‘Default’, Grexit y un cortafuegos para España, Portugal e Italia

10167498536_d1510e5932_k

Grecia afronta una vez más sus días más difíciles, otra vez. Ocurre desde que hace cinco años estallara la crisis de deuda soberana en Europa. Su economía no soporta la estructura de gasto público creada en los tiempos de bonanza. Pero lo peor para los griegos parece estar por venir.

10167498536_d1510e5932_k

Grecia afronta una vez más sus días más difíciles. Ocurre de nuevo desde que hace cinco años estallara la crisis de deuda soberana en Europa. Su economía no soporta la estructura de gasto público creada en los tiempos de bonanza. Pero lo peor para los griegos parece estar por venir. Las posiciones negociadoras del Gobierno Tsipras y la troika europea se repelen como imanes desde hace semanas. El recorte de las pensiones públicas griegas o una subida del IVA son los puntos del desencuentro que han desenterrado el temido default -impago de parte o la totalidad deuda-. Si no hay acuerdo, Grecia dejará de recibir 7.200 millones de euros por parte de las autoridades europeas, cantidad fundamental para que el país pueda ponerse al día con sus obligaciones. El asunto ya está sobre la mesa de negociación de todos los europeos.

Será el 30 junio, fecha en la que Grecia debe afrontar la devolución de varios préstamos al Fondo Monetario Internacional (FMI) por valor de 1.600 millones de euros. Pero también ese día, el Estado tiene que transferir pagos públicos (nóminas y pensiones a los propios griegos) por otros 2.500 millones de euros, según estimaciones de los analistas del banco RBS. Sin lo uno, no habrá lo otro. El evento puede causar un accidente financiero de grandes dimensiones. Son cifras pequeñas comparadas con los 320.000 millones (180% del PIB) que suma la deuda pública griega, pero suficientes -en caso de impago- como para llevarse por delante a la economía griega y a su sistema financiero.

Riesgo de corralito

Los principales bancos helenos están en modo pánico desde el lunes. Cada día que pasa se hace más visible la salida de depósitos con cifras que oscilan entre 500 y 1.000 millones de euros diarios, según datos de Reuters y la prensa griega. En abril la cifra global de depósitos se redujo un 3,9% mensual, hasta 133.000 millones. Es el último dato oficial del Banco Central de Grecia. Desde que Syriza (Alexis Tsipras) ganó las elecciones a finales de 2014, la fuga supera los 30.000 millones. Supone cerca del 20% de la base de capital que todavía queda en los bancos griegos.

La escapada de dinero se ha acelerado ante la posibilidad de que se impongan controles de capital este fin de semana. Sin depósitos, lógicamente no hay crédito, ni hay solvencia. El Banco Central Europeo (BCE) que dirige Mario Draghi es la última bombona de oxígeno que mantiene a la banca griega con una línea de liquidez de emergencia (ELA) que alcanza los 83.000 millones. Esa asistencia permite que los depositantes puedan todavía sacar su dinero o traspasarlo a otro banco. Pero eso cambiará por completo con un control de capital -restricciones en transferencias o de retirada de efectivos en cajeros- previo a un potencial default.

Pese a todo, los grandes fondos de inversión y una mayoría de economistas todavía confían en una salvación para Grecia, bajo la tesis de un acuerdo de última hora que evite su entrada en default el próximo 30 de junio. No obstante, puede que no sea definitivo. Grecia puede mantenerse a flote hasta una segunda fecha (20 de julio) cuando vence -y hay que devolver- otro tramo de ayuda por parte del eurosistema de 3.500 millones. Solo entonces será técnicamente oficial el impago y la quiebra de las obligaciones griegas. Será en ese momento cuando se abra la caja de los truenos: la posible salida de Grecia del euro y todas sus previsibles consecuencias para el país como un colapso comercial, carestía de productos importados o la pérdida de ahorros. Pero sus efectos serán importantes para otros países en posición vulnerable de la zona euro. España e Italia entrarán en el disparadero.

El recuerdo de Lehman

En la noche del 14 al 15 de septiembre de 2008 cayeron a la vez dos grandes bancos de inversión de Wall Street. Uno de sobra conocido (Lehman Brothers) y otro que no trascendió como quiebra, sino como rescate. Fue Merrill Lynch, vendido a Bank of America a cambio de importantes saneamientos El Tesoro y el banco central Fed de EEUU y Bank of America) levantó esa noche un cortafuegos financiero para proteger al resto de entidades. Aquello se tradujo en amplias líneas de liquidez, la creación de un fondo de rescate o cambios inmediatos de la legislación para permitir que Morgan Stanley o Goldman Sachs pudiesen captar depósitos. Lehman provocó un terremoto bancario en todo el mundo y una gran recesión que aún colea en forma de crisis de deuda pública y paro masivo en Europa.

Pero la caída de Lehman permitió sobrevivir al resto del sistema. Su perímetro financiero ascendía a más de 600.000 millones de dólares con ramificaciones por todo el mundo, tanto en entidades públicas como privadas. Salvando las distancias (uno era un banco privado y el otro es un estado), el pasivo de Grecia es poco más de la mitad, pero los acreedores se concentran en Europa y en las entidades supranacionales como el Banco Central Europeo (BCE), Banco Europeo de Inversiones (BEI), MEDE (fondo de rescate) y el FMI. Un tercio sigue en manos 100% privadas.

El impacto de una quiebra total parece contenido aquí. Europa y sus contribuyentes serán quienes vuelvan a pagar. La presidenta de la Fed de EEUU, Janet Yellen, aseguró ayer que su país tiene una limitada exposición a Grecia, pero es previsible que pueda provocar grandes turbulencias en los mercados y, por tanto, afecte también a EEUU. Dos tercios de la deuda griega (320.000 millones) está en manos de acreedores públicos y supranacionales como son el resto de países miembros, el MEDE (fondo de rescate), el BCE y el FMI.

Cortafuegos financiero

La primas de riesgo española -diferencia entre la rentabilidad de su deuda frente a la de Alemania- está disparada en los últimas semanas. Desde marzo, el indicador se ha elevado más del 60%, hasta los 160 puntos. Lo mismo ha sucedido con la prima italiana, que se mueve al unísono la española. El efecto griego es indiscutible, aunque se ha acelerado tras las elecciones del 24M con la llegada al poder en grandes municipios (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza…) de partidos en sintonía con la tesis de Syriza, el partido en el Gobierno de Atenas.

Un salida de Grecia debe estar acompañada de una reacción por parte de la Eurozona para proteger a otros miembros como España, que viene de ver su prima de riesgo por encima de los 600 puntos a finales de 2012 y lleva dos años observando cómo se reduce a niveles asumibles: de 400 a 230 (en 2013) y de 230 a 120 (en 2014). Este diferencial no solo marca el pago de los intereses de la deuda, sino también la capacidad de emisión y el apetito inversor por las nuevas emisiones. Países como España no pueden permitirse una prima desorbitada, sobre todo, porque la deuda pública es mucho mayor. Desde 2011 (69% del PIB o 700.000 millones) se ha pasado al 98% o más de 1 Billón de euros en el arranque de 2015. Por mucho que los tipos de interés en zona cero gracias al BCE, la prima de riesgo país marcará un sobrecoste insalvable para la financiación de la mayoría de empresas. También será un sobreesfuerzo adicional para las finanzas públicas, que ya paga en promedio, un 3,4% por el total de su deuda viva. Son más de 35.000 millones de euros anuales solo en intereses.

Foto: GUE/NGL (Flickr)