El precio de enfrentarse a EEUU

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La abogada Jesselyn Radack trabajó en el Departamento de Justicia entre 1995 y 2002. Su vida cambió en 2001 cuando reveló que el Gobierno de EEUU había encubierto aspectos claves en el juicio contra el llamado talibán americano. Desde entonces, el FBI la puso en su punto de mira. Ahora es una de las abogadas de Edward Snowden.

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Jesselyn Radack siempre soñó con trabajar para el Gobierno de su país. Sin embargo no podía imaginar que el sueño acabaría convirtiéndose en pesadilla.  La abogada, entre cuyos clientes actuales se encuentra Edward Snowden, se graduó por la Universidad de Brown y también por la prestigiosa Yale Law School, y de 1995 a 2002 trabajó para el Departamento de Justicia de Estados Unidos. En 2001, su vida cambió para siempre cuando el FBI contactó con ella para hablar del caso de John Walker Lindh, un ciudadano estadounidense que había sido hecho prisionero luchando con los talibanes en Afganistán.

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Según explica Radack en su página web, la agencia de investigación estadounidense quería interrogar al llamado talibán americano como si fuese un militar de una nación enemiga. Radack contestó que ningún interrogatorio podría tener validez sin la presencia del abogado del acusado, James Brosnahan. Sin embargo, el FBI no solo llevó a cabo el interrogatorio sin este requerimiento, sino que una vez abierto el juicio el Departamento de Justicia ocultó la existencia de Brosnahan y negó que Lindh hubiese tenido abogado.

“Para mí esa fue la línea roja”, explica Radack. “La agencia que se supone que tiene que defender la ley no estaba siguiendo las reglas. ¡Estamos hablando de la vida de un hombre! No sentía una simpatía particular por el acusado, pero nadie debería ser condenado a muerte porque el Gobierno esté ocultando información”.

“Los peores años de mi vida”

Radack tomó una decisión. Dimitió del Departamento de Justicia y mandó toda la información que demostraba la existencia de Brosnahan a la revista Newsweek. Esta historia llegó a los titulares, y unos meses más tarde el Departamento de Justicia retiró los cargos por terrorismo. Lindh fue condenado a 20 años de cárcel por cargos más leves.

“A partir de ahí comenzaron los peores años de mi vida”, dice la abogada con un toque de amargura en su voz. “El gobierno inició una investigación criminal y me incluyó en la lista de sospechosos que no pueden volar ni dentro ni fuera de Estados Unidos. También llamaron a mi nuevo lugar de trabajo para decirles que habían contratado a una criminal”.

La salud de la abogada también se vio resentida por esta “campaña de intimidación”. “Nunca sabré con seguridad si está relacionado, pero la noche en que me dijeron que iba a ser arrestada sufrí un aborto involuntario”, dice Radack. “Fueron unos años horribles, pero la reacción completamente desmesurada del gobierno de EEUU fue lo que me inspiró a dedicar el resto de mi vida a defender a whistleblowers (personas que denuncian irregularidades relacionadas con la banca, el sector corporativo o el propio Gobierno federal)”.

Al final, todos los cargos contra Radack fueron retirados y la abogada comenzó a trabajar para The Government Accountability Project, la fundación defensora de whistleblowers más importante de Estados Unidos. Esta organización defiende a whistleblowers de todo tipo. Radack se ocupa de defender a los whistleblowers que denuncian casos relacionados con la seguridad nacional.

“Es un trabajo titánico”, reconoce la abogada de Snowden. “¡Estamos enfrentándonos al Gobierno de Estados Unidos! Somos David contra Goliat”.

¿Qué es el ‘Espionage Act’?

Muchos de los clientes de Radack son mundialmente conocidos. Por ejemplo John Kiriakou, ex director de operaciones antiterroristas de la CIA cuya historia contó el ‘New Yorker’ aquí. “John fue el primer agente de la CIA que reveló que el gobierno estaba llevando a cabo un programa de tortura oficial”, explica la abogada. “John se negó a que le entrenasen en este programa y comenzó a hacer entrevistas denunciando estos métodos. La CIA no paraba de presentar denuncias contra él, hasta que finalmente el Departamento de Justicia decidió actuar”.

Kirakou fue acusado bajo el Espionage Act, una ley que Radack califica como “draconiana”. “El Espionage Act es una ley anticuada de la época de la primera guerra mundial. Fue creada para perseguir a espías, no a whistleblowers”. Bajo esta ley, Kirakou se enfrentaba a décadas en prisión. Al final, Radack consiguió que el gobierno retirase los cargos de espionaje y Kirakou se declaró culpable por un delito menor, por el que fue condenado a dos años y medio de cárcel. “Tenía niños pequeños y no quería arriesgarse a pasar el resto de su vida en prisión”, dice Radack. El ex agente de la CIA ya está en libertad.

