Arda Turan: una operación y tres vencedores

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Arda Turan se convirtió el pasado lunes en el segundo fichaje del nuevo Barcelona. En términos oficiales, se trata de una petición del legitimado Luis Enrique. El jugador llega tras triunfar sin paliativos en el Atlético de Madrid, si bien su salida podría acabar implicando incluso un plus para el equipo de Simeone.

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Arda Turan se convirtió el pasado lunes en el segundo fichaje del nuevo Barcelona. En términos oficiales, se trata de una petición del legitimado Luis Enrique. El jugador llega tras triunfar sin paliativos en el Atlético de Madrid, si bien su salida podría acabar implicando incluso un plus para el equipo de Simeone.

Turan forma parte del gremio más selecto del fútbol, el de los genios. Dentro del mismo, existen dos categorías. La superior está compuesta por los futbolistas que dominan los partidos, lo cual incluye al balón, a sus compañeros y a sus rivales. Hombres así hay pocos y el turco no es uno de ellos. Él no domina ni a los suyos ni a los otros, él domina el balón. Sólo el balón.

Que no es poca cosa, y lo hace de maravilla. Lo controla como si fuese su quinta extremidad, es casi imposible arrebatárselo si él se empeña en protegerlo. Para sus entrenadores, contar con ello resulta excitante, aumenta su margen de maniobra hasta puntos elevadísimos. Luego, cada cual lo utiliza a su manera según el estilo que elija y las necesidades que le asolen.

En el Vicente Calderón

El Atlético de Madrid se cimienta sobre cuatro principios fundamentales: la defensa organizada, los pelotazos al delantero, la voluntad contragolpeadora y el balón parado. Siendo claros y concisos, Arda Turan no destaca en ninguno de ellos. Sin embargo, el Cholo se las apañó para convertirlo en una estrella.

Su tarea más importante consistió en colorear el proyecto. En el fútbol no solo constan la táctica, la técnica y el físico, de hecho ni siquiera son las magnitudes preponderantes. Como en cualquier actividad creativa que se nos ocurra, la fuerza motriz reside en lo emocional.

Arda fue un chute de felicidad para el Vicente Calderón. El Cholismo conecta con la grada a partir del esfuerzo, lo cual está muy bien, pero la gente no va al estadio sólo para ganar, sino también para divertirse. La magia de Arda cumplió con esa función en un contexto poco dado al espectáculo. Emocionalmente, completó la experiencia. Él se reía, y desde el sentido más pragmático posible, reírse fue clave. Ayudó a crear ese ambiente positivo, por momentos inspirador, que originó la ola del río Manzanares.

En el equipo de Simeone

No obstante, su aportación tangible no ha sido tan grande como pueda parecer, ni estadística ni futbolísticamente. Pese a tratarse del tercer jugador más ofensivo del once titular, en las dos últimas Ligas ha promediado 3,5 goles y 3,5 asistencias. Es el detalle que descubre de primeras lo que se observa cuando se le analiza con lupa: se trata de un jugador bastante incompleto.

“El balón es su quinta extremidad” para lo bueno y para lo malo. Cuando se separa de su cuerpo, no le sirve para nada. Sus pases carecen de intención y ruedan con cierta pesadez. Eso le convierte en un asistente discreto y en un lanzador de contras anodino. Para más inri, sus chuts no son nada del otro mundo. En conjunto, como instrumento atacante, aunque choque, Turan es una herramienta bastante limitada.

Astuto, Simeone dio a su fútbol un carácter defensivo. El turco fue, ante todo, un administrador de ventajas, su juego explotaba tras el primer gol del Atleti. Se pegaba a la banda, escondía el balón y desesperaba al rival. Sus escapismos protegían tanto como los despejes de Godín; si la tarea se reducía a mantener la posesión, Turan garantizaba el triunfo. De ahí su éxito en la temporada 2013/14, cuando Diego Costa casi siempre abría el marcador.

El año pasado no sucedió lo mismo. El gol tardaba en llegar, o no llegaba, o el oponente se adelantaba, y obligado a desequilibrar, Arda no respondió.

Su marcha permitirá a Simeone apostar por un futbolista verdaderamente ofensivo, alguien que dé asistencias, que meta goles y que sea un activo importante a la hora de contraatacar, ya sea lanzando la transición, conduciéndola o irrumpiendo en el área. Sería lo más coherente.

Arda en el Vicente Calderón ha sido una historia preciosa, pero también algo forzada. Separados, las dos partes están en disposición de dar un salto de calidad. El Atlético sólo necesita una excusa para seguir sonriendo. Por su parte, Turan deberá adaptarse al siempre complejo FC Barcelona. Contará con Luis Enrique, que le facilitará la misión.

En la idea de Luis Enrique

El Barça ha cambiado. Durante años utilizó un modelo táctico llamado “Juego de Posición” (aquí se profundiza en él)  enriquecido por un estilo personal basado en la posesión del balón. Ambas cosas, modelo y estilo, eran innegociables. Como resultado, el Barça era como una orquesta: cada uno tocaba su instrumento, pero todos leían la misma partitura.

