Cinco claves de por qué Tsipras se rinde ante los acreedores… y quizá no sea suficiente

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Los ministros de Economía de la eurozona evalúan este sábado el nuevo plan de Tsipras, que asciende a 13.000 millones de euros en tres años. Decidirán si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate que frene la salida de Grecia del euro (‘Grexit’). En realidad, el documento está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio, que este rechazo y que provocó el referéndum del pasado fin de semana

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Los ministros de Economía de la eurozona celebran este sábado una nueva reunión de emergencia con el fin de evaluar el nuevo plan de ajustes presentado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, que asciende a alrededor de 13.000 millones de euros en tres años, según las primeras estimaciones. Deben decidir si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate para Atenas y frenar así su salida del euro (‘Grexit’).

En realidad, el documento remitido por el Gobierno de izquierda radical de Syriza está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio. Una oferta que el primer ministro tachó de humillante y sometió a referéndum pidiendo el ‘no’, que ganó con un 61% de los votos. Ahora Tsipras ignora el resultado de la consulta, capitula y acepta las medidas de austeridad que antes rechazaba.

 

La marcha atrás de Atenas ha aumentado el optimismo sobre las posibilidades de acuerdo en las próximas horas. Pero el Eurogrupo, en particular los países más duros, podría pedir todavía más recortes por el fuerte deterioro económico causado por el cierre de bancos y el corralito y porque Grecia pide ahora 53.500 millones de dinero nuevo.

 

1. En el IVA, Grecia acepta subidas para restaurantes y acabar con el descuento para las islas.

 

En su plan, Atenas se compromete a aumentar sus ingresos por IVA en un 1% del PIB al año, tal y como le pedía la troika. Las nuevas propuestas aceptan que el tipo normal del IVA se fije en el 23%, lo que supone una subida para los restaurantes, que ahora pagan un 13%, o para los alimentos procesados. Habrá un tipo reducido del 13% que se aplicará a alimentos básicos, agua, energía y hoteles (una demanda griega que la troika ya había aceptado) y otro superreducido para medicamentos, libros y teatro.

 

Grecia ha hecho también concesiones en el descuento del 30% que se aplica al IVA en las islas, que se resistía a eliminar por su posible impacto en el turismo. Ahora acepta suprimir progresivamente esta rebaja para finales de 2016, aunque todavía pide que se mantenga para “las islas más remotas”, una excepción que podrían cuestionar los acreedores.

 

2. En pensiones, Atenas sube la edad de jubilación y suprime los complementos para las más bajas

 

También en las pensiones, otra de las líneas rojas para el Gobierno de Syriza, Tsipras realizará finalmente un recorte del gasto de hasta el 0,5% del PIB este año y del 1% a partir de 2016. Atenas se pliega a todas las demandas de los acreedores, aunque pide algo más tiempo para ponerlas en marcha. La edad de jubilación se aumentará progresivamente de 65 a 67 años de aquí a 2022 o a los 62 años para los que hayan cotizado 40 años. Aunque hasta ahora se había resistido ferozmente a suprimir el complemento para las pensiones más bajas (conocido como EKAS), el Gobierno acepta ahora eliminarlo gradualmente de aquí a 2019.

 

El impuesto de sociedades aumentará del 26% al 28%, como querían los acreedores, en lugar de al 29% como había propuesto Tsipras. El Gobierno griego renuncia además a subir las cotizaciones sociales o a aplicar un impuesto extraordinario a los beneficios empresariales superiores a medio millón de euros, medidas que habían disgustado a la troika. No obstante, Atenas sigue resistiéndose a recortar el gasto en defensa. Defiende una reducción de 100 millones de euros este año y 200 millones en 2016, frente a los 400 millones que reclaman los acreedores.

 

3. El Gobierno griego acepta además pedir el tercer rescate

 

A cambio de estos ajustes, el Gobierno de Atenas pide a sus socios de la UE un nuevo rescate por valor de 53.500 millones de euros, a sumar a los dos anteriores que ya totalizan 240.000 millones, para cubrir sus vencimientos de deuda de aquí a 2018. El Gobierno de Syriza -y en particular el ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis- sostenía que nunca aceptaría un nuevo rescate para pagar la deuda que implicara un nuevo memorándum con condiciones y con la tutela de la troika.