Thomas Drake, otro de los clientes de Radack, fue acusado bajo el Espionage Act. Su caso es especialmente interesante. Drake trabajaba para la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) cuando empezó a notar irregularidades en las operaciones de la agencia. “Tom acudió a sus superiores para denunciar estos abusos. No solo no sirvió para nada, sino que terminó siendo acusado de espionaje”, dice Radack. La defensa de Drake consiguió que se retirasen estos cargos gracias al apoyo de la opinión pública.

“El caso de Tom es la razón por la que pongo los ojos en blanco cuando la gente me dice que Snowden debería haber denunciado los programas de vigilancia del gobierno a sus superiores en vez de acudir a los medios”, afirma la defensora de whistleblowers.

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“A Snowden le encantaría volver a EEUU”

Por supuesto, el cliente más famoso de Radack es Edward Snowden, el consultor tecnológico que saltó a la fama en 2013 al hacer pública la existencia de programas de vigilancia masiva a nivel mundial.

Radack se muestra cautelosa a la hora de hablar sobre su cliente más conocido. Por ejemplo, se niega a discutir los métodos que utiliza para comunicarse con Snowden, quien se encuentra ahora en Rusia. “Sólo puedo decirte que utilizamos comunicaciones encriptadas”, me dice. Radack es una de los dos abogados que Snowden tiene en Estados Unidos. El otro es Ben Wizner, que trabaja en la American Civil Liberties Union.

¿Y cómo es Snowden? “Es una persona humilde y muy brillante. Es gracioso y sociable y es muy fácil llevarse bien con él. También se muestra muy tranquilo ante la situación tan peligrosa en la que se encuentra”, explica su abogada. “Es estadounidense y además está orgulloso de serlo. A él le encantaría volver a Estados Unidos. Sin embargo, dudo mucho que esto sea posible en un futuro próximo”.

Radack añade que bajo el Espionage Act, base sobre la que se acusa a Snowden, el whistleblower no podría ser juzgado de manera justa e imparcial en Estados Unidos. “Esta norma no diferencia entre revelar información clasificada a un gobierno extranjero con fines de lucro y revelar información clasificada por el beneficio del público”, explica la abogada. “A menos que Snowden pueda tener un juicio justo no va a volver a Estados Unidos”.

La abogada de Snowden se muestra muy crítica con la administración de Obama, y afirma que bajo el gobierno del premio nobel de la paz el tratamiento a los whistleblowers ha empeorado considerablemente.

“Cuando yo denuncié el caso del talibán americano durante el Gobierno de Bush, la situación para los whistleblowers no era fácil, pero por lo menos nunca fui acusada de espionaje”, dice Radack. “Durante el Gobierno de Obama, once personas han sido procesadas por espionaje. Todos ellos han revelado información que el gobierno no quería que se supiera sobre programas de tortura, vigilancia masiva…  El Gobierno de Obama ha declarado la guerra a los whistleblowers“.

La abogada también critica la legislación estadounidense por no proteger lo suficiente a estos denunciantes.

“El Whistleblower Protection Act afirma que el gobierno no puede tomar represalias contra un empleado que revela casos de fraude, abuso, comportamiento ilegal o comportamiento peligroso a la seguridad pública”, explica Radack. “El problema es que no tenemos fuerza suficiente, y cuando el gobierno decide ir a por ti no hay nada que puedas hacer”.

“Querían intimidarme y asustarme”

Sin embargo, no sólo los whistleblowers sufren las consecuencias de estar en el lado opuesto del gobierno.

“Nadie te entrena para esto en la Facultad de Derecho”, dice la abogada. “Es una locura, pero me comporto como si fuese una narcotraficante. Utilizo teléfonos desechables, siempre pago en efectivo….  Necesito usar estas tácticas porque tengo que asumir que el gobierno me está escuchando”.

En Febrero de 2014, Radack fue detenida en el aeropuerto de Heathrow de Londres, donde había volado para visitar a su amigo y compañero profesional Julian Assange. “Me hicieron preguntas sobre Assange, mis clientes, Snowden… Fue una violación total del secreto profesional entre abogado y cliente. Querían intimidarme y asustarme”.

Sin embargo, Radack insiste en que su situación no es comparable a la de sus clientes: “Sea cual sea el riesgo en el que me encuentre, mis clientes están en muchísimo más peligro. Personas que trabajan para el Gobierno han dicho públicamente que les gustaría colgar a Snowden de un árbol. Muchos de mis clientes tienen depresión, algunos tienen pensamientos suicidas. La presión que sufren es inimaginable”.