Cuando los griegos otorgaron en enero la victoria en las últimas elecciones a Syriza, estaban lanzando un claro mensaje a Europa: así no podemos seguir. Después de dos rescates, infinitas cumbres y un recorte de déficit sin precedentes (del 15,4% al 3,5% en cinco años), los ciudadanos de a pie lanzaban un desafío a una Europa que muchos no veían como madre sino como madrastra. La situación era muy difícil: el paro superaba el 25% y una cuarta parte del PIB se había esfumado durante la recesión.

Sin visos de que la recuperación prometida durante dos años por el Gobierno conservador de Samarás llegara a la calle, los ciudadanos apostaron por un partido que se comprometía a devolver a la nación un orgullo machacado en las mesas de negociación. Pero el voto a Syriza no era un cheque en blanco: los griegos no querían salir del euro ni de la UE. El giro que ha dado la saga griega en las últimas horas está lleno de incógnitas que explico a continuación.

Un giro peligroso

El Gobierno de Tsipras ha asumido un riesgo muy alto con el anuncio de un referéndum en la noche del viernes. Si era un intento de forzar la negociación, la jugada no le salió bien: el Eurogrupo rechazó la petición de prorrogar el rescate y sacó al ministro griego Yanis Varoufakis de la reunión. Mientras los socios europeos piensan en un Plan B, no está claro si el Gobierno de Atenas tiene uno. Tsipras asume también un riesgo político. Los sondeos le siguen brindando el apoyo popular. Pero dicen también que más del 50% de los griegos están a favor de la firma de un acuerdo por malo que fuera.

Un poco de historia

¿Cómo hemos llegado a este callejón sin salida? Muchos atribuyen lo ocurrido a la torpeza con la que el Gobierno de Tsipras ha conducido las negociaciones. Pero si es cierto que Atenas ha desperdiciado las ventajas que tenía después de la victoria electoral (cierta apertura de los gobiernos de París y Roma), no es menos cierto que la actitud de la UE y del FMI deja al descubierto que lo que estaba (y ha estado siempre) sobre la mesa era una decisión política por parte de los socios europeos.

En los últimos días Atenas había hecho muchas concesiones. Pero el tira y afloja y la insistencia en no querer hablar de una reestructuración de la deuda han dado la impresión de que los acreedores querían tirar al máximo la cuerda. En un marco como éste, la responsabilidad del fracaso no es unilateral, como escribe Nick Malkoutzis en este excelente análisis.

Hacia lo desconocido

Con el anuncio del referéndum, se ha abierto la caja de Pandora. Y no sólo por lo que puede pasar en Grecia. Independientemente del resultado del referéndum (y teniendo en cuenta que se votará sobre la propuesta de las instituciones del 25 de junio, que técnicamente no está cerrada y expira en cualquier caso el día 30) lo que ha ocurrido en estas semanas y lo que ocurrirá a partir de ahora es un banco de pruebas para toda la eurozona y para toda la Unión Europea.

El verdadero test de estrés empieza ahora. Por desgracia, estamos a punto de comprobar si es cierto que un fracaso con Grecia no contagiará al resto de los países.

La hora de Draghi

Ahora sabremos si el “whatever it takes” de Mario Draghi (y del último comunicado del Eurogrupo) es suficiente para salvar la eurozona. Atenas, a través de Varoufakis, recordaba este sábado que no está prevista en los tratados la posibilidad de que un país salga del euro. Pero el artículo 50 del Tratado de Lisboa sí prevé que un país pueda salir de la Unión Europea.

El Banco Central Europeo va a desempeñar un papel central (y político) en las próximas horas. Como dice Paul De Grauwe en este tuit, es una responsabilidad muy grande para un organismo que no ha sido elegido democráticamente.

La sombra de las urnas

El Gobierno griego hará campaña por el no a no ser que haya nuevas concesiones.  Pero ocurra lo que ocurra, la incertidumbre será máxima en los días que se avecinan.

Si gana el , sería un serio revés para el Ejecutivo y podría llevar al país a unas nuevas elecciones. Si gana el no, nadie puede decir a ciencia cierta hacia dónde se encamina Grecia. En ambos casos, a la eurozona (y a la propia Unión Europea) se le están viendo todas las costuras.

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Mariangela Paone es autora del libro Las cuatro estaciones de Atenas (Libros del KO, 2014).