Esperanza tiene prisa

Vídeo: Javier Álvarez (93 metros)

Esperanza Aguirre llega tarde a una cita. Es su día con empresarios y asociaciones de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) y entra a paso ligero en el mercado de San Antón, un refrescante y elegante oasis en el barrio de Chueca. Se queda maravillada por la buena pinta de las frutas, se hace una selfie a toda velocidad con una admiradora y se pregunta: “¿Esto cuándo lo hemos subvencionado?”.

Tiene 63 años “y 35 años de experiencia”, presume. Lo que no tiene es tiempo que perder. De rivalizar con Rajoy pasó a pedirle públicamente el nombramiento como candidata a la alcaldía de Madrid. Ahora se presenta a unas elecciones que pronostican la pérdida de una mayoría absoluta que logró en 1991 José María Álvarez del Manzano y que el partido revalidó cinco veces, tres de ellas encabezado por Alberto Ruiz-Gallardón.

El PP tiene una única obsesión: resistir. La prioridad es conservar, con o sin pactos, bastiones clave frente a los vientos de cambio de ciclo. Pero Madrid es la joya de la corona y Aguirre se juega además el oxígeno para seguir respirando en la política. Dice que en la oposición se lo pasaría “bomba”. Pero perder el Ayuntamiento mutilaría su proyección nacional. De cumplir su promesa y quedarse sin bastón de mando, llegaría a las próximas elecciones con 67 años.

Bastan unos minutos con la prensa para cumplir un triple objetivo: cortejar al voto LGTB, disparar contra Ciudadanos (y “su programa Nenuco que gusta a todos”) y acusar a un medio de comunicación de “mentir, sin matices”. Aguirre ha dejado ya el mercado y se encuentra ahora con asociaciones LGTB en un hotel de diseño muy cercano. Allí atiende a los medios (muchos más que los que siguen al resto de candidatos) y pide permiso a representantes de una decena de asociaciones, que contemplan aturdidos el ruido que rodea a “la presidenta”, como la llaman muchos.

Aguirre, en el mercado de San Antón (Flickr: PP)

Dardos contra Carmena

Unos días después, sus dardos se dirigen contra la candidata de Ahora Madrid, Manuela Carmena, por un conflicto laboral en la empresa de su marido. O contra el líder de Podemos, Pablo Iglesias, al que acusa de “machismo” por llamarla “condesa consorte“. En su partido también reciben algún aguijonazo. Como cuando describió la incapacidad de Juanma Moreno, el candidato del PP en Andalucía, para superar el “estigma de haber sido designado a dedo”.

Aguirre reconoce en un programa de televisión que “alguno habrá” en el PP que la quiera “fusilar al amanecer”. Presume de ser la única entre los candidatos a la alcaldía que se presenta “sin disfraz”.

Esperanza Aguirre es sexagenaria y libre.

Es la única aspirante a la alcaldía de Madrid que no aceptó que las cámaras de EL ESPAÑOL la siguieran durante una jornada completa. El vídeo que acompaña a este artículo se grabó durante menos de tres horas que incluyeron dos reuniones a puerta cerrada y una entrevista de cinco minutos. En su equipo argumentan que con su jefa el tiempo rinde más. Además, confiesan con ironía, la candidata no sobreviviría un seguimiento durante un día entero.

Entre las promesas electorales de Aguirre, se cuentan la bajada de todos los impuestos “en la medida de lo posible” (en especial, del IBI o el de plusvalía), la reducción de la burocracia, una mayor transparencia del gasto público o la descentralización de las decisiones en favor de los barrios. Pero también hay otras, que son las que obligan a sus adversarios a reaccionar y marcan el tono de la campaña, una de las especialidades de Aguirre. Entre ellas están dejar de usar como sede el palacio de Cibeles, reformado tras una gran inversión por Gallardón, para volver a la plaza de la Villa, o acabar con la presencia de mendigos en el centro de la capital.

Aguirre en un mitin.

Aguirre en un mitin.

Si el PP gobierna, dice Aguirre, Madrid será “todavía más abierto, más próspero, más libre, más solidario, más limpio y más verde”.

Sólo habla de corrupción si le preguntan. Como ocurre todos los días, la candidata presume de ser implacable, exhibiendo ceses fulminantes que no ocultan su principal flaqueza: su cercanía y amparo de numerosos imputados o hasta encarcelados, como su número dos en el partido, Francisco Granados, que llegó a acumular tres carteras en el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Como le gusta decir a la candidata, ella sobrevive a casi cualquier cosa. A un accidente de helicóptero con Mariano Rajoy, a un atentado en Bombay y hasta a un cáncer.

A las próximas elecciones espera sobrevivir con un pacto. Con Ciudadanos reconoce que tiene muchos puntos de encuentro aunque el partido de Albert Rivera haya elaborado un programa electoral que le parece “socialdemócrata”.

“En tanto que liberal, estoy abierta a todo”, avanza sobre lo que ocurrirá después de la cita electoral.

Más en ‘La batalla por Madrid’: