En el feudo de ‘Paco Placas’

inauguracion feria agricola 2 bt

Con apenas 3.000 habitantes, Vall d’Alba tiene una piscina climatizada, una ermita, dos casas rurales, una plaza de toros y un bulevar. Todo se construyó con dinero público gracias a las conexiones del alcalde Francisco Martínez, mano derecha de Carlos Fabra en la Diputación de Castellón. 

inauguracion feria agricola 3 bt

Con apenas 3.000 habitantes, Vall d’Alba tiene una piscina climatizada, una ermita, dos casas rurales, una plaza de toros y un bulevar. Todo se construyó con dinero público por las conexiones del alcalde Francisco Martínez, mano derecha de Carlos Fabra en la Diputación de Castellón. El municipio es un reflejo de los peores problemas de la Comunidad Valenciana.


Doblan la esquina tres reinas de las fiestas, dos guardias civiles tocados con el tricornio de gala y una banda de música que interpreta un pasodoble. En medio de la comitiva está el alcalde, Francisco Martínez, que se aproxima con el cortejo a una cinta que alguien ha tendido de lado a lado de la avenida. Al fondo, completa la escena una exposición de tractores relucientes. Todos sonríen y cortan la cinta. Queda inaugurada la feria agrícola.

La escena ocurre el 17 de abril en Vall d’Alba: un pueblo de 3.000 habitantes a 28 kilómetros de Castellón de la Plana. El alcalde Martínez gobierna desde 1991 y este año no se presenta a la reelección. Fue elegido en las listas del PP y puede presumir de haber inaugurado muchas más infraestructuras que sus colegas de los alrededores.

Destaca una plaza de toros tan grande que caben dos tercios de los habitantes del municipio. Pero hay muchas cosas más. Casi todas construidas con fondos aportados por administraciones gobernadas por su partido: la Generalitat valenciana y la Diputación de Castellón.

La oposición socialista acusa al alcalde de conseguir ese trato de favor gracias a su influencia política: durante dos décadas fue vicepresidente de la institución provincial y mano derecha de su presidente, Carlos Fabra, encarcelado desde diciembre por fraude fiscal.

El PSOE local acusa también al alcalde Martínez de un incremento sospechoso de su patrimonio, de prácticas clientelares para ganar votos y de construir infraestructuras imposibles de mantener. A las críticas de sus rivales políticos se suman sus problemas con la Justicia. El mismo día en que se inaugura la feria agrícola, la Audiencia Provincial confirma que el regidor y sus dos hijos serán juzgados por tráfico de influencias, fraude, negociaciones prohibidas y prevaricación.

19 inmuebles

La investigación comenzó tras una denuncia del partido Compromís, que acusó a Martínez de ser el dueño de los terrenos en los que se iba a construir la depuradora de un pueblo cercano: Borriol. Sus tierras iban a ser expropiadas en condiciones muy ventajosas. El alcalde iba a cobrar “casi seis veces más” de lo que se suele cobrar en otras expropiaciones, según Silverio Tena, portavoz local de Compromís.

No es el único problema judicial del alcalde Martínez. El PSOE local ha facilitado a la fiscalía información sobre un sospechoso aumento de su patrimonio en sus años como regidor. El portavoz socialista, Fernando Grande, afirma que sólo en Vall d’Alba tiene a su nombre 19 inmuebles y un millón de metros cuadrados en fincas rústicas y urbanas. “Entre ellos”, explica Grande, “al menos 80.000 metros cuadrados en el polígono donde está previsto construir un complejo de golf”. El alcalde los adquirió antes de su recalificación.


Todas las cifras de Vall d’Alba


Como consecuencia de su procesamiento, Martínez fue destituido hace un año de su puesto en la Diputación de Castellón. El presidente, Javier Moliner, quería sacudirse la imagen de corrupción que le dejó en herencia su antecesor, Carlos Fabra, cuyo mandato estuvo marcado por el nepotismo y la inauguración de un aeropuerto que todavía hoy sigue sin vuelos regulares pero conserva una estatua gigante inspirada en su figura.

Moliner ha anunciado una apuesta por la transparencia para mejorar la imagen de la institución. Pero su servicio de prensa no ha respondido a ninguna de las preguntas que le he formulado sobre el trato de favor a los municipios del PP durante los últimos 20 años. La institución tampoco ha explicado qué criterios se usaron para elegir a Vall d’Alba como destinatario de un gran número de inversiones. Los responsables del ayuntamiento tampoco han querido responder.

En el altar mayor

En Vall d’Alba nadie niega que la gestión de Martínez ha beneficiado al municipio, que concentra la mayoría de las instalaciones y servicios de la zona. Tal fue el frenesí inaugurador del alcalde durante dos décadas que le llamaban Paco Placas. El apodo hace referencia a decenas de placas conmemorativas que llenan el pueblo. Están en el interior de las rotondas, en las calles, en las paredes de las obras y en pequeños monolitos a las afueras. Conmemoran la construcción de infraestructuras, pero también otros actos cotidianos de la gestión municipal.

En casi todas las inscripciones se puede leer el nombre de Carlos Fabra y en todas el del alcalde. Su rostro está en todas partes. También en la inmensa mayoría de las fotografías del boletín informativo que edita el Ayuntamiento: con los jubilados, con los jóvenes, con los tractores, con los deportistas, con otros políticos, en la romería…

El cuadro que preside el altar mayor.
El cuadro que preside el altar mayor.

El culto a la imagen del alcalde llegó a su cénit con la construcción de una ermita en una ladera de la localidad. El templo está consagrado a San Cristóbal. Pero el altar mayor sólo tiene un cuadro con varias personas en una procesión. En el centro del lienzo se reconocen claramente los rasgos del alcalde en un señor moreno y con bigote que mira al espectador.

Toros, sauna y palmeras

La ermita es una de las obras que impulsó Martínez. También inventó una romería anual para darle uso. Durante su mandato se construyeron también la plaza de toros, dos hoteles rurales con sus respectivas piscinas, un albergue juvenil, varias pistas de pádel y un gimnasio. Todo de titularidad pública.

El pueblo alberga el centro de salud de referencia de la comarca y una piscina climatizada que está casi terminada y que incluirá una sauna y varias pistas de tenis. También tiene un instituto de educación secundaria a pesar de que el pueblo vecino tiene otro y lo iguala en población.

El municipio fue el elegido para albergar una de las cinco comisarías de la policía autonómica que hay en toda la Comunidad Valenciana. Es la única situada en una localidad pequeña: las otras cuatro están en las grandes ciudades de la región.

La localidad tiene también una planta de tratamiento de estiércol y un polígono industrial de 2,5 millones de metros cuadrados, dos casas de la cultura de varias plantas cada una y un museo etnológico. Además, hay un bulevar cuajado de palmeras que empieza en la plaza de toros y termina enfrente de la puerta de la casa del alcalde.

dipcas (3)

El problema es que las obras son imposibles de mantener. La planta y el albergue están cerrados. Gran parte del polígono industrial está sin edificar. El museo y uno de los centros culturales sólo abren algunos días al año. La piscina climatizada lleva cinco años en construcción.

La oposición critica el sobrecoste en las obras. Pero sobre todo teme el momento en el que se abrirán. “Todo esto va a ser una hipoteca para el próximo gobierno local sea del signo que sea”, dice el socialista Grande. ” No lo podremos mantener”.

Elegido por aclamación

“Yo no tengo queja. Mis hijos no tienen que salir de Vall d’Alba para ir al instituto ni al médico. Puedes ir a preguntar a los pueblos de al lado. Ellos sí que querrían que nuestro alcalde les hubiera tocado a ellos”. Lo dice la propietaria de un bar desde el otro lado de la barra. No quiere decir su nombre. También prefiere no darlo un ciudadano de origen rumano que lleva 14 años viviendo en el municipio: “¿Corrupción? No es mi asunto. Yo sé que el alcalde se ha portado muy bien con los extranjeros. Cuando no tenemos trabajo, nos lo busca”.