Pep Guardiola, uno de los pensadores más prolíficos de la escuela, afirmaba lo siguiente: “El juego de posición es muy difícil […] Tienes que aceptar no intervenir […] Este es un proceso muy largo […] Cuando trabajas solo el ataque posicional y lo haces con jugadores que ya lo han ganado todo, y que lo han hecho en otros clubes con un modelo diferente al posicional, pueden surgir problemas”.

Turan debutará a pocos días de cumplir los 29 años y nunca se ha desenvuelto en un juego de posición. Su adaptación a un Barça natural generaría serias dudas. Eso en lo referente al modelo.

En cuanto al estilo, Xavi Hernández esgrimía lo que prosigue en una entrevista concedida a “El Mundo” en febrero de 2008: “No es lo mismo un rondo con Oleguer, con Iniesta o conmigo que con los brasileños, que pisan la pelota. Con nosotros, el balón ni lo ves. Una maravilla. A veces, Rexach estaba de espaldas y nos gritaba ‘¡bien, bien!’. ‘¡Pero si no lo ha visto!’, decíamos. ‘Pero escucho el balón y sé que va bien’, contestaba”.

Como antes se señaló, Arda no destaca por su manera de soltar la pelota; él brilla por lo mismo que apuntaba Xavi sobre los brasileños: por cómo la pisa, por cómo la guarda. No cuadraría.

Pero el Barça ha cambiado con Luis Enrique, decíamos. Hoy es algo igual de efectivo pero más impersonal, más flexible, lo cual beneficia a Turan. Sus futbolistas no forman parte de un todo comprendido e inalterable; cada uno aporta su don y entre los ajustes de Luis Enrique y la interpretación de Leo Messi se va dotando de equilibrio al equipo como tal. De hecho, no existe mayor prueba del cambio que el particular rol del propio Xavi en su última campaña como culé.

Antaño, Xavi fue el epicentro de una posesión estudiada y predefinida cuyo objetivo era ir eliminando con paciencia líneas de presión del rival; siempre manteniendo ocupadas de manera fija las posiciones estipuladas por el sistema. Nadie interpretó esa partitura como el genio de Tarrasa. Con Luis Enrique, sin embargo, Xavi saltaba al campo para dormir el partido, para hacer las cuatro esquinas, para perder tiempo. Sólo para eso, a modo de recurso defensivo, como Turan en el Atlético de Madrid. Así pues, las piezas empiezan a encajar.

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En el sistema de Messi

Arda escondió el balón entre la hierba jugando en un equipo que jugaba por el aire. En el Barça, la pelota rueda todo el rato, más rápido, con más precisión y más intención. Se la pasarán mejor. Brillará aún más.

Dicho efecto podría acabar convirtiéndolo en aquello que no es: un interior apropiado para un 4-3-3. En condiciones normales, sus escasas aptitudes defensivas se lo acabarían imposibilitando.

El Barça es la excepción en la regla por un motivo muy sencillo: casi siempre tiene la pelota. Con independencia de que Luis Enrique dé menos importancia que otros a la posesión del balón, sus futbolistas poseen tal nivel técnico y talento asociativo que terminan por inercia llevando la iniciativa. Eso protegería a Arda, como protege a Iniesta o protegió a Xavi. En el Camp Nou se defiende menos. Es simple.

Aceptado el truco, toca analizar en cuál de los dos interiores se asentaría el recién llegado. Y aquí parte con una ventaja: a él le da igual. Tanto en la izquierda como en la derecha exhibe su virtuosismo sin resentirse un ápice. En base a esto, se situará en un perfil u otro dependiendo de quién sea el lateral derecho escogido. Vayamos al por qué.

Cuando Messi ejerce de extremo derecho, necesita a su vera un tipo que pare la pelota y otro que corra al espacio; alguien con quien asociarse en corto y alguien que se desmarque hacia adelante para abrir el campo y crear espacios. En 2009, Xavi se le acercaba y el joven Alves se le alejaba; en 2015, Rakitic se le alejó y el viejo Alves se le acercó. No importa quién desarrolle cada tarea, si el interior o el lateral; lo importante radica en que cada uno cumpla una función diferente.

En este sentido, Aleix Vidal representa al lateral profundo y Dani Alves, al lateral asociativo. Cuando juegue el español, Arda servirá mejor como apoyo de Messi; si en cambio juega el brasileño, Arda convendrá más en el otro lado, con Rakitic en la derecha corriendo como demostró. Recordemos que Luis Enrique fue el único entrenador de la carrera de Xavi que lo situó en el perfil zurdo. En parte, se debió a esta causa.

Para concluir, procede mencionar dos valores inmateriales que Turan ofrecerá al Barcelona como ofreció al Atlético de Madrid. En primer lugar, si rodeado por compañeros físicos abrumaba a los contrarios con su fantasía, imaginemos qué tipo de efecto no podrá causar una coreografía que una al turco con, por ejemplo, Neymar JR. Y en segundo y último término, ponderemos que estamos ante un futbolista experto y acostumbrado a competir contra los mejores que tiene un vacío en su carrera que reconoce a boca llena: necesita ganar una Copa de Europa. Como competidor, será perfecto.