orquesta, que es el máximo responsable musical de la obra. Salvo que haya alguna circunstancia especial (que sea muy famoso, que sea su última función), se trata de un aplauso de cortesía y hasta desapasionado. Al fin y al cabo, la música no ha comenzado aún. En las óperas con varios actos y pausa (la mayoría), se vuelve a aplaudir al director cuando sale de nuevo. Ahí ya hay también algo de evaluación. Si la música gusta, el aplauso suele ser más generoso.

También se puede aplaudir después de un aria o un dúo excepcional. Aquí la decisión es espontánea y colectiva entre los espectadores de la función. Suele influir más la interpretación del aria que lo famosa que sea. En otras palabras: es un premio a una actuación extraordinaria. Según el teatro y el tipo de público, estos aplausos serán más o menos frecuentes.

En caso de que el aplauso sea una ovación atronadora y prolongada, el cantante puede hacer un bis tras consultarlo con el director de la orquesta. Es poco habitual. En casi 20 años desde que se reabrió el Teatro Real, sólo dos cantantes han hecho un bis. El último, el tenor mexicano Javier Camarena por sus nueve “dos de pecho” en La hija del regimiento, que puedes ver a continuación. En cualquier caso, la ópera no es un concierto pop. Los cantantes no se van del escenario esperando a que se les pida “otra” a gritos. El bis se hace justo a continuación del aria ovacionada, que simplemente se repite antes de continuar la representación.

Al final de cada acto, sobre todo si hay pausa, se aplaude. Al final de la representación, esos aplausos pueden durar muchos minutos. Primero salen los personajes menores y después los protagonistas. A los que más gustan se les aplaude más. Al final sale también el director de la orquesta y, si se trata de un estreno, el director de escena y demás responsables del montaje, que pueden ser muy aplaudidos pero también muy abucheados. Un cantante excepcional puede recibir aplausos durante 10, 15, 20 minutos o más. No hay límite.

7.- Aria, libreto… glosario básico de la ópera

La ópera tiene su lenguaje y sus términos. Te resumimos los diez más básicos para que no te pierdas en ninguna conversación.

Actos. Partes en las que está dividida la trama, generalmente con tensión narrativa propia y un punto álgido hacia el final. Entre ellos puede haber pausas.

Aria. Pieza cantada por una sola persona y de gran carga dramática (amor, odio, tristeza). Si son dos los que la cantan, es un dúo.

Bel canto. Estilo operístico, nacido en Italia, en el que prima la voz en todo su esplendor y virtuosismo.

Cantantes. Las mujeres, de grave a agudo: contralto, mezzo soprano, soprano. Los hombres: bajo, barítono, tenor, contratenor. Hay tesituras intermedias y clasificaciones de la voz según el color (lírico, dramático, coloratura).

Falsete: técnica para alcanzar un registro más agudo del natural en el cantante (o a plena voz).

Foso. Lugar abierto en el que se coloca la orquesta, entre el patio de butacas y los cantantes, como si fuese un piso inferior al escenario. Sólo el director de la orquesta, de espaldas al público, ve tanto a los músicos como a los cantantes.

Libreto. Texto de una ópera, escrito o adaptado por un autor distinto al que firma la música.

Obertura. Pieza instrumental interpretada por la orquesta con la que se introducen algunas óperas.

Ópera bufa. Por contraposición a la ópera seria, una con tema cómico. Muy famosas en el siglo XVIII. Ejemplos, Las bodas de Figaro o El barbero de Sevilla.

Recitativo. Parte a medio camino entre el habla y el canto muy utilizada hasta el siglo XIX (a veces acompañado de un clave) para hacer que avance la acción antes de un aria (cuando avanza menos).