Son dos ejemplos del apoyo que el regidor recibe de sus vecinos, que le votan en masa desde hace dos décadas. En los comicios de 2011, logró el 71% de los votos. Un porcentaje mucho mayor del que el PP sacaba en los pueblos cercanos y en toda la provincia de Castellón.

La oposición asegura que Martínez compró el apoyo de sus vecinos convirtiendo su pueblo en un receptor privilegiado de obras y servicios. El diagnóstico lo comparten los dirigentes de los pueblos cercanos. El regidor de uno de ellos, miembro también del PP, lo resume así: “Ha sido buen alcalde para su localidad. Pero a los pueblos de alrededor nos tenía que haber pasado más ayudas. Por estar donde estaba, tenía información privilegiada y acceso a directores generales. A mí también me hubiera gustado tener todo eso”.

Un alcalde en 20 placas

gallery

WcMgcq

La socialista María Teresa Sidro, que fue alcaldesa de otro pueblo cercano en los años 90, resume el funcionamiento de la política comarcal: “Martínez tenía poder y los demás pueblos, a callar, gobernara quien gobernara”.

El trato de favor a Vall d’Alba es el ejemplo más llamativo de un fenómeno más amplio. Según el PSOE, los municipios gobernados por el PP recibieron el 95% de los fondos disponibles en partidas extraordinarias otorgadas por la Diputación. En las partidas ordinarias no es posible la discriminación porque la ley obliga a repartirlos según unos criterios objetivos.

Al preguntar por esta cifra, la Diputación ni la confirma ni la desmiente. El PP gobierna en un 74% de los municipios de la provincia de Castellón.

La resaca

El alcalde Martínez forma parte de un elenco de políticos que gestionaron la Comunidad Valenciana a base de grandes obras entre finales de los años 90 y principios de esta década.

Mientras el alcalde de Vall d’Alba construía su plaza de toros, Francisco Camps gastaba en infraestructuras y grandes eventos un mínimo de 2.600 millones de euros, según un cálculo de la Sindicatura de Comptes, el tribunal de cuentas autonómico.

Muchos escándalos han estallado en la Comunidad Valenciana en los últimos años. El más mediático es el caso Gürtel pero hay más.

En Alicante, el caso Brugal implicó a la entonces alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo. En Castellón, Carlos Fabra protagonizó titulares durante varios años. El escándalo más reciente afecta a Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia, que ha sido suspendido de militancia al hacerse públicas unas grabaciones en las que se le escucha contando billetes o burlándose de sus propios votantes por haber creído sus promesas electorales.

Los desafíos

Alberto Fabra, actual presidente autonómico, ha renegado de la gestión de su predecesor y ha eliminado a casi todos los imputados del grupo popular en las Cortes valencianas. Su mayor problema, sin embargo, es la gestión de la deuda y la crisis económica. La Generalitat debe una cantidad equivalente al 37,6% de su PIB. Un porcentaje que la convierte en el territorio más endeudado de España.

El Gobierno regional asegura que las causas principales de la deuda son la crisis y la injusta financiación autonómica. Este último factor ha generado el 88% de la cantidad total, según los cálculos del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), un órgano que depende de la Generalitat.

La oposición socialista no comparte ese diagnóstico. Indica que los años de expansión económica fueron una oportunidad para reducir la deuda y que los gobiernos del PP hicieron justo lo contrario.

El dinero fácil de la burbuja tampoco sirvió para igualar la calidad de vida de los valencianos al resto de los españoles. El gasto por habitante en servicios públicos no llegó a la media nacional ni siquiera en los años de esplendor como se puede observar en este informe del IVIE.

La deuda, la economía y la corrupción serán los grandes retos del próximo Gobierno autonómico. Unos retos que Carlos Fabra mirará desde la cárcel, Francisco Camps desde su retiro de la política y el alcalde Martínez, quizá desde el banquillo. A los valldalbenses, al menos, siempre les quedarán la plaza de toros, la piscina climatizada, la ermita, la sauna y el bulevar.