 

Sin embargo, la decisión de convocar el referéndum y el cierre de los bancos y el corralito vigentes desde el 29 de junio han provocado tal daño en la economía (que podría contraerse un 3% este año, en lugar del crecimiento del 0,5% previsto hasta ahora), que Grecia necesitará más ajustes y más dinero. De hecho, ya circulan cálculos que elevan el precio del tercer rescate a entre 70.000 y 80.000 millones de euros. Una elevada factura que costará asumir en los países del euro por la total desconfianza que existe además hacia el Gobierno de Syriza.

 

4. Atenas no ha obtenido todavía ningún compromiso adicional de alivio de deuda

 

En el texto de sus propuestas remitido al Parlamento griego, el Gobierno pide de nuevo una solución para el problema de su elevada deuda pública, que se sitúa ya en alrededor del 177% del PIB. El alivio de la deuda ha sido la principal reivindicación del Gobierno de Syriza desde su llegada al poder en enero, y cuenta ya con el apoyo expreso de Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Gobierno de Estados Unidos. Incluso el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dicho que si Atenas presenta un plan creíble, los acreedores deben responder con “medidas relativas a la sostenibilidad de la deuda”.

 

Gracias a ello, la deuda griega ha vuelto al centro de debate, lo que podría facilitar al Gobierno de Syriza la venta de sus recortes a la opinión pública griega pese al ‘no’ en el referéndum. Sin embargo, parece improbable que los acreedores vayan a ofrecer otra cosa que no sea el alargamiento de los plazos para pagar o la reducción de los tipos de interés. Tanto la canciller alemana, Angela Merkel, como su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, han repetido en las últimas horas que no habrá una quita a la deuda helena –es decir, una reducción en su valor nominal, que obligaría a los acreedores a asumir pérdidas- y que el margen para extender los vencimientos es ya muy limitado.

 

De hecho, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ya ofrecieron hace unas semanas a Tsipras “medidas en materia de deuda” que empezarían a discutirse durante el mes de octubre. Se trataba de reeditar la promesa que ya hizo el Eurogrupo en noviembre de 2012 de aliviar la deuda griega si Atenas cumplía las reformas. Pero el primer ministro griego lo consideró insuficiente, rompió las negociaciones y convocó el referéndum.

 

5. Y aún así la desconfianza persiste y los países más duros podrían pedir más recortes

La capitulación del Gobierno griego ha vuelto a desconcertar a los líderes de la UE y no ha convencido a los países más duros –como Alemania o los bálticos-, que no se creen a Tsipras después de todos los volantazos en los últimos cinco meses de negociaciones. “Uno se pregunta lo rápido que una oruga puede convertirse en mariposa”, ha ironizado el ministro de Finanzas de Eslovaquia, Peter Kazimir. “Parece que tenemos avances con Grecia. Pero no está claro si será suficiente”, ha agregado.

 

 

También la presidenta lituana, Dalia Grybauskaité, ha sugerido que las antiguas propuestas de la troika que Grecia acepta ahora podrían “no ser suficientes” en el actual contexto. Y la primera ministra de Letonia, Laimdota Straujuma, ha avisado de que será difícil que su parlamento apruebe un tercer rescate para Grecia. Desde Alemania se asegura que el resultado del Eurogrupo sobre Grecia está “totalmente abierto”. Aparte del empeoramiento de la situación económica, el otro argumento utilizado para exigir más ajustes a Grecia es que el plan de la troika era para una prórroga de cinco meses del segundo rescate, mientras que ahora Atenas pide dinero nuevo para tres años.

 

En el extremo contrario se sitúa Francia, que ha ayudado al Gobierno de Syriza a redactar su plan de reformas y que ha asumido el liderazgo casi en solitario para evitar el ‘Grexit’ después de que Juncker abandonara al sentirse traicionado por Tsipras. El presidente francés, François Hollande, sostiene que el plan griego es “serio y creíble y muestra una determinación a mantenerse en la eurozona”. También el primer ministro maltés, Joseph Muscat, cree que “sirve de base” para negociar el tercer rescate. Y Dijsselbloem dice que lo que da credibilidad a las propuestas griegas es su amplio apoyo parlamentario, ya que los principales partidos de oposición firmaron el lunes un acuerdo de apoyo a Tsipras para lograr un acuerdo.